ENTENDER LA NADA, PARA LUEGO ENTENDER LA NADA / Sobre la Nada y el Hombre

Jordi Maqueda / ENTENDER LA NADA, PARA LUEGO ENTENDER LA NADA/ La Nada y el Hombre

 ENTENDER LA NADA, PARA LUEGO ENTENDER LA NADA
LA NADA A LO LARGO DEL TIEMPO
NUEVAS PERSPECTIVAS DE LA NADA, O SENCILLAMENTE: "LA NADA"
LA RELEVANCIA MULTIDISCIPLINAR DE LA NADA
¿QUEREMOS REALMENTE INTERPELAR A LA NADA?
¿QUÉ QUEREMOS NOSOTROS ( LAS PERSONAS)  DE LA NADA?
¿Qué quiero yo de la Nada?

“Todo lo que se ignora, se desprecia; y todo lo que se desconoce se teme”
¡No puedes hablar de la Nada, sin hablar igualmente del hombre!
No puedes hablar del hombre sin hablar de sus propios límites;
Y no puedes hablar de sus límites, sin nombrar la Nada.
Pues son aquellos de la Nada, sus propios límites.

Para poder entender el rol de la Nada y su papel hoy en nuestra sociedad y en nuestras vidas, debemos pensar y entender, primero, qué ha ocurrido con ella, con la Nada — aunque sea muy brevemente— a lo largo del tiempo, desde su concepción y a lo largo de la historia hasta ahora.

LA NADA A LO LARGO DEL TIEMPO

A la Nada a lo largo del tiempo se la ha visto desfigurada: con muy distintas caras y funciones; perfiles estos, de una Nada, siempre ajustada y modelada por la subjetividad humana y unos intereses propios o religiosos (antaño) cuando no, por los propios miedos ocultada. A aquella Nada original e “inasible” en su origen, se le fueron asignando papeles y relaciones con un mundo al que no pertenecía: el nuestro, a modo de sofocar la angustia original que causaba, saber de ella y no poder entenderla y ubicarla, al mismo tiempo, que de esta manera se cubría su carácter original con un sucinto velo, pues, si hay algo que teme el hombre es, precisamente, el desvelo de la Nada: de aquello que es contrario a ser y al Ser; de aquello que todos han rechazado como opuesta o contraria a de lo más meritorio y digno en el ser humano, como si con ella, al conocerla, no hubiera motivos para seguir viviendo, pues desvelar la (Nada Absoluta) sería como desvelar y reconocer, aquello más terrible para el ser humano, y que lo atormenta desde el inicio de los tiempos: la muerte, la propia muerte, y con ella, la inexistencia absoluta tras ella..

NUEVAS PERSPECTIVAS DE LA NADA, O SENCILLAMENTE: "LA NADA"

La consideración de la Nada, por tanto, no precisa hoy de una nueva perspectiva: otra que lleve a más confusión y controversia de la existente. Lo que precisa la Nada es, primero, revelar y entender hoy su papel entre nosotros en la sociedad, ocupando ciertos roles —en la cultura, la ciencia, etc— que no la pertenecen (me refiero a esa Nada que se ve sin verla y que todos más o menos entendemos) para entonces poder reconocerla, y luego apartar ese velo que la cubre, dando paso así (a lo que no entendemos / no queremos entender) revelándola tal y como, lo que es y aceptando ésta como: la Nada absoluta (lo que no-es) o quiza, lo que es.

LA RELEVANCIA MULTIDISCIPLINAR DE LA NADA

Para entender la importancia y relevancia de la Nada en nuestros días, tan solo hemos de echar un vistazo, comprobando que la Nada puede ser abordada desde distintos campos del conocimiento. No en vano su carácter inicial, ha sido generadora de atractivo y seducción desde los distintos planteamientos del saber y cuestión persistente desde tiempos de Heráclito. Los filósofos clásicos, ya en la antigua Grecia y en un esfuerzo intentan comprenderla: para luego ser los primeros en negarla y rechazarla (Tales, Parménides). Sófocles, al igual que otros literatos, intentaron describirla; los atomistas y matemáticos descifrarla. Desde San Agustín a inicios de la Edad Media se le ha tratado de negar para reivindicar la divinidad, Eckhart la unificó con la Deidad; los astrónomos han tratado de localizarla y desde los estoicos se la entendió, dándole lugar más allá del universo; los científicos llenaron de éter lo que podría ser la Nada hasta llegar a la física cuántica donde unos, los físicos, la conciben como origen del universo o el cero y otros, los filósofos, en dialéctica con el Ser. Por todo ello, podemos comprobar dado el número de disciplinas en las que se encontró y encuentra implicada, que la hallamos igualmente relacionada con algunas de las preguntas fundamentales que el hombre ha podido hacerse y sea lo largo de los tiempos y aún hoy se hace, como la vida y la muerte, la existencia o no, sobre el ser o el no-ser, sobre el cambio, el movimiento, el espacio, la materia, el vacío, o el mismo “origen del universo”, comprobamos como en todos ellos la Nada siempre está presente. Pero, siendo así, ¿cómo algo que está siempre tan presente puede ser excluido de nuestra percepción? Sencillamente, porque al hablar de la Nada hoy ya no pensamos en un significante indiferenciado o como antaño hicieron los griegos, sino, que pensamos y hablamos de un significante diferenciado, habiendo cosificado una idea, algo abstracto, que solamente habitaba antaño nuestra mente, y convirtiéndolo en una cosa, algo concreto que podemos no, solo representar, sino dar sentido y lugar… sea el vacío, el cero, o un sentimiento de vacío y angustia en nuestra mente. Pero, este modo, lo que enfrentamos ya no es la Nada —que sigue tras su velo— sino aquello o aquel significado de algo con que la cubrimos y a través del que a nosotros, al hombre de hoy, se nos representa, la entendemos y representamos. La misma razón, por cierto, por la que aquello que no debería ser, luego “es”.

¿QUEREMOS REALMENTE INTERPELAR A LA NADA?

Entre las dos grandes ideas de la Nada siempre enfrentadas, la filosófica y la cientificista —en estos tiempos aún más enfrentadas, si cabe— la idea primera (filosófica) prevalece en “un sentido válido” sobre la última (cientificista) que ella misma niega. Pues, mientras el pensamiento lógico, cientificista y varias concepciones filosóficas han impedido la posible fructificación de una idea de la Nada más vinculada a la vida real del hombre ((el pensamiento occidental no ha dado la suficiente credibilidad a las cuestiones sobre la Nada tal como sucede en Oriente, y sigue en esa misma línea)) es la filosofía, o una parte de ella, la que entiende que “al haber excluido a la Nada del pensamiento, nos estamos perdiendo buena parte del Todo”, pero ¿de qué todo nos habla? ¿A qué todo nos refiere? Y aquí es donde se rompen, o más bien: rompo los papeles…

Acaso la Nada de Heidegger, Sartre o David Z. Albert es más real que la Nada de S.Hawking & Hertog, Viatcheslav Mukhanov o Lawrence Krauss, o bien, únicamente ocurre que es más fácil de aceptar esa Nada: más cercana, reconocible y próxima, mientras la otra Nada (relacionada con el vacío) permanece en un limbo; o, acaso, no son la una y otra igualmente dos velos distintos que ocultan el mismo miedo /la misma no-cosa, tan inasible y desconocida a los mortales como siempre lo ha sido... La situación nos requiere y es tiempo de hacerlo

¿QUÉ QUEREMOS NOSOTROS DE LA NADA?
¿Qué quiero yo de la Nada?

La ciencia, la filosofía, pero sobre todo la sociedad, y si cabe aún más la sociedad occidental ha incidido en todos nosotros —en nuestra forma de pensar e interpretar— de tal forma, que hemos concebido la existencia, la vida y el mundo de manera dirigida, miope y rudimentaria (parecida más a servir a un artificio que como una realidad, nuestra realidad) No observamos ya las cosas por nosotros mismos, no las miramos (salimos al campo y damos por sentado conocer todo aquello que nos rodea) que otros miraron y catalogaron antes por nosotros: los mismos que nos dicen no solamente qué y cómo son esas cosas, sino igualmente, cómo han de ser otras; Incluso, nos dicen que está mal o está bien (casi siempre en función de su practicidad o utilidad). A ese punto hemos llegado.

Quizá interpelar la Nada, por uno mismo, sea el mayor acto de sedición que puede hacer hoy una persona, cuestionando los fundamentos de todo aquello que damos por sentado: conocimiento cierto e inamovible, científica y filosóficamente yendo no, contra todo, sino hacia todo y de frente. Es este sentido preguntarse si es oportuno despertar el espíritu la Nada / hacerle saber que dudamos de ella/ negar-la, pues no se nos revela / a la vez de poder considerarla en su sentido mayor —ese mismo sentido que ciencia y filosofía ignoran— parece un interesante viaje de descubrimiento, donde como tal, el descubrimiento mayor, consecuente y de todos será, finalmente, el de uno mismo: los propios límites y las propias capacidades, al emprender un camino a la comprensión de una Nada, que (partiendo de nada) aporta un potencial trans-disciplinar (donde se prioriza al aventurero unas necesidades nuevas de conocimientos para poder luego conceptuar y juzgar) dentro de la que será una actitud holística que permitirá, quizá, entender la Nada desde toda perspectiva que se reconozca abierta y honesta en nuestro camino de descubrimiento y su posible revelación.

Así, al preguntarme, desde el primer momento que decido interpelar a la Nada por mi mismo, ya no busco aquellas respuestas que puedan aportarme otros, sino que premia el cómo llegar uno mismo a ella. Es más, llegado cierto punto y comenzado el viaje, tampoco importará la pregunta ¿qué queremos nosotros (las personas) de la Nada? Ni siquiera importa ya, ¿qué quiero yo de la Nada? Pues surge inmediatamente aquella otra cuestión más temida y siniestra si cabe, por la que tantos quizá dejaron de buscar y, que no es otra que la siguiente: ¿Quiere la Nada algo de mí? Quiere la Nada o espera algo de todos nosotros.

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