Pienso en ese gusano enorme que crece dentro de mí e, igualmente, dentro de toda persona. Pero, lo más terrible, es que no puedo dejar de pensar en él, y a su vez, pensar que con ello lo que hago es alimentarlo. Sin embargo, tampoco puedo dejar de sentir y, entiendo que comenzar a sentir es, igualmente, una forma de criarlo. Pues su alimento está en el mismo lugar donde crece: en el corazón del hombre, y alimentarse y crecer de lo que hay es condición del gusano, al que de otra forma solo le queda morir de hambre. Si sientes ese gusano dentro no te sorprendas pero, piensa, con qué alimentaste antes tu corazón y, luego no te sorprendas de aquello que surja de lo profundo de tu interior.
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