¿QUÉ SABE EL HOMBRE DE SÍ MISMO? / Espiritualidad - Sobre lo Humano y la Divino (0) / / Jordi Maqueda ⟲ Jorge Maqueda / Aceuchal - Badajoz, 22 de Enero de 2023

Palabras clave:
  Dios; Religión; Espiritualidad; Signos; señales, Espíritu; Sombra; Reflejo; Conocimiento; Reflexiones; Teorías; Filosofía;


SOBRE LO HUMANO Y LO DIVINO 

ESPIRITUALIDAD

Bhagavad-gītā

No Entender la guerra y el sufrimiento permite de alguna manera entender (de eso que por la televisión sabemos no entendiendo de los otros (una realidad) que por suerte no conocemos  nosotros: ni buscamos por nosotros esa violencia que desatada no parece lo propio ni de las personas ni de este mundo (sino de otra cosa y lugar que no-es y es después→  de algunos de nosotros) lo que no deberíamos conocer jamás... pero



¿QUÉ SABE EL HOMBRE DE SI MISMO?
DE NUESTRO PASADO 
DEL HORIZONTE PRESENTE
DEL HORIZONTE FUTURO



¿Qué sabe el hombre de sí mismo?

Quién pudiese hoy mirar hacia atrás y a través de una fisura en el tiempo, vislumbrar el devenir, de quien descansa sobre la crueldad, la codicia y la indiferencia de su ignorancia, enredado en una conciencia soberbia e ilusa. Pero, ¿qué sabemos nosotros del tiempo?, y menos todavía, ¿qué sabemos del futuro?,, y ¿qué sabe el hombre de sí mismo?

Nos hablan del bien y del mal como si fuésemos niños, y pretenden luego personas buenas y malas: como si fuésemos estúpidos… nada tan alejado de la verdad y el hombre, pues el hombre es hombre: animal, primero, y decimos (nosotros) que racional también. Pero en esa racionalidad vemos luego al animal (hombre) más despiadado, y en el animal (hombre) más despiadado vemos luego lo racional (donde algunos / alguna ya refirió de aquella banalidad del mal). Lo cierto es que no somos Ángeles ni Demonios; solo somos hombres (personas) con nuestra condición e imperfecciones, con nuestras heridas por las que respiramos: que solo miran al suelo donde pueden decir a un leño: «Padre mío» y a una piedra: «Tú me has parido» (J 2- 26) y sentirse a salvo, pues de mirar arriba, al cielo, ya sabrían que están condenados. Precisamente por ello, baste una situación como la pasada (pandemia 2020) o peor aún: de una guerra como la que presenciamos estos días (de nuevo en Europa), para que se revele en nosotros lo que verdaderamente somos, más allá de lo que decimos que somos, o deberíamos, pudiendo ser… Pero no vine hablar sobre el más amargo fruto de la vehemencia y la ira de los hombres, pues hay poco que decir: las personas son fáciles de dominar y quien tiene el dominio tiene el poder. Un poder que surge de la Nada: de ese vacío que queda como una impotencia que ciega y nos destruye, cuando se ha perdido toda esperanza, sucumbiendo al reino de la codicia y la ilusión, renunciando a nuestra naturaleza espiritual y justa. Lo que queda entonces ahí es una lejanía absoluta del ‘ser’, pero antes i de nuestro propio ser (una lejanía de eso mismo de nosotros: que no se si llamarlo alma): un vacío oscuro que se alimenta de sus mismas sombras y tinieblas: de todo aquello que oscurece el corazón y aleja de la perfección y amor hacia las otras cosas que son (y luego del amor de Dios).

Precisamente esta ausencia de amor y desprecio por todo lo bello y divino (la creación) propicia que luego el alma se marchite, como un rosal que revela solo espinos, en aquel humano demasiado humano y sobrepasado las propias cargas atávicas: brutalidad y conflictos… así como por la ausencia manifiesta de una reconciliación y amor con la naturaleza y el prójimo. Con el hombre es siempre lo mismo: el debilitamiento de la paciencia prende el combustible de las pasiones, donde los fuegos de la codicia se expanden; la miseria, la rivalidad, la preponderancia de la envidia, junto predisposición hacia el fanatismo solo amplifican luego esas llamas. En definitiva: el hombre y sus conflictos, caminando de nuevo de la mano, por el camino errado de la crueldad, que más lo distancia del amor. Incluso es posible, sobre todo al mirar a nuestro alrededor que pensemos, que la guerra y los fuegos de la codicia están de nuevo venciendo y sometiendo el mundo al dominio de sus llamas; pero recuerda: que el de hoy fue también un perfecto amanecer... y si alzas la vista por encima de esas llamas verás que el día rebosa felicidad; que hoy como ayer, en la noche o durante el día, las estrellas te saludan y al amanecer el sol brilla: déjate entonces acariciar por su suave luz y sentirás el vello erizarse, y como esas minúsculas partes de ti sienten su calidez enloquecen de júbilo por el nuevo día. Quizás me llames loco, e incluso tengas razón, pero aún con todo tengo esperanza en las personas y en ese viento que sopla entre nosotros, y sin saber de dónde viene o adónde va, al observar las obras y los frutos de algunas de ellas, y luego ver en sus ojos aquello que brilla desde adentro y constituye el fundamento de la comunión entre todos nosotros y llamamos amor.

DE NUESTRO PASADO 

“Entramos en una nueva era que debemos alumbrar, cada uno con nuestra luz, y no ensombrecer con las propias tinieblas…”

“Caín estaba maldito y con él maldita parte de la humanidad "— dicen las escrituras . No podemos reflexionar, y menos todavía hacerlo sobre el fututo sin antes pararnos a pensar (en la violencia), y hacerlo sobre el presente en el que nos asentamos y lo circunstancial de este. Pues mas allá de la pandemia y accidentes graves, desgracias naturales y violaciones de personas y derechos, o de las matanzas que aún se siguen (tantas veces en el nombre de dios (Israel y Palestina) o los ucranianos y rusos — parientes y primos algunos enfrentados desde el comienzo del conflicto— todavía se matan estos días, los unos a los otros después  en una guerra absurda e inadmisible de consecuencias todavía inciertas para la humanidad, en lo que parece la representación eslava de aquella barbarie cainita que condenase a media humanidad, luego ejecutada sobre los mismos escenarios de la segunda guerra mundial: algo inimaginable en Europa tan solo hace unos años atrás, cuando buena parte de la ciudadanía erróneamente pensaba y creía, que la tras la devastación sufrida durante la segunda guerra mundial, de alguna manera habíamos reflexionado y cambiado: evolucionado... para bien, y que desde entonces (desde el fin de la mayor irracionalidad de todos los tiempos) la guerra, y con ella la violencia había quedado arrinconada y desterrada de la mente "racional” del hombre, conjurándose para ello estados y pueblos con el propósito final de evitar la siguiente contienda.

Fue precisamente la creencia en aquel “nuevo hombre” y renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó (Colosenses 3:10) y una “nueva sociedad” basada en el perdón, sumado luego a la determinación de no volver a pasar por aquel sufrimiento y devastación, lo que llevaría a aquellos mismos pueblos de vencidos y vencedores, antes enemigos (en Europa)— aún con la sangre en las ropas y el olor a pólvora en las calles— a construir, lo que por la fuerza de las armas, otros no consiguieron jamás: una Europa unida, renacida de ruinas y las cenizas todavía humeantes sobre las mismas ciudades destruidas, dando lugar al anhelado sueño de occidente: Europa. Una Europa moderna y unida; la Europa pacifista y sin ejércitos; la Europa confiada… la Europa de la inflación controlada y crecimiento económico que premia con tesoros y bienestar a sus ciudadanos a la vez que con el tiempo se vuelve más ingenua y descuidada; y empieza a practicar una moral ajustada, a nuevas necesidades, que no cuestiona el acercamiento negligente a regímenes autoritarios, proveedores de materias primas y que crecería con el tiempo, creando: a cuanta mayor importación, mayor dependencia. Problemas estos, de dependencia, siempre solapados por las grandes posibilidades: beneficios y ventajas que ofrecía el negocio, pasando por alto aquellos signos y señales que advertían que algo se estaba pudriendo del otro lado del continente, a la misma velocidad con la que crecía de este la riqueza. Aquellos mismos europeos que construyeron un sueño que parecía imposible, basado en una sociedad más justa, y un 'hombre nuevo' que daba espalda a la violencia y al pasado, se topan hoy de bruces con el advenimiento del 'hombre viejo': ‘el hombre de siempre’, que reaparece con aquellas mismas cargas ancestrales y ondeando, de nuevo ante la sorpresa del mundo la bandera del apocalipsis.


EL HORIZONTE PRESENTE
Entender la espiritualidad es entender al hombre

Entender al hombre es entender la espiritualidad / entender la espiritualidad es entender al hombre; pero no pasa necesariamente por entender (eso de uno mismo un alma i (el) espíritu ) , o que podamos ser capaces (en nuestra espiritualidad) de reconocerlo ( i por tanto reconocernos de eso igualmente ) y dejarnos guiar por su voluntad. “Entender la espiritualidad es entender al hombre (sí); mas entender el eso de nosotros que nos guía i del impulso (venido de algo superior) es decir igualmente de eso de el - que es igualmente de medio de nosotros) luego entender ( de eso de el) que nos mueve) la voluntad de dios”.

El párrafo anterior ya dice mucho, pero vaya por delante que por la gracia de Dios soy lo que soy (corintios 15-10) y aquello que hago  mis obras, y no lo que otro dice que soy. No soy de los que se encierran con multitudes en recintos cerrados, me cuesta sentir ni ver allí a dios, donde solo siento personas (que lo buscan y se dejan ver) y veo altares, pero no necesariamente la obra de dios. Tampoco me gusta la “meditación”: soy más de caminar por el campo y dejarme acariciar por el sol, de observar los animales; en todo caso: de ir hacia afuera. Pues me veo incapaz, ni por un segundo, de cerrar los ojos estando en medio de la naturaleza y juntando allí el índice y el pulgar, sobre una roca sentado y con las piernas entrelazadas, buscarme a mí mismo y mi espíritu mirando hacia dentro (cerrando los ojos hacia lo de fuera), cuando precisamente fuera y ante mí, a cada segundo que pasa se desarrolla la grandeza y majestuosidad de la obra dios sintiendo y viendo su reflejo, de él, en toda ella: da lo mismo si brilla el sol, o alumbran las estrellas. Habrá tiempo de cerrar los ojos, lo habrá, pero si el fin último del hombre fuese encontrar a dios o el “espíritu” por el que se manifiesta, en la oscuridad de nuestro interior todos naceríamos ciegos, y no con estos ojos que escudriñan, centímetro a centímetro la realidad que acontece frente a ellos, incluido el sufrimiento y dolor de las personas: donde es más fácil que en ningún otro lugar, encontrar a nuestro señor. Quizá, cuando cerramos los ojos a la luz y al sufrimiento ajeno, nos resulta fácil encontramos a nosotros mismos (de ese que prefiere mirar a otro lado o no mirar quiero decir) y crecer en el conocimiento que justifica aquella oscuridad y la nada que nos rodea i aísla, recreada por nosotros mismos (y aprendida de las malas costumbres de otros) solo aislamos más y sueltos de la mano del espíritu: alejándonos del mismo dios, que en todo momento y cada segundo asiste con ella a los que sufren.

EL HORIZONTE FUTURO

Si vamos a hablar del horizonte, no queda más remedio que hacerlo igualmente del paisaje. Un paisaje, que entendido su significado común, podría describirse como la extensión de terreno que vemos desde un sitio. Sin embargo, existen otras formas de representar el “concepto”, por ejemplo: al tratar de biología, arte u otras materias. En el caso que ocupa, refiero paisaje, no dentro de esa significación más común, sino al modo a cuando es utilizado por los físicos teóricos: en Cosmología y Astrofísica, y que bajo el paraguas de la teoría de cuerdas, englobaría posibilidades que recogerían, al mismo tiempo, la posibilidad de existencia de otras interacciones incluso diferentes, de las leyes locales de la física. De tal modo, que este nuevo conjunto de todas las leyes posibles y permitidas, recibiría el nombre de “paisaje”. Luego, y según algunas interpretaciones de dicha teoría (ST) este paisaje sería enorme, resultando una diversidad fabulosa de posibilidades: posibilidades ya existentes pero a nosotros aún desconocidas, y que bien podrían ser o estar, y presentarse dentro del ámbito de lo humano, entiéndase: recogiendo las diferentes percepciones o representaciones de la realidad y la existencia, que difieran primero de las leyes locales que hoy gobiernan el pensamiento; pero igualmente del mundo y el universo:"siendo estas, al modo de “ser y pensar” y-o “representar la realidad” todas ellas permitidas y verdaderas". Lo que finalmente nos llevaría como resultado: que si alguien cree que algo no puede ser, es sencillamente porque todavía no lo pensó, no se centró, “exploró”, amó, ni deseó  necesitando aquello que soñó luego con todas sus fuerzas

Leí en una ocasión que “el mundo adquiere sentido por su horizonte”— (Husserl). "Sentido y entendimiento del mundo que ha de venir del “asombro” de despejar ese horizonte"— (Zubiri). Y parece ser así (ahora hablo por mí, y mi experiencia, pero igualmente para quien ahora lea... mas luego entenderán) cuando precisamente sea en sobre este horizonte, donde se revele por primera vez el cambio, advirtiendo en él un nuevo paisaje: un nuevo mundo, que asoma a nuestros ojos, pero que no revela tanto el cambio dado sobre el mundo, como del cambio obrado en nosotros.

1- EL CONCEPTO SINGULAR DE VERDAD EN DIOS // Sobre lo Humano y la Divino (5) / Jordi Maqueda / Aceuchal - Badajoz, 9 de Enero de 2023

EL CONCEPTO SINGULAR DE VERDAD EN DIOS / Jordi Maqueda / Aceuchal - Badajoz, 9 de Febrero de 2023


5- EL ÁNGEL MENSAJERO DE DIOS: REVELACIONES // Sobre lo Humano y la Divino (4) / Jordi Maqueda / Aceuchal - Badajoz, 9 de Enero de 2023

EL MENSAJERO DE DIOS / Jordi Maqueda / Aceuchal - Badajoz, 9 de Febrero de 2023

Palabras clave:
  Dios; Religion; Signos; señales, Espiritu; Conocimiento; Reflexiones; Teorías; Filosofía;


SOBRE LO HUMANO Y LO DIVINO 

EL ÁNGEL MENSAJERO



         "En el Edén estabas, en el huerto de Dios; toda piedra preciosa era tu vestidura: el rubí, el topacio y el diamante, el berilo, el ónice y el jaspe, el zafiro, la turquesa y la esmeralda; y el oro, la hechura de tus engastes y de tus encajes, estaba en ti. El día que fuiste creado fueron preparados.` Tú, querubín protector de alas desplegadas, yo te puse allí. Estabas en el santo monte de Dios, andabas en medio de las piedras de fuego.`Perfecto eras en tus caminos desde el día que fuiste creado hasta que la iniquidad se halló en ti. 
(ezequiel, 28)

Nunca especulamos acerca de los efectos colaterales de que suceda esa posibilidad, que ahora nos parece imposible, y por imposible y casi absurda, precisamente, no pensamos nunca demasiado en ella, o en las consecuencias (esto lo entenderán más adelante). De modo que ahora hagamos un ejercicio y pensemos que: ciertamente nada ni nadie viene a verte, —un desconocido o “lo desconocido”— si no quiere algo de ti. De ahí que no se dé la causalidad o “el encuentro casual” por más que algunas personas lo crean, piensen, o se convenzan a sí mismos de ello. A veces vemos una sombra o reflejo y no sabemos qué es, a dónde va, o de dónde viene… solo vemos algo que pasa de largo, o que aparece y desaparece en un suspiro… que no sabemos bien qué es y no podemos entender, pues desaparece…  Pero, si un día si ves un león aparecer justo frente a ti y mirándote a los ojos, es que viene a por ti… hace ya tiempo que venía.

I

 

Hoy, ha pasado poco más de un año, cuando justo después de mi regreso del Kurdistán, fuese abordado por algo difícil de explicar y no menos de describir; y que pasados unos días no quise darle más importancia, relegando aquello a lo circunstancial, pero que “literalmente”, luego cambiaría mi vida y a mí mismo volviéndolo todo del revés… despojándome de todo lo que era, del mismo modo que se da la vuelta a un calcetín y dejándome tan desnudo de propósito y desconcertado, como cuando una criatura viene al mundo: desde cero. No es sencillo, por tanto, hablar de lo que ha propiciado la suerte de texto en tanto al ser, y menos aún lo es, cuando no se trata solo de uno mismo, como ocurre con los sentimientos, ni en este caso de aquellas maravillas que descubrimos, sino de cuando de lo que se trata es de lo “verdaderamente inesperado” que viniendo a nosotros se nos revela, pero a su vez no quiere ser encontrado.

 

II

Con motivo de la pandemia y desde hacía dos años me había encontrado, pasando de los caminos de la dehesa extremeña, donde anduve en solitario por años manteniendo la forma física, a unas Sierras cercanas a casa (las sierras de Hornachos /Arroyo /Usera / Calderita / Peñas-Blancas y Calvario)encontrando en ellas donde mantener un buen tono físico, para seguir adelante con mi preparación y expediciones a volcanes, mientras disfrutaba de un lugar majestuoso y privilegiado: reserva natural, donde el hombre lleva más de 5000 años “danzando” pudiéndose visitar hoy algunas pinturas rupestres y la naturaleza te alcanza, literalmente, permitiendo en su aislamiento formar parte de ella: ensimismarse en la observación de aves y otros animales y plantas, buscando siempre en los detalles y la luz: esos estímulos y sensaciones que me llevaran a algo, además, de a esa sonrisa perpetua que a uno le surge del corazón, sentado bajo el sol, y la vista perdida en un horizonte repleto de formas y colores. Sería el 27 de diciembre de 2021, sobre las 8 o 9 de la noche, cuando volviendo por carretera de la Sierra de la Calderita, en Alange – (Badajoz, Extremadura) cantando y más contento que un grillo, después de preparar mi ascenso nocturno para la noche de fin de año (costumbre mía, las noches de fin de año) cuando me ocurriese lo inesperado. Una situación de la que no tuve elección, o eso creo, y si la tuve la ignoré; a no ser que estuviera precisamente, donde debía estar…

No solo soy lo que soy ( de lo que de la apariencia se observa) y meter la cabeza en los cráteres de volcanes, sino que también puedo ser y moverme de otros intereses como la astronomía: mirar el cielo y ver las estrellas y los planetas en la oscuridad de la noche. Cuarenta años observando el firmamento, con y sin telescopio, de forma solitaria a ojo desnudo o con instrumentos, en la asociación de la que era vocal de observaciones desde los 14 años, (vocal de observaciones haciéndome cargo, con José, del reflector de 200 mm) me permite afirmar... que “no cabe error” en lo que vi, en tanto “lo que no era”. Sería, como dije, volviendo de la sierra de  la calderita cuando un destello (extraño) del ojo llamase mi atención y luego al mirar por la ventana del carro y: “un astro que no me parecía un astro, centelleando azules” me diese un retumbo en el corazón, pues no solo no parecía un astro, sino que al volver a mirarlo pareció reaccionar y moverse… moverse  imperceptiblemente, en mi dirección. Tras unos minutos de confusión no sé si de yo seguirlo, o si me seguía él despareciendo al sur -oeste entonces paré el coche,  sobre la curva de un puente  volvió a aparecer un astro (distinto y anaranjado) sobre otro horizonte al sur: y lo que primero me parecía un astro en el horizonte, luego no era un astro y no estaba en el horizonte, y lo que me parecía estaba lejos, ahora estaba frente a mí, sin poder yo explicarlo, y en tres movimientos estaba a tan solo un par de metros. (sin mas detalles)

No voy a entrar ahora en en lo que ocurrió durante aquel encuentro en un tiempo fuera del tiempo / ni de lo que observé más allá de lo sorprendido (e incluso feliz) que me encontraba, como lo estaría cualquier otro de tener ante sí algo extraordinario; sin embargo, y del mismo modo que me sentía dichoso y sin noción alguna del tiempo, de pronto: un movimiento corto de centella de eso ante mi:  hizo que mi instinto despertase de pronto advirtiendo que era hora de marcharse (igualmente mi subconsciente advirtió o vio algo que el consciente ignoraba, pues de pronto el vello se tornó de punta, y podría decir que, involuntariamente, incluso temí lo desconocido) de modo que despedí diciendo (nos vemos mañana) y me subí al carro yéndome, y poniendo tierra de por medio y antes mirar atrás. 

finalmente, opte por lo prudente quitándome todo aquello de la cabeza de forma racional, entrando a todo ello sentido por medio de un sistema ridículo de posicionamiento de estrellas, y giros con del coche entre las curvas de la carretera, que ni a mí me convencía, pero que me ayudaron a pasar página. Sin embargo, empezaron a pasar cosas extrañas y extrañamente no volví a pensar en viajes o volcanes (incluso me borre de un viaje a canarias que ya tenía pagado con dos amigos), tampoco volvería a la sierra (después de fin de año y hasta junio, y por obligación) o al gimnasio —al que no había faltado un día en 20 años y hoy hace siete meses (hoy tres años  / que no asisto (...)— ni siquiera salía a caminar (...) las semanas primero y los meses después pasaron encontrándome en un limbo de una desnudez que parecía no disgustarme, pero que me alejaba de todo lo que yo era o había sido y hecho los últimos años: montañas, gimnasio, paseos por el campo. Se diría incluso que era feliz en aquella situación de pérdida, distraído, y sin que la mente se pudiese asentar en idea alguna, sin hacer planes, ni tener propósito alguno que vagamente pudiese atisbar: de haber tenido un trabajo lo hubiese perdido, de hacer videos habría dejado de grabar, como también deje de publicar en mis blogs. 

Lo cierto es que mi vida pareció entrar en un estado de pausa o cavilación no consciente (sino hiperconsciente de algo), donde sin saberlo, se conjuraban fuerzas y potencias que más adelante se habrían de mostrar. Como ocurriese aquel 25 de junio 2022 —y casi justo seis meses justos después del encuentro con el (ente: de un punto en el horizonte luego con volumen y forma esférica), y— sábado por la mañana para más señas, cuando al salir de casa observe maravillado los colores y el mundo había cambiado ( en mi experiencia): que el azul del cielo no era azul: eran todos los tonos imaginables e inimaginables de azul, luego de verde, púrpura y rosado de una intensidad y brillo asombroso, en contraste con unas nubes de formas extraordinarias y tonos grises y marrones amarillentos increíbles sobre aquel nuevo horizonte, y un nuevo paisaje coloreado de casitas, castillos y pueblos a lo lejos se abría ante mí, en un detalle y contraste en los objetos desconcertante, bañados en aquella luz cálida de primavera como jamás la había visto y sentido, mientras permanecía en silencio con los ojos abiertos como platos y con aquella sonrisa de oreja a oreja que no se me quitaba de la cara. 

Cerré entonces los ojos, casi no creyendo lo que estaba viendo, viniéndose a mi mente entonces algo que pensé, una estupidez, ocurrido  años atrás: allá por el 93, en una visita al Rijksmuseum en Ámsterdam, cuando no podía quitar ojo a unos cuadros de Jacob van Ruisdael —aguafuertista holandés nacido Haarlem, como Cristina, mi novia holandesa, que entonces me acompañaba— no siendo capaz de decírselo a cristina: lo hermoso que sería vivir en un mundo con esas nubes maravillosas y esos colores. Y entonces, y sin salir del recuerdo, abrí de nuevo los ojos: y allí estaba yo, y estaba ese mundo; y estaban también aquellas nubes maravillosas, y estaban también aquellos colores.

III

Como ya he explicado, entre septiembre de 2021 y junio de 2022 se dieron diversos acontecimientos, hoy para mis reconocibles; el último la aparición de aquella luz en un circulo (semejante en su corazón a una pequeña llama) sobre el puente. Luego y durante la primera semana de julio de 2022 empezaron las señales en los cielos. Entrando yo en tribulación, conservando algunos de mis mensajes a mi primo asustado) Por desgracia no guardo mucha prueba de aquellos primeros días: solo las foto que mandé a mi primo y que quedaron el whatsapp), pues, y de nuevo, al hablar con él, que es sacerdote, este entendió que veía cosas (cosas raras que él no veía, tampoco en las fotos que mandé) haciéndome dudar de mí mismo, y borrando aquellas primeras fotos, por suerte no las que le mande. Quizá no me supe explicar, pero tampoco podía, como él me pedía, o más bien yo aún no lo entendía lo que estaba ocurriendo, más allá de la irracional fuerza que me llevaba a escribir y a mirar al cielo, de noche y de día, y ver allí formas inusuales y cambiantes, algunas muy reconocibles: extrañas, muy extrañas e inquietante, y a ello me puse: Curiosamente, el que parece el libro más extraño, y algunos dicen que con poco sentido, se revela como el de mayor sentido, en su arcano sentido, de nuestra experiencia, a través de sus escritos queremos entender, de manera hermenéutica lo que solo uno puede revelar al otro

Luego, siguiendo con aquella primera semana de julio de 2022, y todavía percibiendo formas inusuales y cambiantes en el cielo—que por desgracia, y como he dicho, las razones, no todas las conservo (solo alguna) pero que todavía recuerdo—, percibí a la tarde una sombra que me acechaba, una nube oscura que ocultaba el sol, la única gran nube: parece absurdo, lo sé... pero todavía conservo toda la serie de fotos desde que salí del pueblo (Aceuchal) alejándome, hasta llegara a Almendralejo, y luego volver a mi casa, parando en varias ocasiones a tomar fotografías, muy asustado, por cierto. Fue precisamente en Almendralejo donde percibí algo, luego una cosa más que inusual, de aquella nube... una forma: la silueta, aparentemente humana (el busto) de un ser, sobre las palmeras de la calle por la que circulaba, frente a mí, y en clara referencia, entendí, a aquella revelación de Juan en el apocalipsis: "Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo (Apocalipsis 5:1–12:17). Juan dice que esto le perturbó,… “Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo"(Apocalipsis 5:1–12:17).

En el cap. 5, del apocalipsis, en los primeros cuatro versículos encontramos un libro, un rollo, con 7 sellos, y luego vemos a Cristo, el cordero que ha sido inmolado, se habla de ambas cosas representativas. Y esto se considera en los versículos 5 a 10, luego tenemos los ángeles, a cientos de miles, en el cielo. 11 a 12, y luego la adoración, en los versículos 13 a 14; (el capítulo 5 sigue con el mismo tema que el capítulo 4). La escena se desarrolla en el cielo, (el león y el cordero son el centro del capítulo 5 - el trono el del cap. 4), él es el cordero sobre el trono, el salvador y a cargo de todos los eventos en este siglo, de modo que no lo perdemos de vista, esto es muy importante, (Juan dice) y vi en la mano derecha de quien estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con 7 sellos. La ley romana requería un testamento fuese sellado con 7 sellos, siete veces, como lo ilustran los testamentos dejados por augusto y Vespasiano, algunos consideran este libro sellado como un nuevo pacto, otros el libro del juicio, la revelación del propósito de dios, y el consejo en cuanto a este mundo, quizá no debería llevar un título como el que tiene, sino el de un título de propiedad (Afirman muchos), pues este era un método reconocido de dios, recordamos que cuando los hijos de Israel Iban a la cautividad, se le dijo a jeremías, que enviara a su siervo a comprar ciertas propiedades, y hacerlo que obtuviera de estas el título de propiedad, pues ellos iban a regresar a esa tierra, y este rollo podría ser o representar perfectamente un título de propiedad del mundo, pues quién lo tiene sino que el señor Jesús redentor y salvador del mundo (veremos cuando le sea entregado). Pues solo él puede tener la propiedad del mundo, y quizá sea preciso leer algunos pasajes de las escrituras que señalan esto, para entenderlo desde una mayor perspectiva, que nos muestre en ello la entrega, como propiedad, del dominio del mundo… Daniel 7, 13-14, dice: miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo, venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el anciano y le hicieron acercarse delante del, y le fue dado dominio, gloria y reino, para que pueblos naciones y lenguas le sirvieran, pues su dominio es eterno y nunca pasará ni será destruido/ partimos de aquí, como sugerencia de lo que se entrega al señor (el rollo de 7 sellos) en tanto, puede ser el título de propiedad de este mundo, en el que vivimos. Y lo mismo reconocemos, y podemos entender, en cuanto al significado del rollo, leyendo a Zacarías: 5,1,3: De nuevo alcé mis ojos y mire y he aquí un rollo que volaba, y me dijo que ves, mire, y dije, veo un rollo que vuela, de 20 codos de largo, y 10 de ancho, y entonces me dijo, esta es la maldición que sale por toda la tierra, porque todo aquel que hurta, como está de un lado del rollo será destruido, y todo aquel que jura falsamente, como está del otro lado del rollo, será destruido (Zacarías 5,1,3). Por tanto, ese rollo parecería ser la misma cosa que tenemos aquí, en el cuadro que se nos presenta, si queremos llamarlo así. Muchos opinan que los diez mandamientos están ahí, escritos, y que el mundo (las personas y de la personas cada una van a ser juzgadas) según esos mandamientos: es estar a un lado u otro del rollo) aunque no seguro de que sea así, (después de lo ocurrido). Se han hecho muchas sugerencias al respecto del contenido, pero en este punto no se puede ser dogmático, pues cabe que aquí se presente un nuevo pacto de dios, con Israel, y todo el mundo ( siempre a mi entender:  teniendo presente y entendiendo donde  se me revela lo que lleva a mi total conversión: en el monte Ararat y lugar del primer pacto con Noé, luego esta  (la noche de la boda) la imagen que tanto tarde interpretar, y vi en los cielos (primero el hombre: aquel señor mayor, y más grande y una mujer muy grande, y adornados como para una la boda, , y luego la otra pareja, una boda del más joven, de la que nace una criatura). Pero igualmente, al margen de lo que pienso, esto se refiere y pretende igualmente (el nuevo pacto), ya en el antiguo testamento. Jeremías, por ejemplo, dice: he aquí que vienen días, dice YHVH, en los cuales haré un nuevo pacto con la casa de Israel, y de Judá: daré mi ley en su mente, y la escribiré en sus corazones, y yo seré a ellos por dios, y ellos me serán por pueblo… este nuevo pacto va a ser escrito no sobre la roca, sino sobre sus corazones. (Pablo romanos 11, 26, 27) dice: y luego todo Israel será salvo, como está escrito: vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad… y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados… en hebreos encontramos. Hebreos 10:16-18. Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré… el escritor a los Hebreos 10:17-22 añade: y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones, pues donde hay remisión de estos no hay más afrentas por el pecado.

El antiguo pacto que dios había hecho con Israel, dependía del hombre, del los mandamientos debiendo hacer, esto y aquello, y dependan de la débil carne, y como resultado fracasaron. No por algo malo con la ley que dios les había dado. El problema era el hombre, no había nada malo con la fruta allí, el problema no estaba en esta fruta, sino en entender del conocimiento entregado la posibilidad de querer aprender y saber mas de lo que se le da. luego este nuevo pacto dependería ya no del acto inconsciente del hombre ( que hace cosas que que no entiende como llega a ellas y las utiliza sin saber de sus consecuencia y he aquí la bomba atómica i la insensatez del hombre que detona un arma sin saber lo que destruye y a la vez despierta), luego y del nuevo pacto sino del poder del trono de dios: por Jesucristo , nuestro señor del que de su sacrificio nos reflejamos, que trae a nosotros aquello que habitara en nuestros corazones ( una consciencia que es una nueva consciencia universal (y a la vez una enorme responsabilidad). Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? (Apocalipsis 5:1–12:17) Y la pregunta que nos hacemos es: ¿Quién tiene el título y el derecho para este mundo? ¿Quién puede gobernarlo? ¿Quién puede establecer justicia y equidad? ¿Son los políticos? Será un país, un hombre, o las naciones unidas. Aquí se habla de un poder, de aquello necesario para hacer efectivo el nuevo pacto. Y es por la palabra de dios, por el Ángel fuerte y poderoso, cuando nos revela que el hombre, no lo puede hacer, ni nadie en el mundo puede.

Almendralejo, 5 de julio 2022

No tardé en dar media vuelta y volver al pueblo a todo prisa, pensando en mi propia seguridad, cuando de nuevo aquella nube, tras de mí seguía y un reflejo me hizo parar con el coche, viendo algo inusual. Un reflejo que no reconocí hasta llegar a casa, y no que entendí, hasta días después escrutando imágenes y buscando (a todo el conjunto) explicaciones: del libro de las revelaciones, para poder concebir lo que el ángel representaba, o proclamaba, siguiéndome… al que (y gracias a la ayuda de eso ahora de mi) daría sentido: "Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos" (Apocalipsis 5:1–12:17) encontrando, por fin el sentido que surgía de una de mis fotos, junto al Ángel todavía perceptible, que lo mostraba.

Entre Aceuchal y Almendralejo, 5 de Julio 2022

Como ocurriese con la foto anterior, lo que yo creí fotografiar era una cosa, la nube, donde se percibe aún el busto de la presencia observada en Almendralejo (a la derecha de la cruz, que es el reflejo de la ventana al otro lado, del cordero  inmolado "Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado". (Apocalipsis 5:1–12:17). Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; pero también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios - dice pablo- Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;  y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. (Romanos 8:20-23) y que es el único que nos puede abrir (y mostrarnos algo del libro) quitando los sellos.

Por supuesto, y como ocurriera anteriormente, con todo lo demás: signos y señales, las conclusiones y referencias a revelación del señor, me llegan con la ayuda de eso ahora de mi  sin el que sería imposible enlazar y entender unas revelaciones (a cuestiones que nos son preguntadas). En tanto significado, por supuesto, cabe todavía seguir observando i de un pie abajo.  Si bien, y a día de hoy, entiendo, por supuesto, la revelación (en mi vida del modo en que a una persona se la ofrece y de sus experiencias lo que puede entender), mas este quiere que le conozca (mejor y de su mano), pero también que todos (y eso lo entiende algunos) lo conozcamos y conozcamos su voluntad ( que es de dios igual). Y algunos se preguntarán, pero ¿cómo?, acaso no lo conocemos ya... pues parece que no, o al menos como él desearía. aunque solo puedo hablar por mí, llamado afuera: al margen, para ejercer  y ( y de ser arrastrado) testificar, de palabra y hechos, para que de ese se le pueda reconocer  y ver la manifestación de la presencia de dios en nuestras vidas, que está entre nosotros, en nuestras vidas y con nosotras y como un padre madre/ guiando nuestras vidas como el instrumento para Él, poder manifestar su presencia en este mundo, y por medio de nuestro testimonio y hechos, y del mismo modo que de uno otro pueda testificar testificar ( que el reino de padre y como afirmaba nuestro señor ya es entre nosotros) Y Entiéndase, que se nos dice exactamente todo aquello que todos necesitamos escuchar (de uno i dios arriba al que todos buscamos). y que entendamos de otra y madre y padre abajo ( antes de buscar un padre que nos adopte arriba)


30 marzo 2023 (Aceuchal) Jinete a caballo en tauro, sobre mi casa.

Vi el cielo abierto y apareció un caballo blanco. El que lo montaba se llamaba fiel. Es el que juzga y lucha con justicia.(Ap. 19:11).

Independientemente de las interpretaciones iconográficas que se dan la revelación y dado el contexto en el que aparece, y que no es algo casual en el cielo, pues sigue un curso de revelaciones, hay que remitirse a otras interpretaciones: entendiendo que el jinete del caballo blanco es la representación en justicia lo de uno después (y de haber vencido) y de Dios . Esto significa la el jinete montado en el caballo blanco que representa ( de dos que se mueven juntos ahora y de una sombra) “la palabra de Dios”, que se entregaba  (véase que este jinete parece sujetar un pergamino enrollado en la mano ) Vanni afirma que, la aparición de esta figura, remite a la resurrección y palabra de Cristo (Vanni, p. 123).  Y de nuevo, y dadas las revelaciones y el contexto en el que aparece la imagen, entiendo que se alinea en tauro a reconocernos de  la palabra y de nuestros actos y fiestas reflejarnos unos de otros (reconociéndonos hermanos en cristo). Por lo que debemos entender (lo que entienden al que habla) que se nos hace llegar de  recorrer a algo, algo que debemos saber y reconocer de nuestra fe (la capacidad de llegar solo y del camino a algún lugar) 

Del mismo modo, y mientras escribo, me siento obligado a advertir , pues estamos en el tiempo: de los que hablan por boca del señor y que pretenden utilizar la palabra en beneficio propio. Incluso acerca de estas mismas imágenes habremos de desconfiar, no dadas a otra interpretación más allá de la que me atrevo a ofrecer con el auxilio de eso de mi, lo mismo eso de el arriba, y no cabiendo otra interpretación a estas por el momento más que la que se da: lo que son, y solo eso dentro de su contexto, pues fuera de este contexto son solo nubes.  ( de agua que es de esa forma el combustible en la atmosfera del fuego que no vemos y azul que no reconocemos y propio antes de este lo que respiramos y semos, de h2 y abajo de una o

2- DEL SER Y EL TODO, O SOBRE LA GRANDEZA DE DIOS // Sobre lo Humano y la Divino (9) / Jordi Maqueda / Aceuchal - Badajoz, 9 de Enero de 2023

Palabras clave:
  Dios; Religion; Signos; señales, Espiritu; Conocimiento; Reflexiones; Teorías; Filosofía;


SOBRE LO HUMANO Y LO DIVINO 

 estos textos son una primera aproximación sin reflejo alguno (todavía) de la verdad que se pretende, en tanto inician del desconocimiento absoluto /del sentido primero de aquello pretendido del significante.

DEL SER Y EL TODO, O SOBRE LA GRANDEZA DE DIOS
EL CONCEPTO SINGULAR DE VERDAD EN DIOS
NEGAR A DIOS Y AFIRMAR LA NADA
SOBRE LO HUMANO Y LO DIVINO DIOS Y SU MANIFESTACIÓN
SOBRE LO HUMANO Y LO DIVINO DIOS Y SU MANIFESTACIÓN
DE LOS SIGNOS Y SEÑALES DE DIOS
CUANDO LAS SEÑALES NOS PRUEBAN (1)
CONCLUSIONES RESPECTO A LAS SEÑALES
2- DE LOS SIGNOS Y SEÑALES DE DIOS
CUANDO TRAS EL REFLEJO INTUIMOS LA SOMBRA DE DIOS
EL CLOROFORMO DE LA CONCIENCIA
SINO ES AMOR, NO ES DIOS




Palabras clave:
  Dios; Religion; Signos; señales, Espiritu; Conocimiento; Reflexiones; Teorías; Filosofía;


SOBRE LO HUMANO Y LO DIVINO 


DEL SER Y EL TODO, O SOBRE LA GRANDEZA DE DIOS 

Esta entrada, como la siguiente, surgen de la lectura de unas propuestas de Carlos blanco, en la que se hace, o nos hace proponiendo unas preguntas, cuestiones de lo más interesantes e inspiradoras y relacionadas con dios o el ser, y que me he molestado en contestar o, contestarme a mí mismo, más allá de solo leer, y como ejercicio o proyección de la mente, como él mismo Carlos propone y sugiere, pero ya bajo la premisa de la existencia, y no de la idea, de dios. Se cuestiona aquí, en esta primera entrada, entonces sobre la grandeza de Dios y si dios ya es todo, o puede ser aún más de lo que es, en tanto ese todo: el universo, que se extiende y desarrolla a cada segundo que pasa

«Pues hay ser; pero nada, no la hay» (Parménides de Elea). Desde el comienzo del pensar la idea del Ser, este ha sido uno de los temas y problemas, sino el tema principal de la filosofía. Desde esta cuestión así formulada «Pues hay ser; pero nada, no la hay» afirmamos que el Ser, es.  Pero hay una pregunta que se nos hace o propone, una duda que surge en algunos pensadores en tanto al ser (a dios) sobre si ¿es totalmente ahora mismo todo? entiéndase: si este ya es todo lo que es, o puede todavía ser más de lo que es... y la respuesta que propongo y desarrollo brevemente, es que sí: lo es, es todo más allá de cualquier especulación, en tanto, aquello que se afirma, sobre la base de que el infinito se sigue desarrollando; encontramos, que precisamente este infinito en expansión que refieren, es en última instancia la misma materia original, la misma energía original que dio luz al universo  que se desarrolla, extendiendo ese espacio con ella) luego Dios, el Ser es ( entendida la unidad) ahora mismo todo y está en todo, como lo estuvo antes y estará después. Más aún, para los estados de energía donde el tiempo lineal no existe (sino digamos que de forma circular… si el ser es, es igualmente ahora, un ahora para el ser: desde cuyo perímetro y dentro y lo mismo que antes lo abarca “todo” en expansión (lo mismo que después ) y que en occidente entendemos nosotros por pasado, presente y futuro /antes o después).


EL CONCEPTO SINGULAR DE VERDAD EN DIOS 


Hay una verdad absoluta y otra verdad en relación a nuestros saberes y entendimiento. Nosotros, cuando hablamos de verdad, lo hacemos refiriéndonos siempre en singular a una verdad: la verdad, pero esa verdad —o realidad—bajo un prisma imperfecto y humano puede mostrarse como muchas verdades, del mismo modo que cuando una luz blanca y pura incide sobre un prisma, observamos surgir de esta todo un arcoíris de colores y tonos de estos: del mismo modo al iluminar dios con su verdad a las personas, surge de estos un arcoíris de verdades grandes y pequeñas o verdades a medias, no dejando de ser por ello verdad aquello se muestra y revela a uno, pero igualmente, lo es que se muestra y revela a otro; pues la verdad está siempre bajo la subordinación de los sentidos propios y la capacidad de entendimiento, en tanto a cultura y por tanto del modo de acceso, completo o parcial de “la persona” a “la verdad” y su dilucidación posterior por medio del juicio y la prudencia,

Pero al referirnos a Dios —o preguntar por dios—, a nadie escapa que entramos en aquella categoría de preguntas que carecen de solución firme ( y mas si se carece de un señor que nos represente ). Aun así, comprobamos que sabemos, o al menos creemos saber mucho sobre Dios por los colores de este, que cada uno de nosotros vemos, o no vemos, pues incluso parece a veces, que los que dicen saber mas saben de dios son aquellos que menos aun entienden pero continuamente están hablando dios (una palabra que no define una forma concreta), afirmado de la forma que no existe, pero igualmente hablando de dios ( una palabra que existe y describe algo que no es de una forma concreta definible); y es por ello que encontramos cantidad de comentarios, notas y libros que afirman verdades sobre dios. Pero bastará un reflejo limpio de dios en un rayo de luz, para que de inmediato entendamos que todas esas montañas de miles y millones de libros, como aquel conocimiento que pretendíamos: son nada, cuando siquiera vagamente atisbamos de la idea de lo que pueda ser “la verdad absoluta de Dios” tan solo al alcance de sus Ángeles ( otro nombre que no define la cosa concreta). Sin embargo, no tener acceso a la verdad absoluta de Dios, para nada priva de su realidad: de percibirlo, en la medida que se nos muestra algo ahí (una cosa) y que luego uno sea capaz de reconocerlo “de toda la creación” y en esa cosa ( eso igualmente de el): pues dios en la medida que podemos entender de las cosas que vemos gracias a la luz (es igualmente luz y en la luz, pero es más que la luz (y agua esa otra forma curva de el en la que se refleja la luz de la atmosfera y nos vela a las vista cosas), entendiendo entonces de dios la luz y la cosa y el aire/ agua donde se refleja de la cosa hacia unos sentido (que es más que todas esas partes juntas: y mas que todas las partes /y que son partes ahora igual de lo creado / y existentes en formas multiples y heterogéneas / lo mismo aquello que se veía pero no se entendía y sin embargo ya existía, hasta que de la luz reveló (de La conciencia al mundo la verdad de su existencia, en las cosas y de ellas por también por el entendimiento de estas, pues si algo existe sabemos que es verdad, y si no la vemos pero sentimos, entendemos también verdad, que hay ser en esta, en todo y todas las cosas, que vemos y no vemos pero sentimos ocultas. Luego la verdad de dios hallaremos en todas estas cosas a la vista o no, y ocultas, pues dios muestra en ellas ( en las cosas) su verdad, mas tanto de si propiciemos que Él nos muestre, luego nosotros hallaremos de verdad, y su verdad, en ellas ( en tanto nos aproximamos a mellas para entenderlas) .

NEGAR A DIOS Y AFIRMAR LA NADA 

Negar a dios y afirmar la Nada, sea junto o por separado, no es posible, y me explicaré. Primero: afirmar la nada: ( en el sentido de negar al ser, ya es al afirmar lo que no esta al ser: a dios (creador); pues el principio de toda negación se sustenta sobre aquello mismo que niega: su afirmación, del ser, en este caso. Pues, para reconocer Como verdadera la negación, se ha de reconocer primero aquello que se niega: “verdadero”. No podemos reconocer entonces la ausencia, del “ser”, sin haber reconocido antes al “ser”. Entiéndase: habiendo primero reconocido al ser (y / luego podremos negarlo ( de la ausencia que entendemos del espacio donde entendemos que debería estar), y (de manera subjetiva respecto a nosotros) reconocer que dios nos a abandonado es afirma a dios creador (que esta en todo tiempo y lugar presente de las cosas que son y no son a los sentidos). Luego, y de manera objetiva, cuando decimos que dios no existe, afirmando: dios no es verdad..., "quien niega que la verdad existe está diciendo en verdad que existe y es verdad. Pues si la verdad no existe, es verdadero que la verdad no existe (en tanto no la puedas reconocer del aquella palabra y significante). Pues para que sea verdadero, solo es necesario que exista la verdad… y dios es la misma verdad al ser afirmado o negado da igual / cuando del significante entendemos que refiere la forma que no podemos entender"  cuando leemos “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6) / en el desconocimiento de la misma verdad que se revela de un mundo lleno de falsas verdades, negaciones y mentiras 

Sin embargo, es llegado a este punto: entendiendo la ausencia del ser (tanto de manera objetiva como subjetiva) donde muchos: precisamente, aquellos que allí (en la ausencia) no reconocen al ser, pero luego reconocen allí (en la ausencia en el espacio) algo (de otra manera... pero recordemos: no podrá, no puede ser algo que queda después, en ausencia del ser, pues precisamente: la ausencia del ser, es ausencia de todo ser y todo algo y, por tanto, lo que se observa es la incapacidad del sujeto de entender , no pudiendo reconocer (donde ha Nada a los sentido) y afirmando la nada allí ( que el pueda reconocer: negar al ser que no es capaz de entender per … es, no ausencia, del ser… y no presencia de la Nada ( sino el ser de otra manera en el espacio ahí / de la forma que no reconocemos) . Pero podemos ser más concretos…

Ahora ya sabemos, por la propia razón (y haciendo uso de esta), que tenemos que afirmar primero aquello “que existe en algún lugar, o en todo lugar” para poderlo después negar: por tanto, hemos de afirmar primero a dios, para posibilitar luego la negación o ausencia (objetiva o subjetiva) de este. Pero hay quienes en ausencia (del ser: dios) afirman (una Nada - ahí (no-ser), mas desconocen la naturaleza misma de aquello que afirman (y la imposibilidad misma de que en el no ser / algo afirma nada . San Gregorio Nacianceno (padre de la iglesia) ya advirtió lo engañoso de un conocimiento de “algo” constituido sobre lo que no es, comparándolo al conocimiento que vendría a adquirir aquel que a la pregunta: ¿Cuántas son cinco más cinco?, obtuviese como respuesta: no son nueve, ni siete, ni seis, ni once, ni trece... (San Gregorio 28, 9) y que, poco más o menos, vendría a resultar lo mismo, a preguntarse por el “No-Ser”, por lo que “No-es”. Encontrando luego engañoso, cuando no absurdo e inútil, lo que resultaría de aquel mal llamado “conocimiento” que afirmamos “de algo” consistente en lo que no-es. Pero más absurdo todavía me resulta, preguntar directamente por la Nada, ¿qué, es la Nada?, como un “ente” que es (cuando referirnos al no-ser): o  como indica su nombre, preguntamos por lo que en absoluto “es”, la única respuesta razonable que hallaremos posible al preguntar, por aquello “absoluto” que no es, será precisamente: que no-es: no pudiendo afirmar jamás lo que, la Nada (mas allá del nombre) luego del significante se pretende.

Más curioso todavía parece (a algunos de nosotros) como puede alguien conocer algo por su ausencia; entiéndase: cómo puede alguien conocer (al ser: a dios) para luego negarlo por lo que resulta, de la ausencia de este… en tanto luego son aquellos mismos que afirman: dios no existe, cuando no podemos, nadie puede, hablar legítima y razonablemente con propiedad, de la incomprensibilidad de un ser inexistente. Quiero decir que ¿Quién puede afirmar que dios no existe o está ausente: si no lo conoce, o lo conoce por su ausencia?... luego afirmando estos la Nada: la ausencia del ser, cuando la ausencia de algo no puede tampoco representar o dar una idea de lo que antes había (como cuando yo me levanto de la silla, luego sobre la silla nada hay que se reconozca de mí) cuando además… para ellos dios no existe (entiéndase por ejemplo anterior: afirman, que no existe lo que antes había y ni siquiera vieron sobre la silla).

Pero surge la misma pregunta de otra manera: ¿Cómo afirmar la negación de algo (que no existe) cuando existe para otros? además, que “que existe para otros, sí, pero que esos mismos otros que afirman que existe, tampoco conocen o saben lo que es (en esencia)”. Pues “De Dios se puede saber que existe, pero no lo que es” (28, 5) (san Gregorio). Si la predicación cristiana no es vana, ni vana es la fe, se debe, entre otras cosas, a que el hombre puede saber que dios existe; pero reconociendo al mismo tiempo su incapacidad para saber lo que es dios. Luego, si la incomprensibilidad de Dios es una verdad necesaria a la fe, también lo es su existencia.

Pero, y ahora volvemos al principio, afirmar que «Dios no existe» es ya decir y afirmar algo de Dios, hasta podríamos decir (y afirmar) que negar a dios equivale a tener una cierta idea del mismo, de su propio ser o naturaleza: al menos, aquella idea o noción básica necesaria para poder negarlo, como para el párvulo, esta misma cierta noción o idea de dios básica, pueda ser la necesaria y justa para poder afirmarlo. Sin embargo, y en el sentido que parece que no pueden formarse proposiciones afirmativas de Dios, Dionisio afirma: que las negaciones sobre Dios son verdaderas; las afirmaciones, poco consistentes. Pero —según otra versión— es así porque ningún nombre, como ya se dijo (a.3), puede expresar lo que Dios es. (Tomas de Aquino - Summa). Entendemos por ello que dios es «ilimitado e infinito» igual para la mente humana que reconoce el infito (afirmando motra palabre que no refiere lo conocido )y, por consiguiente, indefinible a esta en su total expresión o manifestación (y que dios salve a quien pretenda siquiera conocerlo). De ahí que la negación del ser / dios, muchas veces equivale a un desconocimiento (por el que no se puede expresar lo que Dios es ( i los mismo ahí una  advertencia) y por ellos se pretende una no necesidad o rechazo: de lo que “aún” se desconoce y no entendemos: pues nadie confiesa “necesitar más razón de la que ya tiene” (Descartes). Mas Luego, ¿Por qué necesito a dios?, se preguntará alguno ( en este punto fíjense en lo absurdo de la pregunta en el sentido del que se pregunta así mismo ¿Por qué necesito a dios?), pudiendo parecer, sobre todo, a aquel que no piense demasiado al respecto, que dios parece ser algo que no necesita la persona que se plantea la pregunta: luego ¿por qué la necesito?, (la religión), o ¿por qué lo necesito?, (a dios). Pero el hecho solo de formular la pregunta, ¿por qué lo necesito?, equivale ya a admitir cierta necesidad de dios, precisamente y en este caso: debido a lo que aquel ignora, aunque sea solo para responder a su pregunta, para este individuo que niega ( dios) ya es en una “evidente” necesidad; entiéndase: se reconoce que pertenece a la naturaleza de dios que esa persona lo necesite 8 aunque sea para negarlo), pues sin dios y por lo pronto, no tienen sentido alguno su negación de dios (o afirmación de la Nada y sus discursos). Así, donde quiera que se encuentren individuos planteando preguntas similares a estas, o negando a dios, ahí también emerge en conflicto (del individuo) la necesidad de un padre (o señor) antes, para que le hable de aquello y dios (que niega al afirmarlo del significante indefinido de la forma que se revela (ante quien no se reconoce siervo antes de su señor) .

En suma, la relación que se tiene, por algunos con la religión y dios, se muestra como contradicción (como contradicción misma es, igualmente, la Nada que aquellos afirman): cuando de cierto es, para quienes no es dios una necesidad evidente... precisamente, más evidente y por esa misma razón es necesidad, por ese estado de permanente conflicto y contradicción…, (¿Cuántos no viven de negar una y otra vez a dios?) pero Incluso Pedro —en sus circunstancias y conociéndolo— negó tres veces al señor. Cuanto más, a quien no le conoce de reconocerse de un hermano le será difícil de entender, ¿Tanto tiempo he estado con ustedes, y todavía no Me conoces, Felipe? (Juan 14 -9) Tú has creído, porque me has visto; dichosos los que no han visto, y aun así creen. (Juan 29).

Lo más curioso de todo esto, es que el hombre sigue hoy abrazando las tinieblas por encima de todo y rechazando la luz, pues la fe falla y los hombres olvidan, mas aquellos viejos dioses de la oscuridad, el miedo y la lujuria aún se aferran en ellos a la vida: desesperados, y siempre en busca del placer, huyendo del dolor: de aHi la necesidad del padre Kierkegaard, también lo vio claro, en el sentido que “el ser humano siempre se siente atraído por la falta y la carencia, llevándolo a un sentimiento de desesperación” ( desesperación no la mismo y de la misma forma que siente un huérfano que entiende la necesidad de un  padre).º.

SOBRE LO HUMANO Y LO DIVINO  DIOS Y SU MANIFESTACIÓN

I

Cuando recibes una bendición, en lo único que piensas, es en que todas las personas puedan ser partícipes de esta: y de ese amor que sientes al que le quedan cortas todas las explicaciones o palabras y no que cabe en el corazón. De ahí la necesidad de compartirlo.

A lo largo del pasado siglo (XX), dios parecería haber sido completamente anulado y desterrado del mundo por una visión científica y determinista del mundo y la realidad. Visión esta, que pretendía y pretende, ya desde la revolución francesa, relegarlo a un estadio superado de la evolución de nuestra conciencia. Sí, hablamos de esa misma conciencia ―la nuestra― evolucionada o, evolucionada, al menos en el término de hacer posible el exterminio de 60 millones de personas en lo que duró el conflicto de la segunda guerra mundial (20 millones en la primera) y que arrasó un continente entero: esa misma conciencia “evolucionada” que aunque todavía no puede evitar accidentes y que los aviones caigan del cielo, con sus armas nucleares es capaz de amenazar por aniquilación, la totalidad de la vida de nuestro planeta: que gasta más en armas que en dar de comer... la misma conciencia que busca nuevos mundos allende las estrellas mientras destruye el propio. Ciertamente, el concepto de “Dios” ha implicado, desde hace milenios, apelar a la posibilidad de un sentido (o sentidos) de la existencia humana, relativamente dependiente de la realidad de un ser supremo: principio creador y fin de todo cuanto es, pero ¿quién necesita de un Dios creador y sus Ángeles protectores, cuando piensa que puede o tiene la capacidad de crear y mejorar, e igualmente destruir todo lo existente?

II

«¿De quién procede el don y el beneficio de que puedas contemplar la belleza del cielo, el curso del sol, la órbita de la luna, la muchedumbre de los astros, y a aquel mismo que en todas estas cosas hace resonar, como en una lira, la armonía y el orden?»   San Gregorio Nacianceno.

Muy a pesar de a quienes dios no interesa, lo cierto es, que al comienzo de este nuevo milenio, observamos que la pregunta por Dios persiste (si cabe con más fuerza) no pudiendo desligarse del corazón de millones de personas, del mismo modo que no puede desligarse del interrogante sobre el significado y sentido de la vida misma, o nuestros esfuerzos y anhelos por encontrar aquello que no podemos todavía entender: la noción de lo absoluto y, muy especialmente de dios; y que muchos, sin llegar a negar por completo su existencia, lo consideran por completo inaccesible a la razón y entendimiento humano, pues cuanto más se afanan por medio de esa misma razón en atrapar a Dios, más parece que se escapa y distancia de ellos. Cuando luego "basta haber desahuciado definitivamente a Dios del horizonte del pensamiento, que enseguida reaparece su impenetrable sombra sobre ese mismo horizonte" - (C. Blanco). Pues a decir verdad, solo hay que rasgar un poco en la conciencia de cualquier hombre o mujer, para entender que dios nos acompañará siempre en nuestra andadura humana: incluso negar ya es pensar en dios— pues toda negación: en este caso de dios, se sustenta primero en su afirmación —del mismo modo que lo ha hecho desde los albores de la humanidad.

Sin embargo, cientificistas y agnósticos negadores de su realidad dejaron pasar un detalle por alto ―el más importante de todos los detalles a tener en consideración― que la noción de Dios que ellos, niegan y rebaten no es la verdad de dios, sino aquella vaga noción de verdad y que de dios tienen las personas, o mejor dicho: niegan el conocimiento o idea limitada y parcial que sobre una idea de Dios tienen las personas (estas imperfectas) a partir de aquella “interpretación o representación” (igualmente imperfecta) y veces en directa relación con sus propias religiones y creencias, creencias estas, las más de las veces dispares, cuando no enfrentadas entre sí; y que del mismo modo que cuando a alguien se le pregunta acerca de la Nada, observamos, luego que aquello que nos aporta de esta (su idea de la Nada) precisamente, nada tiene ver con ella: con la auténtica y absoluta Nada; pues cuando el concepto pasa por la mente de una persona siendo interpretado, queda por completo desfigurado, o mejor dicho: quedará a la altura y comprensión de los hombres, pero no hay hombre sobre la tierra que en sí, pueda hacer saber a otro hombre sobre la parte de aquello, (el misterio) que por completo desconoce. De modo que si queremos aproximarnos a un razonamiento más formal de Dios, primero deberemos entender que este no se puede ni debe limitar a una religión o creencia en concreto, entiéndase: la interpretación que hace aquella de Dios; como tampoco se pueden excluir otras formas de entender aquello que no está al alcance de nuestra comprensión ―espíritu “ser” o fuerza creadora del universo― que está en permanente comunicación con todo aquello que forma parte de él y su creación: llámese espíritu santo, del universo, o Dios. Por lo tanto, hemos de comprender que cuando nos aproximamos a Dios por medio de las interpretaciones que tenemos a través de las religiones, andamos todavía extraviado y sin ver toda la luz sobre el camino, pues lo que se nos ofrece es una idea (llamémosla necesaria) de este ―pero nunca la realidad de este― que estará precisamente a la altura y la comprensión de los hombres; luego en este sentido, encontramos que hay quien piensa llegando a afirmar, que Dios juega a esconderse o no se quiere mostrar, pero… ¿Realmente Dios se esconde?

A mi modo de ver, y hoy tengo pleno convencimiento de esto que voy a decir: dios no se esconde; y me explicaré. Es cierto, que quizá hace un par de años atrás ni siquiera me hubiese planteado escribir sobre estos temas, y algunos que me conozcan ahora se extrañen al verme ahora hacerlo sobre dios, y no sobre volcanes: pero hace un par de años, antes de subir al Monte Ararat (Kurdistán) y encontrar allí otro camino y guía, veía la realidad de una manera muy distinta: aplanada y chata, que nada tiene que ver a como la veo ahora. De modo que hoy, y da igual si entendiendo a dios a partir de las religiones, o concibiéndole como espíritu/energía y/o “ser” o fuerza creadora del universo del que somos parte y total… opino y afirmo: “no solo que este no se esconde, sino que se comunica y deja entre ver, permanentemente, con todos nosotros a través de sus muy diversas formas: acariciándonos, cuando menos para hacerse sentir en nosotros”. Pero la prisa, cuando no la agitación de nuestras vidas―como cuando el gato se roza entre nuestras piernas al entrar en una tienda― hace que pasemos por alto estas formas de relación afectuosa y de amor entre lo material: nosotros, y lo espiritual: dios; sin olvidar luego, que nada hay más ingenuo y absurdo que pretender que la divinidad (Dios) pueda utilizar el lenguaje mundano de los hombres (incluso a veces un idioma concreto) para directamente hacernos saber de él, (hablándonos por palabras al oído); pues nuestro lenguaje es tan limitado e imperfecto como limitado e imperfecto es el hombre y, cualquiera otra que sea su creación, pero encontramos al hombre moderno eliminando inseguridades y dudas de su vida, de una parte: dejando el alma morir de hambre; y de la otra, negando o engañándose a sí mismo: a su propia alma y la de los demás; por esto y otras razones parecidas, Dios no puede hablarnos directamente hoy por la palabra de los hombres, tan imperfecta como los mismos hombres que la esgrimen, siendo esta (la palabra que surge de la carne) no solo vehículo por el que el hombre plasma y da a conocer testimonio y la voluntad de dios entre los hombres, sino,  igualmente (la palabra) es sierva de la mentira, encontrándose no pocas veces al servicio del interés o la autoridad, o bien la encontramos en el engaño cuando no para la dominación del hombre por los hombres, manifestándose por ello: la voluntad (de dios) a través de aquel lenguaje que se da en representaciones alegóricas y/o simbólicas, que son recibidas por aquel/aquellos que habrán de hallar “por sí mismos” en aquellas (alegorías o símbolos) un significado propio y para sí (con paciencia y la ayuda del espíritu santo) de aquello entiende por aquellas y que es voluntad de dios. Además, sabréis que se trata de una verdadera revelación, pues se representará, sino por medio de su Ángel mensajero, por el Espíritu Santo si por este fueres ya marcado: pues no habla entonces ya dios al hombre sino el espíritu santo, que habita en el hombre es el que habla. Pues quien obra por la palabra del señor y atestigua a dios, recibe al señor en espíritu por el bautismo (no de agua, sino por el espíritu) y renacerá, en la misma tierra, por el acto (representado en los cielos) que nos hunde en la pasión y “nos sepulta luego en la muerte de Cristo, de donde se sale por la resurrección con Él” (Col 2,12) como una "nueva criatura" (Ga 6,15). Dejando de ser lo que antes uno era, para a partir de entonces aceptar el pacto de ser en dios, con dios (en su iglesia) y solo para dios.

[El Bautismo «es el más bello y magnífico de los dones de Dios [...] lo llamamos don, gracia, unción, iluminación, vestidura de incorruptibilidad, baño de regeneración, sello y todo lo más precioso que hay. Don, porque es conferido a los que no aportan nada; gracia, porque es dado incluso a culpables; bautismo, porque el pecado es sepultado en el agua; unción, porque es sagrado y real (tales son los que son ungidos); iluminación, porque es luz resplandeciente; vestidura, porque cubre nuestra vergüenza; baño, porque lava; sello, porque nos guarda y es el signo de la soberanía de Dios» (San Gregorio Nacianceno, Oratio 40,3-4).]

Precisamente luego, y sobre este punto anterior explicado, es por el que entendemos por fin, aquel primer mensaje, que cuando nos llega aún en nuestra ignorancia no podemos comprender y, sin embargo, es el más importante de todos ellos ( para precisamente entender), por su significado intrínseco, entiéndase: la necesidad de trascender lo propio humano y terrenal por medio del bautismo en el espíritu, para acceder a la voluntad de dios, pues… lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del espíritu, espíritu es ([J 3:6-8].) luego, "solo el mismo espíritu da testimonio a nuestro espíritu" (R 8-16)  bajo la forma de estos símbolos y alegorías (cuando se trata de imágenes) que los escépticos despachan con alegría y precipitación; o bien, será por obra del espíritu santo: que no nos habla ni dice nada pues este obra por medio de nosotros, sin poder anticipar de antemano con claridad, que saldrá de nosotros o nuestras manos… pues ¿ no sabéis que vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois ya vuestros? (Gálatas 5:22-25), más quienes dicen escuchar literalmente voces o (frases) de dios o los Ángeles venidas del cielo, no escuchan ni ven otra cosa que a sí mismos, interponiéndose entre ellos y la voluntad de dios.

Por esto y tratándose de nuestra relación con dios por el espíritu hemos de entender y entenderemos, siempre, una comunicación y relación personal, si bien parece (y hablo por mi caso) que antes y durante, habremos de recorrer un camino de aprendizaje y revelación, que habrá de prepararnos para luego nuestra labor y aprender: aprender a ver, y distinguir primero unos signos y señales (del lenguaje divino) que paulatinamente se nos harán presentes y reconocibles en el presente, pero también en nuestro pasado, buscando: para quienes ya advierten (o empiezan a advertir) lo extraordinario en lo ordinario, sugiriendo en ello una mano que nos conduce, y preparara para recibir no al espíritu santo, sino el bautismo por en el espíritu... para ser luego llenos de él y por su voluntad dejar guiar nuestros actos, después. En ese punto, tan solo hay que dejarse llevar y abrir el corazón: pues al amanecer del día, cada mañana nos trae una nueva bendición velada, que ilumina una voluntad divina que quizá solo se manifieste en ese momento, pero puede alumbrar toda una vida y no puede ser ignorada.

Pues cuando Dios quiere algo de nosotros “el universo entero nos ilumina mostrándonos el camino” hacia aquellos signos y señales. Solo tenemos que tener nuestro corazón abierto a todo cuanto se muestre, incluso prestando atención a lo más insignificante, cuando no absurdo, que a veces no parece tener sentido, pero luego termina llevándonos a algún lugar. En todo caso, lo cierto es que se precisa de una cierta actitud, pues aquello que llamamos “divinidad” puede estar aguardando tras un reflejo y en cualquier lugar observándonos: incluso en la luz parpadeante de una estrella sobre el horizonte. Sin embargo, son muchas las personas que hoy pueden pensar, y lo entiendo perfectamente, que todo esto que digo es absurdo y no va con ellos: que la vida es un cacharrito de feria, donde todo lo que se nos ofrece hoy es repetir lo mismo que hicimos ayer: una y otra vez, no advirtiendo nada extraordinario en ello... pero si has llegado a ese punto, da gracias, pues cuanto más oscura la senda esté, más fácil encontramos la luz a seguir. Sal entonces y busca en la claridad del día y la luz: observa todas aquellas cosas que toman lugar por el cambio y acostúmbrate a pensar que nada ama tanto la naturaleza del universo o el mismo dios, como cambiar las cosas existentes: verás que ningún día es igual al anterior; que la abeja hoy sobre aquella flor hoy, mañana, no será la misma, e incluso en aquellas nubes que ves pasar por los vientos dejándose llevar, se renuevan y no se repiten jamás en su forma. “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”.(Juan 3: 8-21). Pues la mano de dios está en el cambio; y como diría Heráclito: "hasta la cerveza, si no se remueve, se estropea".


CUANDO LAS SEÑALES NOS PRUEBAN (1)

Primera Parte

I


Darle un sentido propio a nuestros actos, más allá del que puedan darle los demás, e incluso nosotros mismos en un primer momento, será el principal anhelo: encontrarle un sentido final a aquello que nos sucede y hacemos. Un viaje, como la vida, no es una certeza en la que se está (o un programa concreto a concluir) sino, y más bien, una certeza a la que se llega (obrando en función de aquello que nos dicta el corazón) algo que todos comprobamos muchas veces, al ver colapsar y volver de nuevo a abrirse las expectativas durante un mismo tramo de vida, o viaje. Sería en ese mismo sentido, y precisamente en este viaje del que ahora les quiero hablar, donde yo habría de sentir esa ruptura (conmigo mismo) / o necesidad de renunciar a una idea o proyecto—más aún al ego— en mor de escuchar y seguir aquello que, contra todo lo racional del momento y cuando menos lo esperas te dicta el corazón, y desviándome hacia donde, y como cogido de la mano, una voluntad me habría de conducir...

II

A principios de 2020 y poco después de volver de Centro América, justo antes del inicio de la pandemia, tenía pensado terminar de concretar, volviendo de nuevo al Arco Volcánico Centroamericano: Volcán Barú en Panamá, y los Volcanes Irazú, Arenal, Poas, Turrialba y Rincón de la Vieja en Costa Rica, terminado de este modo mi odisea volcánica centroamericana en solitario, que empezase tiempo atrás en El Salvador, y siguiendo después en Guatemala, Honduras y Nicaragua: sin embargo, la pandemia vendría a frenarlo todo, incluido nuestras propias vidas; pero sería precisamente durante la pandemia, cuando de forma inesperada apareciese un tipo extraño en mi vida—por whatsapp—y que luego desaparecería del mismo modo como apareció. Su nombre poco importa, pues lo verdaderamente importante fue aquello fue me propuso: “viajar, junto con un grupo de otras dos personas (montañistas) y alcanzar en Chile el volcán ojos del salado, el Volcán más alto del mundo, todavía activo, para finales de aquel mismo año, coincidiendo así con el verano austral”. Sin embargo, en una de nuestras conversaciones (por wasap) este insistió, que teníamos que hacer antes otra expedición, en este caso a un volcán de al menos 5000 metros, con el objetivo de ir poniéndonos en forma, entiéndase: adaptando y empezando a aclimatar nuestros cuerpos y mente (lo que encontré razonable). La decisión final, en este caso no mía, fue viajar al Kurdistán (al oriente de Anatolia vía Estambul) y ascender allí una serie de volcanes, entre los 2500, 3500, y los 5000 metros, Nemrut, Suphan, Artos, Tendurek y finalmente Agri Dagi (Ararat de 5.135 m) como colofón y final, justo en la frontera entre Turquía, Irán y Armenia. Lo que nos llevaría, a lo largo de un par de semanas, a recorrer aquello que según la biblia fue en tiempos pasados el Paraíso Terrenal, o 'La porta del Paradís', como afirma una epístola del humanista valenciano del s.xv Bertomeu Gerp, escrita en latín y que sitúa el paraíso en esta región; al igual que lo hiciese el egiptólogo británico David M. Rohl, que localizó geográficamente en esta parte del mundo el lugar exacto donde estuvo ubicado el Paraíso, tras cotejar fuentes bíblicas con textos antiguos. No en vano, y algo más al sur del lago Van (y ciudad de Van) encontramos la ciudad de Urfa: o ciudad de los profetas, nombrada así en el Antiguo Testamento, como lugar en el que vivieron grandes profetas como el santo Job, Elías o Moisés o el mismo Abraham. Sanliurfa o Urfa (antigua Edesa) es después de Konya, la ciudad santa más importante de Turquía, y a muchos les sonará el nombre por su cercanía a Gobekli Tepe, o como el lugar el de asentamiento de campos de refugiados sirios de Suruc. Lo cierto es, que tanto hoy como en el pasado, y debido principalmente a desastres naturales, sobre todo seísmos (Van 23 octubre del 2011 - 8000 muertos / Diyarbakir 6 de febrero 2023 más de 100.000 muertos) pero igualmente debido a los conflictos armados en la región: en áreas del monte Tendurek en la provincia de Van, o más al sur en las zonas fronterizas de Urfa e igualmente debido a la guerra Siria, parecería no tanto haber llegado al Paraíso, sino mas de ese lugar donde las almas purgan sus penas o, incluso, y dependiendo del momento de la historia: al mismísimo infierno, pues en aquel mismo lugar donde Noé depositó su balsa antaño, no hace hoy mucho más de un siglo se llevó a cabo el exterminio sistemático de más de un millón de armenios cristianos, que regaron de su sangre la totalidad de las tierras sedientas del altiplano armenio.

Pero y volviendo de nuevo al viaje, a la hora de comenzar este, yo ya había hecho mis deberes, hablando acerca de algunos detalles con el que sería nuestro guía “Kurdo” en la zona oriental de Anatolia; además, había leído bastante acerca de la historia y conflictos recientes y pasados de la región, así como del vulcanismo presente y pasado de la misma, como se podrá comprobar de mis otros escritos en mi otra web (subiendovolcanes.com). Sin embargo, nadie me había dicho, al menos hasta aquel día 7 de septiembre, que hubiese armenios en la región o siguieran por aquellas tierras (tema todavía tabú), ni muchísimo menos, que anduviesen por su “Montaña Sagrada” (Monte Ararat), más cuando había escuchado a lo largo de todo el viaje y a los pies mismos de la montaña, que los armenios ya no estaban. Supongo que esto me causó algún tipo de conflicto a partir de aquel momento. Pero sería poco después, al amanecer del tercer día de ascenso, y durante la mañana del 7 de septiembre, y mientras que nos disponíamos en recorrer el último tramo hasta la cumbre, cuando algo removió mi corazón, dirigiéndome, no al paso de la cumbre junto a mis compañeros, sino y tras despedirme de ellos (dejándolos sorprendidos) dirigiéndome después, tras salir en sol ya en solitario, a un lugar donde algo había llamado mi atención el día anterior durante una breve caminata de aclimatación, y que aquella mañana del 7 de septiembre entendí relevante, pues tiraba de mí (tanto como para olvidarme de la cumbre). Se trataba de lo que en un principio no parecía ser más que una rama delgada, pero ¿una rama donde no crece nada y solo hay rocas a más de 4700 m de altura? (no llevo barómetro— lo digo partiendo de la inf que nos da el guía: camp a 4.300 m, y el icono estaba más arriba de este, antes de los glaciares, estos a unos 4800 m).

Es curioso como son las cosas, pues yo había ido allí —al Kurdistán— dejándome llevar (conducido si se quiere) y convencido por un sujeto al que apenas conocía, y que ni siquiera me caía bien, por no añadir, que yo seguía sin estar para nada del todo convencido de lo que estaba haciendo allí (excepción del monte Nemrut: único volcán activo de la región y que insistí en visitar, poniéndolo como primera condición), pues mi interés son principalmente estos: los volcanes activos, pero mayormente los situados en centro y sur América, Indonesia, Filipinas etc… Pero y una vez allí, y más allá de conocer ciudades o ruinas degustando la gastronomía popular, mi objetivo era, como en el de todos los demás —ya después haber ascendido y permanecer dos días en el monte Nemrut y su lago interior—ascender a la cumbre (para así satisfacer nuestro ego) de aquella enorme mole de rocas: el Ararat, cuando y cuasi a falta de solo unos centenares de metros, me vi de pronto: no pensando en subir hasta lo alto del volcán o buscar bombas volcánicas, ni en nada de lo que se suponía que debería estar haciendo o pensando en aquellos momentos —es cierto estaba sobre el volcán y a poco de la cumbre, pero no tenía mi mente como en otras ocasiones, pensando en lo que "debía hacer allí: en el volcán"— sino, que mi mente parecía esta otra cosa desde que desperté: inquieta, y a punto de ser “impulsada" si queremos llamarlo así, a seguir una corazonada o impulso que me apartaría del grupo, con lo que ello puede suponer y sin tener para nada claro el por qué, hasta dónde, o hasta qué, aquello me llevaría. De ahí que lo llame prueba, pues se nos enfrenta a un dilema no fácil de disipar: seguir al corazón o al grupo, con sus consecuencias y renuncias. Sin embargo, hoy puedo afirmar, que solo quien sigue y persigue aquello que le dicta el corazón, puede alcanzar las señales.

III

Creo, que como le ocurriese a Colón en su día, antes de partir a las Indias, yo igualmente sabía muy bien dónde iba y qué buscaba, más no lo que iba a encontrar. Lo único que puedo decir, es que al llegar al lugar, a ese pequeño altar con sus dos iconos —sujetos al palo, uno arriba a un lado de este y el otro abajo— mi sorpresa fue mayúscula y una enorme sonrisa de oreja a oreja se dibujó en mi rostro mientras, la alegría, como un tsunami inundaba a la vez mi alma y corazón. Pero ¿por qué mi ser estaba tan emocionado, cuando todavía la razón me advertía de la renuncia que había hecho? ¿Qué sabía mi corazón que la razón desconocía? Quizá, encontraba en aquello un sentido (que solo el corazón veía y la razón no entendía) en un viaje desde el principio, sin aparente sentido para mí, pero siendo de nuevo la montaña ese vehículo por el que llegaba a otras cosas, entre ellas: la felicidad; o quizá, solo me estaba consolando yo mismo tras mi renuncia. Sin embargo, racionalizar, en este caso, como en otros similares cuando tiene que ver con lo espiritual no sirve de nada, y menos aún pretender la casualidad de aquel encuentro, pues sería volver el rostro mirando hacia otro lado, negando y no queriendo ver en ello esa voluntad que nos guía, más cuándo y por alguna razón, aquella mañana todo mi ser se dirigió, al amanecer hacia aquel lugar concreto sin dudar por un momento, y renunciando a aquel propósito y razón primera por la que estaba allí: la cumbre, o al menos eso yo creía ¿conocen a algún alpinista que haga esto? De otro lado, nadie más que yo repararía aquella mañana en el altar, como tampoco el día anterior nadie se detuvo en la zona, y si lo vieron lo ignoraron… mas no podemos pasar por alto que estamos en tierras hoy musulmanas, Kurdas, en el oriente de Turquía también muy frecuentadas por grupos Iraníes dada la cercanía de la frontera (con dos de ellos me cruce); además, de que nada en este volcán y menos a esa altura de 4700 m que no sea una roca perdura, ni una noche, con base en unas condiciones climáticas durísimas (de las que doy buena cuenta) de viento, frío, hielo y nieve. Pero además, encontrar el altar como lo encontré: junto con la rama “vertical” sujeta apenas y de pie con unas piedras, y los iconos bien puestos y limpios, cualquiera diría que alguien lo atendía… pero quién, si ahí y a esa altura no hay nada ni nadie. Lo cierto es que estas y otras preguntas se mantendrían por un tiempo en mi mente, sin encontrar un significado o razón suficiente a aquel viaje que para nada era de mi gusto… cuando solo pensar en este, luego siempre volvía a mí la misma pregunta ¿qué hacía yo allí?, y más cuando ya tenía hablado y concertado la vuelta a Centroamérica con Luis. Todas aquellas preguntas y las relacionadas con el altar, quedarían por algún tiempo sin responder, mas el tiempo y luego aquella imagen habría de darme la respuesta, reconociendo en ella una señal.

CUANDO LAS SEÑALES NOS PRUEBAN 
Segunda Parte

Se trata de entender un proceso que poco tiene de sencillo al profano, y mas allá como a veces creemos entender de lo que otros cuentan de los misterios de dios; pues es cierto que se intuye algo, pero por encima aquel sentimiento agradable y reconfortante de paz y amor está, igualmente, el desconcierto de no entender, en realidad, nada de lo que te está ocurriendo, hasta que lentamente, se va esclareciendo al unir cabos suelto a lo largo de un determinado periodo de tiempo (de que lo hagamos depende luego todo, si queremos entender). Y ciertamente, esto empezó a ocurrir pasados un par de meses de llegar a casa, cuando todavía mi mente no era capaz de encajar lo ocurrido de aquel viaje, o darle todavía un significado, y sin que yo fuese todavía consciente por completo lo que estaba ocurriendo. Sería allá por mediados del mes de diciembre /2021, cuando revisando precisamente algunas fotos de la expedición y con motivo de publicar una entrada en el blog relativa al viaje, mi mente volviera de nuevo a los iconos. No resistiendo entonces la tentación de comentarle de estos a José Manuel: capellán, y profesor de filosofía y Ética en el colegio diocesano, San Antón - Badajoz, pretendiendo, no muy bien, qué me podría aportar, pero al menos escuchar lo que me tenía que decir en tanto que estos iconos pudiesen representar, e ignorando en aquel mismo momento que de todo aquello pudiese ser parte de un plan establecido habiendo en este un mensaje o señal.

Luego, y mientras le terminaba de preparaba ampliando a gran tamaño las imágenes de los iconos y enviaba la copias para el examen de los mismos, este me comentó sobre la figura del pantocrátor, típica del arte bizantino, y la representación simbólica de este, en tanto representa “la Nueva Alianza de dios con los hombres y la imagen del hombre nuevo en Jesús: al mismo tiempo Dios y hombre”. Y mientras daba vueltas a aquellas palabras, reparé en algunos detalles que me habían pasado anteriormente por alto —La primera imagen en principio, muy parecida a un “pantocrátor” me confundió, — cuando al ampliarla comprobé algunos detalles de aquel pantocrátor, distinto a otros, como “la cruz” y en su la mano derecha “La Barca” fig1, y, que después de comparar con otros “pantocrátor” buscados a este efecto, no me parecía tener por donde cogerlo; pues, precisamente la representación clásica del “pantocrátor” Todopoderoso, y típica y del arte bizantino, aparece este "mayestático", con la mano derecha levantada para impartir la bendición, y portando en la izquierda los Evangelios o las Sagradas Escrituras., no coincidiendo con este icono concreto y particular. Luego, y observando el detalle y dibujo de las ropas de la fig-2, estas me recordaron otras imágenes: retablos y cuadros, observadas en publicaciones de búsquedas del día anteriores, y que eran exactamente iguales (las ropas) a aquellas con las que se representa la imagen de San Gregorio el Iluminador, (257-330) fundador, y santo patrón de la Iglesia apostólica armenia, llamado también el segundo Iluminador de Armenia. Lo que daba al menos y en aquel momento un sentido y no teniendo ya ninguna duda del origen armenio del altar. Pero si bien aquello me apaciguo, aún tardaría en hallar la respuesta a lo que mi corazón ya sabía: La invitación que Jesús me hacía a subir a la barca con él, extensible  a cada uno de nosotros; una barca en la cual no será nada fácil viajar, pues significa tomar el timón y desgastarse tanto por los otros como revelando en nuestros actos la voluntad de dios; una barca pero, nunca fuera de su vista, pues estará vigilándola… Unos hechos estos, que increíblemente y de alguna forma ya se parecían anticipar, como si se tratase una profecía, en aquel texto de hace muchos años atrás que yo mismo escribiese en diciembre de 2011, y cuando todavía ignoraba si el cáncer me dejaría volver a las altas cumbres, titulado: "Un lugar más allá de las sirenas " y que termina con estas palabras: 

Cuánto más complicado sería para mí tener que razonar y describir esas pasiones que nos llevan voluntariamente a partir en una azarosa búsqueda y, más aún, hacerlo a aquellos que las ignoran: e ignoran el sonido oculto y camuflado en el fuerte viento en las montañas, o tras el rugido de olas que se estrellan furiosas contra solitarios acantilados en las rocas; cómo podría describir ese lamento que siento exhala la nieve al crujir bajo las botas, o el rumor que se advierte risueño en primavera bajo los vapores de la escarcha, en un diminuto arroyo de agua; o ese destello que se filtra buscándonos entre las hojas al levantar el sol, y que nos busca y torna de tonos mágicos la realidad, como si está, de alguna manera tratase de insinuarse,: mostrando tonos antes ocultos sobre las mismas formas. Cómo explicar esa necesidad de mirar, de escuchar y hablarle a las estrellas: de ir más allá del horizonte y seguir adelante, caminando entre la tempestad, cuando aparentemente delante no se atisba más que soledad y un intenso frío, sin saber qué hay más allá y en silencio aguarda.


CONCLUSIONES RESPECTO A LAS SEÑALES

Es muy complicado como refiere en el párrafo anterior: tener que razonar y describir, esas pasiones y sensaciones que nos llevan  a lugares extraordinarios donde más extraordinario todavía es aquello que encontramos, más allá de qué estábamos buscando o que hacíamos allí. Luego entiendo, perfectamente, que si yo mismo he tenido dudas siendo yo mismo el alcanzado, cuantas más tendrán para otros no las ven y para los que no tiene ningún significado, pasando de largo sobre ello, y quién sabe sobre cuántas otras cosas en esta vida, que nos pueden transformar. De ahí que me esfuerce en explicarlo.

Primero: reconozco que dios para nada es aburrido: los aburridos, pero sobre todo despistados somos nosotros; pues sus señales son perfectamente “dirigidas” adquiriendo sentido en el modo y la extrañeza como se manifiestan, y siempre en función de a quién van dirigidas en tanto a sus creencias: más en la fe estará aquel (aunque sea en conflicto) para poder reconocerlas, precisando, si no al principio, después y más adelante, ante la necesidad, de un cierto conocimiento relativo a la simbología de estas: pues no se trata de ilusiones, sino una auténtica experiencia espiritual, que los escépticos despachan con excesiva. De modo que, en resumen, a un musulmán las señales le serán reconocibles hoy a través del profeta, y a un cristiano a través de Cristo; siendo en ambos casos reconocibles por la trascendencia a través de ambos a dios; y segundo: que si Dios quería mandar una señal en la que me fijase, siendo de educación y formación católica cristiana, ningún otro lugar parece tan inaudito, para encontrar una imagen de Cristo y, por tanto, capaz de generar esa extrañeza llamando mi atención —haciendo posible reconocerlo y reconocer la señal, como lo sería encontrar una cruz en el Alamut, en tiempos de (Hasán-i Sabbah) — que hoy en el Monte Ararat, montaña helada del dolor, para los turcos y kurdos, a casi 5000 metros de altura: allá donde dios estableció con Noé su primera alianza, y hoy en el corazón de unas tierras musulmanas, bañadas (antes y ahora) con la sangre de millones de almas. De ahí la extrañeza y lo extraordinario que encontrase, en algo tan ordinario como un palo sujeto entre unas piedras, donde no debería estar. Como diría Mateo: “Quien pueda entender esto, que lo entienda”; pues hay quienes dirán que sencillamente estaba allí, o alguien lo puso y claro está, es así... Pero precisamente, es al preguntarnos, por qué y para qué está, cuando hayamos la diferencia entre, primero, aquellos que ignoran no dando importancia alguna a lo “asombroso y sorprendente” y siguen su camino a la cumbre, o cualquier otro lugar pasando de largo y, por tanto, ignorando las señales... y luego, aquellos otros que se extrañan y detienen ante aquello que encontraron extraordinario: tanto así que nos frena y retiene en una reflexión prolongada, a la luz del amanecer de un soleado y hermoso día, que ya se intuye alumbra el espíritu, hacia el despertar de una nueva vida. Luego, dos meses más tarde habría de venir mi charla con mi primo sobre el icono que encontré, quien me hablase la nueva alianza de dios con los hombres, que luego relacione con la primera alianza de Noé de dios con los hombres y animales del arca, justo allí mismo, en aquellas mismas tierras, y luego de la interpretación final de barca en el icono: invitándome a subir a ella. Por ultimo, y de aquellas primeras señales evidentes faltaba todavía una: aquella tras la cual cambiaria toda mi vida: Cuando al salir de casa de mi madre se reveló por primera vez “manifiesto” y frente a mí ese cambio, advirtiendo un nuevo paisaje que asoma ante mis ojos y que advertiría, no revelaba tanto el cambio del mundo, como del cambio dado y en mi, y que poco más tarde daría mi vida... Si bien, hay un evento excepcional debido a lo extraordinario de este evento… y entendiéndolo de otra manera: como un simple lucero… y que a lo primero, y como ocurría con los anteriores, y aislado, tampoco supe relacionar, Pero hoy entiendo necesario, pues daba sentido a todo lo demás) el mensajero.


Del Espíritu Santo, Ángel del Señor.


el posterior el encuentro con Ángel del señor el 27 Dec, que salió a mi encuentro, y por su mano, este hizo posible unos meses después empezar a percibir ( no sin antes sufrir el caos más absoluto imaginable) lo que antes no veía ni hubiese visto jamás: el sutil tapete dibujado por un Ángel en el cielo donde aparecerían presentándose los símbolos del amor y voluntad del señor. Y que daría pie por fin a empezar a establecer las relaciones entre signos y señales que venían dándose desde atrás y haciendo posible entender la voluntad del señor en tolo ocurrido en mi vida, quien sabe desde cuándo, ahora reconocible; si bien, en aquel momento todavía me faltaba algo, al menos para yo desterrar dudas y en todo aquello estaba detrás la divinidad y deseo de dios ( no me resistía pero lo parecía) Una revelación o mensaje en el cielo… pues he confesar que tenía todavía después de casi un año mis dudas racionales, y un buen cabreo, si bien no dejaba cada día de atender el reclamo casi a diario frente a mi lucero, hasta que después de varios meses, por fin una imagen que se me resistía, como ninguna en su amplitud, se rebeló completa y clara primero a la vista, (aunque y de nuevo al principio sin sentido para mí, lo que me desconsolaba) y luego por fin a la razón, y de su simbología hallase una explicación, dando un retumbo mi corazón: fue hace apenas cuatro meses, no mas, cuando una imagen que llevaba tiempo por querer mostrarse empezó a tomar firma: vi dos rostros en el cielo, de una mujer y un hombre, adornados con alhajas y tocados (yo no daba crédito no entendía nada) luego de pie la mujer a la izquierda vestida de largo y fino, y el hombre a la derecha igualmente con ropas elegantes, se cogían de la mano, abrazados, luego más abajo los dos yacían hombre y mujer: uno a cada lado del otro. Después, se intercambiaban algo (sin detalles). Baje confundido como nunca y cansado después de horas, le comente a mi madre: no lo creerás mama, ahora sí que estoy mal, he visto en cielo a una pareja, y están de boda (es ese momento, en que si crees, como no puedes evitar pensar: que estás perdiendo los tornillos, acabaste de perder el último) pues si bien el mensaje de amor es perceptible aquí, allí, y donde se mire o piense al estar presente, a mi me supera aquello, cuando pensé en lo que había dicho antes: una boda, algo que no pensé arriba… y me fui donde todos, a google: y me encontré con esto..

El matrimonio sirvió en el Antiguo Testamento para revelar la comunión existente entre Yahvé e Israel. Allí se emplea el simbolismo conyugal para sugerir el amor gratuito y sin fondo que Dios siente por su pueblo. Es una unión basada en el amor y fidelidad que se mantiene pese a todo. Para subrayar esta relación especial, única y exclusiva, la figura del matrimonio era la ideal. La alianza se expresa a través de una forma y terminología humana, al ser sustancialmente un diálogo en el que Dios se dirige al hombre que reacciona en consecuencia. La relación de Dios con la humanidad tiene en cuenta tanto la soberanía de Dios como la libertad humana (Gén 2,16-17; 3,1-7; Eclo 15,11-20) y si, el corazón me dio un retumbo: esa noche, bailaron las estrellas, pero no sería la última. Pues y Aunque yo y después de todo esto seguía escribiendo sobre la Nada. Parece que aquello tenía que cambiar, y créanme: se puede hacer ante la voluntad del señor y sus Ángeles … Fue hace apenas unas noches atrás, cuando al irme a dormir y pedir al cielo que me dejase desconectar de todo esto, me puse un programa, pregrabado, el primero que vi para dormir, cuando antes de dormirme, escuche, del profeta, una sura: ni sé por qué llamo mi atención, yo no sabía que era una sura, pero en ella hallaría otra respuesta, quizá la que necesitaba, para empezar a escribir estos últimos textos


CUANDO TRAS EL REFLEJO INTUIMOS LA SOMBRA DE  DIOS

Cuando abordamos contar algo, que está en directa relación con uno mismo, y pretendemos contarlo para que otros lo entiendan, parece lógico explicar al menos de nosotros aquello, en tanto tenga relación con lo que luego se cuenta, y que sin irrumpir en muy personal nos describe y describe, de modo conciso nuestra situación frente a los hechos a describir. Esta breve introducción, que se puede encontrar algo más extensa en la presentación del Blog, da buena cuenta, o, al menos, da más que una ligera idea acerca de mí y lo que hacía por esas sendas de la dehesa y sierras de Extremadura, día sí otro también, durante más de 10 largos años ―más allá de mis viajes a los volcanes― en la búsqueda y contemplación de lo aparentemente absurdo, e inaudito. Pues ciertamente, puede ser muy complicado para quienes no me conozcan, incluso para quienes me conocen entender, por qué me pasa, lo que ahora me pasa, o por qué y cómo estoy llegando, a donde estoy llegando. Pues ocurre generalmente, como en este: mi caso, que las cosas no van a suceder por casualidad, y si bien no siempre encontramos de primeras una razón a la vista, podemos luego examinar aquel camino que nos ha llevado a ellas, para encontrar esta razón, y del mismo modo advertir, que no por mucho insistir en la búsqueda de algo finalmente lo encontramos, cuando a veces “lo inesperado” precisamente, será aquello que, finalmente, nos encuentre a nosotros.

II

 

Las personas ―todos nosotros― transitamos la superficie del planeta sin ni siquiera percatarnos de aquellos pequeños detalles existentes, y que la naturaleza apenas muestra, sin intuir lo que estos atesoran: detalles que al quererse mostrar, parecería que de inmediato luego se ocultaran, como si se asomasen a nosotros con esa timidez propia de la naturaleza pero que luego tanto gusta de ocultarse. Siendo, precisamente esos pequeños detalles ocultos, cuya llave intuyo es la luz, e, igualmente, las experiencias que devienen de la observación metódica y paciente de estos ―observación que no busca información o utilidad alguna inmediata, pero permite recorrer lo que se ‘resiste a ser explorado’ provocando que emerjan nuevas posibilidades― lo que más me motivan e interesan: “como quien espera descubrir, "sobre la orilla de la playa, los tesoros que estaban antes sumergidos: pues ellos compensarán los sacrificios". (Jünger-Heidegger 2010, 69). Por supuesto, todo esto puede sonar extraño a la mayoría, por no decir a todos. Sin embargo, tiene una explicación más allá incluso, de la sensibilidad emocional que se supone, de la observación paciente de la naturaleza. 

III

 

Cuando me preguntan, qué es lo que es lo que hago, mi respuesta es siempre la misma: el tonto, no hay mejor forma de expresarlo. Muchas son las personas que se sienten atraídas por la naturaleza, pero muy pocas le dedican su tiempo, y no me refiero precisamente a pasar un día de campo. En alguna ocasión, me han preguntado si soy explorador, y entonces respondo que fui miembro de una organización de escultismo "Boy Scouts" con 13 años, en la parroquia San Jordi, en Barbera del Valles: eso ya cuenta como “explorador” más allá de mis viajes. Sin embargo, incluso un explorador ha de tener unas causas primeras que lo muevan, por encima del deseo mismo de ir a un lugar, por ejemplo: a subir una montaña, pues eso nos hace montañeros y no exploradores, ya que un explorador perfectamente puede no ir a lugares lejanos (dedicándose a una sierra cercana) por una sola pero buena razón: buscar en ella, con persistencia, algo que intuye allí se encuentra. Entonces registra, examina y reconoce el lugar, un día tras otro, metiéndose por lugares donde otros no pondrían un pie y permaneciendo el tiempo, o volviendo, de nuevo las veces necesarias... lo que nos lleva a un término menos conocido, pero mucho más interesante: naturalista.

 

Generalmente, un naturalista es un entusiasta ilustrado, que practica las ciencias naturales: en particular la botánica y la zoología, pero también mineralogía o geología, e incluso la astronomía. Sin embargo, si quieres ser Naturalista: ¡¡ahí va!! No existe. La profesión de naturalista es una de las más raras y desconocidas del mundo. No se estudia en ninguna parte, ni se ejerce en ningún lugar de trabajo, pero lo más importante y que distingue al naturalista de cualquier otro individuo que transite los montes, es “que sabemos guardar un secreto", pues buena parte de nosotros, sino todos, ocultamos celosamente una gran parte de las maravillas y tesoros que descubrimos al resto, precisamente, para protegerlos. Por supuesto, hay muchas formas de entender la naturaleza o ser naturalista, dependiendo, de cómo y dónde cada uno practique su pasión. El naturalista puede ser de campo, laboratorio, preservación, etc., muchos cargados con sus equipos: cámaras, lentes, recipientes de muestras, etc.; buscando hacer prospección, inventario, muestreo, captura de imágenes; conservar, clasificar, etc.; o también dar charlas, exhibiendo sus imágenes, películas o como en mi caso escribiendo en mi otra web: subiendovolcanes.com con el objeto de compartir conocimientos y ampliar registros de lugares poco conocidos; además, y siempre intentando preservar el medio manteniendo nuestro pacto.

 

Pero si esto ya resultar una rareza, lo cierto es que existen tipos aún más raros en el gremio como es mi caso y donde, además, de las actividades antes mencionadas (o buena parte de ellas) por alguna razón casi irracional, pretendo, o pretendemos lo que otros califican de imposible. Así, y al pasar por algún lugar que nos llama la atención, de una forma que no podemos explicar ni explicarnos a nosotros mismos, tomamos buena nota ―cómo apuntamos donde están los nidos, por donde pasan las corrientes de aire que cogen los buitres o, aquel lugar donde encontramos una bonita orquídea― y solo con la intención de volver y profundizar en el lugar, buscando lo que no está a la vista: a primera vista, pero que por alguna razón la intuimos, íntimamente ante nosotros: ahí, aunque no lo podamos ver. Para ello observamos y no tocamos nada ―tampoco nos llevamos nada, ni interferimos con nada― solo observamos, en silencio y a través, siempre, de nuestros propios ojos: sin aparatos o cámaras / pues la naturaleza a la naturaleza se revela. Y esperamos, integrados lo más posible en el medio adaptándonos bien a la luz y armándonos de paciencia, esperando unas veces la noche y las estrellas, otras a que llegue el amanecer, cuando este bañará con el sol y su luz las cosas revelando formas, reflejos y colores: variaciones y cambios que a lo largo del día y el paso de las horas (del mediodía al atardecer) irán siendo por momentos patentes, esperando en ellos el cambio y revelación de algo que se intuye latente y oculto, y busca tanto manifestarse como nosotros anhelamos descubrirlo...

 

En la antigüedad, los griegos a esto se le llamaba Alétheia (en griego αλήθεια alētheia o ‘verdad’) y yo he querido recuperarlo: una observación casi extática y de algún modo contemplativa que busca el "des ocultamiento" o, dicho de otra manera: busca la sinceridad de la naturaleza y realidad en aquello que ya no está oculto y se muestra/ (a sí misma: a la naturaleza: a nosotros). Pues es posible, y en ello se basa esta observación ― como demuestran algunos estudios científicos e insinúa el instinto― no tanto que la realidad esté velada, como que esta:"la verdadera realidad" no exista si no está siendo observada. Con lo que podemos afirmar, sin lugar a dudas y como demuestra hoy la física: cuántica, que el observador afecta directamente a lo observado, tanto, que cuando se mide el comportamiento de una onda/partícula por medio de la observación, se está influyendo sobre su estado natural: colapsando esta.

 

Pero, por qué estas observaciones; pues parece absurdo dedicarle tiempo a una posibilidad, que en principio se reconoce a nuestros limitados sentidos inapreciable e inobservable, y enmarcada dentro de las posibilidades cuánticas de la materia. Sin embargo, es precisamente la misma cuántica o la filosofía la que nos da la respuesta empujándome a ello: hay que observar si queremos ver, pues es solo al observar cuando interferimos la realidad; que sea luego mensurable o apreciable a los nuestros sentidos/la vista es secundario, cuando no irrelevante al menos en mi caso, pues si no miramos y buscamos profundizando en la luz jamás lo sabremos, y más todavía: cuando tras el reflejo que nos deslumbra se intuye ,infinita, la alargada sombra de Dios.



2- DE LOS SIGNOS Y SEÑALES DE DIOS 

 

Anteriormente, he comentado acerca de las señales, pero no lo hice tanto sobre los signos: que son aquellos que primero nos alcanzan y podemos reconocer (signo) como esa forma de caricia en que la divinidad (el universo) se nos muestra de forma sutil, haciéndonos saber de su ser. Estos signos ―reveladores de la presencia de dios― están por doquier allá donde miremos: en ese rayo de luz que nos acaricia la piel, en el reflejo de la luz sobre musgo húmedo en la tierra, cuando un pájaro silvestre en el monte se posa cerca de nosotros y nos canta, o la gracia de Dios que descubrimos depositada en la mirada de un niño y en los magníficos colores del cielo, o el mismo en el viento que nos acaricia el rostro con su brisa cada mañana. Siendo estos solo una muestra de que todo está en contacto entre sí y con nosotros y nos da a entender: que la piel (como todos los sentidos) no solo no nos separa o distancia de las cosas, sino que precisamente nos ponen en contacto con todo los demás. Y es precisamente ante la advertencia continuada de estos signos de la divinidad que encontramos en todas las cosas, y recreados en ellas abriendo nuestro corazón, tanto como les prestamos nuestra atención.., luego la alegría y paz interior, la humildad y abandono de lo material habrán de brotar surgiendo en nosotros, y haciéndose reconocibles (al mundo), como en una flor brotan sus pétalos, como muestra de nuestra relación con de lo divino, comenzando de este modo a prepararnos para las señales que luego vendrán. Señales, pero ya no como una muestra (o signo) de la presencia divina, sino como indicación reveladora de una voluntad del universo y el espíritu de dios. Pues no solo se trata de qué hacemos sino, por qué lo hacemos, y es en estas, las señales: al identificarlas y darles luego sentido que nos ayudan hallando en ellas la respuesta al por qué; y de ese modo entenderemos —como entendiendo hoy yo— no tanto que andamos en un juego de pistas, como que la finalidad es precisamente “entender”, y entender que en todo ello hay ya desde un primer momento, una voluntad (espíritu) que nos guía, todavía al principio sin nosotros mismos advertirlo: es por ello que alcanzar a ver la mano de dios / su espíritu, en los signos y señales, es verla igualmente en nuestros actos y, por tanto, entender, que dios ( su espíritu) está con nosotros mostrándoos siempre el camino; pero ¿qué sentido le encontramos a todo esto?, en la necesidad de dar sentido a las señales: y la explicación es muy sencilla, pues como afirmaba el Padre Carreira “solo podemos encontrar una razón suficiente en Dios para crear personas conscientes, en tanto, que luego sean estas capaces por sí solas de reconocerle (reconocer a dios) y de ese modo agradecerle la existencia, pudiendo así compartir así su felicidad y la nuestra (juntos) en el amor de su creación".

EL CLOROFORMO DE LA CONCIENCIA


Voy a referirme no a quienes hablan de dios, o se muestran en su nombre (los Ángeles); sino a aquellos que nos refieren lo que “en palabras propias de dios este nos dice” engañándose a sí mismos y a los demás, cuando en busca de algo positivo (aunque solo sea para ellos) creen hallar verdad en la pura conciencia, que es elaboración suya y pura ficción —Pues Dios no dice nada y solo muestra o se muestra: mostrándonos su amor por medio de su creación, o bien, a través del que es su mensajero—, mas al extender aquellos su falsa ilusión, ante el delirio de la muchedumbre, no hacen sino poner “conciencias suspendidas” o cloroformizadas. Son aquellos, a los que muchos hoy escuchan, siempre en baños de multitud, y que tantas veces se aprovechan del vacío del alma: espíritus sin escrúpulos que solo difunden el miedo y la ignorancia, poniendo en boca de Ángeles o de Dios, aquellas palabras surgidas del interés y la vanidad; celosos que no resplandezca la luz y la belleza, y siempre entregados a encubrir las verdades y fuerzas que a ellos destronarían: fuerzas y verdades universales que vinculan a Dios y su creación con nosotros, y nos liberan por medio del poder más profundo que existe, en la fecundidad que proporciona una admiración contemplativa de este mundo, más cuando la realidad siempre nos desborda. Son aquellos que no hablan de amor, sino del fin: profetas del apocalipsis y vaticinadores del castigo y la ira de dios, de demonios e infiernos, de la Nada y de todo aquello que es herramienta de terror y dominación del hombre sobre el hombre, desviándose aún si cabe más del conocimiento de dios, en ese laberinto oscuro de emociones e inseguridades, privándonos de la belleza y pureza de la luz. Pues “Las profecías, y todo lo que ahora conocemos, es imperfecto. Cuando llegue lo que es perfecto, todo lo demás se acabará”. Corintios 13. Por lo tanto allá donde observemos texto o escuchemos sobre dios, y no se hable de amor “prudencia”, si no es amor, no es dios; pues en la luz ves a dios, y si ves a dios es amor.


SINO ES AMOR, NO ES DIOS


“Hay tres cosas que son permanentes: la confianza en Dios, la seguridad de que él cumplirá sus promesas, y el amor. De estas tres cosas, la más importante es el amor”. (Corintios 13) Hoy tengo a dios y a mi madre, mañana solo tendré a dios: nada más necesito, pues dios es amor y con su amor este me colma. Así en tierras lejanas, selvas o desiertos a la sombra volcanes inmensos, en las noches estrelladas, mientras otros hablaban de frío, fieras y soledad, yo me dormía mirando la “luz” de unas estrellas, que todas las noches y desde que tengo memoria, me cubren con su amor y acompañan. “Si no tengo amor, de nada me sirve hablar todos los idiomas del mundo, y hasta el idioma de los ángeles. Si no tengo amor, soy como un pedazo de metal ruidoso; ¡soy como una campana desafinada! / De nada me sirve que mi confianza en Dios me haga mover montañas. (Corintios 13)

© Copyright 2023 / Jorge Maqueda Merchan/ Jordi Maqueda- All Rights Reserved
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons 

Reconocimiento - NoComercial - SinObraDerivada 3.0 España