VOCES EN LA NADA - CUARTA / Jordi Maqueda

Jordi Maqueda / VOCES EN LA NADA - CUARTA - La Nada y el Hombre

Los atributos con los que concebimos las cosas no muestran la naturaleza primordial de estas; pues arrastran sombras que contradicen y no propician el encuentro: aquello que la vista trae al hombre no son más que sombras de lo que observa, la realidad permanece oculta y no existe aquello que pueda ser visto sino en vaga apariencia. Acercarse demasiado implica igualmente no ver, pues ver significa alzarse hacia los límites de lo inexpresable y nos confiere la propiedad de lo fronterizo; esperando que aquello del otro lado muestre en algún momento su extraordinaria naturaleza: lo que no está oculto y es verdadero. Igualmente conocer, tampoco es mantener el velo de lo conocido, sino deshacernos de todo aquello que creemos conocer: luego conocer más allá equivale a quitar todos los velos. Si bien, resultará imposible por completo: el desvelamiento no sucede jamás, pues al desvelar algo lo velamos de nuevo, sólo es un cambio de velo, o constante revelación, si no dejamos de ser y somos igualmente lo que miramos y vemos. El hombre busca la verdad pero no la encuentra, ni tampoco la encontrará en sí mismo, sino a través, de sí mismo y de lo que observa: la apertura hacia las cosas no puede sustentarse en la suposición que en la cosa radica su verdad, sino en la interacción que permite a ambos esa nueva manera de concebir la apariencia de su verdad; pues ver, no es ver en el reflejo lo aparente, sino ver el solo reflejo luego no interpretado, de tal modo así, que no se reduzca a nuestros límites del intelecto, forma de concebir o modo de entenderlo.

Requiere predisposición ver más allá de lo aparente que se nos representa, pues cuando con la vista afirmamos “es real”, será tan real como nosotros lo entendamos: así cuando creemos sujetar la realidad: nos equivocamos. La relación que nos une con lo otro es tanto el reflejo de aquel, como nuestra luz reflejada en ello: sólo es posible trascenderlo en tanto a qué y cómo somos y nos miramos nosotros en ello (La realidad requerirá de ambos para ser resuelta). La mirada es ese camino que no elude las sombras, por las que precisamente nos guiamos; pues al reconocer nuestras tinieblas, entre sombras y reflejos podremos orientarnos en la nada, trascendiendo a la luz.

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