Acerca del destino - 5 : Una última y breve obsevación sobre el destino

       «Todo destino es dramático y trágico en su más profunda dimensión» escribió, en alguna ocasión - Gaset.
 
        Hace algunos años leí un bello pasaje en un libro que afirmaba: “la verdadera patria de todo hombre y mujer, origen de sus deseos e igualmente, punto de partida en el que es forjado el destino de sus vidas, se encuentra en algún momento de la infancia. Por mi parte, reconozco haberme sentido seducido y no en pocas ocasiones, pasar tardes y noches en vela cavilando, dejando pasar sus horas; pensado, cuando no buscando en el pasado, ese preciso instante, hasta dar con él. Estupidez enorme la mía, sólo posible en el que ignora que no importa el origen —apenas sostenido ya en un reflejo indefinido, que se derrumba una vez y otra en el impreciso caudal de la memoria— sino el propio destino, y que este viaja formando parte de uno mismo. De modo, que poco importa ya si tal afirmación es cierta, pues de nada sirve el ejercicio, sino para reconocerse víctima del devenir pues, antes en el pasado e igual que ahora en el presente, ignoraba, el final del camino que emprendía y, consecuentemente, hacia donde el destino me conduciría.
 
            Platón, en su Timeo dice que « aquello que sucede, sucede necesariamente por una causa». Plutarco, al final de su libro de fato,  entiende que «lo primero y más importante no es tanto saber, que nada deviene sin una causa, sino que todo deviene en virtud de causas anteriores». Por lo tanto, sería inteligente no buscar causas primeras ya lejanas, concluyendo que todo principio es causa de la anterior y continua sucesión de diversos acontecimientos, los cuales, conducen hasta un determinado origen: Ese principio, inductor  —catástrofe lo llamaría C. Zeeman— o mera discontinuidad, que altera los factores que hasta el momento han guiado nuestra vida y en el que sin saberlo, conjuramos de nuevo a las parcas que maniobran infinitos destinos. Será a partir de entonces, que caminaremos sobre un hilo que por nosotros mismos ira siendo tejido, desconociendo, aquello que aguarda más allá, escondido, tras los vados y sombras del camino. Y así, hasta provocar otra inflexión en la maquinaria del destino. Pues ocurre, que aquellos fundamentos que gobiernan los misterios del universo, comienzan como engranajes de un viejo reloj a temblar, avanzando en movimiento infinito sin vuelta atrás, cuando unos niños en la roca sentados imaginando historias en silencio contemplan, con la vista perdida en el horizonte y la esperanza labrada en el tiempo, la difusa silueta de sus sueños, forjados el murmullo sibilino del viento, y el rugir furiosos de olas que golpean, límites impuestos al mar.



© Copyright 2009 – 2011 Jorge Maqueda Merchán - All Rights Reserved
Licencia de Creative Commons

No hay comentarios: