Encarar el rostro de las Esfinge.


 

Hoy será un día importante: el más importante de estos años. De hecho hace semanas que al despertar, por las mañanas, siento que me invaden un sin fin sensaciones. Sensaciones que jamás antes había sentido y en las que encuentro un tumulto sentimientos todos ellos desordenados. Siento latir con fuerza el corazón y la agitación, es tan grande que me levanto con miedo: no es para menos. De lo que ocurra mañana depende todo, y éste es un todo absoluto, donde vida y muerte intercambian susurros e intenciones. Al final, todo en la vida se reduce a eso: a un día. La existencia es así de caprichosa y sin que uno pueda apenas percibirlo te va conduciendo, inexorablemente, y como si del final de un embudo se tratase, hacia un punto donde un “espera a la semana que viene” o “lo dejo para mañana” ya no tiene cabida. Mañana, poco importa cuántas dimensiones tenga el espacio o si los colores existen o no. Mañana, afronto mi destino y no cabe otra que encarar, impávidamente, el frío rostro de la Esfinge… (9 de abril de 2013)


© Copyright 2009 – 2020 Jorge Maqueda Merchán

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