38 - (19) HEIDEGGER: POR EL SENDERO MÁS OSCURO. —/ Jordi Maqueda

HEIDEGGER: POR EL SENDERO MÁS OSCURO. / Jordi Maqueda

Palabras clave:
  Heidegger; La Nada; Nihilismo; Conocimiento; Reflexiones; Teorías; Filosofía;


Heidegger 



POR EL SENDERO MÁS OSCURO.

Los límites del alma nunca los hallarás,
y ello a pesar de que recorras todos sus caminos:
tan profundo es su fondo.
(HERÁCLITO)

III


Y llegamos a aquel punto: por qué Heidegger no es más claro, a la hora de conducirnos a su idea última, mostrándose impenetrable a todos. Desde la perspectiva que me propongo explicar, la razón  obvia ya a todos, y que ha quedado a la vista, para que los escritos de Heidegger sean herméticos es porque abordan los mismos problemas que los primeros filósofos para explicar el universo y a nosotros mismos, y por ello Heidegger se ve, digamos que obligado (tentado) a concebir un lenguaje (ruidoso) que le sea útil; pero útil ¿para qué?, nos preguntamos de inmediato, si parece que quiera más despistarnos, en lugar de comunicar algo, y ni los propios colegas de la época lo entienden y le critican (y esto hemos de considerarlo). Pues bien: considerándolo, entendemos que le será útil (en tanto el ruido es útil) para que pasemos por encima de aquellas palabras ruidosas, “rápido”, pero sin dejar de recordarlas. Como cuando salimos a la calle a comprar algo bonito, que luego además nos hemos traído a casa y nos sienta bien, una blusa, por ejemplo, pero que luego si nos preguntan de cómo nos fue la mañana ¿si había cosas nuevas de moda en la tienda?  No recordamos demasiado de la tienda, sino más ruido del martillo percutor (neumático) del obrero que estaba en la puerta. Y esto: lo diremos con la ya blusa puesta. ((No confundir con la música: lira, arpa pandero y flauta (y, a veces vino), donde lo que ocurre es que escuchas la música, sin atender demasiado, o nada a donde te lleva, (bailando a su ritmo) la letra de la canción)).

Y esto ocurre, refiero a la necesidad del ruido en las palabras, cuando ya no está Dios en la filosofía y no puede contar con la divinidad abiertamente, o mencionar esta, como antes de la ilustración, o, incluso anteriormente, atendiendo a los presocráticos cuando el mismo Parménides se comunicaba por el espíritu, con (las divinidades). Pero debe ser así, cuando Heidegger pretende que su escrito trascienda —mientras atendemos a ruido de sus palabras— a las academias de su tiempo y el nuestro, y donde solo puede contar abiertamente con el hombre que es lo que le queda, aunque, Heidegger lo hará ruidoso: y llamará la atención, con el ruido que hace (el Dasein).  Mas Sin atender a este (ruido) se diría que nos encontramos frente al mismo y propio reflejo del hombre de su tiempo, y del nuestro: despojado de creencias e ídolos (no solo en lo actual, sino también bíblicamente: expulsado del paraíso / en el infierno) con todas sus cargas atávicas y carencias. Y que a fuer (por ser y como consecuencia de ser) esencialmente cadente, y sin esperanza "está siempre por caer (en la tentación) y destruirse". Un hombre (ese hombre-ahí / Dasein) que está, por su misma constitución, de sí mismo, y de la sociedad propia de su, y nuestros tiempos a la que pertenece en la 'no verdad', (pero recordemos que el hombre.ahi (él-es), y eso es una verdad. Pero en sentido ontológico existencial (si atendemos a ello), al afirmar: 'el Dasein está en la verdad', implica originariamente que 'el Dasein está en la no verdad' (no ve ni reconoce su sombra) y, por tanto en la carencia (o caída), sujeto a la duda y predispuesto a ese vacío / caída existencial o Nada de Heidegger; entiéndase: el ser, por ser: y ser verdad (que-es), está igualmente en no-ser: en la no verdad (y que yo llamo engaño/ cuando al no reconocer nuestra sombra no reconocemos una parte de nosotros) pues no es exactamente: no-ser.... sino que: él-es (es) (en la no verdad / La realidad “de la cosa” el mismo / “ente” o persona entonces no sería “solamente” lo que ella es: aquello que ella revela (su verdad) a la razón y los sentidos ( de el), sino que también sería su doble, o proyección y cuya representación no expresa precisamente sino la función de la imagen que aún hay que determinar, en esa, su sombra que eludimos, y nos dispone al engaño y a engañar, primero a nosotros, de nosotros mismos, y luego, en consecuencia a los demás

Precisamente, esta proposición cambiante del hombre y de las cosas, (en su sombra, que no reconoce/ o reconoce como  nada) y que estas cosas ( y su sombra) se encuentran en la alteración del aparecer y desaparecer (cambiar), corresponde a esa misma existencia y ser del Dasein (el hombre engañado , a si mismo—o dispuesto a engañar— y despojado, aparentemente, no solo de Dios (sino de todo su completo ser (parte de si, su sombra) y sentir: pues ignora su (sombra) que proyecta en cada uno de nosotros es/ oscila en el borde de esa angustia, abismo, precisamente, entre la "caída" que es la "inautenticidad" (no-ser / y no estar en la verdad / on reconocer su sombra) y que le lleva a ese vacío o carencia y a la duda (primero a la destrucción de sí mismo y luego de los demás); e igualmente luego a la "autenticidad" de Heidegger, que es el amplio acontecer como movimiento fundamental, y allí el aparecer entonces del ser (que es la sombra manifiesta): por tanto en la "no verdad" y "en la verdad" del Dasein; y que es tanto como decir, que no-está en Nada, o esta-en-Nada, en la Nada y en ningún lugar: El sujeto trascendental aparece como un devenir en el tiempo, que es su propio tiempo, y nunca exterior a él.

Por tanto, Heidegger empuja a este Dasein, que habremos de ser nosotros, a cminar reconduciéndolo por la vía de la auto experiencia reflexiva: angustiado y despojándose en el mundo, pues por él (el uno) y a él (los otros) se dirigen sus textos, a buscarse a sí mismo, a andar el camino… adentrándonos en la nada (el desierto): lo que implica plenamente la búsqueda de esa verdad, que es la verdad de sí mismo (descubrirse a sí mismo, y descubrir, a la vez: su verdad incompleta en la alteración del ser y no-ser (en la Nada / su sombra: y reconocerse allí), pero lo importante, es  hacerlo por sí mismo, en un proceso donde cabe primero apartarse (literalmente, y repito: digo literalmente) de la opinión, de los otros y de la lira, el arpa, el pandero y flauta, y sobre todo del vino: de la música del mundo, para una vez apartado y en el silencio del acontecer poderse encontrar y a la vez poder (reconocer aquello que nos está esperando),reconocer al ser: encontrar “la verdad” nuestra verdad absoluta, no la luz, sino nuestra luz en la oscuridad (a partir de esa oscuridad y no verdad de la que partimos, y del vacío o carencia (la nada) en  que luego se encuentra el mundo,  y nos encontramos nosotros mismos). A partir de aquello que significa al sujeto, estar interesado en las vivencias (y experiencias) posibles y de la posibilidad: se llega a una afirmación de su realidad.

Tomás de Aquino, refiere: el hombre es el ser superior y más digno, pero también es auto-perfectible para obrar de manera virtuosa y escoger libremente su meta en la vida, sin importar su edad o condición física: y encontrar la felicidad. Una felicidad, que solo puede hallarse en la verdad, si ha de ser esta felicidad permanente, como lo es la verdad. Y luego, la pregunta que siempre surge es: quién puede conocerse, cómo conocernos verdaderamente a nosotros mismos, si no es elevando la mirada al ser: En otras palabras, y no excluyendo la palabra casi prohibida en la filosofía: ¿Cómo podremos conocernos a nosotros verdaderamente, y la verdad, sin antes elevar la mirada a Dios? Aunque sea, como en tantos casos, para luego negarlo.

El mismo Heidegger, aunque se insista en lo contrario desde algunas esferas, niega ser un nihilista cuando lo proponen (Dios no está muerto para él, si acaso lo mantiene secreto, ni siquiera olvidado). No se considera, ni quiere ser considerado nihilista, pues su obra estudia las diferentes entidades como la búsqueda de la verdad, y la existencia divina. Es más, el mismo Heidegger afirmo (invierno 1920/21, lección sobre fenomenología de la religión, (Cf. Poggeler, Otto, Der Denkweg Martín Heideggers, Neske, Pfullingen, 1963, cap. II;) y lo encontramos en un texto al que desde los años 60 del siglo pasado se le presta creciente atención, que “su vocación es la filosofía y, por tanto, no el acatamiento de lo que él llama: el sistema del catolicismo (religiones). Pero que su justificación ante Dios vendría dada, de forma única y exclusiva, por el cumplimiento de esa vocación filosófica”. Y no acatar el dogma de la religión, no es precisamente —y se entiende perfectamente— negar igualmente a Dios, el ser, (o si queremos la divinidad). De ahí precisamente que se mueva luego al protestantismo. En consecuencia, y a partir de las que son sus propias palabras, y no mías, cabria preguntarse si Heidegger pretende, discretamente, justificarse y dar testimonio del ser (en cuanto a Dios) como algo, muy por encima y más real (que cualquier expresión dada de este en las religiones)—sobre que aquel motor inmóvil, que Aristóteles alcanza y demuestra en la Física VIII—, y por el cumplimiento de esa: su ahora vocación filosófica y los medios que le son suministrados por esta filosofía. (Pues anteriormente su vocación fue otra: otro camino, muchos caminos pero (no) otro pensamiento o idea: solo una idea) Pero ¿qué ocurre, cuando una sociedad ya ha renunciado hace tiempo dios (Quiero decir: la idea de dios de las religiones)… Pues que ahí, no lo reconoce. “E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Dios, (la verdad) y no la hallarán”. (Amos 8- 12). Pero, quizá ese hombre, ya no quiere reconocer ese dios que le confunde, y levantado por los hombres (sobe las religiones, las ideas e intereses de los hombres): ni lo encuentra tampoco en las palabras, unas palabras que no busca ni atiende… pero sin embargo, busca una verdad, aunque sea una sola verdad de.(En el jardín del Edén, hay dos árboles notables: el árbol de la vida, en el centro del jardín (Gn 2,9), y el árbol prohibido, el árbol del conocimiento del bien y del mal). LA IMPERIOSA NECESIDAD DE SABER ( The urgent need to know) - Texto completo

De este modo hallamos un hombre: el Dasein (al ser humano y por supuesto al mismo Heidegger, pues él remite la experiencia) que paulatinamente se aparta de sus creencias religiosas, al mismo tiempo y gradualmente acepta esa otra religión del hombre que aspiraba a ser Dios, enunciada por ilustrados en el siglo XVIII, y sostenida desde entonces por todas aquellas ideologías que creían, erróneamente, poder instaurar el paraíso en este mundo, y en una ciencia fatalmente deificada y sin control moral alguno, que solo ha traído mayor destrucción y angustia, y carencias y desigualdad al mundo: a una sociedad que se encuentra perdida entre la música del lira y arpa, pandero y flauta, y vino, y  entre  “la no verdad” y “la verdad del hombre" al mismo tiempo. Un hombre (y su ser que no puede ser, sino parte del ser total, pero que no se reconoce incompleto) y que se halla, según su propio estar ahí-en hoy el mundo, siendo en el límite móvil entre lo inmediato y casi superficial de lo que él es, y de lo que no es (ni sabe que puede ser) / de lo que es verdad para él, y de lo que desconoce de la verdad, y al que solo le resta el puro existir en la conmoción de ese estar “en suspenso” en un vacío sin esperanza, viéndose como aquella araña (Kierkegaard) que desde un punto fijo se precipita hacia sus propias consecuencias; y ante sí solo ve un enorme espacio vacío, un abismo en el que no encuentra donde apoyarse (pies no reconoce su propio abismo), y a la espera de una luz ajena (cualquiera) ajena que le ilumine el camino, como unos huérfanos, que desean ser devueltos al hogar

 Pero Seamos realistas, el sentimiento trágico de la vida está pasando de moda; Es más, la consecuencia de vivir en una sociedad de individuos afanosos y siempre apresurados; pero, sobre todo, de huérfanos. Huérfanos, de mitos que olvidamos y dioses que nos abandonaron, bajo la creencia —en estos últimos— que volverían, y no lo hicieron. Personas, que hoy viven en un mundo liso y suave, chato, aplanado.. Apisonado… sin aquel imaginario desbordante de lo mítico y primitivo (que no reconocen en su sociedad, sino como pasatiempo) con todo lo que ello supone. Vemos películas de superhéroes, pero no somos capaces de ir solos de vacaciones, fuera del país.  Y luego Nos afligimos, pero quien se aflige es porque quiere, o quiere llamar la atención. Nadie, absolutamente nadie con un mínimo de sentido común ha dicho o dijo nunca, que la vida fuese fácil (necesitase garantías), ¿garantías de qué? de larga y próspera, o debamos estar a salvo de desastres. ¿Qué pasa si la vida luego es corta, o si morimos en un desastre)  Tragedias como las que hoy o mañana nos puedan alcanzar a nosotros, ya alcanzaron antes a otros, e igualmente, y como especie, alcanzaron a todas en este planeta en un momento u otro y, al universo entero: cada día muere una estrella. pero El problema es que no vivimos, no sabemos vivir, viviré-viviremos mañana: nos decimos, mañana hare, mañana seré: pintor, loco, o me meare en medio cella calle, pero mientras tanto corremos a mear donde nadie nos ve: somos hoy lo que jamás queremos, querríamos ser (imbéciles, siervos y esclavos de lo que nos dicen que debemos ser, y como debemos ser), y estamos mal, claro. Pues hay una parte de nosotros que quiere ser:  Nuestra sombra, eso que aveces pensamos, y que no queremos hacer ( porque pensamos, nos dicen que está mal: es pecado, es delito, mear en la calle), no atendemos a esa parte también nuestra que si no la reconocemos, nos aflige y domina y nos hace sentir mal, por eso renegamos de ella: por su sinceridad, nos dice los memos que somos, y esto no puede ser , cuando somos nosotros lo que temeos que dominarla, no a la fuerza, sino siendo a la vez aquello que se quiere ser y nosotros dejamos para mañana. y lo dejamos, sencillamente, por qque la sociedad nos recriminaría: como no ir hoy al cole e irme al , o a jugar a ping pong, hacer campana (esto hacia yo en el insti: claro que suspendí ¿y Qué? aquí estoy ), o  ir  aver unas aves quedándome sentado en un banco, o irme en lugar de trabajar a al rio, a ver pasar la nubes, a tomar el sol un  lunes a la 11.am; todo eso que no hacemos ni somos, pues nos dejamos ser ( a nosotros mismos lo que queremos ser) luego explota en nosotros y somos ( lo peor que podemos ser, cuando la sombra, esa otra parte mas rebelde nuestra,  quiere ser y no la dejamos ser)

Pero Seamos realistas, el sentimiento trágico de la vida está pasando de moda; Es más, la consecuencia de vivir en una sociedad de individuos afanosos y siempre apresurados; pero, sobre todo, de huérfanos. Huérfanos, de mitos que olvidamos y dioses que nos abandonaron, bajo la creencia —en estos últimos— que volverían, y no lo hicieron. Personas, que hoy viven en un mundo liso y suave, chato, aplanado.. Apisonado… sin aquel imaginario desbordante de lo mítico y primitivo (que no reconocen en su sociedad, sino como pasatiempo) con todo lo que ello supone. Vemos películas de superhéroes, pero no somos capaces de ir solos de vacaciones, fuera del país.  Y luego Nos afligimos, pero quien se aflige es porque quiere, o quiere llamar la atención. Nadie, absolutamente nadie con un mínimo de sentido común ha dicho o dijo nunca, que la vida fuese fácil (necesitase garantías), ¿garantías de qué? de larga y próspera, o debamos estar a salvo de desastres. ¿Qué pasa si la vida luego es corta, o si morimos en un desastre)  Tragedias como las que hoy o mañana nos puedan alcanzar a nosotros, ya alcanzaron antes a otros, e igualmente, y como especie, alcanzaron a todas en este planeta en un momento u otro y, al universo entero: cada día muere una estrella. pero El problema es que no vivimos, no sabemos vivir, viviré-viviremos mañana: nos decimos, mañana hare, mañana seré: pintor, loco, o me meare en medio cella calle, pero mientras tanto corremos a mear donde nadie nos ve: somos hoy lo que jamás queremos, querríamos ser (imbéciles, siervos y esclavos de lo que nos dicen que debemos ser, y como debemos ser), y estamos mal, claro. Pues hay una parte de nosotros que quiere ser:  Nuestra sombra, eso que aveces pensamos, y que no queremos hacer ( porque pensamos, nos dicen que está mal: es pecado, es delito, mear en la calle), no atendemos a esa parte también nuestra que si no la reconocemos, nos aflige y domina y nos hace sentir mal, por eso renegamos de ella: por su sinceridad, nos dice los memos que somos, y esto no puede ser , cuando somos nosotros lo que temeos que dominarla, no a la fuerza, sino siendo a la vez aquello que se quiere ser y nosotros dejamos para mañana. y lo dejamos, sencillamente, por qque la sociedad nos recriminaría: como no ir hoy al cole e irme al , o a jugar a ping pong, hacer campana (esto hacia yo en el insti: claro que suspendí ¿y Qué? aquí estoy ), o  ir  aver unas aves quedándome sentado en un banco, o irme en lugar de trabajar a al rio, a ver pasar la nubes, a tomar el sol un  lunes a la 11.am; todo eso que no hacemos ni somos, pues nos dejamos ser ( a nosotros mismos lo que queremos ser) luego explota en nosotros y somos ( lo peor que podemos ser, cuando la sombra, esa otra parte mas rebelde nuestra,  quiere ser y no la dejamos ser)

 Más allá, esa la burbuja placentera y cómoda en la que vivimos, la desolación y desconfianza que sentimos al salir de esta, a muchos aterra. Y miramos al cosmos, no para aprender o conocerlo, sino buscando en él todo aquello que antes teníamos, que olvidamos y ya no encontramos en la tierra (esa divinidad perdida, com o parte de nietro ser, con la que entablar una relación). Y para ello, nos apoyamos en esos nuevos dioses: bien sea de la filosofía, o en ese otro llamado ciencia y, muchos otros en el trabajo (que hasta tiene, se han puesto: sus patronos y santos). Sin embargo, este alejamiento de lo natural hace que sigamos preguntándonos muy adentro, y precisando continuamente de explicaciones —como niños de vacaciones fuera de su casa— explicaciones para todo. Y la ciencia, puede explicar bastante, aunque luego no esté del todo en lo cierto, aun así, tampoco las explicaciones nos consuelan, sabemos que existen 2000 exoplanetas; pero menos aún, esto solucionará nuestros más inmediatos problemas. Al alejarnos de lo natural, ahora nos damos cuenta, dejamos atrás una parte importante y esencial de nosotros mismos. No solo nos convertimos en huérfanos, sino que también nos quedamos vacíos: solos y vacíos (en nuestro interior), en ese pequeño lugar, en medio de un vasto universo que reconocemos violento, inconcebiblemente violento y destructivo: así es... nos hemos quedado solos, incluso sin un parte de nosotros mismos, la más pura, y por ello más irracional, la parte feroz,  y a la vez la única capaz de enfrentarse y frenar, como una cobra (madre) se levanta frente a otra ( su hija), esa otra parte de nosotros que llamos luz y razón, que no es otrs que una razón destructiva y que hoy, define a nuestra especie no como feroz, sino como sanguinaria y atroz,  así, nos mirándonos unos a otros, y sin poder entender nada. como un abuelete, mata a porrazon a su mjer y asi nietos..

IV

(Final y posibilidad)

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Hay, por tanto, una angustia manifiesta hoy en el mundo, que nos refiere Heidegger, y que intento explicar aquí, a mi modo, y que es a la vez carencia (representada en ese vacío: la nada, que propone Heidegger, partir de nuestras propias sensaciones) o una sombra a a conquistar, la nuestra. Y Podríamos decir, sin temor a errar, que “Ser y tiempo” cuenta, o nos describe un camino... ¿a seguir? del Dasein o el hombre “impropio” (que no encuentra sentido de la vida) no auténtico —que es parte del uno: de ‘los otros’, al ritmo de la lira y arpa pandero y flauta y vino de la sociedad: hacia la propiedad o autenticidad: y el sentido propio de la vida y la existencia: la recuperación de “sí mismo” y su razón de ser: ser para si, y La muerte, pero cuando esta tenga que llegar, después de una grandísima , sea corta o larga vida. De tal modo que hombre (el Dasein) que es parte del uno y los otros, se encuentra extraño y angustiado en este mundo, en la impropiedad de la opinión y la existencia, en una sociedad dominada por la opinión del uno y ‘los otros’ y el arpa, la lira, el pandero la flauta y vino: los medios, la publicidad, etc.) haciendo lo que hacen todos ( bailar la música sin atender a la letra), o dicho de otra manera: dominado por las masas. Pero uno se siente extraño, ahí: en esa angustia (el mundo y le duelen los oídos ya de la música: no quiere bailar) pues ha entendido y entiende, no es su lugar, y en la carencia (no hay religión, y por tanto tampoco lugar donde agarrarse) pero quiere abandonarlo, si bien (este Dasein anda perdido, en el olvido): necesita (o al menos una luz en la oscuridad/la promesa de un cambio). Sin embargo, para poder escapar de este dominio (el mundo y su influencia) es necesario que el hombre (el Dasein) se encuentre en un estado de ánimo especial, aquel le lleva a la nada sin una luz en la oscuridad.. un estado capaz de hacerle ‘tambalearse’, no elegido por él, sino al que ha llegado por “algo” quizá la propia carencia o conciencia que lo pone allí (analicemos esto), favoreciendo esa fractura que permita vislumbrar el horizonte de la posibilidad y existencia propia 8 sin necesidad de que se la muestren, o le muestren camino alguno, una luz) y por no determinada por la masa, los medios, la opinión y el ruido, del uno en general. Cabe entonces apartarse, y en el apartarse, (al desierto/ la Nada) tener fe (como nos dice Kierkegaard). Obsérvese cierto retorno a Parménides, cuando (y escuchando a sus dioses) aquel nos habla en su poema, de evitar el camino de la doxa: de la opinión, y tomando el camino de la verdad. Pero ¿cuál es el camino de la verdad que se nos propone ahora?, y Quiénes son los que se apartan del mundo por la fe, retirándose de todo, para servir a esa verdad que intuyen y ¿qué verdad es esa?. Avanza… su paso es inexorable y violento como el avance de un desierto. El destino del hombre estará de aquí en adelante ligado a este desierto; a la evolución del nihilismo «desértico» que se impone por todas partes (la nada). pero solo se doma un caballo subiéndose a el..2

Lo que nos dicen y no nos dicen los textos



Los textos están ahí para ser preguntados, nos dice Emilio Lledó, pues el tiempo de la escritura solo se reanima y vive en el tiempo de cada intérprete, en la temporalidad viva de una existencia condicionada por la educación, por la biografía (la experiencia), y por la particular historia de cada uno (El silencio de la escritura, p. 31). Igualmente, hay que tener presente que en la interpretación hermenéutica un significado puede tener diversas formas de expresión, por eso “el arte de la hermenéutica no consiste en aferrarse a lo que alguien ha dicho, sino en captar aquello que en realidad ha querido decir (Gadamer, 1995: p. 62). Las interpretaciones ubican a los textos, los descifran, los descubren desde una tradición, un punto de vista, un tiempo y un espacio (Mèlich, 2008). De esta manera, cuando se recurre a la hermenéutica, las diferentes maneras de ver y de situarse en el mundo “se revelan fundamentalmente a través de la interacción entre sujetos y mediante el uso del lenguaje” (Mateos y Núñez, 2011: p. 115).


           Si efectivamente, el contexto de la escritura es el lector, qué más podemos buscar en los textos de Heidegger, para nosotros, que no se haya dicho, y sobre todo abrevando de una fuente especialmente tan hostil. Quizá, no vemos ya en ellos, en esa hostilidad manifiesta: la angustia, aflicción y el olvido del origen de sus palabras, y en estas palabras los latidos concretos de aquel tiempo en que fueron engendrados... cuando no resulte incluso “el mismo escrito, ser la tierra con que los sepulta, y causa misma del olvido” de aquello sepultado, que nos insta a que nosotros, no en el texto, sino por mostros debemos encontrar       Ha habido todo tipo de interpretaciones, a partir los escritos de Heidegger, de los que se advierte: algo de naufragio siempre al final, y no por falta de una brújula, pues hay muchas y muy reputadas por las que guiarse, sino porque repetidamente se termina, encallando en los acantilados de su lenguaje y pensamiento, pues el diálogo entablado a través de sus textos, parece que solo pudiera darse dentro de aquellos márgenes (o marco) muy estricto, pero por nadie encontrado, y por tanto rompiendo siempre contra las rocas el lector, y haciendo aguas al menor descuido. Tampoco pasa desapercibida, que todos aquellos estudios que luego pretenden aclarar algo, se encuentren dentro de una misma corriente, o línea ya sobre-explorada y explotada; y que pocos o ninguno lo hacen, o lo han hecho centrados en una interpretación desde aquella perspectiva (directa) del “creyente” (y su revelación). Quiero decir, a partir del hombre, en este caso el mismo Heidegger, como primera persona del Dasein “ahí- en el mundo” que se distancia de su fe, por razón todavía no explicada (y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido - Rev. 2:5), Pero luego, aceptando la religión de los hombres que aspiraban a ser Dios, sostenida por todas aquellas ideologías, incluida la propia filosofía contemporánea y que creían, poder instaurar el paraíso en este mundo, cuando de cierto lo que se desató fue la locura y el infierno en Europa. Un Dasein, por tanto, que sufre perdiéndose cada día más en su búsqueda, pero que en este perderse y en secreto, no puede desprenderse del recuerdo de su primer amor (Rev. 2) ni siquiera cuando se adentra a las “oscuras” nubes de Nietzsche.         Luego, lo cierto y poco comentado, o tomado en consideración, es que hayamos a un joven Heidegger católico a principios de siglo que anhela encontrar a su dios / el de su padre, pero que no se dio a sí mismo suficiente tiempo ni, por tanto, (aparentemente) meditó suficientemente lo divino, ni la divinidad. Pues en septiembre de 1909 entra como novicio en la Compañía de Jesús (jesuitas) en Tisis, para discernir el llamado de su vocación, teniendo que abandonar más tarde en octubre por razones de salud. Pero que luego, y con limitaciones económicas, se presenta de nuevo (otra vez) candidato al seminario de Friburgo, donde entra durante el invierno de 1909. Pero que en 1911 al sufrir de nuevo problemas cardíacos (por lo visto había que correr maratones en el seminario para hacerse cura), esto plantea dudas a los responsables del seminario sobre sus capacidades para el sacerdocio (o bien: no se le quería allí), recapacitando entonces durante su convalecencia (en la que de seguro le asaltan muchas dudas), finalmente decidiendo durante aquel mismo verano renunciar, dándose cuenta, o quizá teniendo que aceptar, o mejor dicho: que renunciar a la teología y el sacerdocio (no sabemos si a la fuerza o lo medita) pero que era su verdadera y primera vocación (su primer amor, ese que no se olvida jamás), tomando otro camino (pero quizá no otra dirección), y que debido a las circunstancias prefiere, o se nos dice/o nos dicen que prefiere: y que será la Filosofía, en lugar del la Teología y el sacerdocio. «Quien conoce el Todo, si está privado (del conocimiento de) sí mismo (lit. “si necesita de sí mismo” o, dicho en otro modo, “si precisa conocerse”), está privado del Todo (lit. “necesita del lugar entero”, es decir “necesita todo”)».(Evangelio según Tomás / Biblioteca Copta de Nag Hammadi · NHC II, 2. (v. 2) Luego su formación, a partir de entonces, será neokantiana. En 1915 ingresará a la carrera docente, y su tesis de doctorado, precisamente tratará de Duns Scoto: teólogo, filósofo y sacerdote católico escocés perteneciente a la escolástica, y cuyo mayor logro fue hacer la defensa de la inmaculada concepción. (Los alemanes me entienden fácilmente cuando digo que la filosofía ha sido estropeada por la sangre de los teólogos.  — F Nietche: El anticristo).        En 1916 conoce a Husserl y se adhiere a la fenomenología. [Husserl (como se cita en Brennan, 1999), define la fenomenología como el "estudio de los fenómenos tal como los experimenta el individuo, con el acento en la manera exacta que un fenómeno se revela en sí a la persona que lo está experimentando, en toda su especificidad y concreción" (p. 295)]. Ya en 1917-19, a los 28 años, acontece su ruptura con el catolicismo y su aproximación, a un protestantismo siempre más presto, a través de la lectura propia y para sí de evangelio, a entablar un diálogo más directo con dios y sus pastores /que el. (El sacerdote, o Pastor, protestante es el abuelo de la filosofía alemana, el protestantismo es el pecado original de esta filosofía. Definición del protestantismo: la hemiplejía (parálisis) del cristianismo y de la razón... Basta pronunciar las palabras “seminario de Tubinga” para comprender lo que es en el fondo la filosofía alemana: una teología insidiosa...F Nietzsche: El anticristo). Durante esos casi nueve años de aproximación a la teología protestante posiblemente acentuaron su visión supra personal de Dios: “Es perfectamente lógico concluir que Dios es una realidad supra personal”. (El camino del intelecto humano hacia Dios, —Juan José Garrido Zaragoza, Prof. Teología). Y es precisamente durante estos años, desde 1923, (y no parece casualidad) cuando comienza a escribir Ser y Tiempo, hasta que es publicado en 1927. Su segundo giro data de 1928, a los 39 años, y orientado a Nietzsche, cuando aparece (y no debe ser casualidad tampoco) “Qué es metafísica” 1929, su escrito universal, sobre la Nada. Posteriormente de sus conferencias y proclamaciones políticas del filósofo más influyente e importante del siglo XX, Martin Heidegger, pronunciados entre los años 1933 y 1934, y o editadas por primera vez en alemán, Heidegger pasa de hablar de un Dasein/Ser par la muerte, a exaltar a la raza endurecida, alaba a la guerra (sacrificio por la sangre) como única salvación posible, está convencido de la sanidad racial del pueblo alemán a través de la eugenesia (mejoramiento de la raza), tomo 16, Band 16 Reden und andere Zeugnisse eines Lebensweges (1910-1976) de las obras completas, las Gesamtausgabe, llamadas «integrales».           Y por último, el tercer movimiento pertenece a los años 1936-38, cuando se centra en el pensar y la evocación del ser, en el cual se nos dice, que su ontologismo ateo está ahora por encima cristianismo, aunque, no sabemos si completamente y también de Dios, padre de todos, y que sostiene al Hijo. Pero que, ciertamente, nos lleva a pensar sobre la razón, de que Ser y Tiempo, entendido como aquí propongo, sea una aproximación a la verdad de uno mismo y de Dios, y sea esa obra luego inacabada, frente a la imposibilidad para Heidegger ya de conocer o reconocer, en el mundo y en sí mismo, aquellas sus primeras ideas (y aquel amor primero) que antes le empujaba, pues sin aquel amor y auxilio del espíritu, no hay revelación (es abandonado). (V114)            Por tanto, no creo exagerar, o ver algo donde no hay nada, si entiendo a un Heidegger que nos conduce al ser, y a su entender: a dios, en secreto; incluso sin saber o posiblemente ni siquiera reconocer él en muchos momentos, aquello (el espíritu) que lo motiva y guia: una semilla venida de antaño y que germina donde puede, de lo que puede y hasta donde puede, en una tierra que comenzará con el tiempo a serle hostil. Un Dios un ser al que ya no sabe o quizá no puede siquiera nombrar, y que cabe por nosotros descubrirlo y revelarlo, ahí: sepultado, siguiendo las migas, que de manera silenciosa (y a veces posiblemente descuidada) se revelan como verdad, y que nos llegan bajo el ruido que levanta toda su filosofía. Pues aun cuando nos dice "siempre allí donde la teología emerge, Dios ha emprendido ya su partida"; en realidad, lo que Heidegger ambiciona es "salvaguardar la autenticidad de lo religioso: Dios" (E. Carrasco), aunque sea a su manera: y en su propio lenguaje —sin "esgrimir jamás la autoridad del pensamiento frente a la religión" — y a la vez, pretendiendo no elcamino de la revelación religiosa, sino el propio de revelación filosófica, un camino (otro camino) alternativo, pero que lleve igualmente a lo que no nos dice, pero nos quiere decir: a Aquel mismo lugar que no alcanzó por otros medios en juventud, y Leo: “el pensamiento sin Dios, que es el pensamiento del ser diferente, se halla más cerca del Dios divino, —esto significa: este es más libre para él— de que lo que pueda creer esa metafísica” – Heidegger.


Sobre las palabras que están y las que se evitan. 

 En este caso, la palabra —y siguiendo aquel camino que muestra Lledó— se nos muestra (como entidad y ser, portadora de una verdad) que se aplasta sobre la superficie de la materia que la sustenta, y nos habla desde esa superficialidad o apariencia: de lo que entendemos es, nos dice que es, y a veces no se nos dice siquiera. Entender, por tanto, es una forma de interiorización, en la que esta superficie (o apariencia) de las letras que están y las que no están (o están sepultadas en el silencio, a la espera (como el espíritu bajo la madera que espera) a mostrarnos un nuevo relieve (mostrando su ser). Pero lo escrito en palabras, no solo habla una verdad, también confunde, pues la palabra que está y la que está en silencio, comienzan a adquirir a la vez densidad y fondo para el intérprete: pero este (el intérprete) ha de saber, que Tanto el poeta, como el pensador del ser que llega hasta el evento, como el pensador que piensa en seguimiento de la poesía, acaban en el silencio, y en tal silencio, precedido por "nombres que no se nombran", se hace presente propiamente el Dios divino, el Dios "verdadero" según Heidegger. Por tanto, hemos de adentrarnos de lleno, mas allá de propia hermenéutica de los textos, hacia un estado especial, de conmoción, del que levanten de aquellas palabras que están y las que se evitan, aquello que verdaderamente ambas cubren con su piel:  Lo que cuento es la historia de los próximos dos siglos. Describo lo que viene, lo que ya no puede venir de otra manera: la ascensión del nihilismo. Esta historia ya se puede contar ahora: pues la necesidad misma está aquí trabajando. Este futuro ya habla en cien signos, este destino se anuncia por todas partes; para esta música del futuro ya están aguzados todos los oídos. Toda nuestra cultura europea se mueve desde ya hace tiempo bajo la tortura de una tensión que crece de decenio en decenio como abocada a una catástrofe: inquieta, violenta, precipitada: como un río que quiere acabar, que no reflexiona ya, que tiene miedo de reflexionar sobre sí mismo (Nietzsche, 2006: 489). 

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Segundo giro ¿existe el límite?

Precisamente, vivir se trata de esto: de una búsqueda eterna, a partir de la cual te das cuenta de que todos tenemos familia, pero somos huérfanos en el mundo. Que andamos buscando, de un lado a otro, si, buscando, pero sin saber muy bien ni que buscamos, ni adonde nos dirigimos: siempre desencantados, en una búsqueda, que no implica cambio, solo buscamos, cambiar, de...  de lo mismo que luego también nos cansamos, pues nos cansamos de todo, nuevo o no, que encontramos o tomamos (lo cierto: es que desconocemos lo que necesitamos). Andamos Como aquel niño desamparado que en todo varón encuentra a un padre, siendo incapaz de reconocer al propio, pues nada de él sabe, ni siquiera que se lo arrebataron, pues no se trata de buscar un que, sino qué me falta para que lo vaya a buscar. Y hay ahora, igualmente, toda una generación buscando un padre (al padre), sin saber bien lo que buscan (sin antes haberse buscados a si mismos) y, por tanto, incapaces de reconocerse a si mismos,  serán luego incapace, e incapaces de  reconocerlo (lo que les falta) (cuando se muestre o lo sientan), e ignorando que hay un lugar donde se acepta a todo el mundo sin discriminación: personas que están ante la búsqueda implacable de una verdad que impaciente y con todo el amor del mundo les aguarda (como una voz clamando en el desierto) pero en la ciudad , y que donde se acomodan todos los necios, que se conforman con solo la verdad. hasta que como en tantas ocasiones y al llegar al final del nuestro camino (vida), nos encontramos frente al vacío del un abismo que no esperábamos encontrar : entendiendo, solo entonces que algo nos hemos dejado atrás; que el mundo no puede ser solo hasta aquí, y solo esto (el abismo) que no puedo explicar

Dien.. De ser marinero, Heidegger hubiese buscado respuestas a sus preguntas en el mar, de ser poeta en la poesía, como intento y creo que mostró, pero era filósofo y busco y desarrolló un camino en la filosofía, a través de un sendero abrupto entre acantilados y olas imposibles de angustia, a través de laberintos de la bruma en una Nada (sombra y desierto oscuro) en el que se sumergió, quizá que por demasiado tiempo y lo atrapo; pero a todos igualmente nos atrapa, pues es su condición (de esa nada: y desierto oscuro): más la nuestra, nuestra condición, es  alumbrarlo. pues precisamente, y a partir de ese momento más crítico cuando la angustia, manifiesta de nuestra carencia y orfandad nos derrumba y hunde en este, que esa nada  se puede tornar a la vez en posibilidad de una confrontación con lo extraño (divino), siendo éste (sombra/ desierto y nada) aquel lugar desde donde algunos vuelven y definen luego aquello que vieron, su verdad, lo mejor que pueden o recuerdan. Pero, a veces, también los hay que viene relatando de aquellos recuerdos que nunca fueron, sino en sueños). Pues… Las semillas unas veces caen en tierra y otras sobre los espinos y el mensaje original entonces puede quedar queda adulterado (válido para él, y su gremio, pero no para la humanidad), y los reconoceréis, pues “este (mensaje y persona) ya no dará respuesta a la pregunta: ¿qué es la verdad? pues se ha invertido la verdad cuando el consciente abogado de la nada y de la negación es considerado como el representante de la verdad... (Nietzsche): En ocasiones pienso en ese gusano que crece dentro de mí y dentro de toda persona; y lo más terrible es que no puedo dejar de pensar en él, y a su vez pensar que con ello lo que hago es alimentarlo. Sin embargo, tampoco puedo dejar de sentir, y sentir es igualmente otra forma de cebar. Pues su alimento está allá donde progresa: en el corazón, donde alimentarse de lo que hay es del gusano su condición, al que de otra forma solo le queda morir. Si sientes ese gusano dentro no te sorprendas, pero antes de escribir piensa, con qué alimentaste tu corazón y luego no te sorprendas, de aquello que surja de tu interior. Pues la palabra actúa como un hechizo, que separando al gusano de su medio obliga a éste salir, renaciendo en aseveración bruta, frente al estupor del cara a cara que supone vernos ante aquello, que moraba las propias tinieblas y habita siempre la oscuridad (publicación escrita el 12/1/2020 4:15). 

EL LABERINTO EL MINOTAURO Y LA PARADOJA


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