(LA NADA 02 ) CUESTIONARLO TODO / jorge maqueda

 


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INTRODUCCIÓN
POR QUÉ ME HAGO PREGUNTAS /POR QUÉ DESCONFIAR DE TODO

Sería una pérdida de tiempo pretender justificar mi modo de pensar o explicarlo a quienes, por ejemplo, vengan de instituciones de educación y ya embadurnados de un materialismo y dialéctica que solo se mira el ombligo y chascarrea siempre sobre lo mismo, aunque, ciertamente, sea ese el tipo de pensamiento "o corriente actual” (de chascarrear siempre sobre lo mismo y mirarse el ombligo) aquel que  curiosamente interese, pues no da problemas al sistema que nos gobierna y, por supuesto, e igualmente interesa a quienes la promueven, y promueven el actual sistema de competencia desde las propias instituciones y los medios, retroalimentando así al sistema de individuos (egoístas) adecuados a éste; individuos, con los que es inútil, por cierto, debatir a modo de confrontación: si uno u otro "dice Kant o Hegel" si esto o aquello... absurdo, y una pérdida de tiempo hablar con estas personas, vagos y nulos en su experiencia propia, que aluden a la experiencia de los otros para justificarse ante los demás, sin haber salido en toda la vida de su pueblo. Pero que luego te abruman, como buenos letrados en un juicio —igualmente absurdo— con papeles y mas papeles justificándose, y justificando luego esos papeles con otros papeles, torpedeando y hundiendo así —además, de con su verborrea— cualquier razonamiento posible, en la miseria más absoluta de la incompetencia del que conoce las cosas como tales, en tanto le son a él conocidas (de sus últimas causas). Como si del "saber" de algo fuesen los únicos y legítimos propietarios: “absurdos propietarios” si, absurdos, digo más en tanto que del saber, refiriéndonos, bien a algo o a todo lo concreto y universal - será relativo a cuanto- (y si por un momento se piensa, olvidando lo que te dijeron que debías pensar) que no es “saber” sino pretender justificar a los otros lo que “se creé que uno sabe” que es bien poco por cierto, dado el horizonte de complejidad que implica "saber" o "saber de las cosas" en su último fundamento pues, es de este saber “conocimiento cierto de las cosas” que abruma al asomarse a él; y del que con estas palabras se referiría  del "saber" describiendo  Freeman Disson —profesor de física en el Institute for Advanced Study de Princeton, USA— quien en una de sus conferencias a partir de un curso que impartió en las ya célebres Gifford Lectures en Aberdeen, Escocia, refirió del conocimiento "del saber", de nuestros esfuerzos por entender la naturaleza, la vida y de “su” lugar ( de él) en el universo, diciendo de éste: “lo hallo como el universo, inmenso, cuando allá donde miro veo infinito en todas sus direcciones”. (La cita no es suya por cierto, aunque se la atribuyan), lo que sí es suyo es el libro: "El Infinito en Todas Direcciones" 1988. 

1
EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS

2
¿ESTAMOS ATRAPADOS EN EL SUEÑO DE LA RAZÓN?
Acerca de la tragedia en el ocaso del pensamiento

3
¿A QUIÉN SIRVE LA FILOSOFÍA?
Sobre la congregación para la doctrina del pensamiento correcto

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NO SIEMPRE ES LO QUE PARECE
No siempre es lo que parece/ Filosofía y sentido de la vida

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POR EL PODER DE LA PALABRA
El mayor de los engaños / y sombra de la razón

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OBJECIONES A LA CIENCIA

 

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INTRODUCCIÓN 

Hoy, cuando las antiguas creencias están declinando y el final de las grandes síntesis se acentúa, un hambre manifiesta avanza peregrinando el mundo. Se trata, de una imperiosa necesidad de saber: saber quiénes somos, de dónde venimos o cuál es el velado propósito, de la que en tantos casos resulta una miserable vida. De tal modo, multitud de personas de la más variada condición, cuyo nexo común encuentra su raíz más profunda en la angustia, se han dejado seducir en torno a temas que van más allá de su quehacer acostumbrado. Seducidos, hacia cuestiones “profundas y metafísicas” ―cuando no, víctimas del que resulta ser el humilde parásito de la ingenuidad― arrojadas a la aventura de hallar unas nuevas expectativas, en las que habrán de volverse a replantear aquellos mismos y pretéritos temas relativos a la existencia. 

Apreciable en innumerables manifestaciones y formas, esta aptitud se observa en mayor medida, al comprobar, el creciente interés mostrado por buena parte de la ciudadanía, encandilada en torno a una amplia gama de tópicos y actividades: ufología, sectas, parapsicología, “meditación”. Sin embargo, sería ventajista por mi parte arremeter directa y exclusivamente contra todo contra aquello que más nos parecen disparates, cuando el más ligero soplo de aire dirigido contra estos lo derrumba. No requiriéndose tanto pulmón, como una buena dosis de coraje y osadía para dirigirlo, sin vacilar, contra las imponentes fortificaciones de la filosofía. Entiéndase, en esta (la filosofía) más que en ningún otro lugar, donde el pensamiento desventurado ha escarbado, hundiéndose con mayor pasión y resuelta vehemencia en busca de "la Nada", labrando tan vasta maraña de galerías que si decidimos aventurarnos correremos riesgo de extraviarnos, amplificando la magnitud de la inquietante perspectiva que nos habrá finalmente de causar, caminar hacia un horizonte del que no se intuye la dicha.

Pero que la filosofía occidental se halla en situación crítica, no lo afirmo yo: es un hecho. Luego que no sirve para nada es solo un dicho, venido a raíz de una tradición que parece desgastada cuando sino mas bien agotada, visto el fracaso a partir de sus teorías y un repetir dando la vuelta siempre a las mismas cosas, explicadas de mil y una maneras, sin aportar nada nuevo o relevante a la realidad; pero, y más importante, olvidándose por completo de explorar nuevas formas de pensamiento o de entender el mundo: no puede sostenerse aquello que se da de golpes contras sus propias paredes y a la vez da la espalda al mundo y a la realidad, a la entrada de un milenio que aguarda y del que algunos afirman: será un milenio más universal, o no será, dada la deriva de acontecimientos en la que nos vemos envueltos. Es por ello que muchas personas creen que la filosofía (como disciplina / no tanto el pensamiento) es un método de conocimiento que pertenece al pasado, habiendo sido superada por la ciencia y la técnica. Pero este agotamiento académico, en tanto a disciplina, no puede ni debe alejar nuestra atención de lo redundante: el mismo hecho de pensar, y la obligación de hacerlo sobre aquello que se precisa y urge: la verdad; ni debe hacernos perder de vista la necesidad de unos nuevos planteamientos o formas de pensar renovadas,  incluso atrevidas, que como afirma Trías: “bien pudiesen alimentarse de la misma disolución de esa razón ilustrada, ahora en período de rebajas”; sobre todo, cuando la filosofía parece haber olvidado su razón primera, y perdido la orientación definitivamente, precisando ahora de esa movilidad libre, como acto que disuelve doctrinas que impiden el debate. (La filosofía implica una movilidad libre en el pensamiento, es un acto creador que disuelve las ideologías. —Martin Heidegger).

Desde mi posición, no me siento obligado a ser continuador de nada, como tampoco entiendo preciso continuar nada (fracasado con anterioridad). Cada cual piensa, y al pensar como al caminar uno dirige primero sus pasos hasta que estos luego lo dirigen a él. Por lo tanto, elegir qué pensar sería fantasear, en un mundo donde la realidad condiciona de antemano mostrando lo relevante, y cuando la verdadera decisión, o elección, sería negarse a pensar “en aquello relevante” desviándose hacia lo improductivo e irrelevante (o académico) que por cierto a muchos agradaría: una existencia irreflexiva, bien pagada, insensible y ausente de la realidad. Si bien, esto parece más grave cuando se te dice o dirige sobre qué, cómo o cuál es la forma apropiada de pensar (cuando se desea publicar). Nada de eso hallarán aquí, y esto me permite una cierta libertad para maniobrar en un terreno en el que —y todo hay que decirlo— se observa cierta intolerancia, cuando entiendo, sería "un gran paso" poder universalizar el pensamiento, empezando por una correcta educación que enseñe a pensar y observar, acerca de nuestras dudas, y no tanto a obedecer sus certezas. 

POR QUÉ ME HAGO PREGUNTAS 

Observemos el nombre de aquello de lo que ahora vamos a tratar; luego qué quiere decir aquello sobre lo que vamos a tratar, y finalmente fijémonos en el título del texto; en resumen: ¡Nada!, ¡Nada!, y ¡Nada! Podríamos entonces dar ya el tema por resuelto [quiero decir: si fuésemos inteligentes]; pero somos humanos, y queremos entender ¿qué es esa nada?

Negando y rechazando el sendero que conduce al pensamiento por la vía extraviada y errática, Parménides abrió la primera brecha hacia aquello que vamos a tratar: para algunos, la más incipiente y genuina cuestión, pero a la vez igualmente vacilante, cuando no a su sentido: la más injustificada cuestión a tratar de todas las imaginables. La piedra de toque más dura, para probar el carácter del pensar, refería Heidegger, muy posiblemente referido, a no desvariar, el rumbo del pensar, precisamente hacia nada.

No pocos se acercaron a esta (no-entidad) en el pasado, luego advirtiendo sobre aquel funesto aspecto (de lo que no existe) de ella, pero que curiosamente hoy igualmente, de un lado se propone, cuando del otro la buscan, pero solo encuentran aquellos que antes por ella fueron ‘encantados’ o cayeron a la sombra de sus dudas, y habiendo buscado ya a todo un sentido, buscaron también sentido (al ser) justo en aquello que no tenía (sentido). Luego en aquella oscuridad y abatidos por la verdad, solo la propia angustia y perpetuar al hombre en su orfandad, cabía dar algún sentido a sus vidas. Pues de tan caprichosa búsqueda no hallaron jamás fruto, sino un enorme despilfarro de fuerzas a justificar, sumado a la impotencia que habría de ocasionar este 'en vano', vivido luego y secretamente como decepción, ante una presunta «verdad» que al final no lo sería: la creencia en la negación absoluta, que remediaba llenando otro vacío dejado antes por la mayor: la ausencia de Dios, de esperanza, ni vía.

POR QUÉ ME HAGO PREGUNTAS

“La juventud —decía Rousseau— es el momento de estudiar la sabiduría; la vejez, el de practicarla”. Recuerdo la primera vez que compre un libro de filosofía: Nietzsche, humano Demasiado humano, donde revelaba, a su modo claro está, el padecimiento del hombre. Para mí, amante de la astronomía y la naturaleza, y entonces con tan solo 16 años de edad, y que no quería estudiar, fue como descubrir otra dimensión antes desconocida, tan intrigante como el propio cosmos que por aquel entonces estaba descubriendo en la Asociación Astronómica de (Barbera del Valles). Desde entonces, y a la par, libros de filosofía, astronomía saturaron las estanterías de mi habitación, como ahora la memoria del ordenador. Leía, muchas veces sin entender, y volvía a leer, luego a quienes me explicaban aquello que no entendía: envuelto, en esa felicidad absurda, que con el tiempo entendemos nos da el conocimiento parcial e incompleto de las cosas, me lancé a vivir, a una aventura de saber, conociendo sin buscar, hallando de la naturaleza. Lo cierto es, que de ese modo ha transcurrido buena parte de mi vida, entre libros escogidos y salidas continúas al campo y las montañas, viajes: selvas, desiertos y volcanes, sumados esto a una creciente afición tardía por las plantas y la jardinería.

Pero entiendo que mi caso no es único —y no refiero mi afición tardía—, pues son muchas las personas, que en algún momento comienzan a advertir esa terrible seducción, hacia temas que van más allá de su quehacer cotidiano. Digamos, que seducidos hacia cuestiones más profundas: “metafísicas”. Preguntas, que como a otros en el pasado y desde tiempo inmemorial han inquietado de manera fabulosa tanto a comunes como notables, pues todo ser humano, en algún momento de sus vidas, siente de esa dolosa necesidad de saber, saber por medio de otros, y practicar eso que llamamos filosofía (incluso sin ellos mismo saberlo) haciéndose preguntas e intentando comprender a los otros, y sin comprenderse / saberse primero a sí mismos, y sin apenas experiencias en la vida real: cuestionando el origen del mismo cosmos.

En palabras de José María Calvo, “el ser humano es filósofo por naturaleza, y si se le ofrece la oportunidad se hace preguntas a todas las edades” (Calvo, 2003: 36). Ciertamente, desde muy pequeños, ya nos acercamos a las cosas para comprenderlas. Luego, es un hecho, que comprender la razón de las cosas, en tanto a estas cosas son, se nos representan y entendemos, ha llevado a dotarnos de valiosos mecanismos por los cuales se nos premia, recompensando, por nuestra la búsqueda implacable.

Pero esta hambre de saber no tendrá razón alguna cuando parte del deseo, y no partiese de una necesidad real de conocer las respuestas: de una necesidad tan real que no deje dormir, y que te lleve no a los libros y sus respuestas, sino a aquello que origina las preguntas. La experiencia propia y sensible a nuestros sentidos, dirigidos hacia todo aquello que nos rodea y afecta. De ahí, que algunas personas empecemos a problematizar aquello que se da por sentado, cuestionandonos a partir de nada (de estar perdidos), de la falta y ausencia total de saber que experimentamos de nada: una carencia de conocimiento de la que el ser humano, hoy no se sabe objeto, pero que a algunos caracteriza y distingue, pues “para apropiarse de un problema no es importante entenderlo, hace falta sentirlo, y sentirse amenazado por él” como afirma José María. En este sentido, digamos dramático, se origina la preocupación por el individuo —y mi rechazo firme hacia la Nada, frente la aceptación exánime y apática de esta por parte de otros— lo que hace que me pregunte, más allá de preguntar o de preguntarme ¿por qué buscamos la nada? 

POR QUÉ DESCONFIAR DE TODO

Entiendo que algunas personas, si escribo ahora una cita del nuevo o antiguo testamento tratando un tema de filosofía se puedan extrañar y dibujen una sonrisa, eso no es “malo”, solo pido el beneficio de la duda, aunque sea solo por esta vez. Pues lo realmente “malo”, además de poco coherente, es criticar las cosas de antemano sin conocerlas, lo que conduce a una lóbrega lucidez vivida en la ignorancia, que nos aleja todavía más de la verdad. Por cierto, Heidegger también cita la Biblia (Mat. VIII, 18) donde se dice que ‘viéndose Jesús rodeado por numeroso pueblo, les significó que se trasladaran al otro lado del mar’(«Videns autem Jesus turbas multas circum se, iussit ire trans fretum». La traducción utilizada por Heidegger es de Lutero; y el sentido "primero" de este fragmento es mostrar como el significar, en latín (iuber) nunca es un mandato. Con mayor precisión se acude al verbo en griego que representa –y es aquí donde debemos llegar– «poner en la carretera, ponernos en camino» (Heidegger, 1964: 114).

Y en este mismo sentido maravilloso, de hablar libremente y citar a dios, sería igualmente maravilloso que algunos de esos grandes hombres de ciencia —a los que muchos leemos—, luego tuvieran el mismo “fair play” cuando hablan de Dios (en el que no creen), que cuando lo hacen de la energía oscura o la Nada (en la que creen, pero que no vieron jamás), pero desgraciadamente no es así. El vago conocimiento, la simplificación o los argumentos sesgados, sumado muchas veces a la ignorancia remitida en torno a algunos presupuestos elementales de la discusión filosófica y teológica y la propia escuela: o una línea de pensamiento fosilizado (alimentado en las mismas universidades), e incluso la pura y simple mala fe, están a la orden del día cuando los científicos abandonan su campo o especialidad, e incursionan a cuestiones que lindan el absurdo: como lo es hablar de la nada, de lo que no existe de lo que no es; tanto es así, el no ser ( de la nada), que ni tan siquiera la nada, se puede imaginar: la puedo nombrar, y nada más, nada. Pero sin embargo, los mismos científicos que hablan y exponen libremente “la idea” de “la nada”, critican luego “la idea” de dios, entiéndase: Onteotológicamente /filosóficamente: niegan al ser; esto es, que afirman la nada, lo que no significa otra cosa que una contradicción en sí mismo. La formulación de este principio (principio de contradicción) viene ya de Parménides quien (después de proponer la idea de la ausencia del ser, viendo lo que le quedaba: nada) formuló su ley de identidad enuncia que “lo que es “es” y lo que no es “no-es", a partir de este principio deduce que "lo que es no puede no ser". Y la realidad es, existe, no es nada.

Valga el ejemplo de Krauss, animado por R. Dawkins y del que aquí en estos textos trataremos, aunque sea por encima, donde se observa y advierten estos lamentables extremos: declaraciones oraculares, iguales o similares a otras, que igual que las suyas y principalmente localizadas en libros (casi siempre de divulgación científica) y escritos por eminentes científicos, son más efectivas y dañinas que cien páginas de densa argumentación, pues aquel tono misterioso y exegético utilizado y gran ubicuidad por su propagación en el ámbito de la divulgación, les da un aire de cierta notabilidad o jerarquía, donde siempre, la mesurada respuesta difícilmente pueda contrarrestar el efecto nefasto producido por aquellas sentencias, y yo entiendo: de consecuencias nefastas, mientras los ignorantes son turbados por esa imagen científica de eternidad y determinismo, que algún ilustrado como Simón Laplace nos presentaba como diametralmente opuesta a la religión. Razón esta, sumada a otras, por la que me veo siempre en la obligación de dudar de todo aquel que viene con alguna nueva certeza, del bando que sea.

Sin embargo, para mí es natural esta actitud, digámoslo en otras palabras: de cuestionarlo todo y a todos, y solo tengo que echar un vistazo al pasado, incluso al pasado más reciente, donde nada me revela que en adelante las cosas puedan cambiar, más cuando la misma historia (historiografía /ciencia) da la razón: si no es más contundente todavía: en tanto a mostrarnos, como aquellas certezas que se creían inmutables permaneciendo por siglos, finalmente eran suplidas por otras certezas, aunque igualmente incompletas / cuando no del todo inciertas. Luego, lo que antes tardaba siglos en cambiar hoy lo hace apenas en unas décadas, y en este sentido cuando parto de la “certeza absoluta” que actualmente todo conocimiento de las cosas es incompleto y, por tanto, las interpretaciones o explicaciones posibles acerca de esas mismas cosas: qué son.., a qué sirven.., su razón es igualmente “incompleto” más allá de aquel relativo conocimiento de estas (cosas), y concernientes a nuestra incapacidad de entenderlas, entiéndase: qué son “realmente”, pues lo que entendemos de estas cosas es: en relación directa a nuestro entendimiento y / o capacidad de entendimiento, mas “no sabemos”—  y menos aún de sus sombras, o precisamente porque ignoramos estas sombras —  y esto lo firmaría ante notario cualquier físico, aunque Carlos Blanco, por poner un ejemplo poner un ejemplo afirme que el universo se explica a sí mismo.... mas y en ese caso, la cuestión seria entender: ¿qué es lo que explica?, y luego, igualmente explicar (por qué) tiene la “necesidad de explicarse” a sí mismo, y no basta, con observarse a sí mismo.  Pero en ese caso qué entendemos: “La idea que hemos desprendido de los hechos y confirmado por el razonamiento, es que nuestro cuerpo es un instrumento de acción, y solamente de acción. En ningún grado, en ningún sentido, bajo ningún aspecto sirve para preparar, todavía menos para explicar una representación. Lo que se explica en nuestras percepciones a través del cerebro son nuestras acciones comenzadas, o preparadas, o sugeridas, no nuestras percepciones mismas” (Bergson). Por tanto, no entendemos, casi nada, ya no tanto de las propias representaciones de lo que vemos, como las representaciones que nos imponen lo demás, y razón mayor todavía para desconfiar.

podemos partir de la premisa sobre nuestra mente, y a la vista está: una mente todavía primitiva, más cercana a lo animal racional, que a lo pretendidamente humano (sapiens), pues somos una especie apenas salida de las sombras, que aún camina al abrigo de las propias sombras, que no reconocemos igualmente propias, siempre huyendo de la luz: una especie que alcanza la Cima de la complejidad evolutiva ―(según C blanco), pero no escucha a la naturaleza (y cuando dice que esta se explica, lo que hace es explicarla él)― , un especie que manipula, esclaviza y destruye cuanto pisa incluso a sus propios semejantes: a veces vecinos y hermanos. Y no hablo exclusivamente del pasado remoto, pues la misma historia ha registrado períodos de crueldad (España 1936/39) y eventos y momentos de extrema barbarie (1939/45), que pondrían en duros aprietos a cualquiera que pretendiese rebatir el salvajismo inherente a nuestra especie, así como los argumentos de quienes entienden aquella concepción más pesimista del hombre; pero como dije, no hay que mirar muy atrás en el tiempo, para observar localizar el origen de donde nos encontramos, y la deriva hacia la que nos dirigimos:

Durante el siglo XIX la humanidad ingenuamente había depositado sus esperanzas en la ciencia (ilustración), pues ahí hallaron una nueva promesa de redención para los males del mundo y las limitaciones del hombre. Pero el siglo pasado se encargó de poner final abrupto y macabro a tales esperanzas, siendo particularmente ejemplar a la hora de mostrar el catálogo de los horrores propios a nuestra especie. Los cien años que cerraron el segundo milenio, sobre todo gracias a la ciencia (les recuerdo las dos bombas atómicas lanzadas sobre personas, el holocausto, las guerras sin fin, y avances en armamento) han sido pródigos en alumbrar —a quienes todavía mantuvieran sus dudas— aquellas circunstancias que exhiben un singular y profundo horizonte de maldad y ensañamiento de nuestra especie, llegando a instrumentalizar (racionalizar): habiendo normalizado procesos de arresto, custodia y exterminio sistemático de semejantes. Un siglo y una ciencia venida del iluminismo, que lejos de curar los males y limitaciones de la humanidad, como prometía, solo ha servido (y sirve) para la instrumentalización y el sometimiento de personas desde la revolución industrial, e incrementar exponencialmente la capacidad de autodestrucción la especie, como del propio planeta que habitamos.

Luego es cierto, que algunos hablaran de adelantos médicos: más todos son insuficientes, solo para compensar el daño mismo y enfermedades que causa la nueva ciencia, o lo que, ingenuamente, algunos llaman adelantos, y que ha convertido continentes enteros en basureros y zonas de la tierra que es un paraíso en el cosmos, en más peligrosas para la vida que la misma luna o Marte. Pero lo peor de todo es, que aunque nadie ve hoy la ciencia como una nueva religión, esta sigue siendo aquel lugar donde muchos espíritus contemporáneos e ingenuos, sepultan sus sentimientos hacia el conocimiento y conocimiento del ser (entiéndase, conocimiento de universalidad). Pues aquel viejo dogma de que la ciencia ha vaciado el cielo de Dios, o el grito nihilista de una filosofía sometida de: “dios ha muerto”(no hay nada) siguen todavía arraigados entre la gente, incluso cuando es aceptado que el positivismo/cientificismo no ha conseguido entronizar nada en su lugar. Pero además, la filosofía actual ejercida en y desde las universidades, tiene poca o ninguna utilidad, habiendo dado la espalda por completo a la realidad y a las personas comunes: el filósofo que no investiga la realidad, lo da todo por explicado,  no parte a recorrer aquello que le llama a ser observado, y en lugar de aproximarse a la cosa, se da la vuelta (da la espalda a la cosa/ al ser de esta) volviéndose hacia aquellos libros que de ciencia o filosofía puedan explicar lo que frente de sí acontece, evitando con ello el florecer del acontecimiento de una idea o verdad sepultada por el tiempo, la razón, la religión y los libros, quedando atrapado y presa tras aquellas verdades de otros (tras el cerco de la razón), privando al hombre de su verdad, sin saberse atrapado por la razón o la religión. Habiendo asumido estas: ciencia y filosofía de un lado, y religión del otro: el rostro amargo del desengañado, aunque todavía aguanten, y pretenden seguir haciéndolo, a costa de una juventud cegada y sumida en la falacia de unos universos artificiales, semejantes a cárceles de cristal donde es reprimido todo aquel anhelo de trascendencia, que habita los corazones de cada ser

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EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS 

El sueño de la razón produce monstruos: el título del grabado lo dice todo, sin necesidad de análisis alguno. Conocedor, como nadie de su tiempo, el artista, representándose a sí mismo, nos muestra aquel momento en que la razón se adormece; y aparecen visiones, alucinaciones de seres monstruosos salidos de la oscuridad de la noche: “murciélagos entre ellos”. Se trata de uno de los grabados más conocidos de la serie de los 80 grabados al aguafuerte del artista español Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828), publicada en 1799 y conocida como Los Caprichos. En la estampa es el propio Goya es el que aparece adormecido en su mesa de trabajo, cuyo significado trasciende al tiempo, al mismo artista y la propia España, más allá de aquel significado primero, e igualmente del segundo que le otorga la razón crítica hoy, en tanto era revelador de una España que habría de dar batalla entre otras cosas a los problemas sociales de su tiempo, como la ignorancia y la superstición. Pero donde también podemos mirar, en un ángulo de perpendicular sobre el horizonte y ver que nos dice (de nosotros mismos) aquel sujeto que se pinta a si mismo dormido (pero no está dormido mientras pinta) nacido del humanismo y las corrientes racionalistas/ empiristas del siglo XVII, que luego desembocará en la ilustración del XVIII. Ciertamente el artista podría haber pintado hoy el grabado y guardaría toda su potencia de significado: cuando a una sociedad acomodada y adormecida se le vuelven a revelar todos los monstruos: por medio de aquella misma razón, y que nos lleva a leer las palabras del texto, pero sin mirar aquel ángulo (en el lado derecho: vacío) que nos advierte de aquello que no vemos si estamos dormidos, pero que se muestra del lado izquierdo, que el Goya despierto (cuando se pinta dormido) si puede ver, y reconocerse: de los monstruos y pesadillas del ilustrado adormecido, a las que el resto de la sociedad, todos nosotros les damos vida.


¿ESTAMOS ATRAPADOS EN EL SUEÑO DE LA RAZÓN?
ACERCA DE LA TRAGEDIA EN EL OCASO DEL PENSAMIENTO

Me pregunto, si es posible que nos encontremos próximos a un ocaso: advirtiendo de éste la mayor miseria que se ha dado jamás en el pensamiento ¿Hay alguna tragedia mayor que aquella, en la que se encuentra hoy la filosofía? Cuando ésta ya no tiene nada que decir; más desde que los intelectuales quedaron atrapados en el sueño de la propia razón, siendo incapaces de asimilar, adaptándose y poniéndose a la altura de los avances de una nueva ciencia, cada vez más moderna, que derivaría en signo y representación de la civilización moderna; decidiendo luego así ocuparse de cualquier cosa, menos de aquellas que realmente interesan*. Lo cierto es, que “ahora y desde hace años sumida en una profunda crisis, olvidada por el hombre común y desterrada al plano de las universidades y de la academia, la filosofía se contempla como la actividad de personas “confinadas en ideas y pensamientos” que se encuentran al margen de la realidad cotidiana, sin salir apenas nunca de su pequeña órbita profesional, de su mundo (de imaginaciones y fantasías) y círculo más inmediato. Igualmente, la falta de entusiasmo, la moderación de los criterios y la disolución del alma moderna en todo aquello material, vano y absurdo han hecho que perdamos la costumbre de sentir aquel viejo consuelo de la rabia debilitando así, no solo el vigor de nuestro corazón, sino también el de nuestro pensamiento”. ¡A esto nos han conducido siglos de educación y de erudita majadería!"( diría Ciorán). Es entonces que surge una cuestión al margen de saber, si la filosofía sirve o no sirve o, cómo debería servir y, nos preguntamos ¿a quién sirve hoy la filosofía? He aquí la cuestión y, entiéndase por servir: obrar al servicio de, o proveyendo a ―de manera directa o indirecta― una persona, empresa o causa obteniendo esta (persona, empresa o causa) un beneficio como tal (material) de haberes sea, en la contabilidad de su cuenta corriente o bien, de estatus personal y social. Y les advierto... ya una respuesta asoma, por sí sola, aunque se requerirá de una admirable dosis de osadía para dirigir lo que se resuelva de la cuestión, sin vacilar, contra las imponentes defensas: fortificaciones, que se advierten ya cargando cañones de tinta, en la lejanía.  



¿A QUIÉN SIRVE LA FILOSOFÍA?
Sobre la congregación para la doctrina del pensamiento correcto

Sobre la congregación para la doctrina del pensamiento correcto, en conformidad a su razón de ser, lo es, a través de aquellos "Lobbys" o “Escuelas Filosóficas” que pretenden mediante la tiranía, la dominación de las personas y el pensamiento universal promoviendo para ello, colegial y regularmente seminarios e iniciativas donde difundir su instrumento a través de escuelas de adoctrinamiento: fortaleciendo y defendiendo con ferocidad aquellos puntos de vista del pensamiento “establecido y correcto” (su pensamiento) que puedan estar siendo cuestionado/as, como consecuencia de nuevas tendencias (corrientes) o movimientos que las amenacen; o bien, amenacen al sistema (su sistema) basado en la teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (Keynesianismo) cuando no puedan ser aceptables aquellas ideas nuevas al sistema monetario liberal que les promueve y financia, tanto a ellos como a sus mayores instituciones: los Bancos.

 

II

.  ¿A quién sirve la filosofía contemporánea? He aquí la cuestión y, también, una respuesta o, lanza que no admite discusión; solo encuentra y se hunde: en el corazón del adversario cuando le acierta. Entendiendo, para empezar, que la filosofía contemporánea y "establecida en la sociedad” sea para el estudio —en escuelas—, la difusión —en librerías y bibliotecas— o, como disfrute personal sirve y beneficia principalmente, no tanto a quienes la producen o produjeron —que son pocos o ya están muertos y no protestan— sino primero y más, mucho más —que a autores o herederos— a quienes la reproducen, sean estas: editoriales, publicaciones especializadas, universitarias etc. Incluyendo, en este grupo de beneficiados, como subgrupo, a quienes la inducen de sus diversas formas: la más extendida en forma de libro como “estudio” que, muchas veces es fomentado por aquellas primeras, resultando con ello un “estudio” muchas veces parcial, en tanto que subjetivo, y beneficiando en todo caso al autor y/o a los intereses de quien lo promueve. Después, están aquellos quienes encuentran su beneficio desde las cátedras o sillones donde se sientan y, que en la filosofía encuentran el pan que les sustenta a ellos y sustenta sus egos y, por qué no decirlo: sus ansias de poder y aspiraciones de ascender en lo social; pues ¿a quién si no sirve de verdad la filosofía? Yo recuerdo ahora a un ministro pero, realmente ¿a quién provee de alimento? Alimento que fuera en la vida o en la calle sirva de sustento, valiendo, para afrontar quehaceres en la lucha cotidiana del día a día. Mas se da el caso, que si a algunas personas a llevar una vida plena les ayuda la filosofía (entendiendo una determinada forma de pensamiento o a un filósofo concreto) es curioso, que cuando se expresan o expresan lo que sienten o piensan al respecto, sean aquellos —que fomentan la filosofía desde las escuelas— los mismos, que juzgan mal a quienes por la filosofía igualmente se orientan pero, difieran, o interpreten diferente —y todo en la vida es interpretar— en el modo de pensarla o practicarla, aunque todo devenga de un mismo fundamento o (texto) alegando: “Muchacho no pienses, no tienes escuela”. Y luego... ¿cómo discutir con ellos? Es absurdo. Si lo intentamos nos abruman, como buenos letrados en un juicio con textos y papeles, justificándose unos papeles a los textos y los textos a los papeles; hundiéndonos entonces a nosotros y aquel razonamiento humildemente expuesto, en la miseria más absoluta “mediante cuchilladas de silogismo, pues tiene el dialéctico un instrumento implacable con el que ejercer su tiranía, y condenar al vencido porque le obliga a tener que probar que no es idiota: enfureciendo así a los demás, a las vez, que le niega toda ayuda. El dialéctico reduce el intelecto del adversario a la impotencia” (Nietzsche). Y a mi pesar, opino que llámese o llámenlo como quieran, pero esto no es filosofía: “es una congregación para la doctrina del pensamiento” que, en conformidad con su razón de ser, dentro de la curia de aquellas “Escuelas Filosóficas” que pretenden la dominación y razón en el pensamiento universal promueve: colegial y regularmente encuentros, e iniciativas, para difundir el instrumento mediante el que ejercen la tiranía en sobre otras corrientes del pensamiento; defendiendo, siempre con ferocidad aquellos puntos del pensamiento establecido y, que puedan estar siendo puestos en peligro como consecuencia de nuevas tendencias o movimientos contrarias/os y, que la amenacen; o bien, amenacen, la teoría general de la ocupación el interés y el dinero cuando, no puedan ser aceptables aquellas ideas al sistema que les promueve y financia, tanto a ellos, como a sus instituciones de adoctrinamiento: Los Bancos. Y así, pasamos de filosofía más a religión, con una curia, que igual que la iglesia, promueve, doctrinas desde sus propias instituciones o escuelas de adoctrinamiento —principalmente universidades—. Doctrinas, que son el tipo de doctrinas: pensamiento o filosofía que interesan al Estado que las promueve; que interesa y no da problemas, retroalimentando al sistema y al estado de individuos, adecuados, a estePero... exactamente por qué, digo que es “Religión” ¿Es esto posible? La Religión es básicamente un dogma, un culto y un clero. Dogma (es un conjunto de creencias inalterables, como los principios en filosofía). Un culto (es el hecho de poner en práctica por medio de ritos ese dogma o, en filosofía sus principios). Y un clero (son los encargados de mantener y conservar el dogma y que se muestran como oficiantes —sean curas o en este caso maestros— del culto y, que preserve el dogma de su pensamiento) la imagen de la sombra del conejo blanco, que siempre se mira el reloj. Veamos ahora, miremos a un lado y observemos la filosofía de hoy en las universidades o, mejor observemos el “Materialismo Filosófico” observemos así sus escuelas (universidades en las que se imparte) y fundaciones y, quien no vea en esto (dogma culto y clero) es marioneta y, además, está ciego: “Cuando el hombre cree en algo, cuando algo le es incuestionable realidad, se hace religioso de ello” (Ortega y G.) (Religio no viene, como se acostumbra a decir, de religare, de estar atado el hombre a Dios. Como tantas veces, es el adjetivo quien nos conserva la significación original del sustantivo, y religiosus quería decir ‘escrupuloso’; por tanto, el que no se comporta a la ligera, sino cuidadosamente) y, díganme, ¿conocen a alguien más escrupuloso en lo intelectual que el catedrático de filosofía? Yo no. Igualmente desde antaño la filosofía se ocupó del estudio filosófico de la religión incluyendo, argumentos sobre la naturaleza y existencia de Dios; sobre el problema del mal y, sobre la relación entre la religión y otros sistemas de valores como la ciencia y la ética; tanto, que si ahora podemos distinguir entre la filosofía de la religión y la filosofía religiosa, no era tanto así antaño o ¿no fue ya una cosa esta y ésta la otra? Termino pues, por el momento y lejos de reclamar condescendencia; pues nadie (adoctrinado en el sistema secundará lo expuesto) y es tan licito, como entenderlo es de sencillo: el alumno que aún no lo es, lo quiere, lo siente y desea por todo los medios cuando pueda y se lo permitan, pertenecer a la curia del “pensamiento cierto, de escuela, correcto y establecido” que no hallará más fundamento que aquel, que a la vez que sirviéndose a sí mismo y al que le formó, sirva igualmente al sistema que lo alimenta. 


NO SIEMPRE ES LO QUE PARECE
No siempre es lo que parece/ Filosofía y sentido de la vida

Por encima de Ser o estar ahí, cabe preguntarse, más allá de saberse, por la razón última de ser. Sartre, lo diría de otro modo: el “humano” en cuanto «ser para sí» es un «proyecto», un ser que debe «hacerse» pero, saberse-hecho, luego para qué, pues si sabemos bien qué somos y queremos, luego ¿podemos? Esa es la cuestión. La filosofía, pensamos, nos puede ayudar a comprender y comprendernos mejor y al mundo, e incluso ayudarnos a encaminarnos en una dirección, sin embargo, la filosofía, en contra de los que muchos pueden creer, no va a ayudar al individuo –si no es en provecho de la propia filosofía-, aunque, el individuo sí podrá apoyarse en ésta, incluso con el tiempo desarrollar su pensamiento a través de ella. Me explicaré.

La filosofía no busca sólo conocimiento; un saber, sino y generalmente, si encuentra un conocimiento práctico, pretende, luego, por este u otro, un establecimiento de ideas y doctrinas (un edificio) cuyas propuestas no siempre sirven al hombre, al individuo, sino (generalmente) primero sirven a esa escuela, y luego a quienes cualesquiera sirva esa filosofía –“pues en función del momento o país donde se produzca habrá de servir como ‘superestructura’ a la política del régimen o sistema de turno” así Aristóteles, aunque no coincidía en exceso, secundaba y participaba de la política de Alejandro; la escolástica sirvió igualmente al feudalismo, reyes e imperios y la escuela de Kant, o el Kantismo a Bismark (Gustavo Bueno, conferencias, Heidegger)― en resumen, cada universidad, desde el momento en que éstas se fundan, como parte y bajo la tutela del estado, han promovido y desarrollado un pensamiento acorde con ‘el propio régimen’ que las fundó, o en su defecto, con aquel que las mantiene; así los filósofos deben producir para esas universidades, que son propietarias de sus escritos y enseñar a otros las doctrinas pertinentes, ganándose el sueldo; y hasta que no abandonan éstas, y siempre si el régimen permite la libre expresión, serán entonces soberanos en sus ideas, si no quieren, de otro modo, perder el trabajo o, como en el pasado, algo más: la reputación. Por tanto, la filosofía, en principio no nos ayudará a ser (siendo independientes en nuestras ideas) si bien, sí nos ayudará a reconocer e igualmente a conocer la historia del pensamiento ―el mundo en cada momento del tiempo― y por ello ha hacernos una línea temporal de éste pensamiento, que es el propio del hombre y sus políticas; en definitiva, de cómo funciona la sociedad, pero no desde los medios o los otros, sino desde aquel lugar desde donde se piensa esa sociedad. Una vez recorrida esta primera parte del camino, luego podremos abordar no la filosofía, sino a los filósofos, no como estudiantes o discípulos dejándonos adoctrinar, sino como individuos intérpretes de aquellas ideas. La filosofía jamás fue cosa de intelectuales, no crean eso. Quizá, es cierto que hoy se pretende así: una filosofía científica, analítica y académica; pero, aquellos primeros filósofos eran poetas, y al decirse filósofos aquellos sofistas se reconocían, así mismos modestos y aficionados; y, ciertamente, todos somos unos aficionados al iniciar cualquier camino; nadie posee un saber universal y, menos la verdad, cada cual encuentra la suya. Buscando y herrando hayamos cada uno la nuestra: nuestra verdad y nuestra realidad: no la verdad que nos proponen e imponen por medio de cualquier dialéctica, sino la que nosotros vamos a descubrir, pues el mundo y las cosas no se muestran y afectan por igual a dos personas distintas, que encontrarán resultados múltiples a la misma experiencia. Por tanto nosotros extraeremos aquellos pensamientos, a veces quirúrgicamente, con pinzas, que sean acordes con nuestra forma de ver y ser, buscaremos en ellos apoyos y refuerzos, y encontraremos caminos que recorrer: pues si pensamos por nosotros, no dejándonos influenciar, no importará en qué medida o hasta que punto, pueda el individuo sentirse identificado con las necesidades establecidas por la sociedad o, en qué medida en ellas encuentre satisfacción: lo superará; pues, seguimos, aunque pese a muchos, siendo lo que fuimos desde el principio: individuos, y no un producto como se pretende, dirigido por medio de intereses y dogmas –aceptados, unas veces desde de la ignorancia, otras desde el derrotismo–,  sin embargo, es un hecho necesario que tendremos que desterrar esta necesidad y dependencia absurda del individuo en tanto a lo que le rodea, y de cuanto se pretende necesario sin serlo: tanto en el interés de una sociedad saludable, como el de todos aquellos cuya miseria es el precio de su felicidad. Y para ello, debemos pensar, pensando por nosotros como si afilásemos arpones, que a su momento habremos de utilizar, pues "Su vida escoge el hombre, su objetivo, y ganará libre de error sabiduría, pensamientos, recuerdos que perdiéronse en el mundo / cuando el esplendor de la naturaleza embellece sus días, otórgale entonces a su espíritu nuevas vestiduras. En su interior, y así contempla la verdad, el más alto sentido, y las más singulares preguntas. Podrá el hombre conocer entonces el sentido de la vida, y nombrar su meta lo más alto, saber que uno es sentido, de la humanidad y de la existencia, Considerando que el más alto placer es la más noble vida"La Vida Más Elevada (Scardanelli) o, Johann Christian Friedrich Hölderlin,

  

POR EL PODER DE LA PALABRA / Jordi Maqueda 

 “…se le dio al hombre el más peligroso de los bienes, la Palabra, para que creando y destruyendo, haciendo perecer y devolviendo las cosas a la sempiterna viviente…

 dé testimonio de lo que él es”. Hölderlin.

Desde pequeños estamos sometidos a la palabra, en las escuelas en un principio, que nos adoctrinan en un pensar, sentir y unas necesidades para que posteriormente las hagamos propias, por medio de unas ideas y creencias necesarias y defendidas por el colectivo social, representado por el estado. Para ello utiliza sus métodos propios, incidiendo en valores o creencias como la religión, la lengua, la política o el sexo.

Independientemente, luego de los estudios que tomemos cada uno, es fácil a lo largo de nuestro camino como estudiantes que nos encontremos con aquella sentencia, apoyada por pensadores y científicos, que nos dice que lo que no consigamos entre los veinte y los veinticinco años ya no lo conseguiremos jamás, referido, a una idea bien asentada y extendida, de que la mente humana explota a esas edades para luego sencillamente decaer. Esto lo oirás más a profesores y científicos sobre todo. Sin embargo, es poco menos que decir que un hombre se desarrolla y explota intelectualmente a esa edad, y que allá donde se encuentre en cualquier ámbito de la vida, antes de los veintiocho años, es donde va a permanecer por siempre; y así encontramos a esa edad médicos, científicos y filósofos titulados en las universidades pero, también a carpinteros, albañiles y amas de casa, que como los primeros, no serán más que eso según el aserto: carpinteros, albañiles y amas de casa, según sentencia el mismo y, por lo tanto: no aspires a más, pues aunque lo hagas tu mente no te va a ayudar, confórmate con lo que eres, lo que tienes y lo que haces; pero, sobre todo, Trabaja: y trabaja todos los días. Y todos lo creen así: desde el Médico, al ama de casa, y así conviene al estado que lo crean. Sin embargo, es curioso que antaño fuesen los mayores, esos mismos a los que ahora no hacemos caso y metemos en residencias, los encargados de administrar las sociedades antiguas, debido a su experiencia y sabiduría derivada de esta misma experiencia alcanzada a lo largo de los años (Algo ya a mi ya no me encaja) Y os diré que, en mi experiencia, es cierto que a los 25, por poner un ejemplo, uno ya toma decisiones, pero ahora que tengo 55 puedo afirmar que aquellas decisiones tomadas no eran las más acertadas, no eran las mejor pensadas, las más estudiadas, y ni siquiera las que más necesitaba, quería o deseaba. Eran las que debía tomar, no las que quería tomar. Y tomé las que debía porque a esa edad, tras estudiar y tener una “vaga” idea de lo que podía ser o hacer, lo que quería era también encajar en el mundo al que pertenecía, influenciado, y de algún modo condicionado por éste y la sociedad. De tener que tomarlas hoy, con mi experiencia, mandaría al mundo a tomar viento, de hecho lo hago y hago lo que quiero hacer, y aunque la sociedad espere otra cosa de mí, es su problema y no el mío. Pero, cuando con veinticinco años eres albañil y sabes o crees -porque así te lo hacen creer-, que eso es lo que serás toda la vida, dejas pasar el tiempo y cuando te das cuenta con cincuenta años has formado una familia, tienes hijos, responsabilidades, deudas y compromisos y, en resumen, una vida social sea la que sea; entonces, ya no mandaras al mundo a la mierda, aunque así lo pienses. De ahí, que si te convencen de que con veinticinco años ya con lo que tienes te basta y sobra, y si además te embaucan y facilitan piso, coche y negocio, con ello esperarán que, si alguna vez despiertas a la realidad, sea ya demasiado tarde y tus compromisos y amor para con los tuyos y tu miserable y rutinaria “vida cómoda” te inmovilicen y obliguen tanto o más de lo que te somete el propio estado; y, entonces, habrán conseguido su propósito: No sólo que tú les sirvas, sino que tengas hijos para que le sirvan también.

Pero la palabra tiene además otros peligros, de los que muchos, digamos pretendidos productores intelectuales son dramáticamente inconscientes; y así Heidegger lo afirma, basado en la consideración de que a través de ella, de la palabra, es fácil caer en el error y la desilusión, pues el producto de su poder creador, al verse probado con la realidad, puede, muchas veces, no encontrar correspondencia y, así, el hombre queda sumido en una irrealidad como sucede tan a menudo a muchos autores: poetas de lo banal o novelistas de lo absurdo, que confunden lo esencial con lo no esencial, difuminando así el genuino decir (a lo que la palabra debería servir), poniendo en peligro su función esencial. Un peligro además, que va más allá, pues afecta no solo a los que escriben y difunden esa palabra o pensamiento inútil, sino sus interlocutores o lectores. Pues la calidad, o línea de pensamiento de una persona, lo es precedido, instruido e influenciado en buena parte por las lecturas realizadas a lo largo de su vida, así como por las experiencias propias y adquiridas de ésta. Sin embargo, encontramos hoy las estanterías repletas y rebosantes de lecturas inútiles cuando no absurdas, que no aportan nada más que distracción con poco o nada nuevo o relevante que decir al ser que lee. Coincidirán conmigo que "Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros" — Marco Tulio Cicerón. Nada pues, que ver con la literatura clásica, no es lo mismo leer Orlando Furioso que un manga japonés, o Hölderlin y a su joven Hyperion que crece y vive según los ideales de la Paidea griega: por el que el individuo se considera parte de la totalidad y unido a ella en armonía: “Ser uno con el todo es la vida de la divinidad, es el cielo del ser humano” ¿Donde está hoy Hiperión? me pregunto, cuando un poeta inspiraba a un filósofo, tomándose como referencia para sus escritos. Pero la gente escribe, y no paran de escribir, cualquiera lo puede hacer, lo difícil es que lo escrito tenga algún sentido, más allá del que le atribuyen el significado de sus propias palabras.

Sin embargo, y como hemos podido ver, es cierto que la palabra no sólo puede ser, sino es, la herramienta más peligrosa dada al hombre; muestra de ello es el mal uso que se hace de ésta, y el sometimiento que a través de ella, el hombre hace del hombre, mediante la educación y adoctrinamiento privándole de su individualidad. Pero a pesar de estos peligros, la palabra es para el hombre un bien, al que no puede ni debe renunciar, no sólo porque a través de ella pueda comunicar sus pensamientos y vivencias, sino porque gracias a ella el hombre obtiene y ratifica su lugar en el mundo. “Únicamente donde haya palabra habrá mundo, esto es: un ámbito, con alcance variable, de decisiones y realizaciones, de actos y responsabilidades, alborotos, caídas y extravíos. Pues solamente donde haya mundo habrá historia” entendemos en Heidegger. Pues el hombre es un ser que ha de dar testimonio de lo que es”, y es el testimonio de su realidad lo que hace al hombre ser lo que es, y dicho testimonio sólo podrá hacerse a través de la palabra, sobre la cual tiene su advenimiento la historia misma, pues es la palabra un bien del hombre y sólo a través de ella puede realizarse como tal, sino perece frente a ella.

OBJECIONES A LA CIENCIA

Pero la ciencia no queda atrás de la filosofía en mis críticas. Una ciencia donde al ser escrutada con atención se observa, como mantiene dos varas muy distintas de medir, dependiendo en tanto aquello que trata o estudia: fuera o dentro de nuestro planeta. En el primero de los supuestos —aquello que sucede fuera de nuestro planeta— se muestra irreconocible y abierta de forma permanente a nuevas perspectivas, tesis y descubrimientos como los agujeros negros, energía oscura, teoría de cuerdas, pliegues del espacio-tiempo, etc., reconociendo en ello la existencia de nuevas realidades sin necesidad de verlas, deduciéndolas de forma indirecta (mecanismo este, se quiera ver así o no: próximo a la intuición o clarividencia) no cerrando las puertas, y admitiendo su ignorancia y esas otras posibilidades válidas del pensar. Sin embargo, en el otro supuesto —aplicado a lo que ocurre aquí, en nuestro planeta—ocurre algo muy distinto y enormemente reductor, donde todo tiene que ser medido, experimentado y solo es válido en tanto se pueda comprobar directamente. Luego los sucesos que no encajen en las teorías supuestas al uso (en el paradigma actual) se desprecian e ignoran, o se les fuerza a encajar de cualquier modo, incluso a costa de falsear estudios o la misma realidad.

A primera vista se advierte diferencia: como si ambos niveles (de una misma ciencia) no estuvieran intrínsecamente relacionados. Lo que nos lleva en la práctica, que algunos científicos se hayan convertido en nuevos guardianes celosos de la ortodoxia, e inquisidores de una ciencia, en ocasiones más dogmática e intolerante que la religión, y todo en nombre de una diosa llamada razón extremadamente sectaria e intransigente que solo mira hacia fuera y nunca dentro (que ve la mota de polvo en el ojo ajeno y nunca la viga en el propio). Sin embargo, todo ello no nos habría de llevar al error de despreciar o criticar el pensamiento científico y sus logros, sino a afirmar una obviedad: que el método o paradigma actual no es suficiente, que no alcanza para abarcarlo todo (ni la realidad, ni la realidad de las todas las personas) debiendo este ser revisado y complementado: lo que no será sin esfuerzo y por nuestra parte algo más que un poco de sacrificio.

Para terminar, solo añadir que no comulgaré con ruedas de molino sobre lo que filosofía o la ciencia nos ofrece, dando por sentado Nada, o sobre cualquier cosa, objeto de estudio en estos textos, pues esa “razón común a todos” ilustrada o no, se atestigua, al desafiar lo aceptado, tomando aquel camino que nos habrá de enfrentar a las propias sombras: entablando diálogo con todo aquello que dogmáticamente la desafía y pone a prueba, sea en la forma que venga. 

 

PALACIO ISHAK PASHA : Lugar de paso de "La Ruta de la Seda" - (Kurdistán - Turkia 2021) | Jordi Maqueda

 PALACIO ISHAK PASHA: Lugar de paso de "La Ruta de la Seda"

Vista del Palacio desde la carretera que lleva a éste

Dogubeyazit, junto al paso milenario hacia Persia, es una ciudad empequeñecida por la presencia del Ararat, siempre visible desde todas partes. Dogubeyazit significa “Beyazit del Este” porque las ruinas de la original Beyazit, apenas a unos kilómetros, sufrieron un destino parecido al de la antigua Van: sus habitantes fueron expulsados y masacrados por el ejército turco cuando, en 1930, una rebelión proclamó un estado independiente kurdo en la zona. Los kurdos, algunos de los cuales habían colaborado con los turcos en el exterminio de sus vecinos armenios, para apoderarse de sus propiedades apenas unos años antes, pasaban ahora a ocupar el papel de víctimas que aquellos antes (curiosidades de la historia).

Patio, entrada al palacio de Ishak Pasha, una joven que me mira, Sep 2021. A menudo, la gente al ver que los fotografío me mira: yo sólo sonrío, y es todo.

En Dogubayazit (1.900 metros de altura) hay unos 36 mil habitantes pero, curiosamente nada recuerda cuando fue construido —1918— tras la salida de los rusos. Se puede llegar a la ciudad desde Agri, una estación de tránsito para camiones grandes que van y vienen de Irán; o también se puede llegar desde Van, por carretera, como hicimos nosotros (aeropuerto de Van - Van - Dogubayazit). Los camiones son la nota de color a lo largo de las ilimitadas carreteras del norte y oriente de Anatolia. Corren, ahora subiendo mesetas, ahora descendiendo, por estas tierras antaño gobernadas por el emir Ishak Pasha que, habiendo obtenido el título de gobernador otomano en un período en el que la corte de Constantinopla se contentaba con cobrar un tributo de vez en cuando a estas provincias distantes, había considerado oportuno rivalizar con el palacio de Topkapi, asignando a sus arquitectos construir algo similar al palacio del sultán, en estilo y tamaño. Pero mucho, mucho tiempo antes de que Ishak Pasha pensara en su proyecto palaciego, ya existió una fortaleza Urartia (reino de Urartu) en esta importante posición estratégica; más tarde, los selyúcidas construyeron otra; y también lo hizo el sultán otomano Beyazit I Yildirim, aquel mismo que Derrotó a los cruzados en Nicópolis (en la moderna Bulgaria) en 1396, pero que luego sería derrotado y capturado por Tamerlán en la batalla de Ankara en 1402 , terminando sus días y muriendo en cautiverio en marzo de 1403, justo en estas mismas Mazmorras, lo que provocó el Interregno otomano… 

Mazmorras del Palacio Ishak Pasha: buscando sensaciones, aunque creo es imposible hoy, entender lo que eran estas mazmorras entonces...

Ishak Pasha quiso mantener el carácter de fortaleza en su palacio. Su arquitectura es una fusión de estilos: selyúcida y otomano hasta georgiano, persa y armenio.El portal este conduce a un primer patio quizás destinado a la caseta de vigilancia. A través de un segundo portal, se ingresa a otro patio en el lado norte del cual se encuentra una mezquita abovedada junto a la cual se abre sucesivamente un espacioso Selamik, un lugar donde se recibía y saludaba a los invitados, donde se realizaban las audiencias y las oraciones. Las magníficas puertas chapadas en oro que estaban allí en el pasado ya no están allí. Fueron retirados por los rusos que habían ocupado Dogubayazit en 1917 y trasladados al Hermitage de Petersburgo. El edificio alguna vez estuvo equipado con calefacción central, agua corriente y un sistema de alcantarillado. En el interior se ingresa a un laberinto de habitaciones donde se encontraba el harén, compuesto por 24 habitaciones, baños y una cocina con una gran chimenea. 

No muy lejos de Isak Pasa Saray se pueden ver los restos de la fortaleza urartica y las murallas que rodean un gran huerto vallado. Este último, un exuberante oasis en medio de un paisaje semidesértico, merece una visita. Aunque solo sea porque, según la tradición popular, aquí se nos habla del amor imposible entre un joven musulmán, Karim, y una princesa cristiana, Asli. 

El área de Doğubayazıt se convirtió en parte del Imperio Otomano en 1514. Poco después, la antigua fortaleza de Doğubayazıt fue abandonada y sus muros fueron parcialmente demolidos. Lo más probable es que algunos de los materiales se usaron más tarde para la construcción del Palacio Ishak Pasha. A la cabeza de Bayazit Sanjak se encontraba un funcionario con el título de mütesarrıf , designado directamente por el sultán. Esta posición se convirtió en hereditaria dentro de la dinastía familiar kurda de Çildıroğulları.

La construcción del palacio se inició alrededor del año 1685, por orden de Çolak Abdi Pasha. El palacio se erigió muy lentamente y su construcción fue supervisada por las generaciones de Çildıroğulları. Otro miembro de esta familia fue İshak Pasha, quien ocupó el cargo de visir en 1723, y al año siguiente fue nombrado gobernador de Tbilisi. Su nieto Hasan se convirtió en gobernador de Çıldır en 1760-1761. Otro İshak, también gobernador de Çıldır, terminó el largo proceso de construcción del palacio. La fecha de finalización está dada por la inscripción ubicada sobre el portal del harén. Proporciona el año islámico 1199, correspondiente a 1784-1785 EC. En el momento de la construcción del palacio, la ciudad se expandió en la llanura debajo de la colina del palacio.

Se supone que el último de la dinastía Çildıroğulları, que habitó todo el palacio, fue Mahmut. Es el único miembro de la familia cuya tumba se encuentra en la cámara funeraria debajo del patio del palacio. La fecha de su muerte es ilegible en la lápida, pero ahora se sabe que murió en 1805. Su sucesor, Behlül, trasladó su residencia del palacio a la fortaleza. Residió allí cuando llegaron los rusos durante la guerra ruso-otomana de 1828. La ocupación rusa duró solo un año, pero gran parte de la estructura de madera del palacio fue destruida en ese período. Las puertas del harén, recubiertas de oro, así como los documentos de la biblioteca del palacio fueron saqueados y llevados a Rusia. Es una gran pena ya que estos documentos podrían proporcionar información valiosa sobre la construcción del complejo.

Además, un terremoto en 1840 provocó graves daños tanto en el palacio como en la fortaleza. En 1860, se habían restaurado algunas habitaciones, pero la siguiente guerra ruso-otomana estalló en 1877. El palacio sirvió como refugio militar y volvió a sufrir daños. Esta vez, los rusos ocuparon la región hasta la Era del Primer Mundo cuando la usaron como puesto militar. Los disparos causaron más daños al palacio, ya que la ciudad se peleó debido a su posición estratégica entre las tropas rusas y turcas.

En los primeros días de la República Turca, el palacio sirvió como centro administrativo para la provincia de Ağrı y el distrito de Bayazıt. En 1926, la administración provincial se trasladó a la ciudad de Ağrı y la administración del distrito de Bayazıt se trasladó a la llanura de abajo. Luego, el palacio se utilizó como puesto militar de caballería, hasta 1937. Hasta principios de la década de 1930, el palacio estuvo rodeado por la ciudad que ahora se llama Eski (Viejo) Bayazıt, originalmente un asentamiento armenio. Fue demolido por el ejército turco después de un levantamiento kurdo, también conocido como Rebelión de Ararat, en 1930. En el período siguiente, el palacio sufrió más daños cuando se quitaron los bloques de piedra de sus paredes como material de construcción para las mansiones cercanas.

Investigación arqueológica: 

El primer visitante occidental del palacio fue Pierre Amédée Jaubert, un diplomático, académico y orientalista francés. Sin embargo, su permanencia en el lugar no fue voluntaria ya que estuvo preso en el calabozo del palacio, el mismo de arriba, durante cuatro meses. Fue el consejero orientalista de Napoleón que fue enviado en misión a Persia en 1805, para buscar una alianza con el Shah Fat'h Ali. Jaubert fue capturado y encarcelado incluso antes de llegar a Persia y solo fue liberado después de la muerte del Pasha de Doğubeyazıt, Mahmut. Posteriormente, escribió un cuaderno de viaje de esta misión como "Voyage en Arménie et en Perse". Este libro, publicado en 1821, permitió a los eruditos determinar la fecha de la muerte de Mahmut. Fue un descubrimiento revolucionario ya que Mahmut fue el último pachá que vivió en el Palacio Ishak Pasha. Además, el libro también incluía un boceto del palacio.

Charles Texier, un historiador, arquitecto y arqueólogo francés, visitó el palacio en 1830. Informó con admiración sobre la arquitectura y el equipamiento del palacio, especialmente de la sala de recepción. Otros informes de viajes europeos siguieron a su visita, incluido el preparado por el cónsul británico en Erzurum en 1838. Autores turcos escribieron descripciones más detalladas en la primera mitad del siglo XX. El primer informe en turco fue de Yusuf Mazhar Bey en 1928 y contenía tres fotografías y algunos bocetos. Demuestran que el palacio estaba entonces en mal estado. Mazhar Bey comparó el Palacio Ishak Pasha con el Palacio Topkapı en Estambul, mientras que otro autor turco, Ali-Salm Ülgen, encontró algunos paralelos con el Palacio Nuevo de Edirne.

En 1956, la autoridad de la Agencia de Protección de Monumentos de Turquía inició la primera investigación sistemática del palacio. Se midieron las estructuras y se prepararon dibujos. El director de las obras, Mahmut Akok, publicó un informe detallado en 1960. Siguió la limpieza del sitio y en 1966 se completaron las restauraciones en los muros fronterizos este y sur. Se realizaron más investigaciones en los años 1978-1979, y tres años más tarde Yüksel Bingöl escribió una monografía dedicada al palacio. Se hicieron algunas renovaciones a pequeña escala hasta 1984.

En 1992, el Ministerio de Cultura inició un amplio programa de restauración del palacio. No todo salió exactamente como se había planeado y en 1994 se introdujeron algunas revisiones importantes del plan de restauración. Las secciones de la pared, que previamente se habían complementado con hormigón, se quitaron y se reemplazaron con el mortero de cal más apropiado y piedras de campo talladas. Además, los muros elevados de la sección del harén se redujeron a su tamaño original. Finalmente, todas las partes de esta sección, a excepción del salón de ceremonias, se cubrieron con un techo de láminas apoyadas en una construcción de madera. La renovación, limpieza y reconstrucción duró hasta 2004. En este período, en el año 2000, el palacio fue inscrito en la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Sin embargo, el difícil proceso de restauración del palacio no había terminado. En 2004, se descubrió que los anclajes de acero insertados incorrectamente provocaron daños en las paredes exteriores. Además, hubo que sellar las grietas en los muros de la mezquita. También se descubrió que las partes estructurales del techo protector no eran lo suficientemente fuertes para soportar el peso del techo cuando estaba cubierto de nieve. Así, apenas tres años después de que terminara la reforma anterior, se anunciaba otro proyecto. Sorprendentemente, el proceso de licitación resultó en la selección del mismo contratista que echó a perder la restauración anterior.

El cambio más importante de la renovación más reciente fue la construcción de una nueva estructura de techo sobre el palacio. En 2009 se instaló una construcción de madera y vidrio con bóveda de cañón para albergar algunas partes del palacio. Cubre un área de 3000 metros cuadrados y fue construido sobre el apoyo de vigas de madera de abeto siberiano. La cubierta la proporciona un vidrio templado y filtrado que aísla los edificios del conjunto de la lluvia, la nieve y los efectos térmicos. También se ha criticado esta nueva solución, ya que cambia la percepción estética del edificio histórico

Otros datos:

El Palacio Ishak Pasha se construyó en el lugar con vista a la llanura de Sariova, donde ahora se encuentra la ciudad moderna de Doğubayazıt. El viejo Doğubayazıt se encontraba al noroeste y al sur del palacio. El castillo Doğubayazıt se encuentra al noreste del palacio. La meseta de Sariova está rodeada por montañas, incluidas las cordilleras Ararat, Little Ararat, Pamuk y Ziyaret.

El palacio fue erigido sobre una plataforma nivelada artificialmente, dispuesta a lo largo del eje este-oeste. El efecto de nivelación del terreno se logró mediante la creación del sótano bajo una parte de la estructura. La bodega alcanza los 15 metros en su punto más profundo. Los cimientos del palacio descansan sobre un suelo rocoso y duro. Tres lados de la colina (norte, oeste y sur) son muy empinados y el único acceso adecuado es desde el este, donde se encuentra la única entrada. El palacio tiene forma irregular, y sus dimensiones son de aproximadamente 115 a 50 metros.

Debido a su ubicación en la frontera, la arquitectura del palacio es una mezcla creativa de los estilos selyúcida, otomano, persa y armenio. Se utilizaron seis tipos diferentes de piedra local para construir el palacio. Las decoraciones del palacio son principalmente tallas en piedra, que representan motivos florales, formas geométricas y arabescos. También se utilizó madera, especialmente para la estructura del techo y las columnas, pero la mayor parte del techo de madera original ha desaparecido. La madera también se utilizó como material decorativo para construir voladizos que sostenían un balcón en una de las habitaciones de la sección de hombres del palacio. Según Nurgün Erdin y Kamile Tırak, las esculturas tridimensionales de madera que decoraban las vigas tenían un significado simbólico en el arte turco. Las figuras representaban a un ser humano, un león y un águila, y su diseño es único para el palacio.

El elaborado portal del palacio, construido con bloques de piedra tallada, muestra las características del arte selyúcida con sus decoraciones de mocárabes. El complejo palaciego consta de dos patios, con numerosas habitaciones y estructuras situadas a su alrededor. Los visitantes llegan primero al patio exterior (birun) que en el pasado estaba abierto a comerciantes e invitados. Al patio interior (enderun) se accede desde el primero a través de un gigantesco portal. Finalmente, la última sección del palacio es la sección del harén, a la que se accede a través de otra puerta elaboradamente decorada. Así, el plan del palacio sigue el patrón de la división tripartita tradicional de los edificios otomanos. Según Yüksel Bingöl, el palacio cubría 7600 mil metros cuadrados y originalmente contaba con 366 habitaciones.

El primer patio se ha conservado en condiciones que distan mucho de ser perfectas, ya que algunas de sus estructuras fueron destruidas. Mide de 50 a 30 metros y está rodeada de cuartos de guardia y depósitos. La entrada al sótano y las mazmorras del palacio se encuentran en el extremo derecho (norte) del patio. También hay una fuente bellamente decorada en el muro este, así como algunas cámaras privadas. Tres pequeñas habitaciones en el muro del recinto en el lado norte del portal probablemente eran baños. Los edificios alargados en el lado norte y sur albergaban establos y habitaciones para los sirvientes.

La función del patio exterior correspondía a la del primer patio del Palacio de Topkapi. Aquí se resolvían los negocios cotidianos entre los comerciantes y los gobernantes locales. Los almacenes almacenaban madera, grano, carruajes tirados por caballos y armamento. La puerta del portal se abrió a la primera llamada de oración del día y se cerró a la medianoche en el último.

El camino turístico pasa por el segundo portal, también de impresionantes dimensiones pero de diseño sencillo. Se sitúa en el muro opuesto a la entrada principal pero no precisamente en el mismo eje. En la zona del segundo patio, el muro perimetral sur corre hacia el exterior y ensancha el área del palacio. El segundo patio, de 35 a 20 metros, es mucho más impresionante que el primero. Esta parte del palacio solo estaba disponible para sus habitantes. La mezquita y la madraza se elevan sobre la esquina norte, los cuartos de servicio y los establos están situados a lo largo del muro sur, y las salas de guardia de dos pisos están al este, a ambos lados de la entrada.

La sección norte es más alta que la sur. De este lado, el segundo patio está bordeado por la amplia fachada de la mezquita y el selamlik, que es la parte del palacio reservada para los hombres y sus invitados. El área de los hombres, que se ha conservado bien a excepción del techo original, consta de varias habitaciones donde los hombres vivían, trabajaban y recibían invitados. Una de las habitaciones albergaba la biblioteca del imán de la mezquita. La entrada al selamlik es a través de un portal en el muro norte. Está flanqueado por dobles columnas de más de dos metros de altura que soportan una bóveda de mocárabes de arco apuntado. Las paredes laterales contienen ventanas planas.

El portal selamlik conduce a través de una escalera de siete escalones a una antecámara con bóveda de cañón. Junto a él, a la derecha, hay una espaciosa sala, llamada Patio de Bienvenida, donde el bajá recibía a los invitados. El corredor que comienza en el lado izquierdo de la antecámara conduce a la mezquita y las habitaciones contiguas.

La sala de recepción del selamlik mide de 19 a 8 metros. Según la descripción de Charles Texier, su techo estaba pintado con pájaros de fantasía, y en los nichos rectangulares se veían paneles de vidrio pintado con motivos florales. El techo se derrumbó posteriormente, a causa del bombardeo ruso, y sólo se han conservado los techos abovedados de los pasillos. El piso fue puesto de bloques de basalto. En el extremo occidental de la sala de recepción, hay un nicho de buffet (şerbetlik). Una de las salas de selamlik estaba equipada con el balcón sostenido sobre vigas de madera que se había mencionado anteriormente.

A ambos lados del portal selamlik, una serie de ventanas colocadas en depresiones de pared en forma de arco dividen la fachada del patio. Encima de cada ventana, hay un patrón de trenzado diferente en el altorrelieve. Las cinco ventanas al este del portal iluminan la sala de recepción, y dos ventanas un poco más grandes pertenecen a dos habitaciones del otro lado.

En el segundo patio, justo enfrente del muro norte, un pequeño mausoleo de estilo kümbet selyúcida se aferra a la pared de la mezquita. Es una esbelta torre octogonal con cubierta cónica. Sus esquinas están formadas por triples columnas. Los paneles de la pared inferior contienen marcos con una piña en el medio. En los campos de la pared de arriba, una planta con ramas curvas de muchas hojas crece de una maceta redonda. En el interior, una escalera de doce escalones desciende desde la puerta del lado este hasta una sala abovedada, de aproximadamente 5 por 2,5 metros de tamaño. Es un lugar de entierro de muchos miembros de la dinastía Çildıroğulları. En el patio, dos cabañas de piedra que parecen perreras son en realidad aberturas de ventilación y exposición para la cámara funeraria.

La mezquita en el segundo patio ocupa el área entre el espacio abierto en el centro y el muro del recinto norte. Tiene un minarete con balcón. El minarete tiene planta circular y fue construido alternando capas de piedra roja y clara. La sala de oración cuadrada en el sur está arqueada por una cúpula alta con un diámetro interior de apenas ocho metros. Las huellas de la pintura ornamental aún son visibles en el interior de la cúpula. La sala de oración tiene una galería para mujeres sostenida por columnas. El interior de la mezquita está decorado con relieves, incluidos los árboles de la vida. El edificio de la mezquita ha sido restaurado con bloques de piedra de color rosa pálido cuidadosamente colocados.

La habitación detrás de la pared norte y la galería de la sala de oración y conectada a ella por tres puertas anchas se llama son cemaat yeri . Sirvió como sala de oración extendida para aquellos que llegaron demasiado tarde. Cuando terminaron las oraciones, la misma habitación hizo el papel de un aula y una medrese.

Un alto portal ornamental en el centro del muro occidental del segundo patio conduce a un largo corredor recto a la sección del harén. El portal está decorado con relieves que representan vides, animales, frutas y flores.

La sección del harén (privada) del palacio es la parte más occidental del complejo palaciego. Mide alrededor de 36 a 43 metros, y los jardines de recreo (hasbahçe) lo rodean por tres lados. En esta parte del palacio hay muchas habitaciones con chimeneas de piedra, baños y aseos, así como una cocina. Los conductos de aire que corren a lo largo de las paredes, que se encuentran en muchas habitaciones del palacio, sugieren que también se instaló un sistema de calefacción central, para la comodidad de sus habitantes. También había agua corriente y un sistema de alcantarillado a disposición de los vecinos. Aunque los niveles superiores de la sección del harén no se han conservado, algunas pistas estructurales sugieren la existencia no solo del segundo piso sino también de un tercer piso más pequeño. Además, las imágenes realizadas por Charles Texier demuestran que el harén tenía dos pisos y estaba cubierto con un techo plano.

Al sur del corredor de entrada, había una espaciosa cocina de dos pisos de altura (darüzziyafe). Tenía una abertura en la pared por la que se servía la comida en un pasillo orientado de norte a sur. Dos arcos de medio punto sobre imponentes pilastras sustentan la cubierta plana de la cocina, en cuyo centro se levanta una linterna octogonal con cubierta piramidal, solución que se remonta a los modelos selyúcidas. Junto a la cocina había tres habitaciones para los cocineros. Dos de ellos contienen estanques, construidos con piedras cortadas. Posiblemente, allí se almacenaron alimentos perecederos bajo el agua.

Cerca, hay una sección de hammam relativamente pequeña que constaba de un baño y un vestuario. La habitación más grande del harén era el salón (muayede salonu) ubicado en el medio y accesible a través de portales desde los lados este y oeste. De todas las habitaciones del palacio este recibió el diseño más elaborado. Representa la mezcla de estilos con cantería selyúcida, relieves florales armenios y capiteles de las columnas de estilo georgiano. Las secciones inferiores de las paredes se erigieron con bloques de piedra en blanco y negro, para crear un efecto de tablero de ajedrez. Frente a los dos lados estrechos de la sala orientada de este a oeste, un par de columnas octogonales sostenían tres arcos apuntados y la sección de la pared superior.