Estaba leyendo a Platón hace muchísimos años, cuando mi padre que pasaba por allí me dijo “ ese sabe latín”; y griego, pensé yo. Pasado el tiempo, comprendo, que ni a Platón ni a padre entendía entonces. Sea formal o informalmente “entender” o, mejor dicho “conocer”: “el conocimiento” es siempre contemplación; contemplación de algo a través de un principio, de modo que los datos de un problema sean siempre referidos a aquel, que los explica. Y en el caso que pretendo, existe la necesidad de justificar elm nombre de desde ese principio”
Cuando Leibniz (1646-1716) escribió su libro “Teodicea”, éste trataba de justificar ―de una manera que hoy entendemos como propia de su tiempo―, que el mundo en el que vivimos todos es, el mejor de todos los mundos posibles, concretamente afirmando: es el mejor mundo que Dios podía, o puede haber creado para nosotros. En cosmología, existe un principio “el principio antrópico” que al margen de Dios, viene a justificar ―aunque con otras palabras― lo mismo, a saber: “el principio antrópico, establece que cualquier teoría legítima sobre el universo ha de ser consistente con la existencia del ser humano”. Dicho de otro modo: "Si en el Universo se deben verificar ciertas condiciones para nuestra existencia, dichas condiciones se verifican ya que nosotros existimos". De lo que se desprende, cosmológicamente, aquello que promulgaba Leibniz, o incluso más, entendiendo: “que vivimos no solo en el mejor de todos los mundos posibles, sino que es el mejor porque vivimos nosotros en él”.
Ahora debería hablar de cándido…

Cándido, o el optimismo (título original en francés: Candide, ou l'Optimisme) es un cuento filosófico del siglo XVIII, publicado por el filósofo ilustrado Voltaire en 1759. Voltaire por su parte, nunca admitió abiertamente ser el autor de la controvertida obra, la cual está firmada con seudónimo «Monsieur le docteur Ralph» (literalmente, «el señor doctor Ralph»).Desde un punto de vista irónico, la obra sigue las andanzas del protagonista, llamado Cándido, en su primer encuentro con el modelo del optimismo leibniziano de que «todo sucede para bien en este, el mejor de los mundos posibles»; y en una serie de aventuras y andanzas subsecuentes se refuta de forma calamitosa el famoso precepto de a pesar del obstinamiento con el que el personaje se aferra a éste. La novela ciertamente satiriza la filosofía de Leibniz, y es un muestrario de los horrores del mundo del siglo XVIII. En Cándido, Leibniz está representado por el filósofo Pangloss, tutor del protagonista. A pesar de observar y experimentar una serie de infortunios, Pangloss afirma repetidamente que «tout est au mieux» («todo sucede para bien») y que vive en «le meilleur des mondes possibles» («el mejor de los mundos posibles»).
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