Del Lenguaje: Como Límitre y Sombra De La Razón
Jorge Maqueda Merchán / Jordi Maqueda
Aceuchal / 06207-
Badajoz (España).
(Del significante o título) El lenguaje como límite
y sombra de la razón; entendamos pues aquí
lo que es de una forma y –es el lenguaje escrito y por las palabras: aquello que escribimos en
negro sobre blanco / como límite y de una sombra de algo (que de alguna forma expresamos→ y es / pero no-es del todo
expresado y por completo… Bajo esta perspectiva, el lenguaje no es solo
una herramienta, sino una frontera y un fenómeno visual o espejismo y de alguna
forma antes Reflejo.
El lenguaje escrito (Lo negro sobre blanco) actúa
como una estructura rígida. Al nombrar una cosa, "negro sobre
blanco", definimos su contorno pero, al mismo tiempo, sacrificamos todo lo
que no cabe en esa definición. La palabra es una ancla que detiene el flujo
infinito del pensamiento para hacerlo comunicable, pero de ese intento de
comunicar y en esa detención, algo de la "razón pura" se pierde. Si
la razón es la luz o el objeto, el lenguaje es su sombra proyectada. La sombra
imita la forma, pero no es el objeto mismo; sino aquello de una forma y versión bidimensional de alguna otra cosa,
distorsionada y dependiente del ángulo y sentido propio desde donde se mire. Lo
expresado: es lo que logramos capturar en palabras. Lo inefable:
Es esa parte de la forma que no proyecta sombra y se funde con la oscuridad (en
ausencia), aquello que "no es expresado" porque el lenguaje no tiene
la complejidad suficiente para abarcarlo Luego y frente al abismo de lo desconocido: La idea de que
el lenguaje es la sombra de algo que "desconocemos por completo"
sugiere indicando que nuestra razón ―que esta del lenguaje y en la palabras
todo expresado de la razón) está limitada por nuestro sistema de signos. Si no
tenemos una palabra para un concepto, ese concepto permanece en la penumbra de
la mente. Como diría George Steiner en Presencias reales, el lenguaje es a
veces un muro que nos separa de la experiencia directa de la realidad. Luego
podríamos añadir: que el lenguaje escrito es el rastro visible de un
proceso mental mucho más vasto, complejo y misterioso que nunca termina de
revelarse por completo en el papel.
La sombra de la forma (Lo que es
y no es)
El lenguaje es siempre una mediación: nunca coincide
plenamente con la riqueza de lo que sentimos (sentimientos que son) de lo
observado de una experiencia: El lenguaje traduce, pero nunca reproduce
íntegramente lo sentido (Aquí se subraya la distancia inevitable entre
experiencia vivida y lenguaje).Entonces las palabras parecen insuficientes,
porque lo que queremos decir no está todavía configurado en conceptos claros,
sino apenas en intuiciones, imágenes o resonancias internas que después expresamos
en las palabras: aquello que sentimos antes de poder articularlo
conceptualmente (Heidegger llamaría a estas “resonancias internas” un
modo de precomprensión). De ahí surge esa sensación de que lo que es propio y
sentimos de alguna manera en relación siempre de alguna forma “se escapa”
cuando intentamos expresarlo en palabras. Esta “fuga” del sentido es lo que
muchos filósofos han señalado como el límite del lenguaje: Wittgenstein lo
formula en su célebre frase “De lo que no se puede hablar, mejor callar”. En
este sentido: Todos hemos comprobado lo difícil que es, en algunas ocasiones,
expresar aquello que sentimos: para la que no encontramos las palabras
correctas que expresen aquello que sentimos, pero sentimos de muchas formas y
maneras; es decir: La pluralidad de formas de sentir contrasta con la rigidez
del lenguaje, que obliga a elegir una palabra entre muchas posibles.
Luego no es menos cierto: lo difícil que resulta
expresarse con palabras en relación a algo, más si algo no está bien definido:
definido del propio lenguaje del sentido mismo de la palabras (o significante) en
relación al conocimiento propio de uno de aquello mismo de una palabra→ algo) que
entendemos es de alguna forma antes de otro y en general pensado luego por nosotros (eso→ de una representación que
después existe (mas no de una forma concreta de uno entendido todavía). Aquí se
apunta a la diferencia entre significante (la palabra como forma) y significado
(el concepto que evoca). Cuando lo que sentimos no está de una forma material /
definido en su exactitud, el significante queda “vacío” o insuficiente.
Pero representarse (algo→ dado del sentido propio de
otro) de alguna forma en una palabra, incluso pensar en (eso→ que entendemos de
la palabra: formas o cosas, pero que no hemos visto todavía de una forma
concreta del medio) hoy no parece ser causa de preocupación o interés al
ciudadano común /ni dispone de voluntad de acercamiento a la experiencia y
comprensión propia de aquello mismo; y esto podemos afírmalo y sin ir más lejos
visto el desinterés de tantos mostrado, al pasar por delante de diferentes cosas
o personas (sobre todo de personas a diario / que son personas igual que ellos que
no vieron nunca que pasan a su lado, pero sin siquiera mostrar interés o
mirarlas, o reconocer en ellas un igual: otro semejante pero con una identidad
(diferente) y que les cause algún tipo de interés que les mueva a conocer. A
esta dificultad se suma un fenómeno social: la falta de disposición para
acercarse a la experiencia del otro. En la vida diaria, muchas personas pasan
junto a otras sin detenerse a reconocerlas como semejantes, con una identidad
distinta pero igualmente valiosa. Esa indiferencia revela una desconexión vital:
no solo cuesta expresar lo propio, sino también escuchar y reconocer lo ajeno.
El ciudadano común parece más habituado a ignorar que a interesarse, más
inclinado a pasar de largo que a detenerse en la mirada o en la palabra
compartida.
II
Caminamos mirando luego sin ver ni mostrar interés por todo lo que es y es aquello
frente a nosotros igualmente diferente o que está a nuestro alrededor de una
forma que podemos entender o pensar de ese instante (como aquello que puede
ser-pensado diferente a todo lo antes pensado por otros. Otras veces pensamos ―a
veces solo en algo― pero sin antes escuchar /creemos que vemos y oímos solo para
decir nada después: sin entender de lo que es antes el sentido de aquello mismo
que decimos (necesariamente en relación a
alguna cosa siempre)/ luego la
prisa (del reloj) evita que nos detengamos a reconocer la diferencia de lo que
es y vivir ese instante (de lo que es y
son todos sus momentos→ entendidos de estar de aquello mismo: alguna cosa o
persona y pensando[la] como acontecimiento propio (o experiencia de unomismo),
y preguntarnos: o lo que es lo mismo→ pensar aquello mismo presente: ante nuestros
ojos / mas no reconociendo, o pararnos a entender lo que son esas
cosas o son esas personas más allá de una vaga comprensión ―que muchos tienen o
tenemos de cosas o de las personas explicadas de otros― ignorando todo aquello
ante nuestros ojos que puede ser pensado después: lo que de alguna forma es todo
lo que nos rodea ("lo mismo es pensar y ser" (y por ser entenderemos
estar unomimso de alguna cosa o persona pensándo[la] (pensar el objeto de nuestra revelación (eso→ de nuestro pensamiento
después que existe→ pues "el pensar y el objeto del pensamiento son lo
mismo"― decía Parménides de Elea―[ Parménides argumenta que el mundo que percibimos a
través de los sentidos (nuestro "alrededor") es cambiante, múltiple
en las formas que son y, por lo tanto, ilusorio (es la "vía de la
opinión"→ opinar de alguna cosa que es de alguna forma entendido de algo
(de una palabra, o significante por ejemplo). Sin embargo: La verdadera realidad,
el Ser de las cosas, o lo que es y es (en relación a alguna cosa y de los
instantes observados siempre de unomismo después pensado “el objeto” de nuestra
revelación→ es lo inmutable, lo eterno e
indivisible (entendido: de esos instantes que son de unomismo estando de
aquello, esto es: en relación a alguna
cosa después propia /y que uno se pegunte ,
o pueda preguntarse de lo que es y qué es lo que existe antes de alguna otra forma
pensada antes de uno/de otro antes que él: y qué es→ aquello que ya es y es lo que es de alguna forma antes de ser de uno
pensado / o de estar de él
pensado[lo] de unomismo / entiéndase:
Que la verdadera comprensión de la realidad (de unomimso) no proviene solo
de la observación empírica y objetiva del mundo cambiante y de cada uno: en su
opiniones, sino de la reflexión antes que de unomismo es después lo que existe
en relación a alguna cosa antes entendiendo[la] de alguna forma propia de lo
que es y es (siempre: de alguna forma antes aquello mismo observado y
presente–ahí: que es lo único digno de estar→ siendo pensado (y ser→ del
pensamiento) entendiéndose luego lo conocido de unomimso alguna forma como lo propio
y notable.
[El acto de pensar y
el objeto del pensamiento son fundamentalmente la misma cosa. Aquello que de
alguna forma y-es antes lo que está luego de uno y existe pudiendo pensado de
alguna otra forma después de manera racional y coherente (es) lo único que
existe verdaderamente propio o de unomismo]
III
"Pensar aquello mismo presente a nuestro alrededor" implica usar
de la razón→ el sentido común) para ir más allá y de las apariencia en las
formas sensoriales captar la esencia de lo perceptible en aquello: mismo que
vamos a entender después y pensado como lo que es y es lo mismo antes que existe
después de otra manera (en representación) lo de unomimso /(y-es) lo pensado después
en relación a alguna cosa que ya es de alguna
forma lo que entendemos de una cosa antes al menos propia.
Luego pensar alguna cosa (es) al menos pensar una cosa / que entendemos propia
y en conciencia como aquello que existe de alguna otra forma después ahí (lo que está de una representación) cuando
nuestra mente se conecta con la única realidad posible y es (eso→ después que
llamamos “estar” o “estar pensando” lo
que es y es propio pensar de una cosa que es / lo que ha sido antes de alguna otra
forma observado y-es lo pensado después (como ente→ aquello que existe de
unomismo después que puede ser pensado desde estar aquello (de una
representación) como lo propio en conciencia y de una identidad y nombre que
entendemos de una forma propia/ pero que
reconocemos de alguna cosa igual y pueda ser lo mismo pensado entendiendo no de
la misma cosa igual de la misma forma (y diferente pues (aun cuando hablemos de
conceptos).
IV
Pero “a veces, una piedra es solo una piedra” y todas
parecen lo mismo iguales al sentido; pero lo malo de esta actitud [cuando una piedra es solo una piedra] es que
nuestra imagen y visión del mundo se empequeñece, achata y aplana, cuando al mirar
“esa” piedra ―o cualquier otra cosa en
el camino― solo vemos una piedra o
cualquier cosa (antes descrita y explicada por otro sin detenernos a mirarla y entender
[lo] por nosotros mismos aquello).
Luego en esta línea de no-estar antes de lo que es y es
(entendiendo) lo mismo que puede existir de unomismo después pensado de otra
forma como lo propio (entendiendo) de las cosas mismas que han sido de uno
antes en sus instantes / observamos: que muchas veces arriba miramos en la
noche viendo solo puntos de luz definidos de otros antes como estrellas en el
cielo: mas no acertamos a ver, buscando entender el significado propio de aquello mismo en cada
rayo de luz reflejada en nuestros ojos y, por qué, miramos y entendemos (las
estrellas) de esa forma y de un nombre (en general) que es dado de otro..., y
no como lo que está siendo y de cada punto de luz observado como propio en cada
uno de sus instantes proyectados hacia nosotros: de un espacio concreto de
pensamiento posible en el tiempo que-es (entendido de cada uno de esos
instantes) que son entonces de alguna forma→ aquello que de alguna manera puede
ser después pensado / de estar antes de aquello
mismo y de alguna forma siendo de lo de unomimso ahí: no en otro sitio, pudiendo
estar después de aquello mismo y pensar[lo] de otra forma propia después no de la mima forma (entiéndase esto) pero
como lo propio que de alguna manera , más allá de aquellas explicaciones
ofrecidas antes del sentido de lo mismo (dado de otro).
Por tanto no se engañen pues las cosas son y son como la
estrella antes / lo que puede de alguna forma luego estar de los propios sentidos
y presente después entendiéndose aquello mismo de otra manera (representado) y
pensado de unomimso→ entendido de alguna cosa antes propia /y expresable luego en
palabras, generalmente de un nombre que
es igual no de la misma forma igual lo
mismo y de otro antes (lo que no-es propio y de la razón un nombre o concepto dado
de alguna otra forma igual) que es pero no-es lo de unomimso aunque es lo que
existe de alguna forma: igual para todos
y de un nombre― lo expresable― de alguna
cosa)
V
Luego y de la razón entendamos: que el mundo es
lo que puede ser expresado: o expresable (y en palabras) luego de cada uno
entendido igual para todos: así lo
que es y es lo que existe de alguna forma de uno pero no-es expresable en
palabras o de una forma que se entienda igual
para todos― de un nombre que le
defina (todavía) ―queda fuera
del mundo de uno.
Luego esto es interesante: pues, la realidad para puede ser aquello (pensado)
que resulta
de un lenguaje descriptivo→ lo
que existe de alguna manera y de forma: igual para todos / pero no existe de la
comprensión que resulta de las impresiones de la realidad misma y observada (de
la realidad de unomimso, por cierto, no igual para todos, pero, que precisa
también, y necesariamente, de ese lenguaje descriptivo y metódico para ser
pensada y entenderla aquella: pudiendo estar
después de alguna forma descrita de unomismo su realidad y pensada de otro
después / no igual para todos. Es
por ello, que apuntamos→ que lo no definido de una forma antes (y en
general de un nombre→ sencillamente “no existe” para algunos) y- es lo no
definido o aquello que “no existe” para
algunos, lo puede ser y es eso→ que es y existe de alguna otra manera, algo de
una palabra (lo) no expresado de una forma o no concreto en
relación a alguna cosa todavía. (Lo) que de manera profunda nos
conecta con el corazón de la filosofía del lenguaje, especialmente con la
transición entre el "primer" y el "segundo" Wittgenstein,
tocando aquel punto neurálgico: la frontera entre la ontología (lo que
es) y la epistemología (lo que conocemos/o decimos que es). Luego "problema del conocimiento"
es la tarea imperecedera que atañe a la conciencia de cada uno: para entender la
propia realidad y entre todos dotar de sentido común al mundo.
VI
Para el Wittgenstein del Tractatus Logico-Philosophicus sentenció: "Los
límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo". Bajo esta
premisa, si el mundo es la totalidad de los hechos (lo que acontece / no
siempre entendiéndose desde unomimso) luego los hechos que son en relación a las formas se estructuran de
forma lógica en proposiciones, después aquello que no puede ser
"dicho" con claridad que se entienda de alguna forma de las palabras:
cae en el reino de lo místico o de lo inexpresable / entonces: lo que no tiene nombre o forma descriptiva o
descrita de las palabra y de un nombre en general queda fuera de la
"realidad operativa" del sujeto→ fuera del mundo del sujeto). No es
que "no sea" en un sentido absoluto, sino que no tiene entidad
en el juego de significantes del individuo. Luego la realidad racional:
resultado de un lenguaje descriptivo
de significantes, frente a la realidad como comprensión de una impresión o impresiones es privada, sensorial, bruta entendemos:
que de la realidad racional la descripción es pública, reglamentada,
social. Para una "impresión" que no puede ser comunicada
o compartida mediante una regla de lenguaje (el famoso argumento contra
el lenguaje privado) difícilmente puede constituir
"conocimiento" ― afirma Wittgenstein (en sus Investigaciones Filosóficas)―,
pues para que algo de uno "exista" en el mundo humano (esto es→ que
exista de alguna forma luego de otro igual), ese algo debe poder entrar en el
intercambio de signos y significantes entre ambos. Luego lo→ que es y existe no
de una forma todavía: eso→ pensado que nosotros llamamos "lo no
definido" aún es y es lo que puede ser de ese magma de experiencias que
todavía no ha sido colonizado por la palabra entendiendo de una experiencia
propia antes y en conciencia de unomismo.
Luego la idea de que lo que no
existe de una forma definida todavía de uno puede ser "algo de otro" “pensado
de una palabra” nos lleva a los Juegos de Lenguaje (donde cada
comunidad o individuo habita "mundos" diferentes según la complejidad
y las herramientas de su lenguaje. Un botánico y un poeta ven el mismo
árbol, pero sus "mundos" son distintos porque sus lenguajes permiten
que existan realidades (entidades→ diferentes expresadas desde el mismo objeto
/Lo que para uno es una "impresión innombrable" (y por tanto,
inexistente en su esquema lógico de significantes), para el otro es de alguna
forma un concepto técnico definido del lenguaje / de una palabra antes de un
nombre luego de uno).
Decimos pues: que lo que no existe para algunos puede ser "algo” pensado de una palabra después que
existe antes de un nombre no expresado de una forma todavía" del texto o
conversación. Esto sugiere que el lenguaje no es solo y de sus palabras etiquetas
que se pegan después a las cosas, sino que es parte del proceso de
alumbramiento de la realidad de unomismo.
Pero entendamos antes, cuando encontramos entendiendo de una palabra [lo] que antes era de alguna otra forma
y de la realidad de uno alguna cosa, no solo estamos "nombrando" algo
y entendiendo[lo] que es de otro antes
y estaba de alguna forma y realidad propia), sino que estamos llamando[lo]
al propio mundo (o permitiendo que aquello de otro antes pase de ser (lo→
no pensado y antes como ruido y de la razón ausente de sentido) a poder estar
luego siendo de [lo]de un "hecho" o suceso real” que podemos entender
después pensado de alguna forma antes en
relación a alguna cosa propia (y como aquello que puede ser pensado de realidad de uno
mismo) pudiendo estar de lo mismo después no propio (entendiendo lo que es antes
de uno→ ente (o entidad: aquello de un nombre después) lo mismo que puede ser de
otro pensado (lo→ de una palabra después pensada de un nombre ) o significado de
alguna otra forma antes en el mundo. Luego las zonas "en blanco" del mapa (lo→ no definido) es, y es efectivamente: la nada antes para el cartógrafo que es,
y es dispuesto a un territorio virgen o frontera donde otros —o nosotros mismos
en el futuro y de ese horizonte todavía inexplorado— podemos fundar (lo) nuevo
significado. "De lo que no se puede hablar, hay que callar",
dijo Wittgenstein. Pero nuestra reflexión añade un matiz vital: el hecho de que
callemos no significa que "algo" no esté pulsando a movernos de
alguna cosa por convertirse en palabra, y pasar de la impresión al nombre, y de
ahí, a la existencia (ente o entidad / de una identidad después diferente y compartida― lo mismo compartido para
Wittgenstein como para otros (es) todo lo que pueda ser pensado y de un nombre de
hallar de su expresión (locución) significado por la razón, invitando pues a formar parte de un "mundo igualmente
real" que se puede entender y compartir desde estar de las cosas de uno/otro
antes. El lenguaje entonces transforma de uno en lo "no pensado"
antes de una forma propia y en relación a un "hecho" o suceso con
significado propio de otro / esto es→ El
Lenguaje como Creador de Realidad Compartida: El proceso implica pasar de
una realidad de uno mismo (y subjetiva) a una realidad manifiesta de alguna
forma en palabras que puedan ser entendida de otros desde estar de alguna otra
forma pensando lo mismo, y entendiendo en los significantes "entidad"
o ente → entidades que son y son que existe antes y de una palabra algo, que
puede ser pensado de otro de alguna forma después en y, por tanto convertirse en (lo) propio compartido de forma, que
permita el entendimiento mutuo o la comunicación por el lenguaje: no solo como
una herramienta descriptiva (nominalismo estricto), sino como una fuerza
constitutiva de la realidad humana y social (constructivismo social o idealismo
lingüístico, en cierta medida). Luego entendamos que: Las "zonas en
blanco" del mapa representan la "nada" solo para el cartógrafo
en ese momento. Son territorios vírgenes, un horizonte inexplorado donde se
puede fundar, definir y nombrar un nuevo significado, expandiendo así nuestro
mundo conocido donde siempre al movernos Hay un "algo" latente, una
pulsación, una impresión que busca convertirse en palabra, y a través de ese
proceso, pasar de la mera impresión a la "existencia" o identidad
compartida: donde nombrar algo es darle un tipo de "ser" o
"entidad" reconocible dentro de un marco racional y comunicativo. Antes Lo
"no pensado" de una forma es pura potencia; la palabra es el acto que
le da sentido de uno antes a La forma y la integra en nuestro lenguaje)
después, expandiendo las fronteras de lo que es pensable y compartible entre
seres humanos.
VII
Desde el momento en que se constituye el
concepto del ser, y frente a la multiplicidad y diversidad de los entes en su
temporalidad, surge la orientación específicamente
filosófica de la contemplación del mundo fundamental
en la ontología (o filosofía del ser)
y de la fenomenología, especialmente Heidegger, explica el ser humano en el
mundo pensado de uno como (el Dasein (o
el que está de lo que es y es de las cosas que son / entendidas o pensadas de manera
no propia de uno antes) La frase
"dejar de ser del mundo" resume aquel llamado a vivir en/de la
sociedad (desde estar "en el mundo") no de sus valores (o no ser
"del mundo" pensado en sus valores materiales), luego abandonando la
vieja forma de vida antes que es del mundo y en general (Efesios 4:22-24) para
estar del otro no de lo propio pensado en un sistema mundano dominado por el
egoísmo y los deseos (Juan 17:14-16; 1 Juan 2:15-17). Esto implica un cambio
interior radical: pensar el mundo desde una nueva naturaleza y propósito como embajadores
del Reino de Dios
"Da
sein" significa literalmente "estar ahí", combinando
"Da" (ahí/allí) y "Sein" (estar/existir) luego de uno
entendiendo de un nombre→ el Dasein, aquello que entendemos de una forma
de uno/otro antes) y se da encuentra de la multiplicidad de cosas
(entes) a la vez que de la unidad subyacente de lo que es y es (lo que hace que
las cosas sean), donde nace la Filosofía moderna: como disciplina que busca entender ese Ser más allá de
los entes particulares, estableciendo una relación fundamental entre el
pensamiento humano y la existencia misma o ser de lo que existe, pasando de
simplemente antes estar-ahí pensado de las cosas que son de una forma
manifiesta lo que existe de unomimso antes como conocimiento propio cotidiano y
científico) a preguntarse y ser de todo lo que existe y no-es de una manera
propia entendido de una forma como tal antes, sino desde aquello que permite
que los entes sean después algo; algo pues y de lo que hay que moverse de ser
a estar
de alguna cosa antes propia y que de alguna forma sea eso→ que pueda existir
después (de unomimso pensado). Luego ante la avalancha de entes (y la diversidad
del mundo), el ser humano que se piensa de alguna forma entiende de alguna
manera que todos comparten algo en común y de una palabra "Ser". Esta
conciencia de la unidad en la multiplicidad despierta la necesidad de ir más
allá y moverse pues de los objetos particulares antes y son de alguna forma
propia antes en conciencia No se trata pues de describir aquello que existe de
alguna forma o cosa antes pensada de otro y eso→ de uno después pensado de otro
igual, sino que se trata de comprender
desde la condición de posibilidad / lo
que puede de estar de unomimso antes pensado como propio entendiendo aquello de
otra forma que no es de unomimso todavía / pero es lo que puede ser pensado como entidad y
diferencia antes de ser pensado luego
como ente.
Sin
embargo, la Filosofía se vuelve
contemplativa (siendo o pensando lo que no-es de una forma propia todavía) pues
no se contenta con conocer las cosas que son y son las mismas cosas después de
alguna forma antes luego pensadas como eso→ que existe de uno mismo), Martin
Heidegger identifica al ser humano (Dasein) como el único ente (uno capaz) o que
tiene una comprensión pre-ontológica de lo que es y es antes de Ser (eso→ pensado
de otro) es decir, que entiende el propio existir moviéndose de lo que es y es después
eso→ que existe de alguna forma antes después incluso de Ser-pensado de forma general
por otro. Por mucho tiempo la reflexión
de lo que es y no-es de una forma propia pero puede ser pensado de uno se
encuentra ligada a la esfera de los entes (o conceptos que existe de uno antes)
pugnando por abandonarla y superarla. Del mismo modo una persona puede
pensarse y se piensa a si mismo como humano (y en general entendiéndose de una forma propia (buscando superarse de sí
mismo)
Luego el
«fundamento» último de todo ser→ o lo que es y es aquello que puede ser pensado como lo que
existe de unomimso después (ente) ha de
hallar su expresión: locución, expresable, pero por claramente que se haya
planteado la cuestión, la respuesta, en su valor particular y concreta no tiene
el mismo alcance del problema.
Entrelazando lo que de alguna manera es una cita de Ernst Cassirer,
con la figura de Wittgenstein, tocamos el nervio central
de la filosofía del siglo XX: la tensión entre el lenguaje y lo que
es y no-es pero existe como lo que es pensado en los límites de la
razón cuando no existe de una forma propia /o
no-es de la conciencia lo propio. En este sentido Cassirer señala
que la filosofía nace cuando dejamos de mirar para entender "las cosas" que son y son de alguna
forma alguna cosa, que puede ser pensada y entendida individualmente, para
preguntarnos desde entender lo que es y es lo que puede y en general ser (lo ente→ o lo que es y existe de alguna forma de uno
(una identidad (el Ser / o lo que es )
y es pensado lo que no-es de una forma en conciencia pero existe y es de alguna
manera lo pensado de una forma (entendiendo de esta: todas las formas).
Luego la pregunta ¿Cómo entra Dios (y del concepto) en la filosofía?,
parece que solo puede considerarse adecuadamente una vez que se haya aclarado
suficientemente el destino de la filosofía misma. Mientras examinemos la
historia de la filosofía únicamente desde una perspectiva histórica,
encontraremos que Dios (aquello del concepto) que es y no es de una forma dada
/ pero existe como identidad de uno→ y
puede estar de unomimso: pensado)
ha entrado en ella por todas partes.
Sin embargo, si partimos de la base de que la filosofía, como pensamiento,
es el compromiso libre y autodirigido con lo que es y es en sí mismo antes de
ser / lo que está presente de uno una forma,
entonces Dios ( N. lo que es y no es de una forma pero es lo que existe de una
palabra de uno) solo puede entrar en la filosofía ( siendo del saber de
otro) en la medida en que esta: filosofía, por su propia naturaleza, lo exija y
determine o establezca la forma en que Dios (lo que no es de una forma de unomismo pero existe antes y su
pensamiento) entra en ella.
Luego ¿Cómo entra Dios (lo que es y no-es de una forma pero existe de alguna manera de uno y su pensamiento) en
la filosofía?» se reduce, por lo tanto, a la pregunta: «¿De dónde proviene la
constitución onto-teológica de la metafísica?». Adoptar esta pregunta, sin
embargo, implica dar un paso atrás. En este paso atrás, consideramos el
origen esencial de la estructura onto-teológica de toda metafísica actual. Y Nos
preguntamos: ¿Cómo entran Dios, y por consiguiente la teología y su fundamento
onto-teológico, en la metafísica? Planteamos esta pregunta en diálogo con toda
la historia de la filosofía, pero también desde la perspectiva particular de
Hegel, nos lleva a considerar algo
peculiar de antemano / de “La esencia teológica
de la metafísica” (58) (pp. 17 y ss.,
7.ª ed., pp. 18 y ss. [GA Vol. 9 Waymarks, pp. 378 y ss.]).
Pero, ¿cómo conocemos las cosas, para poder luego
definirlas y darles nombre?, generalmente, de un ente individual, particular y
limitado es entresacado para, a partir de él, derivar genética y genéricamente
y luego «explicar» todo lo demás; luego, no nos sorprendamos, cuando comprobemos,
que lo que la razón señala y define (poniéndole definición y nombre) como
esencia y sustancia del universo, no lo
trasciende en principio, siendo justamente algo extraído de este mismo
universo: ordinario y mensurable a la razón.
De ahí que, por más que varíe el contenido de la
pregunta, siempre permanezca un mismo tipo de explicación en su forma general,
y dentro de los mismos límites e idéntico lenguaje metódico del principio que
establece como fundamento de la totalidad de los fenómenos un ser individual
sensible (perceptible) una «materia originaria» concreta; luego la explicación
se idealiza de aquella materia, y en lugar de la materia surge más firmemente
un principio puramente racional de conjetura y fundamentación subjetiva.
Wittgenstein y la Locución (El Límite del Lenguaje): Para el primer Wittgenstein (Tractatus), el
pensamiento y el lenguaje son equivalentes: "Los límites de mi
lenguaje son los límites de mi mundo". / Si el "fundamento
último" del ser ha de hallar su
expresión por la razón, para Wittgenstein esto significa que solo puede
expresarse aquello que tiene una estructura lógica / Lo que queda
fuera de esa estructura (lo metafísico, lo ético, el "sentido del
mundo") es lo que él llama lo místico. No es que no exista,
sino que no puede "decirse" (locución), solo "mostrarse".
Luego la razón es el vehículo necesario para la expresión del ser. Sin embargo,
la advertencia de Cassirer y el silencio de Wittgenstein nos recuerdan que el
pensamiento siempre parece estar en deuda con la realidad: nuestra capacidad de
nombrar el mundo (locución) es vasta, pero el "fundamento último" del
Ser parece ser un horizonte que la razón persigue pero nunca logra capturar
plenamente en una definición concreta.
Cassirer dice que la
reflexión busca abandonar la esfera de los entes, pero Wittgenstein advierte
que, cuando el lenguaje intenta saltar fuera de sus límites para hablar del
"Ser" en sí mismo, acaba produciendo sinsentidos.
La insuficiencia de
la respuesta: Cassirer afirma
que la respuesta hallada nunca tiene el alcance del problema. Wittgenstein
coincidiría en que el "problema de la vida" no se resuelve con
proposiciones científicas o racionales; de hecho, dice que "cuando todas
las posibles preguntas científicas han recibido respuesta, nuestros problemas
vitales todavía no se han rozado en lo más mínimo".
Luego ¿Qué me
define el lenguaje?, cuando refiero a partir de lo desconocido, el
lenguaje me definirá entonces: aquella imagen sensible, y perceptible de
lo desconocido. Luego la razón aplica: que desconocido es… lo que sea que diga
y describa esa misma razón / pero seguirá siendo, igualmente, desconocido. ¿Puedo
definir el espacio?, y refiero ahora, ese espacio, que consideramos vacio,
existente entre dos cuerpos en el espacio, mas ¿no sabiendo exactamente lo que
es? Pero la ciencia ya he definido el espacio, en
un lenguaje descriptivo y (complejo) no falto de conceptos relativos
y abstractos (matemáticos) como: espacio → vacío, pero que, y aunque lo he definido, sigo sin saber todavía qué es (el
“espacio” → luego que considero “vacío”), solo
sé, lo que la razón me dice que el espacio es, en tanto a como ella ve,
resultando: que está tan vacio, como la vista y los sentidos pueden comprobar.
Conclusión, el lenguaje puede describir una imagen del espacio, que resulta de un
lenguaje descriptivo (complejo), dado
a priori y no por la experiencia, no refiere el factum de estar
conscientes del espacio, y sino que refiere conceptos y abstracciones (teóricas o, y matemáticos) por
los que la razón: pretende entender/y explicarse a si misma (de su límite dado
a los sentidos ordinarios) lo que es el espacio → a su entender, vacío. No aceptando de su ignorancia la razón lo que desconoce, incluido:
que es el espacio, vacío, que no puede ver.
Pero... yo
estoy en un espacio, en tanto mi forma ocupa un espacio definido, al que rodea
todo ese otro espacio en su perímetro. Yo mismo soy un espacio, dentro de otro
espacio. Luego, qué define la razón cuando me define a mí. ―Define al hombre―me
contestarán; pero, diga lo que diga y defina la razón, ahí ya hay un espacio
que yo veo del lado de mi forma y que igualmente me define y concreta, mucho
antes que la razón definiese nada. Pero, y si al definir al hombre, no puedo ni
definir a la vez aquel espacio (la forma) que lo contiene. Bien, entonces lo
que defino, es la ignorancia propia del hombre existente tras el velo de la
razón. Quiero decir: que por muchas y enrevesadas palabras, escuelas o
cátedras: todo tiene una forma, y toda forma entendida, es, pensada de un perímetro que la define en su
forma, a partir de su borde, o sombra. Luego, si algo no está definido en sus límites y
forma, a partir de su sombra (considerando esta, a partir de lo observable y
existente: el borde de la imagen) pues sencillamente “no es” y
no puede ser
pensado de la naturaleza; aunque la razón lo explique, como explica
tantas otras cosas que existen, y siguen sin existir de una forma natural a los
sentidos. Luego, en la oscuridad de la razón→ el espacio no tiene forma en sus
límites: y es lo→ infinito, nos dicen: como infinitamente
absurda e infinita resulta la razón, bajo la premisa
de la estupidez humana.
III
Bien: de la
oscuridad del espacio vemos unas imágenes proyectadas, por la luz, en la
sombra. Bien: este es un primer límite o frontera que: del espacio (el-cielo
por la noche) se nos impone a la inteligencia y dado a la razón (a
entender/fuera de sus propios límites de lo sensible y observable), cuando de
lo observado en la forma visible, de su límite no vemos la forma invisible que
la contiene: dos formas, contenidas una (forma) en la otra (forma). Dos formas,
un solo ser. Pero luego y desde la propia razón se nos impone: cuando,
ingenuamente aceptamos de su explicación “a priori” (por la razón) la teoría, sobre
una verdad o principio
“de localidad, sin ir nosotros de la mano de la propia experiencia,
a recorrer dicha sombra (si es o no algo) y comprobarlo, ni siquiera mirando la
oscuridad con nuestros propios instrumentos, los más avanzados sobre este
mundo, nuestros
ojos y la consciencia. Esa es la razón humana ausente de lo que es y es
lo que puede ser pensado después→ de haber sido observado).
Pero para que
algo sea presente a los sentidos y exista del pensamiento, antes debemos
reconocerlo del medio, y reconocerlo en un acto nuestro de alguna forma ahí, siendo
consciente desde estar desde/hacia aquello
que queremos entender y reconocer: de la sombra. Por tanto deberíamos aprender,
y saber reconocer, mirar, y saber mirar reconociendo igualmente lo extraño,
también de ese espacio (como aquella pizarra donde aprender), a partir la sombra que no-es
de una forma aparente y es donde se proyectan de esta las otras formas que son
observables, y reconocible de su perímetro. Un reconocimiento este
del que hallemos significado que defina, constituyéndose (esa forma que no-es
de una forma concreta pero es (la forma que la contiene otras formas), dentro
de una forma mayor, que nos contiene a todos: la forma de la sombra, que nos conduce
al lado o borde de la forma “de lo que está y puede ser” de lo que no-es de una
forma manifiesta) y que es algo (de una palabra luego alguna cosa (pensado
después).
IV
DE LA GRAMATOLOGÍA
La Gramatología es la ciencia que estudia la escritura: evolución, historia, etc.., pero esta no se resuelve al servicio de un conocimiento universal de la naturaleza de las cosas y las formas de esta, sino al servicio de la razón, ampliando el horizonte de conocimientos en materias y conceptos basadas en la nada, pero que nos atrapan en su misma la nada y que jamás nos llevará a nada, más allá de llegar a tiempo a trabajar. pero que nos encierra en la proyección de conceptos abstractos dirigidos a una sociedad ajena, y distanciada cada vez más de la realidad natural que nos rodea en sus variadas formas; pero que, sobre todo, nos distrae a olvidarnos de ampliar nuestro horizonte de realidad, limitándonos a una sola esfera: la esfera de la razón instrumental, dentro de su cerco y límites..., cuando ya casi agotadas todas las esferas se advierte necesario (la necesidad) para complementar y ampliar nuestros conocimientos de la naturaleza, superar estos límites dados (e impuestos) por nuestra propia razón y sociedad) hacia los límites de nuestra realidad, partiendo desde los límites mismos de esa razón, superando sus sombras: las propias sombras.
V
Nombramos las cosas según a nosotros nos parece, lo
que es (en base a unos saberes dados y anteriores a la experiencia sensible de
la cosa, a partir de de unas personas concretas: de su razón, que no es otra
que a la que sirven), sin saber por nosotros si aquello de lo que se habla es
real: o lo es solo para esa persona y/o para mí también, es más, se pretende
que lo sea para todos (que su realidad, sea también la nuestra). ¿Han soñado
alguna vez? Bien, si no lo hicieron, porque se van dormir muy cansados y harto
de trabajar, para pagar facturas, o de criar niños para que liego trabajen para
otros (y mantengan bancos) sepan, que hay gente que si lo hace, que sueña, y
luego hace sus sueños realidad, pero los hace a partir de que los otros no
puedan hacerlos, es decir: haciendo que todos vivamos sus sueños.
No hemos de olvidar que aquello observado, se muestra en la medida que el observador la puede advertir (a sus sentidos y saberes previos). Así dos personas que miren al cielo de levante en invierno por la noche, una podría solo ver estrellas, mientras otra, verá Capella en la Auriga, Cástor y Pollux en Géminis, Proción en el Can Menor, Sirio en el Can Mayor, Rigel y Betelgeuse en Orión, Aldebarán en el Tauro, la Liebre, el Unicornio. Y vera mundos: vera Marte y Venus si mira al amanecer, a los que se unirá Mercurio en febrero, y a finales del mismo mes Saturno, o Mercurio, Venus, Saturno y Júpiter al anochecer. Con esto quiero decir que el lenguaje no apunta a un concepto real; el sentido del lenguaje es meramente arbitrario por no decir injusto y hasta absurdo no pocas veces, pues el significado de las palabras, de una palabra, viene a depender de aquello que se le representa quien las dice, (le digo a alguien que vi a Marte, y este se puede representar el planeta, del que igual solo ha visto unas fotos, y del que cree que sabe algo, por lo que le han dicho otros que Marte es: que es rojo y algo más pequeño que nuestro planeta; de modo que cuando ahora le diga que lleva casco prusiano, no entienda, y yo le reconduzca al dios del cuadro de Velázquez, pero que él no ha visto nunca, y entonces se lo imagine de cualquier manera guerrera, menos como yo lo vi y entendí en la realidad, y frente a mí: sentado, pensando, y en calzoncillos. De modo que una palabra dice de Marte, o de una piedra (cuando hablamos de una piedra), los que otras palabras dicen, de esa piedra que es, pero difícilmente las palabras que alguien nos refiere de la piedra, dicen de ella lo que la piedra misma dice que es. Pero –cuando yo uso una palabra ― Insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso- quiere decir lo que yo quiero que diga… ni más ni menos. La cuestión ―insistió Alicia― es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes. La cuestión ―zanjó Humpty Dumpty―es saber quién es el que manda… eso es todo»
VI
Nos educan mediante el lenguaje, presente en nuestra formación desde edad muy temprana, siendo casi lo primero que aprendemos; pero, el lenguaje, como todo lo pretendidamente humano y creado por nosotros, es incompleto; en tanto, que no sirve universal y enteramente a su fin: comunicarse, no es hacerlo únicamente con los semejantes. Cierto, que de una parte el lenguaje permite ejercer el pensamiento, pues es a través de las representaciones simbólicas desde donde se da, al mismo tiempo, la captación mental de los hechos del mundo y luego su expresión lingüística, pero igualmente, nos limita (ese lenguaje de símbolos en su propias representaciones), una veces por la propia limitación de este y sus propios símbolos “insuficientes”; otras, por la propia limitación y conocimiento que tenemos (por la educación) del mismo lenguaje. Pues no podemos representar correctamente, cuando no nos podemos definir por entero, por medio de una acertada y correcta definición lingüística la experiencia (que entendamos, pero igualmente entiendan los otros), y del mismo modo ocurre con cualquier cosa que tengamos enfrente, al tener que definirla (hacia los otros). Pero precisamente, es la necesidad (imperativa) y social, de tener que definir la experiencia (hacia otras personas), anteponiendo esa necesidad de una definición simbólica: lo que propicia que no atendamos aquello sensible: las sensaciones profundas que nos sugiere la naturaleza inmediata de la propia experiencia (hechos y consecuencias que se dan como relámpagos en nuestro estado emocional, interrumpiendo dicha conexión de nuestra consciencia) entre observador y lo observado, mediante de ese espacio entre ambas formas, luego de este espacio, reconocido de los limites de cada forma. Y esto es un problema, cuando advertimos no pocas veces, lo que más parece: que no somos nosotros quienes usamos el lenguaje, sino que el lenguaje nos utiliza a nosotros. Esto sucede, desde aquel momento en que lo observado se explica antes en nuestra mente ―por el lenguaje racional descriptivo― de siquiera nosotros haber pensado conscientemente: “o querer pensar conscientemente” sobre aquello, o de dirigirnos frente al mismo prestándole nuestra atención y mirarlo atentamente; cuando antes llegar, ya observamos armada la frase en nuestra mente, con las palabras, casi siempre indefinidas, pero que definen a aquello ¿lo pensaron así alguna vez?― ¡que flor más bonita!, pero luego, ni era flor y era de plástico. Del mismo modo, las mas de las veces “no solo no hay nada fuera del texto” sino que de lo que en el texto hay: no se refiere nada”, nada concreto de la realidad: por supuesto, hablo de aquellos textos de filosofía (repletos de Nada). Supongo, que por esto mismo, no se la leen a los niños, que deben aprender tantísimas cosas, debiendo hablarles de lo concreto y real: osos, plantas, abejas, que curiosamente todos tienen su nombre y, además, hablan se comunican entre ellos, y se dicen cosas, a la vez que nos las dicen a nosotros. Por el contrario la filosofía no tiene, a veces, no solo cosas que decir, sino que las que dice menos las podamos entender, ni siquiera de de sus nombres, como la Nada. Lo que nos habla no solo de un lenguaje pobre e ingenuo, sino de un conocimiento, igualmente pobre e incompleto del entorno y su realidad. Pero, y si el lenguaje no solo pareciese incompleto, sino que de cierto lo fuese: que lo es; además, de absurdo, en algunas de sus manifestaciones. Tendríamos entonces un grave problema con la realidad y el mundo circundante, cuando al interpretarlo (el mundo y la realidad) dependemos por completo y entero de ese lenguaje racional, tantas veces absurdo, que refiere poco de la realidad, cuando otras veces no solo refiere nada, sino que precisamente: refiere la nada
VII
(La cuéntica del sentido).
Pongamos que alguien nos pregunta como estamos, y decimos: estoy triste; ahora respondamos gestualmente, esa misma tristeza y sin palabras. De la palabra, se advierte una sola interpretación, su significado de triste; pero del lenguaje gestual, de la forma del cuerpo observado, en tanto frunzamos el ceño o arruguemos las cejas y cerremos o abramos los ojos, y caiga una lagrima, nos sentemos o estemos levantados, miremos arriba o abajo (y puedo seguir): cientos, si no miles de tristezas , millones encontramos (tantas como millones de personas todas y cada una de ellas en sus momentos tristes: y segundos tristes, en la vida de estas) y dados todos a interpretar. Sin embargo, al representárnosla a nosotros o explicarla a otros, diciendo, estoy triste, solo podemos definirla, racionalmente, a su significado literal en un sentido: triste, 1. adj. Afligido, apesadumbrado. Ocurre poco más o menos con el blanco, solo vemos un blanco, y se define el blanco, en un solo sentido: 1. adj. Dicho de un color: Semejante al de la nieve o la leche…; mientras el inuit puede distinguir y explicarnos 100 tipos de blanco, solo de la nieve (de la leche no lo sé), mientras al europeo le ciega un único conejo blanco, del que siempre cuelga un reloj). Así dependemos siempre del lenguaje “ñeco” en tanto que nos limita, no al, o a un: sentido, como lo cierto es, que nos limita a la multiplicidad existente de todos los posibles sentidos (la cuéntica del único sentido).
VIII
Derrida expone afirmando que un signo puede ser repetido, y también puede ser citado en diferentes contextos. “Todo signo, lingüístico o no lingüístico, hablado o escrito (en el sentido ordinario de esta oposición) en cualquier unidad, puede ser citado, puesto entre comillas; y por ello puede romper con todo contexto dado, y engendrar al infinito nuevos contextos (y tener sentido real.. se entiende), de manera absolutamente no saturable.” Por ello, las palabras pueden tener distintos significados cuando son puestas en diferentes contextos y, por tanto: Marte puede tener, perfectamente, casco prusiano y estar sentado en calzoncillos dentro de un marco (en el Prado) más allá de orión. Parece absurdo, pero tiene sentido y significado real (dentro de la sociedad intelectual) que sabe de arte, museos y relojes. Razón por la cual para Derrida (y la imaginación) no hay un contexto absolutamente determinable ni tampoco un solo significado, pues es innecesario cuando difícilmente el individuo educado e instruido en las escuelas (por la razón), especula más allá del supuesto-aparente y significante (limitado). Esto es, se limita a lo expresable (a partir de sus saberes previos) de lo expresado en el texto que, aunque absurdo, le encajará en alguna idea representativa de mi realidad / cuando este nada tiene que ver conmigo, y solo a partir mis breves palabras sobre de ese cuadro. Pero no encontrando en el lenguaje nuevos códigos a interpretar, ni mayor conocimiento de la realidad, de mi experiencia y realidad del momento frente cuadro, de mi mismo, o de qué quería decir orión: con “más allá de Orión”. Pero atiendan, pues había estado viendo a Marte, este invierno desde enero en Tauro, más bien a un lado, o mas acá de orión, pero no nunca mas allá. Entonces, por que puse orión, algo se me pasaba por el alto al querer explicarme aquí, que el subconsciente (sombra que nadie entiende) me iba a enmendar. Orión, no tarde en buscar: es también un reloj, una marca de relojes que debí ver en algún momento con anterioridad, y que como todos los relojes marca el tiempo, que está detenido: fijado un instante representado sobre el lienzo, Marte esta mas allá del tiempo, no representado (no hay movimiento), sino aquel instante atemporal y dimensional: mas allá de Orión.
Lo que hablan las palabras no es solo del cuadro, sino del la sombra (subconsciente) que nos proyecta hacia los demás, sobre los límites de la razón, presentándonos, por encima de lo que el mismo lenguaje, o nosotros mismos, pretendamos que el lenguaje represente. Siendo el lenguaje un ángulo proyectado del lado de nuestra sombra desde adentro→ hacia afuera que nos define, en una forma: imagen visible que nos proyecta, y se proyecta hacia nosotros (nos pone en contacto) ―el lenguaje― como aquel espacio de comunicación entre dos consciencias: aquella sombra (o espacio) entre sujeto y objeto, mas en este caso: por la sombra de la razón: el lenguaje; que sirve únicamente su usabilidad/ y necesidad inmediata (de la razón, por la razón del individuo para sus medios y fines) individuales, en tanto precisa comunicarse, por la razón, y describir aquella realidad aparente, vagamente construida sobre su paradigma, por ese mismo lenguaje. Luego Todo lo que no encaja en este paradigma está condenado, sin atender a la condena que supone del propio paradigma, pues desde dentro, no la podemos reconocer. Pero no podemos considerar al hombre como una entidad cerrada, separada, radicalmente desligada o extraña a la naturaleza. Es precisamente por ello que, quizá, habiendo abandonado el hombre el lenguaje natural ―que antaño servía a este para comunicarse entre semejantes y el medio ― hemos perdido, igualmente, la capacidad no para comunicarnos, sino para reconocernos a nosotros mismos, y reconocer el medio natural (la naturaleza) a través del ese espacio que ha sido usurpado por la razón, distanciándonos trágicamente del ser, y devolviéndonos hacia los sentidos ordinarios, como bestias depredadoras (calculadoras: pero más precisas y eficientes sobre cualquier tipo de objetico que sea nuestra presa). Un paradigma ahora perdido, que habremos de recuperar, si queremos algún día ser, y reconectar no solo con la naturaleza, sino, y primero con nosotros mismos, luego con la naturaleza de casa y quizá un día: con el cosmos por entero.
IX
Existe un lenguaje genuino, más allá del racional ―y no hablo de una idea― de lo preciso y real, necesario para evolucionar en el medio (desconocido) pero a la vez natural. Existe, sencillamente, porque no se puede vivir y medrar sin interpretar y comprender el medio en el que uno vive y se desenvuelve. Los animales lo hacen, igual que antaño las personas. La única razón de prescindir ahora de ese lenguaje es por nuestro tributo a la razón (a nuestros miedos, precisamente a lo desconocido) que se cobra con la imposición de otro lenguaje que nos encadena a esta desde pequeños, y creado a la medida de una pretendida “necesidad” Social del individuo, luego por la imposición y obligación, a la vez que se aísla con este al hombre, de el mismo, de los demás, y de la misma y propia naturaleza: reduciéndolo a lo práctico inmediato y necesario dentro de una sociedad, que lo aleja aun si cabe más de lo natural y de la verdadera formación para le evolución y desarrollo de la consciencia. ¿Alguien puede concebir la existencia del hombre en un medio como hostil como la naturaleza pura por milenios, sin comunicarse con el dicho medio y entenderlo? Sencillamente, es imposible.
De ahí que la naturaleza, por medio del subconsciente, se apresure explicarnos algo, que debemos entender: que no sigamos al conejo blanco (cada uno tiene su propia luz para ver el camino, no guiándose por la luz de otro. Como nos recuerda cuando aparece Benny Bunny, que le muestra (a Alicia), alarmado, la extraña niebla de colores que cubre el suelo del bosque, y ambos van adentrándose en la espesura, Alicia y el conejito se dan cuenta de que se están volviendo olvidadizos. Por suerte, se encuentran con un cervatillo que se compromete a guiarles fuera del bosque. Luego Alicia, aliviada, recobra su memoria, pero no tarda en volver a perderla, cuando, al descender el curso del río, se ve nuevamente envuelta por la niebla multicolor. Desafortunadamente, ésta vez la niebla afecta a Benny, quien de pronto piensa que es un hipopótamo. Siguiendo el rastro de niebla, Alicia se propone descubrir qué es lo que ocurre. El humo de colores la lleva a un claro del bosque donde la Liebre de Marzo está preparando su comida, y el humo que sale de la cazuela es lo que está borrando de la memoria de todos. De ahí, que nuestro subconsciente, por medio de arcanas leyendas y cuentos, nos recuerde (lo que la razón quiere que olvidemos) el viaje (y no precisamente el de Alicia) hacia la experiencia de ese límite o frontera, sin desviarnos de camino, por nada ni nadie, ni por un conejo blanco, o quien diga que es un hipopótamo, y menos seguir la niebla multicolor, por muy rica que huela. Debemos embarcarnos y pagar al barquero… encarar la sombra que proyecta la forma de nuestra razón, superarla, y conocer qué hay de otro lado, adentrándonos en esa sombra, que es la nuestra, frente aquella eterna pregunta; y después, esperar al que a tu encuentro salga y frente a ti se detenga, y te diga: tú, sígueme… mas cuando luego al mirar a tu alrededor, te encuentres solo.
Manipulación del lenguaje
Educación y manipulación son procesos distintos y enfrentados: opuestos. La educación, por un lado, favorece la autonomía e independencia de las personas haciéndolas capaces; la manipulación, por el contrario, es una actividad encubierta, un fraude que hace a las personas dependientes, inseguras, menos libres y críticas consigo mismas y el entorno o sistema al que pertenecen; en resumidas cuentas: las incapacita para ser objetivas. Mientras que la buena educación, por un lado, libera a las personas de las cadenas; la manipulación, por el contrario, encadena, amaestra y masifica. Manipular es tratar a las personas como si fuesen objetos; reducirlas a la mínima expresión útil. Y sin duda, la forma de manipulación más extendida en nuestros tiempos es la del lenguaje, en su mayoría de las veces, a través de los medios de comunicación.
De tal modo observamos que a lo largo de los dos últimos siglos de historia que la elección de determinadas palabras o frases, y su continua repetición en un discurso o plataforma se convirtió muchas veces en una de las principales técnicas de manipulación. Así, las ideas que una vez el pueblo consideraba repulsivas, progresivamente, se fueron transformando en conceptos validos y aceptables para la sociedad. Y es por esta vía de imposición, y del uso estratégico del lenguaje y la escritura, a través de sus posibilidades, que fue posible a los virtuosos de la demagogia llevar a cabo, simultáneamente, dos ocupaciones opuestas: convencer a las personas de que se les está promocionando hacia niveles de libertad, y someterlas al mismo tiempo a un despiadado dominio. Y para ello, uno de los recursos más empleados en la manipulación del lenguaje son los eufemismos. Ninguno, podemos afirmar no habernos dejado llevar por alguno de ellos, al punto de considerar la palabra adulterada como original o equivalente de ella. No hay que esforzarse demasiado, para que pronto encontremos a nuestro alrededor una serie de palabras y conceptos: en política, economía o en lo público igualmente, que vienen siendo utilizados y contribuyen a esa maniobra de enmascaramiento del lenguaje, que vicia la calidad de la información y contribuyen a debilitar la sociedad. Palabras como Desaceleración (crisis económica); derecho a decidir (independentismo); paro laboral (huelga), “verdes”, “crecimiento negativo”, “indemnización en diferido simulada”, “reformas estructurales”, “regularización fiscal”, “riesgo moral”, “vivir por encima de nuestras posibilidades”, “España nos roba”, “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “populismo” o “nacionalismo”, son algunas que hemos visto, leído o escuchado asiduamente, bien en los medios de comunicación, periódicos e incluso expresados por algún conocido o amigo; se trata de algunos de esos “barnices del lenguaje” que tienen su propia viscosidad física e intención, y cuyo desarrollo en uno u otro sentido puede ser beneficioso o catastrófico. Otro recurso importante para los manipuladores son aquellas 'palabras talismán', que despliegan un efecto seductor sobre las personas, inhibiendo por completo su capacidad crítica. En cada época que miremos encontramos un término talismán. Actualmente, esta palabra talismán seria precisamente «libertad» ligado a cambio y progresismo.
No, no es verdad que las palabras se las lleve el viento: jamás fue así, sino que pueden provocar catástrofes o, en la mayoría de los casos… sostener distintas edificaciones políticas. La manipulación del lenguaje es sin duda una revolución oculta de graves consecuencias para todos nosotros: entre las más peligrosas la incapacidad para pensar por uno mismo y la consecuente ceguera para determinar los valores, la falta de creatividad y el espíritu gregario.
Los medios de comunicación tienen la
posibilidad de familiarizar a sus lectores y oyentes a distinguir los hechos de
las opiniones. Las opiniones son libres, pero los hechos son intocables; pero
no todos los medios se atiene siempre a ese criterio. Noam Chomsky
advirtió «la manipulación mediática hace más daño que la bomba atómica, porque
destruye los cerebros». Con el fin de no ser víctimas fáciles de la
manipulación del lenguaje todas las personas necesitan estar alerta ante los
manipuladores. Aprender a pensar y no dejarse llevar por los medios más al
alcance es una buena idea, así como cultivar auténticas formas de diálogo.
El diálogo genuino intenta buscar la verdad sin prejuicios, a diferencia de la
retórica y la sofística, que buscan persuadir y convencer a través de la
manipulación de la opinión. Hace algunas semanas, mientras intentaba dar forma
a este artículo, me di de bruces con un libro del ensayista Nicolás Sartorius;
un breve diccionario de estos engaños (La manipulación del lenguaje; de Espasa)
donde viene a explicar ese hilo invisible existente entre las palabras y ese
llamamiento a las conciencias que sin duda puede originar cambios, buenos o
malos, pues quien controla la difusión, la intención, transmisión o
comunicación de las palabras adquiere un gran poder. Si bien, el antídoto
principal contra la manipulación es la creatividad. Por medio de la actividad
creadora nos afirmamos, y afirmamos nuestra personalidad, evitando formar parte
de esa la masa informe. De ahí este articulo.