EL SER / EL SER Y SU SOMBRA (05) // EL OBJETO, LA MOSCA Y LA SOMBRA DEL OBJETO (La realidad de la forma y su sombra, a través de una mosca) / jordi maquedaEL OBJETO, LA MOSCA Y LA SOMBRA DEL OBJETO (La realidad de la forma y su sombra, a través de una mosca) / jordi maqueda


 

LA MOSCA LA SOMBRA,

EL OBJETO, LA MOSCA Y LA SOMBRA DEL OBJETO

(La realidad de la forma y su sombra, a través de una mosca)

 


Estoy sentado, frente al ordenador, pero no estoy escribiendo, tengo la mano derecha en el ratón, moviéndolo: pensando y dándole vueltas a cómo describir la forma de un objeto a partir de su sombra. Aparece una mosca, como todas las moscas: siempre son molestas. Lleva ya rato por aquí, también dando vueltas a algo, supongo que al igual que yo: ella me mira. Al punto que parece que nos hayamos presentado, y tenga confianza, pues se posa en mi mano izquierda que está apoyada en la mesa. Mi mano la mano está relajada, no la muevo: el índice sobre el pulgar y la observo: observo la mosca en el pulgar, y como empieza a recorrerlo de un lado a otro por la parte externa de la mano (no sale de las dos falanges del dedo), pero algo la frena a ir hacia dentro de la mano. Reconoce ahí algo: una línea de sombra, del índice sobre el pulgar: la mosca recorre el limite o borde de la sombra del índice sobre el pulgar, y salta, a la uña del pulgar: busca perspectiva parece, (moviéndose a otro lugar dentro del dedo: a la uña), luego recorre de nuevo el dedo pulgar: y ahora de nuevo esta sobre la línea o borde de la sombra, pero no entra en la sombra al interior (quizá está pensando: pienso): la mosca vuelve a la uña y desde allí se eleva (ahora si hacia arriba, la puñetera reconoció del borde de la sombra sobre el pulgar, aquello que producía la sombra sobre el pulgar, del dedo índice sobre el pulgar: la mosca entendió, que al igual que ella tenía una sombra, esa sombra era de algo también, y está ahora en aquello que produce la sombra: recorre el índice y baja luego hasta el pulgar, lo hace un par de veces, luego salta al índice , lo recorre y se adentra a recorrer parte de la mano del lado exterior, nudillos y llega a la muñeca, la soplo: y encuentro la forma de la mano, a partir de su sombra sobre de la forma de un dedo de esta. ¿qué ha pasado aquí?... La mosca miro la sombra, describiéndomela → a mi, a través de recorrer primero el dedo donde estaba el límite de la sombra, y luego el límite de la sombra del dedo índice sobre el pulgar: una sombra de una forma, que a partir de su lado o borde (de algo) entiendo que era parte de otra forma (el índice) que pertenece a una mano (forma / tronco) —de otras formas (dedos)—, que producía la sombra sobre su propio dedo. La mosca pega un trompo va a otro sitio, quizá a la cocina, ese extraño lugar donde yo pienso, con mi sombra: donde pensamos.

DE LA MOSCA A LOS CHINOS Y A UNA CRUZ EN LA COCINA,
QUE YA NO ESTÁ EN LA PARED

A veces pienso en los chinos, y lo hago en la cocina (donde pienso /cocino): son muchos chinos, me digo: muchos chinos pensando sin una cruz en la pared, me digo. Pero ¿por qué esta la cruz en la pared en mi cocina? me digo: bueno, así está así en todas las casas, e incluso en las iglesias: elevada sobre el suelo. Pero ¿por qué esta elevada sobre el suelo? Me digo: bueno, pues… la cruz, pero ¿no estaba clavada y bien clavada al suelo en todas la películas? me vuelvo a decir. Y pensamos entonces todos (mi sombra, yo y la razón): lo estaba, y estaba bien clavada al suelo en las películas → igual de clavada que un árbol al suelo. Bien: Entonces por qué tenemos esta cruz en la pared de la cocina colgando, pregunto, y la razón me contesta, así está en todas las casas: en la pared ¡déjala!, y mi sombra me dice: Yo no la he puesto, piensa ¿Por qué la has puesto? ¿Porque la ponen todos? Intuyo la sonrisa. Y me digo: bueno, había un clavo en la pared de esos de colgar cosas, y la puse a allí, así no se ve el clavo en la pared clavado, y pienso en la mosca que anda por ahí dando vueltas no muy lejos: entonces retiro la cruz, no sé por qué: pero antes de siquiera pensar la razón por la que lo he quitado, veo el clavo y donde esta clavado, y una grieta en la pared donde se hunde el clavo (en el muro: entre las baldosas) tiene profundidad y una sombra / mi sombra sonríe. La mosca pega 3 trompos y se va a otro sitio. De nuevo me vienen a la cabeza los chinos, todo ese montón de chinos, un montón de chinos pensando, sin una cruz en la pared, que tapa una grita por la que cabe un clavo, por la que poder mirar y que prolonga la forma de la pared, mas allá de un del área del muro o pared (imagen d=2), y tiene una profundidad o forma d=3. Creo que necesito de nuevo a la mosca. La busco: Está sobre el cristal de la puerta de la misma pared, abro la puerta y se coloca en el marco de la puerta/ o ancho que define el grosor del muro por ese lado. Miro su ancho y largo del borde, la mosca salta y se posa luego del otro lado del muro, opuesto al lado de la cocina y luego se va a una esquina, de la que se proyecta a 90º < otro muro o pared de la casa y este con el suelo del patio 90º<. La mosca hace una (S), pega (4) trompos y se va a otro sitio. Ahora pienso en occidente, en ese montón de tipos occidentales y pensando, todos con una cruz en la pared de su cocina. La mosca no está, y quizá por eso pienso ahora Kant, y con qué cocina.

De pequeño en el cine del pueblo vi una peli de chinos, que se llamaba el mono borracho en el ojo del tigre. De Jackie Chan; pero ¿Qué es el puño borracho? literalmente puño ebrio, es un antiguo estilo presente en diferentes artes marciales chinas, como el Kung-Fu, y que consiste en imitar los movimientos de una persona ebria. Es practicado dentro del Kung-Fu como una forma de engañar, distraer y atacar al oponente. Pero aquí no se trata de engañar a nadie. Sino más bien de entender, si se quiere a mi modo, que observar la naturaleza, Pensar (en acto → de ser→ pensando: en la naturaleza, y observando la propia naturaleza, dejando que el mono en el ojo del tigre lo guie, deviene en sabiduría de la naturaleza para el tigre. No he leído a Kant, solo párrafos por encima, no lo necesito, a veces lo cito, pues me es útil como un cajón, con algunos textos que apuntan o dirijo a la razón de las personas, una razón que Kant define como “la capacidad que proporciona los principios a priori del conocimiento. De ahí se sigue que la razón pura es aquella que contiene los principios que permiten conocer algo completamente a priori (Crítica de la razón pura, B 24). A priori: Palabra que se utiliza en las expresiones a priori o a prioris que significan ‘conjunto de los conocimientos a los que se llega por la razón, sin experimentarlos, en especial en un sistema filosófico. Pero yo necesito de la experiencia en la naturaleza para aprender: pues vivo, no en la imaginación, sino en la naturaleza y camino por el mundo; he recorrido países, montañas selvas y desiertos he vivido en muchas ciudades algunas problemáticas y comprado en sus mercados hablado con sus gentes: mayas, xinka, garífuna, ladinos, kurdos, árabes, Bereberes etc… y andado en sus transportes públicos. De la vida real en el mundo que me rodea, me pregunto, que me puede enseñar Kant ¿que qué me va a enseñar Kant u otro sujeto de la vida que por mi mismo experimento y conozco? que me va a enseñar de la naturaleza por la que camino cada día, me hablarán del frio, el viento o las estrellas a 5000 metros de altura, del suelo abrasador sobre el cono de un volcán, del que ves emerger ante tus ojos el fuego de las entrañas de la tierra, quiza de los sonidos de la selva: de sus luces y sombras; de todas esas las personas que he conocido, de los animales, y de las plantas que cuido y el mundo que habito, que me va a decir de todo esto quien que jamás salió de su ciudad, yendo de su casa a la universidad y que necesitaba, imperiosamente, saber de la hora de su reloj para vivir —yo no uso de eso—, pues absolutamente ¡Nada! «Atrévete a saber» — dice, «atrévete a salir (tú) de tu casa»— le respondo; y aprende de la naturaleza, del aire, de las plantas, del agua y de la tierra… ponte al sol y sigue tu sombra… a ver dónde te lleva. Pero seguramente tanto Kant, como estos que se parecen hoy a tanto Kant, la razón, su razón que no su sombra, les devuelva a su cocina. Donde tienen una cruz sobre la pared, tapando el clavo que penetra la grieta del muro que les contiene y retiene dentro del cerco. Y si por cualidad el muro mostrase otra fisura, allí clavarían otra cruz, para que tapase la fisura, no se vaya a ver que la casa está llena de grietas que conducen a lo que los mira, pero ellos no quieren ni ver, o quizá que ya ni pueden entender y ni siquiera atisbar dicha realidad, cuando el pensamiento ya no es libre de aquella razón ilustrada, que liberó al hombre del cerco de la religión, sometiéndolo al cerco de su propia razón, de ahí la hemiplejía del cristianismo y de la razón: el sacerdote protestante alemán se hace filosofo: un filosofo protestante alemán. El sacerdote protestante es el abuelo de la filosofía alemana, y el protestantismo es el pecado original de esta filosofía alemana (Nietzsche). En esto estamos de acuerdo, cuando de pretender el paraíso cristiano en el cielo, pasamos, al paraíso en la tierra, o así lo creían, aquellos que de los fundamentos del humanismo moderno emergieron como los filósofos de la Ilustración (los iluminados podríamos llamarles) quienes ubicaron al hombre como centro y fin de toda preocupación intelectual, razón por la que desde entonces se ha eternizado en desvelar su esencia del hombre para diferenciarlo de los elementos de la naturaleza. “Separarnos de la naturaleza”, ahora, sí, entendemos a Kant (y Llamarlo necio se queda corto) vista la deriva del iluminismo en Alemania. Cuando todo es el hombre y todo es pensar en el hombre: solo el hombre tiene la culpa de lo que pasa al hombre, y entonces el alemán piensa: y piensa que solo el judío (hombre) tiene la culpa de lo que le pasa al alemán (hombre). Pues Solo para eso sirve toda esta filosofía, que no ha aportado nada al mundo: solo a los necios, mas necedad, cuando le resta al hombre su libertad, y se apropia de ella dándole una moral: un como deber vivir: el deber de de vivir (preso de su propio su cerco) sin la libertad de saberse quien es, ni de reconocer aquello que no puede ver: y que después de tanto tiempo quizá ahora ni entender: la forma de la oscuridad, esa sombra, que se niega a mirar tapándola con una cruz en la pared.

La filosofía o pensamiento occidental, hoy mira al hijo, pero es incapaz de reconocer en la oscuridad, a partir del ancho del lado de su sombra (del hijo), y del ángulo que lo proyecta: la forma del padre, que contiene al hijo, así como la forma que de otro ángulo proyecta la sombra, de la forma que lo contiene a él. Una oscuridad y propia sombra, que debe empezar a recorrer y reconocer en esa oscuridad, que la filosofía ha llamado: nada, pero los científicos ya reconocen en ella algo más que solo oscuridad.

 

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