Del Lenguaje: Como Límitre y Sombra De La Razón
Autor
Jorge Maqueda Merchán / Jordi Maqueda
Aceuchal / 06207- Badajoz (España).
(Del significante o título) El lenguaje
como límite y sombra de la razón; entendamos pues aquí lo que es
de una forma y –es el lenguaje escrito y por las palabras: aquello
que escribimos en negro sobre blanco / como límite y de una sombra de algo (que
de alguna forma después expresamos→ y es / pero no-es del todo expresado y
por completo… Bajo
esta perspectiva, el lenguaje no es solo una herramienta, sino una frontera y (de
una sombra) aquel fenómeno visual o espejismo y de alguna forma antes entendemos
del Reflejo / lo manifiesto de otra forma / en su sombra: por la palabra.
El
lenguaje escrito (Lo negro sobre blanco) actúa como reflejo y de una forma es de
una estructura rígida. Al nombrar una cosa, "negro sobre blanco",
definimos de alguna manera el contorno (de alguna forma (lo pensado antes) pero,
al mismo tiempo, sacrificamos todo lo que no cabe en esa definición. La palabra
es pues una ancla que detiene el flujo no-finito (de un pensamiento sin fin) para
anclarlo y de alguna manera hacerlo comunicable (que se pueda expresar aquello
de alguna manera antes lo pensado entendiéndose de alguna forma) pero de ese
intento de comunicar y en esa detención, algo de la "razón pura" se
pierde. Si la razón es la luz o el objeto, el lenguaje es su sombra proyectada:
en la palabra. La sombra imita la forma, pero no es el objeto mismo; sino
aquello de una forma y versión bidimensional de alguna otra cosa,
distorsionada y dependiente del ángulo y sentido propio desde dónde y cómo se
mire. Lo expresado es lo
que logramos capturar en palabras. Lo inefable es esa
parte de la forma que no proyecta su sombra y se funde con la oscuridad (en
ausencia), aquello que "no es expresado" porque el lenguaje no tiene
la complejidad suficiente para abarcarlo. Luego y frente
al abismo de lo desconocido: La idea de que el lenguaje es
la sombra de algo que "desconocemos por completo" sugiere indicando
que nuestra razón ―que esta del lenguaje y en la palabras todo expresado de la
razón) se encuentra limitada por nuestro sistema de signos. Entonces: si no
tenemos de los signos luego una palabra para un concepto, ese concepto permanece
en la penumbra de la mente. Como diría George Steiner en Presencias reales, el
lenguaje es a veces un muro que nos aísla de la experiencia directa de la
realidad. Luego podríamos añadir: que el lenguaje escrito es
el rastro visible de un proceso mental mucho más vasto, complejo y misterioso
que nunca termina de revelarse por completo en el papel, pero es algo, aquello
del papel de lo que podemos movernos a la realidad (entendida después de alguna
forma / es decir: de al menos una forma)
La sombra de la forma por
el límite: o, del lenguaje (o, lo mismo que no es lo mismo de una forma antes luego no de la misma
igual lo mismo después manifiesto de otra forma (por la palabra) es siempre una mediación: nunca coincide plenamente
con la riqueza de lo que (sentimientos que son de lo vivido que ha sido
sentido: de lo observado antes de una experiencia propia): El lenguaje traduce,
pero nunca reproduce íntegramente lo sentido (Aquí se subraya la distancia inevitable
entre experiencia vivida y lenguaje).Entonces las palabras parecen
insuficientes, porque lo que queremos decir no está todavía configurado en
conceptos claros, sino apenas en intuiciones, imágenes o resonancias internas
que después expresamos en las palabras: aquello que sentimos antes de poder
articularlo conceptualmente (Heidegger llamaría a estas “resonancias
internas” un modo de precomprensión). De ahí surge esa sensación de que lo que
es propio y sentimos de alguna manera en relación siempre de alguna forma “se
escapa” cuando intentamos expresarlo en palabras. Esta “fuga” del sentido es lo
que muchos filósofos han señalado como el límite del lenguaje: Wittgenstein lo
formula en su célebre frase “De lo que no se puede hablar, mejor callar”. En este
sentido: Todos hemos comprobado lo difícil que es, en algunas ocasiones,
expresar aquello que sentimos: para la que no encontramos las palabras
correctas que expresen aquello que sentimos, pero sentimos de muchas formas y
maneras; es decir: La pluralidad de formas de sentir contrasta con la rigidez
del lenguaje, que obliga a elegir una palabra entre muchas posibles.
Luego
no es menos cierto: lo difícil que resulta expresarse con palabras en relación
a algo, más si algo no está bien definido: definido del propio lenguaje del
sentido mismo de la palabras (o significante) en relación al conocimiento
propio de uno de aquello mismo de una palabra→ algo) que entendemos
es de alguna forma antes de otro y en general pensado luego por
nosotros (eso→ de una representación que después existe (mas no de una forma
concreta de uno entendido todavía). Aquí se apunta a la diferencia entre
significante (la palabra como forma) y significado (el concepto que evoca).
Cuando lo que sentimos no está de una forma material / definido en su
exactitud, el significante queda “vacío” o insuficiente.
Pero
representarse (algo→ dado del sentido propio de otro) de alguna forma en una
palabra, incluso pensar en (eso→ que entendemos de la palabra: formas o cosas,
pero que no hemos visto todavía de una forma concreta del medio) hoy no parece
ser causa de preocupación o interés al ciudadano común /ni dispone de voluntad
de acercamiento a la experiencia y comprensión propia de aquello mismo; y esto
podemos afírmalo y sin ir más lejos visto el desinterés de tantos mostrado, al
pasar por delante de diferentes cosas o personas (sobre todo de personas a
diario / que son personas igual que ellos que no vieron nunca que pasan a su
lado, pero sin siquiera mostrar interés o mirarlas, o reconocer en ellas un
igual: otro semejante pero con una identidad (diferente) y que les cause algún
tipo de interés que les mueva a conocer. A esta dificultad se suma un fenómeno
social: la falta de disposición para acercarse a la experiencia del otro. En la
vida diaria, muchas personas pasan junto a otras sin detenerse a reconocerlas
como semejantes, con una identidad distinta pero igualmente valiosa. Esa
indiferencia revela una desconexión vital: no solo cuesta expresar lo propio,
sino también escuchar y reconocer lo ajeno. El ciudadano común parece más
habituado a ignorar que a interesarse, más inclinado a pasar de largo que a
detenerse en la mirada o en la palabra compartida.
II
Caminamos por el mundo a veces siquiera pensando por donde
vamos y mirando luego sin
ver ni mostrar interés por todo lo que es y es aquello frente a nosotros igualmente diferente o que está a nuestro alrededor de
una forma que podemos entender o pensar de ese instante (como aquello que puede
ser-pensado diferente a todo lo antes pensado por otros. Otras veces pensamos
―a veces solo en algo― pero sin antes escuchar /creemos que vemos y oímos solo
para decir nada después: sin entender de lo que es antes el sentido de aquello
mismo que decimos (necesariamente en relación a alguna cosa siempre)/
luego la prisa (del reloj) evita que nos detengamos a reconocer la diferencia
de lo que es y vivir ese instante (de lo que es y son todos sus
momentos→ entendidos de estar de aquello mismo: alguna cosa o persona y
pensando[la] como acontecimiento propio (o experiencia de unomismo), y
preguntarnos: o lo que es lo mismo→ pensar aquello mismo presente: ante
nuestros ojos / mas no reconociendo, o pararnos a entender lo que son
esas cosas o son esas personas más allá de una vaga comprensión ―que muchos
tienen o tenemos de cosas o de las personas explicadas de otros― ignorando todo
aquello ante nuestros ojos que puede ser pensado después: lo que de alguna
forma es todo lo que nos rodea ("lo mismo es pensar y ser" (y por ser
entenderemos estar unomimso de alguna cosa o persona pensándo[la] (pensar el
objeto de nuestra revelación (eso→ de nuestro pensamiento después que
existe→ pues "el pensar y el objeto del pensamiento son lo mismo"―
decía Parménides de Elea―[ Parménides argumenta que el mundo que
percibimos a través de los sentidos (nuestro "alrededor") es
cambiante, múltiple en las formas que son y, por lo tanto, ilusorio (es la
"vía de la opinión"→ opinar de alguna cosa que es de alguna forma
entendido de algo (de una palabra, o significante por ejemplo). Sin embargo: La
verdadera realidad, el Ser de las cosas, o lo que es y es (en relación a alguna
cosa y de los instantes observados siempre de unomismo después pensado “el
objeto” de nuestra revelación→ es lo inmutable, lo eterno e
indivisible (entendido: de esos instantes que son de unomismo estando de
aquello, esto es: en relación a alguna cosa después propia /y que
uno se pegunte , o pueda preguntarse de lo que es y qué es lo que existe antes
de alguna otra forma pensada antes de uno/de otro antes que él: y qué es→ aquello
que ya es y es lo que es de alguna forma antes de ser de uno pensado / o
de estar de él pensado[lo] de unomismo / entiéndase: Que la
verdadera comprensión de la realidad (de unomimso) no proviene solo de la
observación empírica y objetiva del mundo cambiante y de cada uno: en su
opiniones, sino de la reflexión antes que de unomismo es después lo que existe
en relación a alguna cosa antes entendiendo[la] de alguna forma propia de lo
que es y es (siempre: de alguna forma antes aquello mismo observado y
presente–ahí: que es lo único digno de estar→ siendo pensado (y ser→ del
pensamiento) entendiéndose luego lo conocido de unomimso alguna forma como lo
propio y notable.
[El acto de pensar y el objeto del pensamiento son
fundamentalmente la misma cosa. Aquello que de alguna forma y-es antes lo que
está luego de uno y existe pudiendo pensado de alguna otra forma después de
manera racional y coherente (es) lo único que existe verdaderamente propio o de
unomismo]
III
"Pensar aquello mismo presente a nuestro
alrededor" implica usar de la razón→ el sentido común) para ir más allá y de
las apariencia en las formas sensoriales captar la esencia de lo perceptible en
aquello: mismo que vamos a entender después y pensado como lo que es y es lo
mismo antes que existe después de otra manera (en representación) lo de
unomimso /(y-es) lo pensado después en relación a alguna cosa que ya
es de alguna forma lo que entendemos de una cosa antes al menos propia.
Luego
pensar alguna cosa (es) al menos pensar una cosa / que entendemos propia y en
conciencia como aquello que existe de alguna otra forma después
ahí (lo que está de una representación) cuando nuestra mente se
conecta con la única realidad posible y es (eso→ después que llamamos “estar”
o “estar pensando” lo que es y es propio pensar de una cosa que es /
lo que ha sido antes de alguna otra forma observado y-es lo pensado después
(como ente→ aquello que existe de unomismo después que puede ser pensado desde
estar aquello (de una representación) como lo propio en conciencia y de una
identidad y nombre que entendemos de una forma propia/ pero que
reconocemos de alguna cosa igual y pueda ser lo mismo pensado entendiendo no de
la misma cosa igual de la misma forma (y diferente pues (aun cuando hablemos de
conceptos).
IV
“Cuando a veces, una piedra es solo una piedra” y todas parecen lo mismo
iguales al sentido. Lo malo de esta actitud [cuando una piedra es solo una
piedra] es que nuestra imagen y visión del mundo se empequeñece, achata y
aplana, cuando al mirar “esa” piedra ―o cualquier otra cosa en el
camino― solo vemos una piedra o cualquier cosa (antes descrita y
explicada por otro sin detenernos a mirarla y entender [lo] por nosotros mismos
aquello).
Luego
en esta línea de no-estar antes de lo que es y es (entendiendo) lo mismo que
puede existir de unomismo después pensado de otra forma como lo propio
(entendiendo) de las cosas mismas que han sido de uno antes en sus instantes /
observamos: que muchas veces arriba miramos en la noche viendo solo puntos de
luz definidos de otros antes como estrellas en el cielo: mas no acertamos a
ver, buscando entender el significado propio de aquello mismo en cada rayo
de luz reflejada en nuestros ojos y, por qué, miramos y entendemos (las
estrellas) de esa forma y de un nombre (en general) que es dado de otro..., y
no como lo que está siendo y de cada punto de luz observado como propio en cada
uno de sus instantes proyectados hacia nosotros: de un espacio concreto de
pensamiento posible en el tiempo que-es (entendido de cada uno de esos
instantes) que son entonces de alguna forma→ aquello que de alguna manera puede
ser después pensado / de estar antes de aquello mismo y de alguna
forma siendo de lo de unomimso ahí: no en otro sitio, pudiendo estar después de
aquello mismo y pensar[lo] de otra forma propia después no de la
mima forma (entiéndase esto) pero como lo propio que de alguna manera , más
allá de aquellas explicaciones ofrecidas antes del sentido de lo mismo (dado de
otro).
Por
tanto no se engañen pues las cosas son y son como la estrella antes / lo que
puede de alguna forma luego estar de los propios sentidos y presente después
entendiéndose aquello mismo de otra manera (representado) y pensado de
unomimso→ entendido de alguna cosa antes propia /y expresable luego en
palabras, generalmente de un nombre que es igual no
de la misma forma igual lo mismo y de otro antes (lo que no-es propio y de la
razón un nombre o concepto dado de alguna otra forma igual) que es pero no-es
lo de unomimso aunque es lo que existe de alguna forma: igual para
todos y de un nombre― lo expresable― de alguna cosa)
V
Luego
y de la razón entendamos: que el mundo es lo que puede
ser expresado: o expresable (y en palabras) luego de cada uno entendido igual
para todos: así lo que es y es lo que existe de alguna forma de uno
pero no-es expresable en palabras o de una forma que se entienda igual
para todos― de un nombre que le defina (todavía)
―queda fuera del mundo de uno.
Luego esto es interesante: pues, la
realidad para puede ser aquello (pensado) que resulta de un lenguaje
descriptivo→ lo que existe de alguna manera y de forma: igual para
todos / pero no existe de la comprensión que resulta de las impresiones de la
realidad misma y observada (de la realidad de unomimso, por cierto, no igual
para todos, pero, que precisa también, y necesariamente, de ese
lenguaje descriptivo y metódico para ser pensada y entenderla aquella:
pudiendo estar después de alguna forma descrita de unomismo su
realidad y pensada de otro después / no igual para todos. Es por
ello, que apuntamos→ que lo no definido de una forma antes (y en general
de un nombre→ sencillamente “no existe” para algunos) y- es lo no definido o
aquello que “no existe” para algunos, lo puede ser y es eso→ que es
y existe de alguna otra manera, algo de una palabra (lo) no
expresado de una forma o no concreto en relación a alguna
cosa todavía. (Lo) que de manera profunda nos conecta con el
corazón de la filosofía del lenguaje, especialmente con la transición entre el
"primer" y el "segundo" Wittgenstein, tocando aquel punto
neurálgico: la frontera entre la ontología (lo que es) y la
epistemología (lo que conocemos/o decimos que es). Luego el "problema
del conocimiento" es la tarea imperecedera que atañe a la conciencia
de cada uno: para entender la propia realidad que es- entre todos dotar de
sentido común al mundo.
VI
Para
el Wittgenstein del Tractatus Logico-Philosophicus sentenció: "Los
límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo". Bajo esta
premisa, si el mundo es la totalidad de los hechos (lo que acontece / no
siempre entendiéndose desde unomimso) luego los hechos que son en
relación a las formas se estructuran de forma lógica en proposiciones, después
aquello que no puede ser "dicho" con claridad que se entienda de
alguna forma de las palabras: cae en el reino de lo místico o
de lo inexpresable / entonces: lo que no tiene nombre o forma
descriptiva o descrita de las palabra y de un nombre en general queda
fuera de la "realidad operativa" del sujeto→ fuera del mundo del
sujeto). No es que "no sea" en un sentido absoluto, sino que no
tiene entidad en el juego de significantes del individuo.
Luego la realidad racional: resultado de un lenguaje descriptivo de
significantes, frente a la realidad como comprensión de una impresión o
impresiones es privada, sensorial, bruta entendemos: que de la
realidad racional la descripción es pública, reglamentada,
social. Para una "impresión" que no puede ser
comunicada o compartida mediante una regla de lenguaje (el famoso argumento
contra el lenguaje privado) difícilmente puede constituir
"conocimiento" ― afirma Wittgenstein (en sus
Investigaciones Filosóficas)―, pues para que algo de uno "exista" en
el mundo humano (esto es→ que exista de alguna forma luego de otro igual), ese
algo debe poder entrar en el intercambio de signos y significantes entre ambos.
Luego lo→ que es y existe no de una forma todavía: eso→ pensado que nosotros
llamamos "lo no definido" aún es y es lo que puede ser de ese magma
de experiencias que todavía no ha sido colonizado por la palabra entendiendo de
una experiencia propia antes y en conciencia de unomismo.
Luego
la idea de que lo que no existe de una forma definida todavía de uno
puede ser "algo de otro" “pensado de una palabra” nos lleva a
los Juegos de Lenguaje (donde cada comunidad o individuo
habita "mundos" diferentes según la complejidad y las herramientas de
su lenguaje. Un botánico y un poeta ven el mismo árbol, pero sus
"mundos" son distintos porque sus lenguajes permiten que existan
realidades (entidades→ diferentes expresadas desde el mismo objeto /Lo que para
uno es una "impresión innombrable" (y por tanto, inexistente en su
esquema lógico de significantes), para el otro es de alguna forma un concepto
técnico definido del lenguaje / de una palabra antes de un nombre luego de
uno).
Decimos
pues: que lo que no existe para algunos puede ser "algo” pensado de una
palabra después que existe antes de un nombre no expresado de una
forma todavía" del texto o conversación. Esto sugiere que el lenguaje no
es solo y de sus palabras etiquetas que se pegan después a las cosas, sino que
es parte del proceso de alumbramiento de la realidad de unomismo.
Pero
entendamos antes, cuando encontramos entendiendo de una palabra [lo] que
antes era de alguna otra forma y de la realidad de uno alguna cosa, no solo
estamos "nombrando" algo y entendiendo[lo] que es de otro
antes y estaba de alguna forma y realidad propia), sino que estamos llamando[lo]
al propio mundo (o permitiendo que aquello de otro antes pase de ser (lo→
no pensado y antes como ruido y de la razón ausente de sentido) a poder
estar luego siendo de [lo]de un "hecho" o suceso
real” que podemos entender después pensado de alguna forma antes en
relación a alguna cosa propia (y como aquello que puede ser pensado
de realidad de uno mismo) pudiendo estar de lo mismo después no propio
(entendiendo lo que es antes de uno→ ente (o entidad: aquello de un nombre
después) lo mismo que puede ser de otro pensado (lo→ de una palabra después
pensada de un nombre ) o significado de alguna otra forma antes en el
mundo. Luego las zonas "en blanco" del
mapa (lo→ no definido) es, y es efectivamente: la nada antes
para el cartógrafo que es, y es dispuesto a un territorio virgen o frontera
donde otros —o nosotros mismos en el futuro y de ese horizonte todavía
inexplorado— podemos fundar (lo) nuevo significado. "De lo que no
se puede hablar, hay que callar", dijo Wittgenstein. Pero nuestra
reflexión añade un matiz vital: el hecho de que callemos no significa que
"algo" no esté pulsando a movernos de alguna cosa por convertirse en
palabra, y pasar de la impresión al nombre, y de ahí, a la existencia (ente o
entidad / de una identidad después diferente y compartida― lo mismo compartido
para Wittgenstein como para otros (es) todo lo que pueda ser pensado y de un
nombre de hallar de su expresión (locución) significado por la razón, invitando pues
a formar parte de un "mundo igualmente real" que se puede entender y
compartir desde estar de las cosas de uno/otro antes. El lenguaje entonces
transforma de uno en lo "no pensado" antes de una forma propia y en
relación a un "hecho" o suceso con significado propio de otro / esto
es→ El Lenguaje como Creador de Realidad Compartida: El
proceso implica pasar de una realidad de uno mismo (y subjetiva) a una realidad
manifiesta de alguna forma en palabras que puedan ser entendida de otros desde
estar de alguna otra forma pensando lo mismo, y entendiendo en los
significantes "entidad" o ente → entidades que son y son que existe
antes y de una palabra algo, que puede ser pensado de otro de alguna forma
después en y, por tanto convertirse en (lo) propio compartido de
forma, que permita el entendimiento mutuo o la comunicación por el lenguaje: no
solo como una herramienta descriptiva (nominalismo estricto), sino como una
fuerza constitutiva de la realidad humana y social (constructivismo social o
idealismo lingüístico, en cierta medida). Luego entendamos que: Las "zonas
en blanco" del mapa representan la "nada" solo para el
cartógrafo en ese momento. Son territorios vírgenes, un horizonte inexplorado
donde se puede fundar, definir y nombrar un nuevo significado, expandiendo así
nuestro mundo conocido donde siempre al movernos Hay un "algo"
latente, una pulsación, una impresión que busca convertirse en palabra, y a
través de ese proceso, pasar de la mera impresión a la "existencia" o
identidad compartida: donde nombrar algo es darle un tipo de "ser" o
"entidad" reconocible dentro de un marco racional y
comunicativo. Antes Lo "no pensado" de una forma es
pura potencia; la palabra es el acto que le da sentido de uno antes a La forma
y la integra en nuestro lenguaje) después, expandiendo las fronteras de lo que
es pensable y compartible entre seres humanos.
VII
Desde
el momento en que se constituye el concepto del ser, y frente a la
multiplicidad y diversidad de los entes en su temporalidad, surge la orientación específicamente filosófica
de la contemplación del mundo fundamental en la ontología (o
filosofía del ser) y de la fenomenología, especialmente Heidegger, explica
el ser humano en el mundo pensado de uno como (el Dasein (o el que
está de lo que es y es de las cosas que son / entendidas o pensadas de manera
no propia de uno antes) La frase "dejar de ser del mundo"
resume aquel llamado a vivir en/de la sociedad (desde estar "en el
mundo") no de sus valores (o no ser "del mundo" pensado en sus
valores materiales), luego abandonando la vieja forma de vida antes que es del
mundo y en general (Efesios 4:22-24) para estar del otro no de lo propio
pensado en un sistema mundano dominado por el egoísmo y los deseos (Juan
17:14-16; 1 Juan 2:15-17). Esto implica un cambio interior radical: pensar el
mundo desde una nueva naturaleza y propósito como embajadores del Reino de Dios
"Da
sein" significa literalmente "estar ahí", combinando
"Da" (ahí/allí) y "Sein" (estar/existir) luego de uno
entendiendo de un nombre→ el Dasein, aquello que entendemos de una
forma de uno/otro antes) y se da encuentra de la multiplicidad de cosas
(entes) a la vez que de la unidad subyacente de lo que es y es (lo que hace que
las cosas sean), donde nace la Filosofía moderna: como disciplina que
busca entender ese Ser más allá de los entes particulares,
estableciendo una relación fundamental entre el pensamiento humano y la
existencia misma o ser de lo que existe, pasando de simplemente antes estar-ahí
pensado de las cosas que son de una forma manifiesta lo que existe de unomimso
antes como conocimiento propio cotidiano y científico) a preguntarse y ser de
todo lo que existe y no-es de una manera propia entendido de una forma como tal
antes, sino desde aquello que permite que los entes sean después algo; algo
pues y de lo que hay que moverse de ser a estar de
alguna cosa antes propia y que de alguna forma sea eso→ que pueda existir
después (de unomimso pensado). Luego ante la avalancha de entes (y
la diversidad del mundo), el ser humano que se piensa de alguna forma entiende
de alguna manera que todos comparten algo en común y de una palabra
"Ser". Esta conciencia de la unidad en la multiplicidad despierta la
necesidad de ir más allá y moverse pues de los objetos particulares antes y son
de alguna forma propia antes en conciencia No se trata pues de describir
aquello que existe de alguna forma o cosa antes pensada de otro y eso→ de uno
después pensado de otro igual, sino que se trata de comprender
desde la condición de posibilidad / lo que puede de estar de
unomimso antes pensado como propio entendiendo aquello de otra forma que no es
de unomimso todavía / pero es lo que puede ser pensado
como entidad y diferencia antes de ser pensado luego como ente.
Sin
embargo, la Filosofía se vuelve contemplativa (siendo o pensando lo
que no-es de una forma propia todavía) pues no se contenta con conocer las
cosas que son y son las mismas cosas después de alguna forma antes luego
pensadas como eso→ que existe de uno mismo), Martin Heidegger identifica al ser
humano (Dasein) como el único ente (uno capaz) o que tiene una comprensión
pre-ontológica de lo que es y es antes de Ser (eso→ pensado de otro) es decir,
que entiende el propio existir moviéndose de lo que es y es después eso→ que existe
de alguna forma antes después incluso de Ser-pensado de forma general por
otro. Por mucho tiempo la reflexión de lo que es y no-es de una forma
propia pero puede ser pensado de uno se encuentra ligada a la esfera de los
entes (o conceptos que existe de uno antes) pugnando por abandonarla y
superarla. Del mismo modo una persona puede pensarse y se piensa a si
mismo como humano (y en general entendiéndose de una forma propia
(buscando superarse de sí mismo)
Luego
el «fundamento» último de todo ser→ o lo que es y es aquello que
puede ser pensado como lo que existe de unomimso después (ente) ha
de hallar su expresión: locución, expresable, pero por claramente que se haya
planteado la cuestión, la respuesta, en su valor particular y concreta no tiene
el mismo alcance del problema.
Entrelazando
lo que de alguna manera es una cita de Ernst Cassirer, con
la figura de Wittgenstein, tocamos el nervio central de la
filosofía del siglo XX: la tensión entre el lenguaje y lo que
es y no-es pero existe como lo que es pensado en los límites de la
razón cuando no existe de una forma propia /o no-es de la conciencia
lo propio. En este sentido Cassirer señala que la filosofía nace cuando
dejamos de mirar para entender "las cosas" que son y son
de alguna forma alguna cosa, que puede ser pensada y entendida individualmente,
para preguntarnos desde entender lo que es y es lo que puede y en general ser
(lo ente→ o lo que es y existe de alguna forma de
uno (una identidad (el Ser / o lo que es ) y es pensado lo que
no-es de una forma en conciencia pero existe y es de alguna manera lo pensado
de una forma (entendiendo de esta: todas las formas).
Luego
la pregunta ¿Cómo entra Dios (y del concepto) en la filosofía?, parece que solo
puede considerarse adecuadamente una vez que se haya aclarado suficientemente
el destino de la filosofía misma. Mientras examinemos la historia de la
filosofía únicamente desde una perspectiva histórica, encontraremos que Dios
(aquello del concepto) que es y no es de una forma dada /
pero existe como identidad de uno→ y puede estar de unomimso: pensado) ha
entrado en ella por todas partes.
Sin
embargo, si partimos de la base de que la filosofía, como pensamiento, es el
compromiso libre y autodirigido con lo que es y es en sí mismo antes de ser /
lo que está presente de uno una forma, entonces Dios ( N.
lo que es y no es de una forma pero es lo que existe de una palabra de uno)
solo puede entrar en la filosofía ( siendo del saber de otro) en la medida en
que esta: filosofía, por su propia naturaleza, lo exija y determine o
establezca la forma en que Dios (lo que no es de una forma de unomismo pero
existe antes y su pensamiento) entra en ella.
Luego
¿Cómo entra Dios (lo que es y no-es de una forma pero existe de
alguna manera de uno y su pensamiento) en la filosofía?» se reduce, por lo
tanto, a la pregunta: «¿De dónde proviene la constitución onto-teológica de la
metafísica?». Adoptar esta pregunta, sin embargo, implica dar un paso
atrás. En este paso atrás, consideramos el origen esencial de
la estructura onto-teológica de toda metafísica actual. Y Nos preguntamos:
¿Cómo entran Dios, y por consiguiente la teología y su fundamento
onto-teológico, en la metafísica? Planteamos esta pregunta en diálogo con toda
la historia de la filosofía, pero también desde la perspectiva particular de
Hegel, nos lleva a considerar algo peculiar de antemano / de “La
esencia teológica de la metafísica” (58) (pp. 17 y ss., 7.ª ed., pp. 18 y
ss. [GA Vol. 9 Waymarks, pp. 378 y ss.]).
Pero,
¿cómo conocemos las cosas, para poder luego definirlas y darles nombre?,
generalmente, de un ente individual, particular y limitado es entresacado para,
a partir de él, derivar genética y genéricamente y luego «explicar» todo lo
demás; luego, no nos sorprendamos, cuando comprobemos, que lo que la razón
señala y define (poniéndole definición y nombre) como esencia y sustancia del
universo, no lo trasciende en principio, siendo justamente algo
extraído de este mismo universo: ordinario y mensurable a la razón.
De
ahí que, por más que varíe el contenido de la pregunta, siempre permanezca un
mismo tipo de explicación en su forma general, y dentro de los mismos límites e
idéntico lenguaje metódico del principio que establece como fundamento de la
totalidad de los fenómenos un ser individual sensible (perceptible) una
«materia originaria» concreta; luego la explicación se idealiza de aquella
materia, y en lugar de la materia surge más firmemente un principio puramente
racional de conjetura y fundamentación subjetiva.
Wittgenstein
y la Locución (El Límite del Lenguaje): Para
el primer Wittgenstein (Tractatus), el pensamiento y el lenguaje son
equivalentes: "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi
mundo". / Si el "fundamento último" del
ser ha de hallar su expresión por la razón, para Wittgenstein esto
significa que solo puede expresarse aquello que tiene una estructura
lógica / Lo que queda fuera de esa estructura (lo metafísico, lo
ético, el "sentido del mundo") es lo que él llama lo místico.
No es que no exista, sino que no puede "decirse" (locución), solo
"mostrarse". Luego la razón es el vehículo necesario para la
expresión del ser. Sin embargo, la advertencia de Cassirer y el silencio de
Wittgenstein nos recuerdan que el pensamiento siempre parece estar en deuda con
la realidad: nuestra capacidad de nombrar el mundo (locución) es vasta, pero el
"fundamento último" del Ser parece ser un horizonte que la razón
persigue pero nunca logra capturar plenamente en una definición concreta.
Cassirer
dice que la reflexión busca abandonar la esfera de los entes, pero Wittgenstein
advierte que, cuando el lenguaje intenta saltar fuera de sus límites para
hablar del "Ser" en sí mismo, acaba produciendo sinsentidos.
La insuficiencia de la respuesta: Cassirer afirma que la respuesta hallada nunca
tiene el alcance del problema. Wittgenstein coincidiría en que el
"problema de la vida" no se resuelve con proposiciones científicas o
racionales; de hecho, dice que "cuando todas las posibles preguntas
científicas han recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se
han rozado en lo más mínimo".
Luego
¿Qué me define el lenguaje?, cuando refiero a partir de lo desconocido, el
lenguaje me definirá entonces: aquella imagen sensible, y perceptible
de lo desconocido. Luego la razón aplica: que desconocido es… lo que sea que
diga y describa esa misma razón / pero seguirá siendo, igualmente,
desconocido. ¿Puedo definir el espacio?, y refiero ahora, ese espacio, que
consideramos vacio, existente entre dos cuerpos en el espacio, mas ¿no sabiendo
exactamente lo que es? Pero la ciencia ya he definido el espacio, en
un lenguaje descriptivo y (complejo) no falto de conceptos relativos
y abstractos (matemáticos) como: espacio → vacío, pero que, y aunque
lo he definido, sigo sin saber todavía qué es (el “espacio” → luego
que considero “vacío”), solo sé, lo que la razón me dice que el espacio es, en
tanto a como ella ve, resultando: que está tan vacio, como la vista y los
sentidos pueden comprobar. Conclusión, el lenguaje puede describir una
imagen del espacio, que resulta de un lenguaje
descriptivo (complejo), dado a priori
y no por la experiencia, no refiere el factum de
estar conscientes del espacio, y sino que refiere conceptos y
abstracciones (teóricas o, y matemáticos) por los que la razón: pretende
entender/y explicarse a si misma (de su límite dado a los sentidos ordinarios)
lo que es el espacio → a su entender, vacío. No aceptando de su
ignorancia la razón lo que desconoce, incluido: que es el espacio, vacío, que
no puede ver.
Pero...
yo estoy en un espacio, en tanto mi forma ocupa un espacio definido, al que
rodea todo ese otro espacio en su perímetro. Yo mismo soy un espacio, dentro de
otro espacio. Luego, qué define la razón cuando me define a mí. ―Define al
hombre―me contestarán; pero, diga lo que diga y defina la razón, ahí ya hay un
espacio que yo veo del lado de mi forma y que igualmente me define y concreta,
mucho antes que la razón definiese nada. Pero, y si al definir al hombre, no
puedo ni definir a la vez aquel espacio (la forma) que lo contiene. Bien,
entonces lo que defino, es la ignorancia propia del hombre existente tras el
velo de la razón. Quiero decir: que por muchas y enrevesadas palabras, escuelas
o cátedras: todo tiene una forma, y toda forma entendida,
es, pensada de un perímetro que la define en su forma, a partir de
su borde, o sombra. Luego, si algo no está definido en sus límites y
forma, a partir de su sombra (considerando esta, a partir de lo observable y
existente: el borde de la imagen) pues sencillamente “no
es” y no puede ser pensado de la naturaleza; aunque la razón lo
explique, como explica tantas otras cosas que existen, y siguen sin existir de
una forma natural a los sentidos. Luego, en la oscuridad de la razón→
el espacio no tiene forma en sus límites: y es lo→ infinito, nos
dicen: como infinitamente absurda e infinita resulta la razón, bajo
la premisa de la estupidez humana.
III
Bien:
de la oscuridad del espacio vemos unas imágenes proyectadas, por la luz, en la
sombra. Bien: este es un primer límite o frontera que: del espacio (el-cielo
por la noche) se nos impone a la inteligencia y dado a la razón (a
entender/fuera de sus propios límites de lo sensible y observable), cuando de
lo observado en la forma visible, de su límite no vemos la forma invisible que
la contiene: dos formas, contenidas una (forma) en la otra (forma). Dos formas,
un solo ser. Pero luego y desde la propia razón se nos impone: cuando,
ingenuamente aceptamos de su explicación “a priori” (por la razón) la
teoría, sobre una verdad o principio “de localidad, sin ir
nosotros de la mano de la propia experiencia, a recorrer dicha sombra (si es o
no algo) y comprobarlo, ni siquiera mirando la oscuridad con nuestros propios
instrumentos, los más avanzados sobre este mundo, nuestros ojos y la
consciencia. Esa es la razón humana ausente de lo que es y es lo que puede ser
pensado después→ de haber sido observado).
Pero
para que algo sea presente a los sentidos y exista del pensamiento, antes
debemos reconocerlo del medio, y reconocerlo en un acto nuestro de alguna forma
ahí, siendo consciente desde estar desde/hacia aquello que queremos
entender y reconocer: de la sombra. Por tanto deberíamos aprender, y saber reconocer,
mirar, y saber mirar reconociendo igualmente lo extraño, también de ese espacio
(como aquella pizarra donde aprender), a partir la sombra que no-es de una
forma aparente y es donde se proyectan de esta las otras formas que son
observables, y reconocible de su perímetro. Un
reconocimiento este del que hallemos significado que defina,
constituyéndose (esa forma que no-es de una forma concreta pero es (la forma
que la contiene otras formas), dentro de una forma mayor, que nos contiene a
todos: la forma de la sombra, que nos conduce al lado o borde de la forma “de
lo que está y puede ser” de lo que no-es de una forma manifiesta) y que es algo
(de una palabra luego alguna cosa (pensado después).
IV
DE LA GRAMATOLOGÍA
La Gramatología
es la ciencia que estudia la escritura: evolución, historia, etc.., pero
esta no se resuelve al servicio de un conocimiento universal de la
naturaleza de las cosas y las formas de esta, sino al servicio de la razón,
ampliando el horizonte de conocimientos en materias y conceptos basadas en la
nada, pero que nos atrapan en su misma la nada y que jamás nos llevará a nada,
más allá de llegar a tiempo a trabajar. pero que nos encierra en la proyección
de conceptos abstractos dirigidos a una sociedad ajena, y
distanciada cada vez más de la realidad natural que nos rodea en sus variadas
formas; pero que, sobre todo, nos distrae a olvidarnos de ampliar
nuestro horizonte de realidad, limitándonos a una sola esfera: la
esfera de la razón instrumental, dentro de su cerco y
límites..., cuando ya casi agotadas todas las esferas se advierte
necesario (la necesidad) para complementar y ampliar nuestros conocimientos de
la naturaleza, superar estos límites dados (e impuestos) por nuestra propia razón
y sociedad) hacia los límites de nuestra realidad, partiendo desde los
límites mismos de esa razón, superando sus sombras: las propias sombras.
V
Nombramos
las cosas según a nosotros nos parece, lo que es (en base a unos saberes dados
y anteriores a la experiencia sensible de la cosa, a partir de de unas personas
concretas: de su razón, que no es otra que a la que sirven), sin saber por
nosotros si aquello de lo que se habla es real: o lo es solo para esa persona
y/o para mí también, es más, se pretende que lo sea para todos (que su
realidad, sea también la nuestra). ¿Han soñado alguna vez? Bien, si no lo
hicieron, porque se van dormir muy cansados y harto de trabajar, para pagar
facturas, o de criar niños para que liego trabajen para otros (y mantengan
bancos) sepan, que hay gente que si lo hace, que sueña, y luego hace sus sueños
realidad, pero los hace a partir de que los otros no puedan hacerlos, es decir:
haciendo que todos vivamos sus sueños.
No
hemos de olvidar que aquello observado, se muestra en la medida que el
observador la puede advertir (a sus sentidos y saberes previos). Así dos
personas que miren al cielo de levante en invierno por la noche, una podría
solo ver estrellas, mientras otra, verá Capella en la Auriga, Cástor y Pollux
en Géminis, Proción en el Can Menor, Sirio en el Can Mayor, Rigel y Betelgeuse
en Orión, Aldebarán en el Tauro, la Liebre, el Unicornio. Y vera mundos: vera
Marte y Venus si mira al amanecer, a los que se unirá Mercurio en febrero, y a
finales del mismo mes Saturno, o Mercurio, Venus, Saturno y Júpiter al
anochecer. Con esto quiero decir que el lenguaje no apunta a un concepto real;
el sentido del lenguaje es meramente arbitrario por no decir injusto y hasta
absurdo no pocas veces, pues el significado de las palabras, de una palabra,
viene a depender de aquello que se le representa quien las dice, (le digo a
alguien que vi a Marte, y este se puede representar el planeta, del que igual
solo ha visto unas fotos, y del que cree que sabe algo, por lo que le han dicho
otros que Marte es: que es rojo y algo más pequeño que nuestro planeta; de modo
que cuando ahora le diga que lleva casco prusiano, no entienda, y yo le
reconduzca al dios del cuadro de Velázquez, pero que él no ha visto nunca, y
entonces se lo imagine de cualquier manera guerrera, menos como yo lo vi y
entendí en la realidad, y frente a mí: sentado, pensando, y en calzoncillos. De
modo que una palabra dice de Marte, o de una piedra (cuando hablamos de una
piedra), los que otras palabras dicen, de esa piedra que es, pero difícilmente
las palabras que alguien nos refiere de la piedra, dicen de ella lo que la
piedra misma dice que es. Pero –cuando yo uso una palabra ― Insistió
Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso- quiere decir lo que yo
quiero que diga… ni más ni menos. La cuestión ―insistió Alicia― es si se puede
hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes. La cuestión ―zanjó
Humpty Dumpty―es saber quién es el que manda… eso es todo»
VI
Nos
educan mediante el lenguaje, presente en nuestra formación desde edad muy
temprana, siendo casi lo primero que aprendemos; pero, el lenguaje, como todo
lo pretendidamente humano y creado por nosotros, es incompleto; en tanto, que
no sirve universal y enteramente a su fin: comunicarse, no es hacerlo
únicamente con los semejantes. Cierto, que de una parte el lenguaje permite
ejercer el pensamiento, pues es a través de las representaciones simbólicas
desde donde se da, al mismo tiempo, la captación mental de los hechos del mundo
y luego su expresión lingüística, pero igualmente, nos limita (ese lenguaje de
símbolos en su propias representaciones), una veces por la propia limitación de
este y sus propios símbolos “insuficientes”; otras, por la propia limitación y
conocimiento que tenemos (por la educación) del mismo lenguaje. Pues no podemos
representar correctamente, cuando no nos podemos definir por entero, por medio
de una acertada y correcta definición lingüística la experiencia (que
entendamos, pero igualmente entiendan los otros), y del mismo modo ocurre con cualquier
cosa que tengamos enfrente, al tener que definirla (hacia los otros). Pero
precisamente, es la necesidad (imperativa) y social, de tener que definir la
experiencia (hacia otras personas), anteponiendo esa necesidad de una
definición simbólica: lo que propicia que no atendamos aquello sensible: las
sensaciones profundas que nos sugiere la naturaleza inmediata de la propia
experiencia (hechos y consecuencias que se dan como
relámpagos en nuestro estado emocional, interrumpiendo dicha conexión de nuestra
consciencia) entre observador y lo observado, mediante de ese espacio entre
ambas formas, luego de este espacio, reconocido de los limites de cada forma. Y esto es un problema, cuando advertimos no
pocas veces, lo que más parece: que no somos nosotros
quienes usamos el lenguaje, sino que el lenguaje nos utiliza a nosotros.
Esto sucede, desde aquel momento en que lo observado se explica antes en
nuestra mente ―por el lenguaje racional descriptivo― de siquiera nosotros haber
pensado conscientemente: “o querer pensar conscientemente” sobre aquello, o de
dirigirnos frente al mismo prestándole nuestra atención y mirarlo atentamente;
cuando antes llegar, ya observamos armada la frase en nuestra mente, con las
palabras, casi siempre indefinidas, pero que definen a aquello ¿lo pensaron así
alguna vez?― ¡que flor más bonita!, pero luego, ni era flor y era de plástico.
Del mismo modo, las mas de las veces “no solo no hay nada fuera del texto” sino
que de lo que en el texto hay: no se refiere nada”, nada concreto de la
realidad: por supuesto, hablo de aquellos textos de filosofía (repletos de
Nada). Supongo, que por esto mismo, no se la leen a los niños, que deben
aprender tantísimas cosas, debiendo hablarles de lo concreto y real: osos,
plantas, abejas, que curiosamente todos tienen su nombre y, además, hablan se
comunican entre ellos, y se dicen cosas, a la vez que nos las dicen a nosotros.
Por el contrario la filosofía no tiene, a veces, no solo cosas que decir, sino
que las que dice menos las podamos entender, ni siquiera de de sus nombres,
como la Nada. Lo que nos habla no solo de un lenguaje pobre e ingenuo, sino de
un conocimiento, igualmente pobre e incompleto del entorno y su realidad. Pero,
y si el lenguaje no solo pareciese incompleto, sino que de cierto lo fuese: que
lo es; además, de absurdo, en algunas de sus manifestaciones. Tendríamos
entonces un grave problema con la realidad y el mundo circundante, cuando al
interpretarlo (el mundo y la realidad) dependemos por completo y entero de ese
lenguaje racional, tantas veces absurdo, que refiere poco de la realidad,
cuando otras veces no solo refiere nada, sino que precisamente: refiere la
nada
VII
(La cuéntica del sentido).
Pongamos
que alguien nos pregunta como estamos, y decimos: estoy triste; ahora respondamos
gestualmente, esa misma tristeza y sin palabras. De la palabra, se advierte una
sola interpretación, su significado de triste; pero del
lenguaje gestual, de la forma del cuerpo observado, en tanto frunzamos el ceño
o arruguemos las cejas y cerremos o abramos los ojos, y caiga una lagrima, nos
sentemos o estemos levantados, miremos arriba o abajo (y puedo seguir):
cientos, si no miles de tristezas , millones encontramos (tantas como millones
de personas todas y cada una de ellas en sus momentos tristes: y segundos
tristes, en la vida de estas) y dados todos a interpretar. Sin embargo, al
representárnosla a nosotros o explicarla a otros, diciendo, estoy triste, solo
podemos definirla, racionalmente, a su significado literal en un sentido:
triste, 1. adj. Afligido, apesadumbrado. Ocurre poco más o menos con el blanco,
solo vemos un blanco, y se define el blanco, en un solo sentido: 1. adj. Dicho de un color: Semejante al de la nieve o
la leche…; mientras el inuit puede distinguir y explicarnos 100
tipos de blanco, solo de la nieve (de la leche no lo sé), mientras al europeo
le ciega un único conejo blanco, del que siempre cuelga un reloj). Así
dependemos siempre del lenguaje “ñeco” en tanto que nos limita, no al, o a un:
sentido, como lo cierto es, que nos limita a la multiplicidad existente de
todos los posibles sentidos (la cuéntica del único sentido).
VIII
Derrida
expone afirmando que un signo puede ser repetido, y también puede ser citado en
diferentes contextos. “Todo signo, lingüístico o no lingüístico, hablado o
escrito (en el sentido ordinario de esta oposición) en cualquier unidad, puede
ser citado, puesto entre comillas; y por ello puede romper con todo contexto
dado, y engendrar al infinito nuevos contextos (y tener sentido real.. se
entiende), de manera absolutamente no saturable.” Por ello, las palabras pueden
tener distintos significados cuando son puestas en diferentes contextos y, por
tanto: Marte puede tener, perfectamente, casco prusiano y estar
sentado en calzoncillos dentro de un marco (en el Prado) más allá de orión.
Parece absurdo, pero tiene sentido y significado real (dentro de la sociedad
intelectual) que sabe de arte, museos y relojes. Razón por la cual para Derrida
(y la imaginación) no hay un contexto absolutamente determinable ni tampoco un
solo significado, pues es innecesario cuando difícilmente el individuo educado
e instruido en las escuelas (por la razón), especula más allá del
supuesto-aparente y significante (limitado). Esto es, se limita a lo expresable
(a partir de sus saberes previos) de lo expresado en el texto que, aunque
absurdo, le encajará en alguna idea representativa de mi realidad / cuando este
nada tiene que ver conmigo, y solo a partir mis breves palabras sobre de ese
cuadro. Pero no encontrando en el lenguaje nuevos códigos a interpretar, ni
mayor conocimiento de la realidad, de mi experiencia y realidad del momento
frente cuadro, de mi mismo, o de qué quería decir orión: con “más allá de
Orión”. Pero atiendan, pues había estado viendo a Marte, este invierno desde
enero en Tauro, más bien a un lado, o mas acá de orión, pero no nunca mas allá.
Entonces, por que puse orión, algo se me pasaba por el alto al querer
explicarme aquí, que el subconsciente (sombra que nadie entiende) me iba a
enmendar. Orión, no tarde en buscar: es también un reloj, una marca de relojes
que debí ver en algún momento con anterioridad, y que como todos los relojes
marca el tiempo, que está detenido: fijado un instante representado sobre el
lienzo, Marte esta mas allá del tiempo, no representado (no hay movimiento),
sino aquel instante atemporal y dimensional: mas allá de Orión.
Lo
que hablan las palabras no es solo del cuadro, sino del la sombra
(subconsciente) que nos proyecta hacia los demás, sobre los límites de la
razón, presentándonos, por encima de lo que el mismo lenguaje, o nosotros
mismos, pretendamos que el lenguaje represente. Siendo el lenguaje un ángulo
proyectado del lado de nuestra sombra desde adentro→ hacia afuera que nos
define, en una forma: imagen visible que nos proyecta, y se proyecta hacia
nosotros (nos pone en contacto) ―el lenguaje― como aquel espacio de
comunicación entre dos consciencias: aquella sombra (o espacio) entre sujeto y
objeto, mas en este caso: por la sombra de la razón: el lenguaje; que sirve
únicamente su usabilidad/ y necesidad inmediata (de la razón, por la razón del
individuo para sus medios y fines) individuales, en tanto precisa comunicarse,
por la razón, y describir aquella realidad aparente, vagamente construida sobre
su paradigma, por ese mismo lenguaje. Luego Todo lo que no encaja en este
paradigma está condenado, sin atender a la condena que supone del propio
paradigma, pues desde dentro, no la podemos reconocer. Pero no podemos considerar
al hombre como una entidad cerrada, separada, radicalmente desligada o extraña
a la naturaleza. Es precisamente por ello que, quizá, habiendo abandonado el
hombre el lenguaje natural ―que antaño servía a este para comunicarse entre
semejantes y el medio ― hemos perdido, igualmente, la capacidad no para
comunicarnos, sino para reconocernos a nosotros mismos, y reconocer el medio
natural (la naturaleza) a través del ese espacio que ha sido usurpado por la
razón, distanciándonos trágicamente del ser, y devolviéndonos hacia los
sentidos ordinarios, como bestias depredadoras (calculadoras: pero más precisas
y eficientes sobre cualquier tipo de objetico que sea nuestra presa). Un
paradigma ahora perdido, que habremos de recuperar, si queremos algún día ser,
y reconectar no solo con la naturaleza, sino, y primero con nosotros mismos,
luego con la naturaleza de casa y quizá un día: con el cosmos por entero.
IX
Existe
un lenguaje genuino, más allá del racional ―y no hablo de una idea― de lo
preciso y real, necesario para evolucionar en el medio (desconocido) pero a la
vez natural. Existe, sencillamente, porque no se puede vivir y medrar sin
interpretar y comprender el medio en el que uno vive y se desenvuelve. Los
animales lo hacen, igual que antaño las personas. La única razón de prescindir
ahora de ese lenguaje es por nuestro tributo a la razón (a nuestros miedos,
precisamente a lo desconocido) que se cobra con la imposición de otro lenguaje
que nos encadena a esta desde pequeños, y creado a la medida de una pretendida
“necesidad” Social del individuo, luego por la imposición y obligación, a la
vez que se aísla con este al hombre, de el mismo, de los demás, y de la misma y
propia naturaleza: reduciéndolo a lo práctico inmediato y necesario dentro de
una sociedad, que lo aleja aun si cabe más de lo natural y de la
verdadera formación para le evolución y desarrollo de la consciencia. ¿Alguien
puede concebir la existencia del hombre en un medio como hostil como la
naturaleza pura por milenios, sin comunicarse con el dicho medio y entenderlo?
Sencillamente, es imposible.
De
ahí que la naturaleza, por medio del subconsciente, se apresure explicarnos
algo, que debemos entender: que no sigamos al conejo blanco (cada uno tiene su
propia luz para ver el camino, no guiándose por la luz de otro. Como nos
recuerda cuando aparece Benny Bunny, que le muestra (a Alicia), alarmado, la
extraña niebla de colores que cubre el suelo del bosque, y ambos van
adentrándose en la espesura, Alicia y el conejito se dan cuenta de que se están
volviendo olvidadizos. Por suerte, se encuentran con un cervatillo que se
compromete a guiarles fuera del bosque. Luego Alicia, aliviada, recobra su
memoria, pero no tarda en volver a perderla, cuando, al descender el curso del
río, se ve nuevamente envuelta por la niebla multicolor. Desafortunadamente,
ésta vez la niebla afecta a Benny, quien de pronto piensa que es un hipopótamo.
Siguiendo el rastro de niebla, Alicia se propone descubrir qué es lo que
ocurre. El humo de colores la lleva a un claro del bosque donde la Liebre de
Marzo está preparando su comida, y el humo que sale de la cazuela es lo que
está borrando de la memoria de todos. De ahí, que nuestro subconsciente, por
medio de arcanas leyendas y cuentos, nos recuerde (lo que la razón quiere que
olvidemos) el viaje (y no precisamente el de Alicia) hacia la experiencia de
ese límite o frontera, sin desviarnos de camino, por nada ni nadie, ni por un
conejo blanco, o quien diga que es un hipopótamo, y menos seguir la niebla
multicolor, por muy rica que huela. Debemos embarcarnos y pagar al barquero…
encarar la sombra que proyecta la forma de nuestra razón, superarla, y conocer
qué hay de otro lado, adentrándonos en esa sombra, que es la nuestra, frente
aquella eterna pregunta; y después, esperar al que a tu encuentro
salga y frente a ti se detenga, y te diga: tú, sígueme… mas cuando luego
al mirar a tu alrededor, te encuentres solo.
Manipulación
del lenguaje
Educación
y manipulación son procesos distintos y enfrentados: opuestos. La educación,
por un lado, favorece la autonomía e independencia de las personas haciéndolas
capaces; la manipulación, por el contrario, es una actividad encubierta, un
fraude que hace a las personas dependientes, inseguras, menos libres y críticas
consigo mismas y el entorno o sistema al que pertenecen; en resumidas cuentas:
las incapacita para ser objetivas. Mientras que la buena educación, por un
lado, libera a las personas de las cadenas; la manipulación, por el contrario,
encadena, amaestra y masifica. Manipular es tratar a las personas como si
fuesen objetos; reducirlas a la mínima expresión útil. Y sin duda, la forma de
manipulación más extendida en nuestros tiempos es la del lenguaje, en su
mayoría de las veces, a través de los medios de comunicación.
De
tal modo observamos que a lo largo de los dos últimos siglos de historia que la
elección de determinadas palabras o frases, y su continua repetición en un
discurso o plataforma se convirtió muchas veces en una de las principales
técnicas de manipulación. Así, las ideas que una vez el pueblo consideraba
repulsivas, progresivamente, se fueron transformando en conceptos validos y
aceptables para la sociedad. Y es por esta vía de imposición, y del uso
estratégico del lenguaje y la escritura, a través de sus posibilidades, que fue
posible a los virtuosos de la demagogia llevar a cabo, simultáneamente, dos
ocupaciones opuestas: convencer a las personas de que se les está promocionando
hacia niveles de libertad, y someterlas al mismo tiempo a un despiadado
dominio. Y para ello, uno de los recursos más empleados en la manipulación del
lenguaje son los eufemismos. Ninguno, podemos afirmar no habernos dejado llevar
por alguno de ellos, al punto de considerar la palabra adulterada como original
o equivalente de ella. No hay que esforzarse demasiado, para que pronto
encontremos a nuestro alrededor una serie de palabras y conceptos: en política,
economía o en lo público igualmente, que vienen siendo utilizados y contribuyen
a esa maniobra de enmascaramiento del lenguaje, que vicia la calidad de la
información y contribuyen a debilitar la sociedad. Palabras como Desaceleración
(crisis económica); derecho a decidir (independentismo); paro laboral (huelga),
“verdes”, “crecimiento negativo”, “indemnización en diferido simulada”,
“reformas estructurales”, “regularización fiscal”, “riesgo moral”, “vivir por
encima de nuestras posibilidades”, “España nos roba”, “hemos vivido por encima
de nuestras posibilidades”, “populismo” o “nacionalismo”, son algunas que hemos
visto, leído o escuchado asiduamente, bien en los medios de comunicación,
periódicos e incluso expresados por algún conocido o amigo; se trata de algunos
de esos “barnices del lenguaje” que tienen su propia viscosidad física e
intención, y cuyo desarrollo en uno u otro sentido puede ser beneficioso o
catastrófico. Otro recurso importante para los manipuladores son aquellas
'palabras talismán', que despliegan un efecto seductor sobre las personas,
inhibiendo por completo su capacidad crítica. En cada época que miremos
encontramos un término talismán. Actualmente, esta palabra talismán seria
precisamente «libertad» ligado a cambio y progresismo.
No,
no es verdad que las palabras se las lleve el viento: jamás fue así, sino que
pueden provocar catástrofes o, en la mayoría de los casos… sostener distintas
edificaciones políticas. La manipulación del lenguaje es sin duda una
revolución oculta de graves consecuencias para todos nosotros: entre las más
peligrosas la incapacidad para pensar por uno mismo y la consecuente ceguera
para determinar los valores, la falta de creatividad y el espíritu gregario.
Los
medios de comunicación tienen la posibilidad de familiarizar a sus lectores y
oyentes a distinguir los hechos de las opiniones. Las opiniones son libres,
pero los hechos son intocables; pero no todos los medios se atiene siempre
a ese criterio. Noam Chomsky advirtió «la manipulación mediática hace más daño
que la bomba atómica, porque destruye los cerebros». Con el fin de no ser
víctimas fáciles de la manipulación del lenguaje todas las personas necesitan
estar alerta ante los manipuladores. Aprender a pensar y no dejarse llevar por
los medios más al alcance es una buena idea, así como cultivar
auténticas formas de diálogo. El diálogo genuino intenta buscar la verdad
sin prejuicios, a diferencia de la retórica y la sofística, que buscan
persuadir y convencer a través de la manipulación de la opinión. Hace algunas
semanas, mientras intentaba dar forma a este artículo, me di de bruces con un
libro del ensayista Nicolás Sartorius; un breve diccionario de estos engaños
(La manipulación del lenguaje; de Espasa) donde viene a explicar ese hilo
invisible existente entre las palabras y ese llamamiento a las conciencias que
sin duda puede originar cambios, buenos o malos, pues quien controla la
difusión, la intención, transmisión o comunicación de las palabras adquiere un
gran poder. Si bien, el antídoto principal contra la manipulación es la
creatividad. Por medio de la actividad creadora nos afirmamos, y afirmamos
nuestra personalidad, evitando formar parte de esa la masa informe. De ahí este
articulo.