
A través del Informe “Planeta Vivo” (informe que mide el estado de la biodiversidad global y la demanda de recursos, y que se realiza cada dos años) la organización WWF señala, el descenso de la biodiversidad en nuestro mundo, así como la huella que la humanidad va dejando sobre el planeta y, que con el paso de los años es, por momentos, cada vez más alarmante. Durante algunas semanas, esta información es noticia, o lo era hace unos años: ahora, pocos la comentan, y luego —a medida que los asuntos más apremiantes van ocupando la atención e interés, siempre dispersa del público— cae en el olvido. Con el fin de que eso no ocurra en este blog crearé un enlace permanente en los post y una página al respecto para recordarlo a quienes, como yo, sean de mente olvidadiza.
La sociedad, cada vez más agrupada en ciudades, carece hoy día de un referente, aquel que permite entender la gravedad de lo que está ocurriendo. Hace años, muchos, que desconectamos de la madre tierra, e ignoramos las consecuencias de lo que puede suponer no actuar en consecuencia, frente a la devastación del medio ambiente, con lo que todo ello supone. La desconexión entre lo urbano y los ecosistemas que lo circundan es hoy evidente, la relación entre la disminución de las poblaciones de animales y el bienestar de la sociedad en conjunto, como eje simbiótico, es difícil de apreciar para una inmensa mayoría de urbanitas, millones estos, que únicamente visitan los bosques u otras aéreas naturales, con el fin de realizar actividades deportivas o de distracción de fin de semana: o, al menos lo fue hasta este año 2020; cuando la emergencia sanitaria por la rápida expansión del Sars-Cov-2 ha hecho que la humanidad -o al menos algunos-, vislumbre el aterrador escenario al que se enfrenta, cuando la disrupción causada por sus acciones sobre el funcionamiento de los ecosistemas se escapa de control. Si quieres leer el breve resumen y que he realizado, aquí tienes el enlace al mismo.
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