EL HORIZONTE DE LA NADA — La Nada y el Hombre —

Jordi Maqueda  / EL HORIZONTE DE LA NADA  — La Nada y el Hombre —



Puedo comprender la ausencia del Ser, pero
¿Quién puede comprender la ausencia de la Nada?
Si ahora, encima de todo, el No-Ser Es,
¿Quién puede comprenderlo?

La Luz de las Estrellas y el No-Ser (chuang - Tzu)


Hace muchísimo tiempo que las ciencias se olvidaron de la Nada: unas ciencias, cuya razón última es buscar el ente, rechazó y olvidó a la Nada por siglos, la experiencia de una Nada que hoy les es del todo ajena. Sin embargo, luego esa misma ciencia que negaba, creyó encontrarla en una sustancia; un vacío que, en rigor, no lo está, como ellos mismos admiten. Si bien lo que no admiten es su error, al buscar fuera lo que se revela dentro. Pues el alcance de dicha experiencia, es cierta comprensión, que iniciándose con Parménides se impone incluso hoy las facultades de filosofía, y señala, que la nada no se puede decir ni pensar. Curiosamente, la concepción que tienen los científicos hoy de la Nada —al igual que hace 100 años— es “que saben de la Nada, en la medida precisa, en que de la Nada, nada quisieron saber:”—Heidegger. No la entienden, ni ubican o ubican mal. Pues si no se renuncia a esa aspiración obsesiva a la totalidad, a la santificación de la ciencia omnicomprensiva, no se puede transformar el tejido sensible de nuestras experiencias, que implica “reconocerse a sí mismo en lo extraño”. Así, la renuncia a la construcción de una realidad que comprende e incluye todo, descansa, como toda renuncia, en un encuentro o experiencia de la Nada. Sin embargo, encontramos que la ciencia en tanto más entiende de corpúsculos, sigue ignorando el tránsito (-). Schopenhauer percibió esta tendencia a rechazar todo lo relativo a la nada de Occidente: “temen a la Nada, al igual que los niños temen la oscuridad” — pensaba; Occidente emprendió una huida de la Nada que aún hoy continúa y el problema es que en esta época de fisura (Paniker), y lucidez (Paniker) y autorretratos, el pensamiento debe ensayar nuevos caminos y preguntarse por la posibilidad de dar un salto desde el horizonte del dogmatismo al horizonte de la Nada, y dejar de andar: “en busca del Unicornio”.

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