- "Ningún gobierno tiene el derecho de decidir sobre la verdad de los principios científicos, ni de prescribir de ninguna manera el carácter de las preguntas investigadas. Tampoco puede un gobierno determinar el valor estético de las creaciones artísticas, ni limitar las formas de alfabetización o expresión artística. Tampoco debe pronunciarse sobre la validez de las doctrinas económicas, históricas, religiosas o filosóficas. En su lugar, tiene el deber de sus ciudadanos de mantener la libertad, de permitir que los ciudadanos contribuyan a la aventura y desarrollo de la raza humana".
- — Richard P. Feynman
"La indignación es con frecuencia el mayor autoengaño a las emociones"
(David Denby: The New yorker)
«Nada más trágico que vivir en «el peor de todos los mundos posibles» donde las penas, siempre, prevalecen sobre las alegrías; y nada más absurdo que el sufrimiento: nacer y luego tener que morir, a veces incluso quitándose uno mismo la vida, renunciando así y definitivamente, a este ingrato lugar —un mundo absurdo y desprovisto de sentido para muchos— donde el dolor centellea con resplandor demoníaco, y las personas participan de innumerables sufrimientos: “de las más terribles agonías". Donde los apestados, los quemados vivos y las víctimas lentas del hambre se consuelan en el llanto que, aún conserva el recuerdo y sabor agridulce de la sangre. Y, sin embargo, un mundo, el que hoy se vislumbra vagamente, una luz de esperanza, revelada de aquel mismo sufrimiento, de sabernos muertos pero, seguir aún vivos. Pues, ciertamente, seguimos vivos. Sin embargo, estar adaptado, siendo educado, estando considerado en una sociedad como la nuestra: enferma —con toda su miseria, brutalidad y conflictos— formando parte ella es, igualmente, estar enfermo; además, de predispuesto a abandonarse por completo a su aviesa moral los unos y, sometidos a sus políticas y engaños los otros. Todo habrá de resumirse en servir; servir de un modo u otro al un renovado Leviatán —el mismo que nos vigila y desangra a la vez— sea a través de consumismo, la dilapidación y codicia; o bien, ardiendo en la condenación de la servidumbre: esclavizados los unos por los otros, y lentamente consumidos, día tras otro por burócratas, banqueros, políticos, jueces, agencias gubernamentales, calificadoras, de crédito y, por todo aquello que en sí mismo consiente, se arrastra y presta alimentando, la falacia que perpetúa la angustia de esta terrible infamia. Crisis dicen: no hay crisis, sino en la conciencia, cuando esta ya no puede aceptar unas normas, aquellas mismas que en el pasado le dieron contingencia, y que únicamente sirven a los impulsos materiales de algunas personas: a intereses individuales que se tornarán siempre en contra de los otros —un problema que surge con los deseos y la naturaleza misma del hombre— generando así este conflicto eterniza, únicamente en el fin de acumular poder y riquezas.
"nadie está más esclavizado que aquel, que erróneamente creé ser libre,
en tanto, que pretenda cambiar algo"
en tanto, que pretenda cambiar algo"
Johan Wolfgang Goethe.
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