sábado, 17 de octubre de 2020

Serie fotográfica: Tachakchte (Marruecos) 2018 / 2019

Fotografía ― Fotografía Narrativa ― Tachakchte ― Marruecos

SITUACION GEOGRAFICA:  Serie Fotografica (una tarde en Tachakchte tomadas durante mi viaje Dec.2018- Ene 1019) por tierra Marroquíes, llevándome desde MARRAKECH, por Alto Atlas (Toubkal 4.150m) hasta el desierto del Sáhara, para luego de vuelta buscar la cumbre de El Siroua (Jwel Sirwa 3340m) un volcán extinto en un área casi deshabitada de la región de Sus-Masa-Draa (: سوس ماسة درعة) 

   Tras nuestra primera parte del viaje: Toubkal y luego volver del Sáhara tras la noche de fin de año 2018 – 2019, e interminables kilómetros de dunas y carreteras nos quedamos un pequeño grupo de amigos para realizar una travesía por un territorio para mí, y creo que todos los que allí nos encontrábamos, desconocido; donde pretendíamos realizar un ascenso y escalada al Jebel Siroua: lejos de todo, lejos en todos los sentidos. Un largo trayecto en coche primero, entre poblaciones dispersas y unas carreteras que serpenteaban y parecían no tener fin, por páramos donde parece no puedan existir poblaciones más allá. Pero, que sin embargo, sí las hay: solitarias, autosuficientes, relativamente grandes, y ricas, pobladas con niños que juegan por las calles como lo hacíamos nosotros de jóvenes en los 70´ y 80´; y donde a diferencia de las poblaciones de montaña de Europa –fuera de áreas turísticas — sólo pueblan viejos.

    Por fin, ya por la tarde, llegamos a cercanías de Tachakchte donde se sitúa el refugio en el que pasaríamos la noche: en un recodo de la carretera. Una vez instalados y tras dejar los pertrechos, decidimos bajar al pueblo de Tachakchte. donde vino a recibirnos un pequeño, sorprendido, casi asustado en principio al veremos aparecer por la entrada del pueblo, jugando con su rueda y que hizo las delicias de Pako por unos momentos.  
















 De inmediato los vi, a lo lejos: un poco a las afueras. Estaban allá, charlando, de sus cosas, posiblemente después de tomar una buena taza de té, dulce, con mucho azucar, que es como lo sirven. No repararon en mi, al menos durante un tiempo y, quizá por ello decidí separarme de Pako y el grupo y aproximarme, pues no es fácil para mi, plantarme frente a alguien que no me conoce y hacerles una foto. Hablaban bajo, yo no les escuchaba, pero les veía gesticular. No era difícil ponerse en su lugar: un lugar tranquilo, charlando lejos de todo, con los amigos o quizá hermanos ¿Quién no lo ha hecho? y, quién era yo para interrumpir aquel momento. No dije nada, sólo me acerqué un poco más, lo suficiente como para comprobar que no eran viejos: incluso podían ser de mi edad y, alguno incluso más joven; pero, el clima frio y seco de montaña endurece la piel dotando de cierta rudeza las facciones. Disimulando, saqué el movil cuando, entonces repararon en mi. Fue inmediato. Les sonreí y salude con la mano: no obtuve respuesta pero, ya tenía lo que quería, esa foto que me ha acompañado desde entonces y que como hoy miro muchas noches, pensando ¿de que hablarían? que puede ser interesante en estas regiones apartadas de todo ¿hablaran de política? mujeres quizá o de la recogida del azafrán. No lo sabia y no lo sabré nunca; son gente reservada estos Marroquíes, amables en min opinión; en todo caso ese día, seguro esa tarde y posiblemente días después hablaron de mi, haciéndose ellos las mismas preguntas: quien era yo, o qué hacia por allí.

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