ACERCA DEL SER (01) /DE LA REALIDAD / Jordi Maqueda / Aceuchal - Badajoz, 10 de Enero de 2023



LA REALIDAD



Es este un texto, el que ahora sigue, para quien esté dispuesto a asomarse a la razón desde sus propios límites, no para quienes temen la pérdida de certezas. Pues de lo que se trata aquí es de intuir, pensar y de mirar sin ver, y entender a la vez, desvelar y hacerlo alzándose sobre los límites de la sombra de la propia razón. Todos los hombres llevan a sus espaldas la sombra, y en brazos la luz.-Tao te Ching.

La realidad está velada y el ser escondido en su revelación: los entes y las sombras son una forma de su presencia, estableciendo el equilibrio entre lo perceptible y lo invisible, distinguiéndose como faro en la noche. La más mínima parte de la materia contiene un rayo de luz y una sombra que no vemos ni comprendemos: el espíritu de la materia. Luego a la sombra del aparente y razonable desconcierto, parecería obvia y necesaria una reestructuración de eso que llamamos realidad; sin embargo, el gran obstáculo no parece ser la realidad en sí misma, sino la representación y/o interpretación que tenemos o hacemos de esta. Por lo tanto, el mayor logro al que puede aspirar la razón humana, es abrirnos las puertas y mostrarnos, que es más allá de sus límites (límites de la razón) donde se encuentran las claves para interpretar la realidad: La materia como huella, aparición, e imagen de la sombra que la proyecta.

«Interpretamos mal el mundo y, luego decimos que nos engaña», (Tagore). Las personas percibimos el mundo exterior como una suma de entidades diferenciadas y autónomas a las que atribuimos características que creemos que poseen intrínsecamente. Luego crecemos aprendiendo que las cosas son malas o buenas, deseables o indeseables etc., pero la comprensión de la realidad es una característica que se ha atribuido generalmente a una sabiduría, que no implica dominar ingentes cantidades de información, sino comprender la verdadera naturaleza de las cosas mediante la experiencia, y confirmar de alguna manera algo que ya está dentro de nosotros: aprender es ese redescubrimiento. A partir de una edad todos tenemos las suficientes experiencias (aquí me reconozco) para que instruirnos en ellas sea un mero arreglo de sus interacciones, o reordenación de jerarquías y no la miseria de una acumulación constante e innecesaria de información aleatoria y nueva. Todo ya está allí, y es solo su redescubrimiento lo que constituye de ese aprender: el conocimiento. Aprendizaje no es por tanto almacenar información, sino ir reconociendo sobre la ya almacenada (de las propias experiencias) y su influencia recíproca en las necesidades de nuestro presente. “estos son nuestros desafíos ante la falta de esperanza del dualismo occidental”.

Con la secularización, la misma naturaleza también quedó desencantada, pero aunque la sociedad moderna se haya esforzado en apartar de sí lo sagrado, dioses, mitos y símbolos siguen morando en las simas profundas de la razón "Porque aunque los credos se arremolinan en el polvo, la fe falla y los hombres olvidan, y estos viejos dioses del miedo y la lujuria aún se aferran a la vida"— R. Graves, accediendo estos, a lugares que la racionalidad positivista e instrumental no alcanza. Hacia esos límites o profundidades, se han dirigido pensadores, entre ellos Jung, que intentó ver el camino que introduciéndole en el mundo a través de la vida, le llevara más allá del mundo. Es por todo ello que hoy, en el límite de la razón, se observa un retorno al corazón, pues intuimos que el mundo no es solo lo que vemos, sino también lo que intuimos de lo que vemos, y que a veces parece que podemos sentir, como algo ahí: que no vemos.

Pero la realidad, puede darse perfectamente a lo largo de la vida de un hombre, como afirmaba María Zambrano: exigiéndosele, no obstante, algo a cambio que le pone aparte y distingue de todos los demás seres vivientes: se le exige “despertar” a la realidad y al tiempo. Si bien, y para despertar a la realidad, primero hay que volver de un viaje de erudición y destierro, un viaje tan lejos como el ánimo pueda alcanzar; fuera del transitar de los hombres; allí te llevarán las muy atentas yeguas tirando del carro. Unas doncellas empero el camino te irán mostrando; “pues sentirse exiliado de la vida y el mundo es evidenciar el tiempo como nuestro ángel” (Schiller), para lograr todavía lo más difícil: despertar a la verdad, y de ese modo volver a aprender a mirar las cosas, con aquellos ojos que las mirarían los muertos si pudieran regresar (Pirandello). Llegados a este punto, nos vemos casi obligados a reflexionar, pues queda otra salida que reconocer que nuestros anhelos se consuman más allá de unos límites que no terminamos de entender y menos podemos precisar. Sin embargo, es en plena conciencia cuando comenzamos acceder a un grado de conocimiento más elevando, poniendo la razón al servicio de otra cosa que no es ella misma. No es la derrota de la razón, sino el triunfo del hombre por encima de esta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario