Quien me conoce sabe que soy autodidacta por naturaleza1, es decir, no me dejo intimidar excesivamente por los decretos de la Escuela ni por la majestad de Autoridades intelectuales. Me contento leyendo, aprendiendo y yendo al rescate de preguntas, surgidas a partir de lecturas y experiencias, donde imágenes, frases, enunciados, incluso palabras me dieron en algún momento que pensar, alertándome, sobre algunos vacios en el saber, mi conocimiento, o mejor dicho, desconocimiento de las cosas.
1-Como autodidacta incorregible que soy, manipulo a tientas, a través de errores e incertidumbres muchas, y a partir de materiales que encuentro en las disciplinas más diversas, ideas claves que se encuentran todavía en las fronteras de las disciplinas tradicionales (retenidas en la aduana por falta de visado); manipulo la teoría, que si no responde al menos corresponde a las preguntas que hoy considero fundamentales. Este trabajo sigue elaborándose, y sin darlo por acabado saldrá un primer enfoque en una próxima obra (La Méthode).
Todos hemos comprobado lo difícil que es, en algunas ocasiones, expresar algo sobre lo observado o, expresar aquello que sentimos (esa idea que formamos en nuestra mente) en relación a lo observado; pero, lo es aún más si lo observado no está definido o, bien definido: “bien definido en el lenguaje (en nuestro lenguaje [el propio que usamos a diario] pero, también, en relación al conocimiento y datos de éste [del objeto en sí] que tenemos (nosotros) por medio del estudio, lecturas, conversaciones o cualquier otro medio de conocimiento o que motive a él, como el propio asombro que nos causa la visión de algo pues, entiendo, ésta es una de las razones de muchos vacios y desintereses cuando al pasar por delante de algo y no reconocerlo (en sí, definido, su nombre y significado) más allá del vago conocimiento que muchos tenemos de tantas cosas, lo ignoramos, no mostrando mayor interés; ya saben “a veces, una piedra es solo una piedra”.
Lo malo de esta aptitud [a veces, una piedra es solo una piedra] es que la imagen, nuestra visión del mundo se empequeñece, se achata y aplana, cuando al ver una piedra solo vemos una piedra o, al mirar al cielo solo vemos unas estrellas. Para Wittgenstein, el mundo era lo expresable: así lo que no le era expresable quedaba fuera del mundo. «Los límites de mi lenguaje Significan los limites de mi mundo, ((Die Grenzen meiner Sprache giuaj die Grenzen meiner Welt)) – afirmaba (Tractatus Logico-Philosophicus). Así pues, la realidad para Wittgenstein era una imagen que resultaba de un lenguaje descriptivo (complejo) y no la realidad en sí misma (que precisaba de ese lenguaje para ser descrita - entenderla; por ello y, yo coincido en este sentido, los límites del lenguaje son propiamente, los límites del mundo, de mi mundo, y del de todos nosotros). Luego, si algo no está definido pues, sencillamente “no existe”. Para que exista, primero, debe dársele nombre y un significado que lo defina así “Nosotros la llamaremos [gramatología]. Puesto que todavía no existe, no se puede decir qué es lo que ella será; pero tiene derecho a la existencia, y su lugar está determinado de antemano. La lingüística no es más que una parte de esta ciencia general. Las leyes que la [Gramatología] descubra serán aplicables a la lingüística” (p. 60). (Lingüística y Gramatología, J. Derrida) hoy la Gramatología es la Ciencia que estudia la escritura: evolución, historia, interpretación, etc. De este modo, creando, se amplía el horizonte de conocimientos en una materia, cuando en ésta se advierte necesario para complementar y ampliar nuestros conocimientos sobre la misma. Sin embargo, no siempre el desconocimiento sobre una cosa o materia, proviene de la ausencia de conocimiento. No hemos de olvidar lo dicho anteriormente: que en muchos casos (la cosa) también puede no existir, por la ignorancia o desconocimiento del propio observador. Así dos personas que miren al cielo de levante en invierno por la noche, una podría solo ver estrellas, mientras otra, mas instruida, verá Capella en la Auriga, Cástor y Pollux en Géminis, Proción en el Can Menor, Sirio en el Can Mayor, Rigel y Betelgeuse en Orión, Aldebarán en el Tauro, la Liebre, el Unicornio. Y vera mundos: Marte y Venus si mira al amanecer, a los que se unirá Mercurio en febrero, y a finales del mismo mes Saturno, o Mercurio, Venus, Saturno y Júpiter al anochecer.
"La conciencia crea la realidad"
"Una conclusión fundamental de la nueva física también reconoce que el observador crea la realidad.
Como observadores, estamos involucrados personalmente con la creación de nuestra propia realidad. Los físicos se ven obligados a admitir que el universo es una construcción "mental".
El físico pionero Sir James Jeans escribió:
"La corriente del conocimiento se encamina hacia una realidad no mecánica; el universo comienza a parecerse más a un gran pensamiento que a una gran máquina.
La mente ya no parece ser un intruso accidental en el reino de la materia, deberíamos más bien celebrarla como creador y gobernador del reino de la materia. Acepte esa indiscutible conclusión.
El universo es inmaterial mental y espiritual. "
R.C. Henry
profesor de Física y Astronomía de la Universidad Johns Hopkins," El Universo Mental "; Naturaleza 436: 29,2005)
Dos ejemplos…
ervador
Mediante una sustitución que no sería sólo verbal, tendría que reemplazarse semiología por gramatología en el programa del Curso de lingüística general:
“Nosotros la llamaremos [gramatología]. Puesto que todavía no existe, no se puede decir qué es lo que ella será; pero tiene derecho a la existencia, y su lugar está determinado de antemano. La lingüística no es más que una parte de esta ciencia general. Las leyes que la [gramatología] descubra serán aplicables a la lingüística” (p. 60).
que la escritura no sólo es un medio auxiliar al servicio de la ciencia -y eventualmente su objeto- sino que es en primer lugar, como lo recuerda en particular Husserl en El origen de la geometría, la condición de posibilidad de los objetos ideales y, por lo tanto, de la objetividad científica. Antes de ser su objeto, la escritura es la condición de la episteme; episteme significa conocimiento en tanto «conocimiento justificado como verdad», , SEGÚN PLATON
Derrida propone una «lectura sintomática» que tiene por objeto examinar los conceptos escondidos, aquellos impensados, la estructuración secreta del texto2 . Convencido de la verdad que escapa al sujeto de la enunciación, el autor elige penetrar los textos por entre sus contenidos laterales, a veces olvidados (de allí el programa de una lectura «micrológica, leída» que formulara durante los años 90) (Derrida, 1994: 96).
Derrida que trata de recapitular una argumentación parecida: “no hay nada fuera del texto”. Con esto, según Derrida, quiere decir que el lenguaje no apunta a un concepto real; antes bien, el sentido del lenguaje es meramente arbitrario por no decir injusto, pues el significado de las palabras, de una palabra, depende de otras, y sin esas, no hay nada (una piedra es, los que otras palabras dicen de esa piedra que es) – sé que estoy hablando mucho de piedras pero por una buena razón.
El pensamiento de Derrida igualmente converge en elementos importantes con el de j. l. Austin. Para ambos el lenguaje no se restringe a describir el mundo, sino que igualmente actúa sobre él. Concluyendo, que un lenguaje vago y pobre presenta al ser una imagen y conocimiento pobre revelando al ser un paramo, un mundo chato y plano, vágame definido. Podríamos decir, que a través de un lenguaje rico apreciamos, dando forma, definiendo y, armando un mundo rico, lleno (de significados y cosas). Pero, de ser así, todos tendríamos un grave problema con la realidad y con el mundo, cuando al interpretarlo dependemos por completo de ese lenguaje (cuando antes de encontrar el significado al ente, encontramos y armamos la frase que con las palabras define a aquel) - Heidegger. Ni siquiera el tiempo existe, si no en el lenguaje. Sin las palabras presente, pasado y futuro, el tiempo como lo conocemos no existiría: siendo un momento eterno.
A cada información que conocemos sobre algo, la cosa en – si) su nombre, lo que es, por qué es lo que es, sus propiedades etc. Añadimos dimensiones sobre (la cosa) enriqueciendo nuestra visión-representación de ésta, completándola, y por tanto, también completándonos.
Pues bien, el tipo para el que una piedra es solo una piedra (literalmente) soy yo. Y no me da vergüenza admitirlo. Lo verdaderamente vergonzoso sería no reconocerlo. O, peor aún, afirmar, como tantos otros con la razón -su razón - “que no necesito mas conocimiento del que tengo”, pues de razón y conocimiento parece todo el mundo en este país estar bien servido, donde cuando hay mundial todos son entrenadores, y durante la pandemia virólogos, para luego convertirnos en vulcanólogos cuando estalla un volcán. Es difícil, encontrar a alguien que reconozca su ignorancia, en el ámbito que sea, pues se precisa hoy en la sociedad “ser perfecto” y legión, son quienes se lo creen “perfectos ciudadanos”.
Pero sigamos con las piedras. En mi naturaleza, es bien sabido, ha sido desde siempre costumbre mirar hacia arriba: las estrellas, o la astronomía mejor dicho, ha sido mi pasión desde chico; años en la AAB, la asociación astronómica de Barbará. Pero, entonces, porque no dejo de mirar ahora hacia abajo; y, por qué no deja de resonar en mi cabeza esa palabra extraña: geología, una vez y otra. Pero, si no tengo ni idea de geología, y si escucho a un geólogo hablar y hablan raro, como si escuchase Klingon. Y, encima, ahora, no dejo de mirar piedras. Y lo raro, es que no se me hace ajeno, no sé si me explico: parece que me gusta, y me gusta porque cuando voy entendiendo términos y aspectos, estos se integran con lo que yo ya sé, como llenando huecos. Al leer el artículo del Siroua, le pude `poner nombre a las formaciones que yo había visto con mis propios ojos. Y esto cambia totalmente el mi paradigma
Nos educan mediante el lenguaje (siempre presente en nuestra formación desde edad muy temprana, siendo casi lo primero que aprendemos) pero, el lenguaje, como todo lo pretendidamente humano (y creado por éste) es incompleto, en tanto y por tanto, no sirve universal y enteramente a su fin (comunicarse, no es hacerlo únicamente con los semejantes). Cierto, que de una parte el lenguaje nos permite ejercer el pensamiento, puesto que es a través de las representaciones simbólicas desde donde se dá, al mismo tiempo la captación mental de los hechos del mundo y luego su expresión lingüística, pero al mismo tiempo limita, por la propia limitación de éste unas veces, o la limitación que tenemos del mismo otras. Pues, indudablemente, no podemos representar correctamente aquello que no podemos definir por entero, por medio de una acertada y correcta definición lingüística; Cuando, no pocas veces llegamos a pensar, y yo lo hago, que más parece que no somos nosotros quienes usamos el lenguaje, sino que éste nos utiliza a nosotros: desde que aquello que observamos se explica antes en nuestra mente, por el lenguaje (y antes de encontrar el significado al ente, encontramos y armamos la frase que con las palabras define a aquel ¿lo pensaron así alguna vez? Luego, que ocurre si algo es indefinible no encontrando las palabras: sencillamente no existe. Hay una conocida frase de Derrida que trata de recapitular una argumentación parecida: “no hay nada fuera del texto”. Con esto, según parece Derrida quiere decir que el lenguaje no apunta a un concepto real; antes bien, el sentido del lenguaje es meramente arbitrario, pues el significado de las palabras depende de otras, y sin esas, no hay nada (interprete aquí cada uno). El pensamiento de Derrida igualmente, converge en elementos importantes con el de j. l. Austin. Para ambos pensadores el lenguaje no se restringe a describir el mundo, sino que igualmente actúa sobre él. Concluyendo, por tanto, que un lenguaje pobre presenta al ser una imagen y conocimiento pobre e incompleto del entorno y su realidad. Pero, y si el lenguaje no sólo nos pareciese incompleto, sino que de cierto lo fuese: que lo es. Tendríamos entonces un grave problema con la realidad y con el mundo, cuando al interpretarlo hoy dependemos por completo de ese lenguaje.
Pongamos por ejemplo que alguien nos pregunta como estamos, y decimos triste; ahora respondamos gestualizando esa tristeza, sin palabras. De la palabra se deriva y entiende una sola interpretación, su significado; pero del gesto, en tanto frunzamos el ceño o arruguemos las cejas y cerremos o abramos los ojos: cientos, sino miles de tristezas encontramos a interpretar, sin embargo, al representárnosla a nosotros o explicarla a otros, sólo podemos definirla en un sentido: triste (ocurre como con aquel inuit que puede distinguir 100 tipos de blanco en la nieve y al europeo le ciega un único blanco); así dependemos del lenguaje en tanto que nos limita no al, o a un sentido, como nos limita a la multiplicidad existente de todos sus posibles sentidos. Si bien, Derrida se atreve, exponiendo afirmando que un signo puede ser repetido también puede ser citado en diferentes contextos”. “Todo signo, lingüístico o no lingüístico, hablado o escrito (en el sentido ordinario de esta oposición), en cualquier unidad, puede ser citado, puesto entre comillas; por ello puede romper con todo contexto dado, engendrar al infinito nuevos contextos, de manera absolutamente no saturable.” Por ello, las palabras pueden tener distintos significados cuando son puestas en diferentes contextos. Esta es la razón por la cual para Derrida no hay un contexto absolutamente determinable ni tampoco un solo significado. Sin embargo, difícilmente el individuo educado e instruido en las escuelas, especula normalmente más allá del supuesto-aparente y significante. No aportando, o más no encontrando en este lenguaje (social) un nuevo o mayor conocimiento de la realidad ya existente, y sólo sirviendo a la usabilidad y necesidad del individuo en tanto precisa comunicarse y describir en y para otros esa realidad, vagamente construida y representada y aún peor descrita en la sociedad. Sin embargo, en esta sociedad a la que pertenecemos la teoría dominante y única aceptada ― la impuesta y reconocida como verdadera― sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y animal, de cultura y naturaleza. Y Todo lo que no encaja en este paradigma está condenado. Pero ciertamente no podemos considerar al hombre como una entidad cerrada, separada, radicalmente desligada cuando no extraña a la naturaleza, Y, es precisamente por ello que, quizá, habiendo abandonado el hombre el lenguaje natural -que antaño servía a éste para comunicarse entre semejantes y con el medio natural- hemos perdido, igualmente, la capacidad para comunicarnos con la naturaleza, distanciándonos trágicamente de ella, y de lo único por lo que podemos acceder a comprender, que no únicamente visualizar, la realidad. Un paradigma ahora perdido, que habremos de recuperar, si queremos algún día reconectar.
Y cómo se que existe ese otro lenguaje, genuino, de lo preciso y real, pues sencillamente porque no se puede vivir y medrar sin interpretar y comprender el medio en el que se vive, y los animales igual que antes el ser humano lo comprendieron. La única razón de prescindir ahora de ese lenguaje es por la imposición de otro, creado de la pretendida necesidad Social, la imposición y obligación del mismo, a la vez que se aísla con ello al hombre, reduciéndolo a lo práctico inmediato y necesario dentro de la sociedad, alejándolo así aún mas de lo natural y de la verdadera formación ¿Alguien puede concebir la existencia del hombre en un medio como la naturaleza por milenios sin comunicarse con él, y entenderlo: es imposible...
Geología, geología, geología. Flipa. Mi naturaleza es mirar para arriba, de siempre: la astronomía ha sido mi pasión desde chico, mogollón de años en la AAB, la asociación astronómica de Barbará. Y, entonces, porque no deja de resonar ahora en mi cabeza la palabra geología. Una vez y otra. Si no tengo ni puñetera idea de geología, si escucho a un geólogo hablar y hablan raro, es como si escuchase Klingon. Y encima, ahora no dejo de mirar piedras. Y además, ayer me leí en francés un tratado geológico del Siroua... y en francés, si no tengo ni papa de geología, y en francés, pa flipar…. Pero lo raro, es que no se me hace ajeno, no sé si me explico: parece que me gusta, y me gusta porque cuando voy entendiendo términos y aspectos, estos se integran con lo que yo ya sé, como llenando huecos. Al leer el artículo del Siroua, le pude `poner nombre a las formaciones que yo había visto con mis propios ojos. Y esto cambia totalmente el paradigma
«Creo que nuncando», escribió, «había visto las cosas con tanta distancia como ahora».- hume
En los últimos días he sido capaz de ver mi vida desde una gran altura, como si fuera un paisaje, y con una percepción cada vez más profunda de que todas sus partes están conectadas. Aunque eso no significa que ya no quiera saber nada de la vida. Por ebookelo.com - Página 15 el contrario, me siento intensamente vivo, y quiero y espero, en el tiempo que me queda, estrechar mis amistades, despedirme de aquellos que amo, escribir más, viajar si tengo fuerzas y ser capaz de comprender y conocer más y mejor. Para ello hará falta audacia, claridad y llamar a las cosas por su nombre; intentaré saldar cuentas con el mundo. Pero también habrá tiempo para divertirse (e incluso para hacer un poco el tonto). De repente veo las cosas con claridad y perspectiva. No queda tiempo para lo superfluo. Debo concentrarme en mí mismo, en mi trabajo y mis amigos. Ya no veré cada noche el noticiario en televisión. Ya no prestaré atención a los políticos ni a los debates sobre el calentamiento global. No se trata de indiferencia, sino de distancia. Todavía me preocupa mucho Oriente Medio, el calentamiento global, la creciente desigualdad, pero ya no son asunto mío; pertenecen al futuro. Me llena de alegría conocer a jóvenes con talento, incluso al que me hizo una biopsia y me diagnosticó las metástasis. Siento que el futuro está en buenas manos. Desde hace unos diez años soy cada vez más consciente de la muerte de mis coetáneos. Mi generación está ya en la puerta de salida, y siento cada muerte como un desprendimiento, como si me desgarraran una parte de mí. Cuando hayamos desaparecido, no quedará nadie como nosotros, pero lo cierto es que nadie es igual a los demás. Cuando alguien muere, no se le puede reemplazar. Deja un agujero que no se puede llenar, pues el destino —el destino genético y nervioso— de cada ser humano consiste en ser un individuo único, en encontrar su propio camino, vivir su propia vida, enfrentarse a su propia muerte. No voy a fingir que no estoy asustado. Pero mi sentimiento predominante es el de gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído y viajado, he pensado y escrito. He mantenido un diálogo con el mundo, ese diálogo especial que mantienen los escritores y los lectores. Por encima de todo, he sido un ser sintiente, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, en sí mismo, ha sido ya un enorme privilegio y una aventura.
Espero con impaciencia, casi con ansia, la llegada semanal de revistas como Nature y Science, y enseguida busco los artículos sobre ciencias físicas, y no, como quizá debería, los artículos sobre biología y medicina. Son las ciencias físicas las que primero me sedujeron, siendo niño. En un número reciente de Nature aparecía un fascinante artículo del físico ganador del Premio Nobel Frank Wilczek, en el que explicaba una manera nueva de calcular las masas ligeramente distintas de los neutrones y los protones. Los nuevos cálculos confirman que los neutrones son un poco más pesados que los protones —la relación de sus masas es de 939,56563 a 938,27231—, una diferencia trivial, podría pensarse, pero, de haber sido distinta, el universo tal como lo conocemos nunca se habría llegado a desarrollar. La capacidad de llevar a cabo este cálculo, escribió el doctor Wilczek, «nos anima a predecir un futuro en el que la física nuclear alcance ese nivel de precisión y versatilidad que la física atómica ya ha alcanzado», una revolución que, por desgracia, yo nunca veré. Francis Crick estaba convencido de que «el arduo problema» —comprender cómo el cerebro da lugar a la conciencia— se resolvería en 2030. «Tú lo verás», le decía a menudo a mi amigo Ralph, que es neurólogo, «y puede que tú también, Oliver, si llegas a mi edad». Crick vivió casi hasta los noventa, y trabajó y reflexionó sobre la conciencia hasta el último momento. Ralph murió de manera prematura a los cincuenta y dos, y yo, a los ochenta y dos, sufro una enfermedad terminal. Debo decir que tampoco me preocupa mucho «el arduo problema» de la conciencia, pues la verdad es que tampoco lo veo como un problema; pero me entristece no ver la nueva física nuclear que el doctor Wilczek imagina, ni tampoco miles de nuevos adelantos en las ciencias físicas y biológicas.
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