En Aceuchal, Badajoz (España); a 8 de abril de
2024.
( § ) Sobre La Palabra
La escritura (la palabra) nos
recuerda Husserl, en El origen de la geometría: no sólo es
un medio auxiliar al servicio de las ciencias y eventualmente su objeto, sino que antes de ser su objeto la escritura (la palabra) ya (“es”) la condición de la episteme, es decir: conocimiento en
tanto «conocimiento justificado como verdad»,. Pero (la palabra) (es)
–y (es) como proyección del lenguaje: de la conciencia), y por tanto (es)
también posibilidad (como potencia de voluntad (de la conciencia) de ser (hacia
→ (como verdad y realidad). luego la palabra (es) Aquello (por la que nos
podemos proyectar (a otros) y reconocernos (de otros), como verdad que somos
reconociéndonos los unos a los otros, pero igualmente (reconociéndonos a nosotros mismos, de nuestras propias
palabras, en ellas (en las palabras) como proyección de la propia conciencia (participada
del lenguaje –como una conciencia- que
pueden reconocer, y por el que puede igualmente proyectarse (otro) por la
palabra (proyectándose (él) como verdad
(que es→ (eso) que nuestras propias palabras significan de nosotros (en lo
dicho, pero igualmente → en lo no dicho / de las propias palabras), en las que
otros, se puede reflejar y reconocer (de ellas).
Pero la palabra, si hemos
entendido lo de arriba, conlleva peligros, de los que muchos son dramáticamente
inconscientes. Heidegger lo reconoce así, y también avisa, basado en la
consideración de que a través de ella, de la palabra, es fácil caer en el error
y la desilusión, como producto de algo que (es) conciencia (de alguien que la
proyecta), y por tanto (de alguien concreto, que podemos reconocer por la
palabra al significarse de ella, y hacer consciente a una persona (otra persona
concreta) de su propia conciencia proyectada de sus palabras (hacia→ ser en
otra persona). De tal modo (observamos como la palabra es esgrimida representando
ideas (representaciones mentales / artificios), que al verse probados con la
realidad, pueden, muchas veces, no encontrar correspondencia (no ser entendidos
y confundirnos): al no reconocer de ahí (de la palabra→ de la conciencia que la
proyecta y podemos reconocer), sino igualmente una sombra de las que entendemos
(ahí-algo que no reconocemos, ni en lo que nos podemos reflejar, pues habla de Nada: refiere nada en tanto «conocimiento
justificado como verdad» de Nada.
De tal modo, el hombre
queda sumido en una irrealidad como sucede tan a menudo a muchos autores: representantes
de lo absurdo, que confunden lo esencial con lo no esencial, difuminando así el
genuino decir (a lo que la palabra debería servir), poniendo en peligro su
función esencial. Un peligro además, que va más allá, pues afecta no solo a los
que escriben y difunden esa palabra o pensamiento (irreal) e inservible, sino a
sus interlocutores o lectores (que se sumen en la irrealidad del pensamiento
de (otra) persona). Esto parece dramático; y lo es. Pues somos
instruidos (desde pequeños estudiantes) e influenciados luego: en buena parte,
por las lecturas realizadas a lo largo de nuestra vida. Sin embargo,
encontramos (hoy) las estanterías repletas y rebosantes de lecturas inútiles
cuando no absurdas, que no aportan más que confusión, con poco o nada relevante
que decir al que lee (y vivir en el mundo real / bajo el sol y las estrellas.
Coincidirán conmigo que "Estos son malos tiempos. Los hijos han
dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros" —
Marco Tulio Cicerón. La gente escribe, y mucho: no paran de escribir (sobre
todo de las cosas que no son, pero en las que piensan (tienen ideas), mas no
aportadas de la propia experiencia (todos conocemos a alguien que toma la
imaginación como propia experiencia y realidad), luego cualquiera puede escribir
(de cualquier cosa), lo difícil es que lo escrito (aunque mal escrito) tenga
algún sentido ( de alguna cosa: una cosa), y más allá (de , aquello absurdo) a
lo que pretende dar un sentido del significado→ (y significándose) de sus propias palabras.
Los textos escritos de filosofía, entendidos
como «conocimiento justificado
como verdad» pensamos, que pueden ayudarnos a comprender mejor el mundo (entender
la verdad del mundo, de las personas y la vida), y por ello, igualmente
pensamos que la filosofía (entendida como verdad / justificado por la palabra
escrita) pueden ayudarnos a tomar, correctamente, nuestras propias decisiones.
Sin embargo, la filosofía (tal y como la entendemos hoy en día: tal y como la
expresamos al escribir—como pensamiento (razonamiento),
desarrollado a través de formularnos una pregunta (la quaestio)—, en
contra de los que muchos pueden creer, no va a ayudar al individuo, aunque (él)
(el individuo) pueda apoyarse en aquella, en tanto, el tiempo le proporcione algún
entendimiento de lo que ocurre (con la filosofía), a través (de recorrer objetivamente
la dilatada historia del pensamiento recogido de aquellos textos filosóficos
(de palabra de los propios autores), y mediante el juicio, establecido este de
la propia experiencia de sí mismo: frente a la realidad, a lo largo de su vida en
el medio en el que se desenvuelve: el
mundo. No demasiado apta, esta empresa para jóvenes inexpertos: cuando está
claro que pueden ser y son manipulados por las instituciones, precisándose de
un bagaje y experiencia “conocimiento de verdad” en la vida real; es decir:
precisando de una renuncia (de lo que se→ (es), para poder (ser→) reconociendo
y reconocido por la realidad.
La filosofía (a mi
entender) no ha buscado: antes / ni busca (ahora) sólo conocimiento, es decir:
no busca un saber (concreto), sino que directamente: La Filosofía deriva en la Razón, que es su razón de
ser. Y (de
su propia deriva) si encuentra (algo) en la arena de la playa: un conocimiento (que
le sea práctico), lo más probable es que
pretenda (de aquello) un establecimiento de ideas y doctrinas (un
edificio /o escuela) cuyas propuestas no siempre van a servir al individuo,
sino que (generalmente) servirán a dicha escuela, y a quienes
cualesquiera sirva esa filosofía (o escuela) [“pues en función del momento o
país donde se produzca habrá de servir como ‘superestructura’ a la política del
régimen o sistema de turno (como catalizador, de un modo de pensar y hacer común,
determinado de unos intereses), no así, servirá al individuo (que deja de ser un individuo)
pasando a convertirse en otro componente de dicha superestructura, uno más:
como albañil, soldado, medico, etc. De tal modo Aristóteles secundaba y
participaba, aunque no coincidía en exceso, con la política de Alejandro; la
escolástica igualmente sirvió al feudalismo: a reyes e imperios; y la escuela
de Kant (Kantismo) a Bismark (Gustavo Bueno, conferencias, Heidegger)].
En resumen, cada
universidad (y filosofía de turno), desde el momento en que se funda bajo la
tutela del estado (como parte de este), ha promovido y desarrollado (de sus
escuelas) un pensamiento acorde con ‘el propio régimen’ que las fundó, o en su
defecto, con aquel que (ahora) las mantiene. Así, (aquellos que están a sueldo
en las universidades) deben producir para esas universidades (y al estado las
mantiene o subvenciona) las cuales son propietarias, sino de sus pensamientos
(de sus escritos), y educar (a la vez) a otros en las doctrinas pertinentes
(que potencien la superestructura o paradigma existente) ganándose así el
sueldo. Luego y hasta que no abandonan éstas universidades del estado (o bien
renunciando a estar a sueldo / renunciando a lo que son, para (poder ser→ en su
propio camino) no serán soberanos en sus ideas, ni en ellos mismos (siempre determinados
a no-poder-ser (hacia→). “solo un Hércules puede contra los monstruos
morales e intelectuales de este mundo” — (decía más o menos Schopenhauer),
Por tanto, pocos
de todos aquellos libros y escritos de filosofía, nos ayudarán (como individuos a
movernos) (hacia→ ser (independientes y soberanos→ ser, en camino- en nuestro
camino) / cuando de partida, comprobamos que el propio pensador o filosofo no
es soberano en el suyo, ni en sus ideas (estando determinado), y debiendo
seguir (aquellos a sueldo) una línea determinada (preestablecida del propio
paradigma) y seguidas de otros antes que él, y de otros antes que aquellos:
obedeciendo, siempre a alguien que está por encima, pues no olviden: creerse libre, no es solo
es engañarse a uno mismo, sino que es el
mayor de los engaños. Si bien “la filosofía” en sí misma (como objeto de estudio /y observada
con perspectiva) sí nos podrá ayudar a conocer (de sí misma) la historia del
pensamiento (y a cada pensador, en su momento e historia); y con ello, intentar
comprender, de alguna manera, éste pensamiento, que es el pensamiento (del
ser humano / como especie agrupada en segmentos: grupos o estados, diferentes
entre sí, y heterogéneos en sí mismos) a lo largo del tiempo.
En definitiva, nos haremos
una idea de cómo funcionan y se establecen, a partir de ellos las sociedades; y
de cómo nos vamos
haciendo (como especie) /moviéndonos-cambiando: cayendo y levantándonos de
nuevo. Y lo
haremos, pero no desde la (interpretación de las instituciones o de otros) sino
desde aquel lugar (la palabra) proyectada del que la escribió (hacia quien lo
pudiese reconocer de estas), y que luego derivo en “instrumento” social. Luego,
y una vez comencemos a recorrer esta parte (de la historia, a partir de la
historia del pensamiento (escrito), podremos empezar a abordar no a la filosofía
(como instrumento), sino a los filósofos, es decir: abordaremos a las “propias personas”
que los escribieron (desde ese otro ángulo y perspectiva); por el que reconocemos (una
persona que se dirigen a otra persona) de sus propias palabras reconociéndolo como aquel / que es: de otra manera
(él) / y en el que podemos reflejarnos reconociéndolos de sus propias palabras
(hacia→) (a aquellos otros –nosotros- a
partir de sus propias experiencias y saberes, en la misma realidad y mundo /
que reconocemos proyectada (de un momento
dado / en un plano / de una forma que podemos reconocer –ahí (a aquella otra
persona, que se proyecto (de su propias palabras a los demás (a quienes
pudiesen reconocerlo (de otra manera) como igual: una persona (consciente) que se
proyectan hacia otra persona (consciente) (por la palabra).
La filosofía jamás fue cosa
de intelectuales, no crean eso. Ni la palabra fue- ahí / (es) → (para ser
objeto de estos: de intelectuales). Quizá, es cierto que desde cierto momento
histórico, se pretenda (por la palabra escrita) una filosofía analítica y
académica; pero, partiendo de aquellos primeros filósofos (todos poetas), al
decirse filósofos (aquellos sofistas más místicos e intuitivos que razonables) se
reconocían, así mismos aficionados (dados a nuevas experiencias); luego todos
somos aficionados al iniciar cualquier camino o experiencia [sobre todo si
entendemos, por escribir→ lo proyectado de la propia razón —a partir de una abstracción (una idea subjetiva) a nadie concreto—iniciar un nuevo camino].
En este sentido, podemos afirmar, que nadie posee un saber concreto (de
nada) que no sea concreto, y, menos: la verdad de todo, razonado a partir de nada.
Pero, podemos poseer la
propia verdad (de algo→ algo que sea concreto). En este sentido cada cual
encuentra su propia verdad (y para sí). En esta verdad (propia de cada uno) no
hay escuela, que no sea la propia experiencia de uno mismo → (recomponiéndose a
cada paso (hacia→) y enfrentando siempre el tornado de la realidad. Buscando (y
herrando: hayamos, cada uno nuestra realidad, y en ella (una verdad) la nuestra: no
la verdad que proponen e imponen otros, por medio de cualquier dialéctica: en instituciones,
o escuelas; sino la verdad que nosotros (por nosotros mismos y para nosotros) vamos
a descubrir (de la propia experiencia de la vida, en relación directa, con otras
personas y con todo (lo otro que es ahí) de nuestro horizonte dado.
Pues en el mundo “real” las
cosas no se muestran y afectan por igual a dos personas distintas, que
encontrarán resultados diversos a una misma experiencia compartida. Por tanto (de
los textos escritos / hallaremos palabras (proyectadas → de alguien concreto,
que lo proyectan a él: él (es) (la palabra), por la que se nos revela/de otra
forma (aquello que la proyecta→ (la razón) (de “el mismo”, y proyectado (él) de
esa forma (→ por la palabra) (como la propia conciencia: a través del
leguaje proyectada); pudiendo hallarlo a
(él) su autor (del propio texto proyectado de él y descubriendo )ahí→ caminos (recorridos
de (él) es decir: por otros / otras personas como nosotros/ y aprendiendo de
ellos: quizá tanto o más que de lo que escribieron, por lo que callaron y
oculto del propio del texto. Luego (en mi caso concreto) no me importará en qué
medida o hasta que punto pueda sentirme identificado de las necesidades de
otros, establecidas por la sociedad o, en qué medida en ellas encuentre
satisfacción: sigo (moviéndome ) ( hacia→) lo que puedo reconocer y en lo que
me puedo reflejar (hacia→) ser / aquel (uno) entre otros, todos individuos (diversos)
pero capaz de ser consciente de los otros, de los demás individuos desde su (horizonte) y de este: reconocer sus
aciertos, pero también sus errores / no precisando, de luego de aquel
camino que reconozco (errado) volverlo a recorrer.
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