Sería una pérdida de tiempo pretender justificar mi modo de pensar o explicarlo a quienes, por ejemplo, vengan de instituciones de adoctrinamiento embadurnados de un materialismo o una dialéctica que solo se mira el ombligo y chascarrea siempre sobre lo mismo, aunque, ciertamente, sea ese el tipo de pensamiento "o corriente actual" aquella que interese a la sociedad (letrada o no) y a los medios hoy día, pues no da problemas al sistema y, por supuesto, igualmente interesa a quienes la promueven, y promueven desde las propias instituciones, retroalimentando así al sistema de individuos adecuados a éste; individuos, con los que es inútil, por cierto, debatir —lo sé por experiencia— a modo de confrontación: si uno u otro, si "Nietzsche o Hegel" si esto o aquello... absurdo, y una perdida de tiempo. Pues te abrumarán, como buenos letrados en un juicio —igualmente absurdo— con papeles y papeles justificándose, y justificando luego esos papeles con otros, hundiendo así —además, de con su verborrea— cualquier otro razonamiento posible en la miseria más absoluta. Como si del "saber" de algo fuesen los únicos propietarios: “absurdos propietarios” si, absurdos, digo más en tanto que del saber, refiriéndonos, bien a algo o a todo lo concreto y universal - sera relativo a cuanto- (y si por un momento se piensa, olvidando lo que te dijeron que debías pensar) que no es “saber” sino pretender justificar a los otros lo que “se creé que uno sabe” que es bien poco por cierto, dado el horizonte de complejidad que implica "saber" o "saber de las cosas" en su último fundamento pues, es de este saber “conocimiento cierto de las cosas” que abruma al asomarse a el; y del que con estas palabras se referiría del "saber" describiendo Freeman Disson —profesor de física en el Institute for Advanced Study de Princeton, USA— quien en una de sus conferencias a partir de un curso que impartió en las ya célebres Gifford Lectures en Aberdeen, Escocia, refirió del conocimiento "del saber", de nuestros esfuerzos por entender la naturaleza, la vida y de “su” lugar ( de él) en el universo, diciendo de éste: “lo hallo como el universo, inmenso, cuando allá donde miro veo infinito en todas sus direcciones”. (La cita no es suya por cierto, aunque se la atribuyan), lo que si es suyo es el libro: "El Infinito en Todas Direcciones" 1988.
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