TETRACROMATISMO O FLIPAR EN COLORES.

Jordi Maqueda / TETRACROMATISMO O, FLIPAR EN COLORES

PARTE PRIMERA



Generalmente las personas ―todos nosotros― transitamos sobre la superficie de la tierra , muchas veces sin percatarnos de esos pequeños detalles existentes, y que la naturaleza apenas nos muestra sin intuir lo que estos atesoran, detalles, que al querer mostrarse, parecería que de inmediato luego se ocultaran a ojos curiosos, como si se asomaran a nosotros, con esa timidez propia que muestra la naturaleza y que tanto gusta de ocultarse. Siendo, esos pequeños detalles ocultos ―cuya llave está en la luz― e, igualmente, las experiencias que devienen de la observación metódica, paciente y dilatada de estos, los que a mi ser, desde hace ya algún tiempo, más intrigan e interesan. Esto, por supuesto, puede sonar extraño a la gran mayoría, por no decir a todos. Sin embargo, todo tiene una explicación, más allá incluso de la sensibilidad emocional que se supone la observación paciente de la naturaleza.

Ignoro si para muchos —la mayoría de lectores— tendrá algún sentido o, si sencillamente, será de utilidad aquello que me propongo explicar. Espero que sí, al menos espero ayudar a otros que como yo, hace un par de años, se encuentren dentro de esta realidad: extrañados, de toda ella. En todo caso, y como cualquier físico pudiese afirmar, no albergo dudas en tanto a lo expuesto, sobre mis experiencias, (experiencias que he estudiado y reflexionado por mi mismo e, incluso comprobado minuciosamente) aunque, siempre cabe equivocarme —sea al modo de interpretar las impresiones o el significado último de estas— pues, son muchas y nuevas para mí, incluso algunas al modo de serlo ahora, lo eran distintas anteriormente. Podría incluso decir que mucho de lo que veo y experimento no tiene sentido, pero mentiría, pues como ocurre con la consciencia, solo aún no he encontrado su utilidad (practicidad) correcta, como tampoco el modo de explicarlo a otras personas: pues, parece más complejo, mucho más, que lo que se explica al respecto en algunos lugares, siendo, esta complejidad manifiesta de las experiencias muy superior al lenguaje con el que poder expresarlas, así como la capacidad de entenderlas para quien no las comparte. De modo, que intentaré explicarme lo más claro posible.

Hace unos años me percaté de que mi realidad, mi percepción de esta ― la luz (natural)― y la interpretación que hacía de las experiencias (la realidad) no era como la mostrada por otras personas estando frente a los mismos objetos físicos, siendo aquellos a mi lado insensibles a percepciones y sensaciones surgidas de la observación de las luz y los colores en las cosas. En un principio, relacione mis sensaciones a la sensibilidad emocional ―cuando te gusta la naturaleza, las plantas, los animales y las estrellas, te muestras más sensible a ella ― pero, con el tiempo, y debido sobre todo a la inquietud y la intensidad de las percepciones que sentía, y tras mucho investigar, averigüé, que posiblemente se trata de una alteración, donde todo me llevaba a una palabra: Tetracromatismo. Un nombre, al menos, reconocible, aunque el Tetracromatismo no esté reconocido de forma científica, siendo objeto de estudios en la actualidad, y dudo pueda estarlo, frente a la imposibilidad que supone, a quien no comparte con otro por igual las experiencias, comprenderlas. Admitiendo la ciencia ―este sería tan solo un medio para determinarlo, que no comprobarlo― que determinados genes posibilitan esa cualidad, aunque, sin poder por ningún medio demostrar luego, que el cerebro sea capaz, o genere las conexiones necesarias ―sean unas pocas, o todas ellas― para disfrutar, o aterrorizarse con la experiencia. Pues, créanme cuando les digo que puede ser, sobre todo al principio y si no se establece un código de interpretación adecuado, tan terrible, como alucinante. Siendo a mi entender, la intensidad y cantidad de los colores solo una consecuencia de la experiencia ― la evidente― no en sí toda ella, que será mucho más extensa y compleja. Pero vamos al grano: “Posesión de cuatro canales independientes para la recepción de la información de color a través de los ojos. Percepción de la realidad con mayor intensidad y brillo, colores «aparentemente invisibles» para los demás y mayor cantidad de experiencias visuales que el resto. Capacidad de ver rangos extremos del espectro de la luz invisible a ojos normales, como algunos tipos de radiación".

I
Para la mayoría puede no ser más que una rareza: de la que unos se asombran, otros se extrañan y la gran mayoría ignora. Lo cierto, es que esta particularidad de la visión, no es tan extraña en muchas especies de animales, presente en aves, peces, anfibios, reptiles, arácnidos e insectos. En esos casos, el animal —dice la ciencia— puede ver longitudes de onda (y esto es muy interesante, pues no solo refiere rango de canales visible de la luz: colores) que están fuera del espectro visible para la visión típica del ser humano, y pueden ser capaces de distinguir coloraciones, y otros tipos de radiación, que para el ojo humano corriente, o están ausentes, o parecerían ser colores idénticos. Pero, lo cierto es que cuanto más investigo, más cuenta me doy del desconocimiento al respecto de esta cualidad innata que algunas personas poseemos y —todo hay que decirlo— que iría mucho más allá de lo que refieren las publicaciones a primera vista: la capacidad de distinguir muchos más colores. Tanto es así, que ni yo creo ser capaz de encontrar y razonar, todas las posibilidades derivadas de esta cualidad. De ahí, igualmente, la razón de estas páginas: encontrar otras personas al igual que yo, extraviadas en este nuevo mundo de percepción y realidad, donde algunos vagamos como diente de león sobre el viento a la deriva, con un propósito, pero ignorando cuál es la finalidad de todo esto, o acaso, nuestro propio destino.


II
Toda verdad pasa por tres fases: primero es ridiculizada; segundo se le opone violentamente, tercero es aceptada como autoevidente — A, Schopenhauer.

A menudo, suele decirse que las personas experimentan los colores de modo diferente: es un hecho. Pero al contrario de cómo se explica de forma vaga en algunos lugares: revistas, webs, papers, no se trata tanto de discutir con tu pareja o tu madre, a la hora de elegir el color de una camisa, si es un verde, verde botella, verde carruaje, o un azul del tipo que sea, ya que esta situación puede deberse a una mala interpretación del color: cultural principalmente —debido a propias y pobres experiencias—. Muchas personas ignoran incluso el nombre de muchos colores, precisamente debido a una deficiente cultura y teoría del color. Si bien, en este caso que nos ocupa, tetracromatismo, de lo que realmente se trata realmente es de la capacidad de percepción de la luz, pues se trata de eso: (luz), que es la que nos trae los colores a los ojos. En mi experiencia y dado que he pasado por fases bien diferenciadas de este proceso. La diferencia más notable, es la capacidad de absorber una mayor cantidad de luz , que penetra —a gusto en ocasiones—en nuestros ojos: una notable mayor cantidad de luz, p con un brillo e intensidad mayor a la que perciben otras personas, y que propicia que cualquier color que percibimos (sobre todo si es bañado por la luz de la mañana) sea único y maravilloso, y que más allá de cuál pueda ser más bonito o si es este u otro, no deja de ser único y excepcional. Luego, esta discriminación de tonos provoca igualmente un mayor contraste en las superficies, lo que permite una definición mayor de los detalles en la distancia, por ejemplo en las rocas de una montaña distante, permitiendo distinguir rugosidades, salientes, sombras, formas, etc. Una de las consecuencias de todo esto, es que he dejado de utilizar gafas de sol, aunque nunca las he utilizado ad-hoc, y las llevo siempre en la cabeza por costumbre, o como elemento estético; si bien, últimamente, parece que no las tolero ni por un breve momento: no las quiero sobre mis ojos. Además, el sol no me molesta, ni siquiera cuando lo tengo frente a mí, sobre el parabrisas y estoy conduciendo. Puedo mirar bajo él, al lado, arriba, etc. es más, Llevado por alguna fuerza irracional, durante un tiempo, varias veces al día, he mirado directamente al sol, al centro, en horas potentes del día… (aclararé este punto, pues es muy interesante el proceso, igualmente)

III
Intentando encontrar algunas respuestas, busque acerca de las únicas personas que parecen haber sido identificadas por algunos científicos en tanto a esta cualidad. Fue la BBC quienes realizaron una investigación sobre el Tetracromatismo, sobre el caso concreto de una mujer: Concetta Antico. Profesora de arte (detalle este curioso) y que llevó de excursión a sus alumnos a una mañana al parque. Por lo visto pretendía enseñarles la viveza de los colores en ese escenario tan especial para ella: Indicó que miraran el tono rosado con el que relucía el agua del estanque; el ribeteado rojizo de las hojas de los árboles… sin embargo, los alumnos, sencillamente, no veían nada de eso. Fue entonces cuando se dio cuenta de que ella, era capaz de captar un mundo invisible para el resto de las personas. Concetta Antico era tetracrómata. Pero poco más ha trascendido de esto, apenas eso, que distinguía muchos más colores que los y con una intensidad considerable.

Otro caso es el de una trabajadora social inglesa de 57 años, que ahora debería contar con unos 79. Donde La evidencia preliminar reunida en la Universidad de Cambridge en 1993 sugiere que esta mujer es un tetracrómata —quizás el mutante humano más notable jamás identificado— afirmaba Glenn Zorpette, en una entrevista de la revista WAYBACK MACHINE, y posiblemente, razón por la cual no han aparecido más personas con esta singularidad: a nadie le gusta que le digan mutante, menos un tipo que no distingue un tomate maduro, de otro que está a punto de empezar a pudrirse. Sin embargo, en ambos casos percibo una notable ausencia de información complementaria, que haya trascendido de las pruebas o de palabras de las propias señoras, más, cuando el tema de los colores, no parece ser más que una consecuencia del proceso.

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