¿PUDO SURGIR LA NADA DEL BIG BANG? ¿CÓMO?

Si os da miedo la oscuridad es mejor no seguir leyendo: “La última estrella se irá enfriando poco a poco y al final se desvanecerá. Con su muerte el universo volverá a ser un lugar vacío, carente de luz, vida o significado”. Según el físico Brian Cox, la muerte de la última estrella será solo el principio de una era infinitamente prolongada y oscura: toda la materia terminará siendo devorada por monstruosos agujeros negros, que posteriormente se evaporarán hasta quedar reducidos a tenues destellos de luz. El espacio se expandiría infinitamente hacia afuera hasta que incluso esos tenues destellos luminosos quedarán demasiado diseminados como para interactuar de alguna forma. No habrá ningún tipo de actividad. Hasta aquí la versión moderna de un Nostradamus de la física

Mi naturaleza me obliga a dudar de casi todo, y esta es una de esas ocasiones, cuando leo afirmaciones que se prolongan hacia un infinito inescrutable, que todos desconocemos. “el mundo es “todo lo que es el caso” (lo que acaece)” — Wittgenstein. El Tractatus Logico-Philosophicus es la primera obra de Wittgenstein, de la que procede la cita anterior, fue publicada en 1921. La intención de Tractatus queda expresada claramente en su “Prólogo”: Trazar un límite al pensar. Pero, tal tarea es complicada, pues precisamos exponer, igualmente, los dos lados de este límite (lo expresable y lo inexpresable) y, solo podemos pensar lo que podemos expresar mediante el lenguaje. Por tanto, el límite solo podrá ser trazado en el lenguaje, considerando que lo que hay más allá de él es un sinsentido (Unsinn). Sin embargo, ciertas especialidades científicas poseen un lenguaje propio y más extenso y concreto en conceptos, aceptados (como posibilidad que no implica certeza) que han dotado al pensamiento (y al lenguaje) de nuevos límites: teoría y posibilidades en ese campo que implica al espacio y el tiempo. Pero y, aunque la realidad es como es, esta podría ser de otra manera. Sin que la aleatoriedad de lo real no signifique que el mundo o el universo carezcan de lógica y sentido. En todo caso, los pensamientos (afirmaciones) fundamentales que aporto Wittgenstein se expresan mediante aforismos debidamente numerados y son siete: El mundo es todo lo que es el caso (lo que acaece); Lo que es el caso (lo que acaece), el hecho, es el darse efectivo de estados de cosas; La figura lógica de los hechos es el pensamiento; El pensamiento es la proposición con sentido (sinnvolle); La proposición es una función veritativa de las proposiciones elementales. (La proposición elemental es una función veritativa de sí misma). La forma general de la función veritativa es: [p,ξ, N(ξ)]. Ésta es la forma general de la proposición; y la última y más importante: De lo que no se puede hablar hay que callar.

Pero volvamos por dónde íbamos, sobre si es posible la afirmación anterior: no habrá ningún tipo de actividad. No ¿O quizá sí? A estas alturas no nos resulta extraño que, en relación con estos temas, entre físicos y cosmólogos discutan entre sí y algunos de ellos se desmarquen o propongan enmiendas a lo dicho por otros. Y resulta que, algunos cosmólogos creen que hubo un universo oscuro y vacío, muy similar al que habrá en un futuro lejano, que podría haber estado en el origen de nuestro propio universo y el Big Bang. Pero antes de llegar a eso veamos cómo ese "material"—(es decir, esa materia física primera) surgió por primera vez. Si lo que pretendemos es explicar el origen de la materia estable compuesta por átomos o moléculas, realmente no había nada de eso durante el big Bang (ni tampoco durante los cientos de miles de años que le siguieron). Lo cierto es que poseemos un conocimiento bastante detallado sobre cómo los primeros átomos se formaron a partir de partículas más simples una vez que las condiciones se enfriaron lo suficiente para que la materia compleja pudiera ser estable, y también sobre cómo estos átomos se fundieron más tarde con elementos más pesados dentro de las estrellas. Pero ese conocimiento no contesta a la pregunta de cómo algo pudo surgir de la nada.

Remontémonos entonces un poco más atrás. Las primeras partículas de materia de existencia prolongada de cualquier tipo fueron los protones y los neutrones, que al unirse forman el núcleo del átomo. Estos empezaron a existir aproximadamente una diezmilésima de segundo después de que se produjera el Big Bang. Antes de ello, en realidad, no había ningún tipo de material en ninguno de los sentidos habituales del término. Pero la física nos permite remontarnos aún más atrás en el tiempo, hasta los procesos físicos que precedieron la existencia de la materia estable.

Esto nos lleva a la denominada “gran época unificada”, lo que nos lleva a su vez a entrar de lleno en el ámbito de la “física especulativa” (o imaginar), ya que en los experimentos no se puede generar la energía suficiente como para reproducir el tipo de procesos que en ese momento deberían estar teniendo lugar. Pero una hipótesis plausible es que en ese momento el mundo físico estaba compuesto por una mezcolanza de partículas elementales de existencia limitada entre los que se encontraban los quarks, es decir, las unidades fundamentales que conforman los protones y los neutrones. Había tanto materia como antimateria, y en cantidades prácticamente equivalentes. Cada tipo de partícula de materia, como por ejemplo un quark, tenía una contraparte de antimateria, una “imagen espejo” que era prácticamente idéntica a ella, y que únicamente difería en un aspecto. Sin embargo, la materia y la antimateria se aniquilan mutuamente en una explosión de energía cuando se encuentran, lo que significa que estas partículas se creaban y se destruían de forma constante.

¿Pero cómo empezaron a existir estas partículas? La teoría cuántica de campos nos dice (las ecuaciones) que incluso en un vacío que supuestamente pudiera corresponderse con valores espacio-temporal nulo (todos los valores equivalen a cero), este estaría plagado de actividad física, y que dicha actividad se manifiesta bajo la forma de fluctuaciones energéticas. Estas fluctuaciones pueden hacer que aparezcan partículas, que, sin embargo, desaparecen poco después. Todo esto podría sonar más a excentricidad matemática que a física real, pero dichas partículas han sido detectadas en innumerables experimentos. Por tanto, estado de vacío espacio-temporal se ve alterado por partículas que se crean y se destruyen de forma constante, y que aparentemente “surgen de la nada”. Pero quizá lo que de verdad nos diga todo esto es que el vacío cuántico, a pesar de su nombre, es algo en lugar de nada (no es la Nada). El filósofo David Albert es el autor de una célebre crítica a los enfoques sobre el Big Bang que, apoyándose en esta teoría, prometen explicar cómo algo puede surgir de la nada. (Entiéndase: no está de acuerdo)

David Z. Albert (n. 1954) es Profesor de Filosofía Frederick E. Woodbridge y Director del Programa de Maestría en Fundamentos Filosóficos de la Física en la Universidad de Columbia en Nueva York. Recibió su licenciatura en física de Columbia College (1976) y su doctorado en física teórica de la Universidad Rockefeller (1981) con la profesora Nicola Khuri. [Por lo tanto, hablamos de un físico, que además es profesor de filosofía] Posteriormente trabajó con Yakir Aharonov de la Universidad de Tel Aviv. Ha pasado la mayor parte de su carrera en el departamento de filosofía de la Universidad de Columbia, aunque también ha sido profesor visitante frecuente de filosofía en la Universidad de Rutgers. En 2015, fue elegido miembro de la Academia Estadounidense de Artes y Ciencias. Por lo que no podemos decir, que sea ajeno a los postulados actuales de la física y de cómo se llega a estos. Albert ha publicado tres libros, Quantum Mechanics and Experience (1992), [2] Time and Chance (2000) [3] y After Physics (2015), así como numerosos artículos sobre mecánica cuántica. Sus libros han sido elogiados y criticados por su estilo informal y conversacional.

Quantum Mechanics and Experience (1992) fue un libro escrito como un texto básico y como en un intento de agregar a lo que entendemos actualmente, y a lo sumo nivel avanzado, sobre lo que el autor cree es la dificultad central en los fundamentos de la mecánica cuántica: la dificultad acerca de la medición. Los primeros cuatro capítulos son una introducción más o menos sencilla a esa dificultad: El Capítulo 1 trata sobre la idea de la superposición, que es lo que más distingue la imagen mecánica cuántica del mundo de la clásica, y de donde proviene todo lo desconcertante de la mecánica cuántica. Capítulo 2: establece, de una manera que no supone nada en absoluto, en la medida en que entiendo cómo hacerlo, sobre la preparación matemática del lector, el formalismo estándar de la mecánica cuántica y describe la sabiduría convencional sobre cómo se debe pensar sobre ese formalismo. El capítulo 3 trata sobre el argumento de Einstein-Podolsky-Rosen y cómo ese argumento fue sorprendentemente socavado por Bell (y se insiste allí, por cierto, que el descubrimiento de Bell en realidad se malinterpreta con mucha frecuencia; se insiste en que Bell descubrió algo no solo sobre teorías de variables ocultas sino también sobre mecánica cuántica y también sobre el mundo). Finalmente, el Capítulo 4 establece explícitamente el problema de la medición.El resto del libro (que es la mayor parte del libro) se ocupa con investigaciones de esas ideas acerca de qué hacer con el problema de medición que me parece que tiene alguna posibilidad de tener razón:
Capítulo 5: es una descripción y una crítica de la idea del colapso de la función de onda (con una discusión detallada del reciente avance de Ghirardi, Rimini y Weber). Capítulo 6, trata sobre una cierta tradición muy confusa, pero (quiero argumentar) muy interesante, de pensar sobre el problema de la medición que se llama (engañosamente) la interpretación de "muchos mundos" de la mecánica cuántica. Capítulo 7 trata sobre un reemplazo completamente determinista de la mecánica cuántica debido a de Broglie y Bohm y Bell. Y el Capítulo 8 trata sobre cómo puede ser potencialmente la vida mental de los observadores conscientes, si alguna de las propuestas discutidas en 6 y 7 realmente da resultado..


A partir de su Aparición en What the Bleep Do We Know !?

Albert apareció en la controvertida película What the Bleep Do We Know!? (2004). Según un artículo publicado en Popular Science , estaba "indignado por el producto final". [4] El artículo afirma que Albert concedió a los realizadores una entrevista de casi cuatro horas sobre la mecánica cuántica sin relación con la conciencia o la espiritualidad. Luego, su entrevista fue editada e incorporada a la película de una manera que tergiversó sus puntos de vista. En el artículo, Albert también expresa sus sentimientos de credulidad después de haber sido "tomado" por los cineastas. Aunque Albert aparece como un científico que participa en la secuela de What the Bleep , llamada "Down the Rabbit Hole", [5] esta secuela es un "montaje del director", compuesto por metraje adicional del rodaje de la primera película. La versión "Down the Rabbit Hole" presenta a Albert como el primer sujeto en la parte de la entrevista de la película. En esa entrevista, expresa su desacuerdo con la idea central del original "¿¡Qué diablos sabemos!?"

 

Pelea con Lawrence Krauss

En marzo de 2012, Albert publicó una opinión muy negativa de Lawrence Krauss libro ' Un universo de la nada: ¿Por qué hay algo en lugar de nada en el New York Times reseña del libro. [6] Krauss arremetía contra libros religión y la filosofía, y el libro fue citado por Richard Dawkins como comparable a Darwin ‘s origen de las especies, sobre la base de que da un vuelco de triunfo sobre los teólogo.’ En su reseña, Albert lamentó la forma en que las críticas vanguardistas de Krauss a la religión y la filosofía, afirmando que son "pálidos, pequeños, tontos, nerds", y expresa cómo "todo el asunto de abordar la lucha con la religión por kraus es como si fuera un juego de cartas, o una carrera de caballos, o algún tipo de batalla de ingenio,”. [6] En desacuerdo con la tesis central del libro de Krauss, Albert escribió:

 

La materia física elemental particular, eternamente persistente del mundo, de acuerdo con las presentaciones estándar de las teorías de campos cuánticos relativistas , consiste (como era de esperar) en campos cuánticos relativistas ... no tienen nada que decir sobre el tema de dónde provienen esos campos , o por qué el mundo debería haber consistido en los tipos particulares de campos que tiene, o por qué debería haber consistido en campos, o por qué debería haber existido un mundo en primer lugar. Período. Caso cerrado. Fin de la historia.

 

Krauss reaccionó con vehemencia y respondió en una entrevista publicada en The Atlantic , calificando a Albert de "idiota" y descartando la filosofía de la ciencia como inútil. [7] En marzo de 2013, The New York Times informó que Albert, quien previamente había sido invitado a hablar en el Debate en Memoria de Isaac Asimov en el Museo Americano de Historia Natural , en el que Krauss también fue un orador invitado, fue posteriormente rechazado. [8] Albert afirmó que "despertó la sospecha de que Krauss debió haber exigido que no me invitaran. Pero, por supuesto, no tengo pruebas

 

 

 

 

Imaginemos que nos preguntamos de dónde surgió el espacio-tiempo. En ese caso podríamos seguir remontándonos aún más atrás, a la realmente arcaica “Época de Planck”, un periodo tan temprano de la historia del universo que desafía nuestras mejores teorías físicas. Esta época abarcó solo una diez millonésima de una billonésima de una billonésima de una billonésima de segundo después del Big Bang. En este punto tanto el tiempo como se espacio se convirtieron ellos mismos en sujetos de las fluctuaciones cuánticas. Los físicos normalmente trabajan al margen de la mecánica cuántica, que rige el micro mundo de las partículas, y también de la relatividad general, que se aplica a las grandes escalas cósmicas. Pero para entender realmente la Época de Planck necesitaríamos una teoría unificada de la gravedad cuántica que fusionara ambas.

 

Todavía no tenemos una teoría de la gravedad cuántica perfecta, pero hay propuestas como la de la teoría de cuerdas o la de la gravedad cuántica de bucles. En estas propuestas el tiempo y el espacio ordinarios generalmente se conciben como elementos emergentes, como las olas en la superficie de un océano profundo. Y es que lo que experimentamos como espacio y tiempo es el producto de procesos cuánticos que operan a niveles más profundos, microscópicos; procesos que no tienen demasiado sentido para nosotros, que somos criaturas asentadas en el mundo macroscópico.

 

En la Época de Planck nuestro conocimiento ordinario sobre el espacio y el tiempo salta por los aires, de manera que tampoco podemos seguir aplicando la lógica ordinaria de las relaciones causa-efecto. A pesar de ello, todas las teorías posibles del campo de la gravedad cuántica sostienen que había algún tipo de sustancia física durante la Época de Planck; algún tipo de precursor cuántico del espacio y el tiempo ordinarios. Pero, ¿de dónde procedía eso?

 

Incluso si tenemos en cuenta que en la Época de Planck la causalidad no funcionaba de ninguno de los modos habituales, aún así habría sido posible explicar uno de los componentes del universo en términos de su correspondencia con otro. Por desgracia, en la actualidad incluso nuestros mejores físicos fracasan rotundamente a la hora de proporcionarnos respuestas a este respecto; hasta que no hagamos mayores progresos hacia una “teoría del todo” seremos incapaces de ofrecer una respuesta definitiva. Lo más que podemos decir con certeza en este momento es que, hasta ahora, la física no ha detectado ejemplos confirmados de que algo pueda surgir de la nada.

 

Ciclos que surgen casi de la nada

 

Para poder contestar realmente a la pregunta de cómo algo puede surgir de la nada necesitaríamos poder explicar el estado cuántico del conjunto del universo durante el inicio de la Época de Planck. Todos los intentos para llevar a cabo esta tarea siguen siendo altamente especulativos, e incluso hay algunos que apelan a la existencia de fuerzas sobrenaturales como un arquitecto del universo. Pero hay otras teorías que se mantienen dentro del ámbito de la física, como la del multiverso (según la cual éste contiene un número infinito de universos paralelos) o la de los modelos cíclicos del universo (que nacería y volvería a nacer una y otra vez).

 

Roger Penrose, ganador del Nobel de Física de 2020, ha propuesto un modelo de universo cíclico sugerente, aunque también controvertido, denominado “cosmología cíclica conforme”. Penrose se inspiró en una interesante conexión matemática entre un estado del universo muy cálido, denso y pequeño (que es como estaba en el big Bang) y un estado del universo extremadamente frío, vacío y expandido (que es como estará en un futuro lejano). Su radical teoría para explicar esta correspondencia se sustenta en que dichos estados se volvieron matemáticamente idénticos cuando alcanzaron sus respectivos límites. Por paradójico que esto pueda resultar, una ausencia total de materia podría haber provocado el surgimiento de toda la materia que hoy vemos a nuestro alrededor en el universo.

 

Desde este punto de vista, el Big Bang habría surgido casi de la nada; es lo que habría quedado después de que toda la materia del universo hubiera sido engullida por agujeros negros que posteriormente se habrían evaporado generando fotones que vagarían por el vacío. De este modo, todo el universo habría surgido de algo que, visto desde otra perspectiva física, sería lo más cerca que podríamos aproximarnos a la nada absoluta. Pero esa nada aún seguiría siendo algo; seguiríamos hablando de un universo físico, aunque estuviera vacío.

 

¿Pero cómo es posible que el mismo estado del universo sea frío y vacío desde una perspectiva y caliente y denso desde otra? La respuesta se halla en un complejo procedimiento matemático denominado “reescalado conforme”, una transformación geométrica que altera el tamaño de un objeto, pero no así su forma.

 

Penrose demostró cómo el estado frío y denso, por un lado, y el cálido y denso, por otro, podían relacionarse a través de esos reescalados de tal modo que podían corresponderse a través de las formas de sus respectivos espacio-tiempos, aunque no de sus tamaños. Lo cierto es que resulta difícil entender cómo dos objetos pueden ser idénticos según esta teoría cuando sus tamaños son diferentes, pero Penrose argumenta que el tamaño como concepto deja de tener sentido en unos medios físicos tan extremos.

 

En la cosmología cíclica conforme, la dirección de las explicaciones va de lo viejo y frío a lo joven y caliente: el estado denso y cálido existe porque también lo hace el frío y vacío. Pero este “porque” no tiene el significado habitual (el de una causa seguida en el tiempo por su efecto). No es solo que el tamaño deje de ser relevante en estos estados extremos; es que también deja de serlo el tiempo. De hecho, el estado frío y denso y el estado cálido y denso se sitúan en líneas temporales diferentes. El estado frío y vacío continuaría de forma indefinida en su propia geometría temporal desde la perspectiva de un observador, pero potenciaría que el estado denso y cálido ocupara una nueva línea temporal.

 

Para tratar de entender que el estado denso y cálido es producto del frío y vacío puede resultar de ayuda enfocar la cuestión desde algún tipo de perspectiva no causal. Quizá podríamos afirmar que el estado denso y cálido surge de, o está enraizado en, o es descubierto por, el estado frío y vacío. Se trata de ideas típicamente metafísicas que han sido desarrolladas en profundidad por filósofos de la ciencia, especialmente en el ámbito de la gravedad cuántica, donde se rompe la lógica clásica del causa-efecto. Y es que, cuando alcanzamos los límites del conocimiento, resulta difícil deslindar la física de la filosofía.

 

¿Evidencia experimental?

 

La cosmología cíclica conforme ofrece respuestas detalladas, aunque especulativas, a la cuestión de de dónde surgió nuestro big Bang. Pero, aunque las teorías de Penrose fueran validadas por los futuros adelantos de la cosmología, cabría pensar que seguimos sin ser capaces de dar respuesta a una pregunta filosófica más profunda; la pregunta sobre de dónde proviene la propia realidad física. Es decir, la cuestión de cómo funciona todo el sistema de ciclos.

 

De este modo, terminamos enfrentándonos a la pregunta descarnada de por qué hay algo en lugar de nada (que por otro lado es una de las grandes cuestiones metafísicas).

 

Pero aquí nos queremos centrar en las explicaciones que se limitan al ámbito de la física. Hay tres grandes opciones sobre la pregunta fundamental de cómo empezaron los ciclos. Podría no haber ningún tipo de explicación física. O podría tratarse de ciclos infinitamente repetidos, cada uno de los cuales conformaría por sí mismo un universo, en los que el estado cuántico inicial de cada universo sería consecuencia de alguna característica del universo anterior. O podría haber un solo ciclo con un solo universo que se repitiera, de tal modo que el inicio del ciclo explicara de algún modo su propio fin. Las dos últimas opciones no precisan de una causalidad concreta, lo que les otorga un atractivo especial. Y es que, de este modo, nada quedaría al margen de una explicación puramente física.

 

 

Los ciclos continuos correspondientes a los distintos universos de la cosmología cíclica conforme. Roger Penrose

Penrose concibió una secuencia infinita de nuevos ciclos impulsado por una serie de razones en parte ligadas a la interpretación sobre la teoría cuántica que él creía más acertada. En la mecánica cuántica un sistema físico existe en una superposición de varios estados diferentes a la vez y solo “elige” uno de forma aleatoria cuando lo medimos. Para Penrose, cada ciclo implica eventos cuánticos aleatorios que se producen de diferente manera, lo que quiere decir que cada ciclo será diferente tanto del anterior como del siguiente. Esto realmente supone una buena noticia para los físicos experimentales, ya que nos permitiría entrever el viejo universo que dio lugar al nuestro a través de huellas borrosas, o anomalías, en la radiación sobrante generada por el big Bang que puede observar el satélite Planck.

 

Penrose y sus colaboradores creen que podrían haber detectado ya estas trazas en la información suministrada por el satélite Planck sobre la radiación emitida por agujeros negros supe masivos en un universo previo. Sin embargo, la validez de estas observaciones ha sido puesta en duda por otros físicos, por lo que seguimos sin una certeza absoluta.

 

 

Mapa de la radiación cósmica de fondo de microondas. ESA and the Planck Collaboration This map shows the oldest light in our universe, as detected with the greatest precision yet by the Planck mission

La sucesión indefinida de nuevos ciclos resulta fundamental en la teoría de Penrose. Pero en la cosmología cíclica conforme se puede pasar con naturalidad de un modelo multiciclo a otro de un solo ciclo. En este último caso la realidad física consistiría en un solo ciclo que abarcaría desde el big Bang hasta un estado de vacío máximo en el futuro lejano… Y luego volvería a producirse ese mismo big bang, que daría lugar a un universo idéntico una y otra vez.

 

Esta última posibilidad es compatible con otra interpretación de la mecánica cuántica, la denominada “interpretación de los universos múltiples”. Esta sostiene que cada vez que medimos un sistema que se encuentra en una superposición, esta medición no selecciona un estado de forma aleatoria. En lugar de ello, el resultado de la medida que observamos es solo una posibilidad (aquella que se desarrolla en nuestro propio universo). Los otros resultados de las medidas se desarrollan en otros universos del multiverso, que en efecto son completamente independientes del nuestro. De ahí que no importe lo pequeña que sea la posibilidad de que algo ocurra, ya que, si esta no es cero, habrá ocurrido en algún otro de los mundos paralelos cuánticos. Existe gente exactamente como usted que ha ganado la lotería, que ha sido arrastrada a las nubes por un tifón terrorífico, que ha sufrido una combustión espontánea, o a la que le han ocurrido las tres cosas a la vez.

 

Algunas personas creen que esos universos paralelos también podrían ser observables en términos de datos cosmológicos, como huellas provocadas por otro universo que estuviera colisionando con el nuestro.

 

La teoría cuántica de los universos múltiples le puede aportar un nuevo enfoque a la cosmología cíclica conforme, aunque no uno con el que Penrose esté de acuerdo. Nuestro big Bang pudo suponer el segundo nacimiento de un solo multiverso cuántico que contuviera un número infinito de universos diferentes que existieran de forma simultánea. Todo lo posible termina ocurriendo (y luego volvería a ocurrir una, y otra, y otra vez).

 

Un antiguo mito

 

Para un filósofo de la ciencia, la propuesta de Penrose resulta fascinante. Abre nuevas posibilidades de explicación del big bang debido a que lleva nuestros razonamientos más allá de la lógica habitual causa-efecto. Hablamos, por tanto, de un gran punto de partida para explorar las diferentes formas en que la física puede explicar nuestro mundo y que merece, por tanto, más atención por parte de los filósofos.

 

Para un amante de los mitos, además, la propuesta de Penrose resulta hermosa. En su posibilidad cuántica preferida, la de los ciclos continuos, yace la promesa de una serie infinita de nuevos mundos que nacerán de las cenizas de sus antecesores. Y en la posibilidad del ciclo único, se trata de una impresionante reelaboración de la antigua concepción del uróboro o mundo serpiente. En la mitología nórdica la serpiente Jörmungandr es hija de Loki, un astuto timador, y de la gigante Angrboda. Jörmungandr devora su propia cola, y el círculo que crea al hacerlo sostiene el equilibrio del mundo. Pero el mito del uróboro ha sido representado por culturas de todo el mundo, incluidas algunas tan arcaicas como la del antiguo Egipto.

 

 

Un uróboro en la tumba de Tutankamón. Djehouty/Wikimedia

El uróboro que supondría un universo cíclico único es majestuoso de por sí. En su tripa contendría tanto nuestro propio universo como el resto de inquietantes y maravillosos universos posibles alternativos que contempla la física cuántica. Y el punto en el que la cabeza se encuentra con la cola supondría un vacío absoluto, pero al mismo tiempo un espacio repleto de energías a temperaturas de cientos de miles de millones de millares de millones de billones de grados Celsius. Hasta Loki, el que cambia de forma, estaría impresionado.

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