HACIA UNA NUEVA T. C. DE LA SOCIEDAD (1-4) / EL SER Y SU SOMBRA (04) - LA REALIDAD Y SU SOMBRA / a partir de Levinas / jordi maqueda

 A partir del texto de Lévinas,




LA REALIDAD Y SU SOMBRA

LA SOMBRA
En el arte y la crítica


Proyección de los 3 primeros párrafos desarrollados en 317 palabras sobre el arte y la crítica, a 1337 palabras desarrollando el arte, en tanto la imagen de la obra en el arte, y su sombra como proyección del ser, y crítica como resultado de proyección inversa, pretendida de la proyección de la imagen de la obra.

Podemos afirmar que la metafísica, y voy a referirme ya a una nueva manera de pensar esta, consiste en expresar aquello que está “tras la física” lo medible y observable. Su tradición remite al estudio de la estructura fundamental de la realidad, emparentado el estudio del “ente” (las cosas) con el del “ser” (aquello que hace que sean) la unificación de la sustancia (como entidad) y de su acto por excelencia (el acto de ser - Heidegger) de «existir». Por tanto, la expresión metafísica ha de reposar sobre un conocimiento, con relación a dicha sustancia y su acto- de existir: hacia nosotros, o en nosotros. El artista pintor, el músico o poeta (leamos poeta, por el escritor inspirado, por los dioses, sea en los mitos, o en los nuevos mitos, la biblia) nos dice que La obra, en el artista inspirado por su musa, o el texto en el escritor aspirado prolonga y sobrepasa la percepción vulgar. Lo que esta percepción vulgar banaliza y no alcanza, la obra, coincidiendo con la intuición metafísica, lo puede captar en su esencia irreductible. Allí donde el lenguaje común abdica, el poema o la pintura nos hablan: en silencio, de aquello que hace que sean-ahí. De este modo, el artista inspirado, nos muestra un canal hacia una realidad más (completa, compleja y más real) que la realidad percibida, o una verdad: velada, y que manifiesta en la obra / por la misma obra, y representativa como verdad, de una realidad y verdad mayor, que no captamos no accesible a los sentidos o razón ordinaria, por nuestra propia constitución deficiente, hacia lo trascendente, como seres humanos físicos, y a su razón, por la razón, pero que podemos intentar entender. Un entendimiento este por medio de lo que suscita la obra o el poema a la razón, como una proyección de la consciencia (no física) en su esfuerzo hacia lo físico, y que expresado en una imagen, proyectada de la consciencia que lo expresa, hace que sea, ahí, a la razón, como representación de algo, que no se muestra.

Luego, la razón — entrometiéndose en todo lugar —ahora en forma de “crítica artística” Entra en el juego del artista con aquella “seriedad propia de la ciencia” y la crítica a través de las obras, examinando de estas su psicología, caracteres y ambientes de los paisajes. Como si, en el acontecimiento estético, el objeto se ofreciera a la curiosidad, sin más, del investigador, a revelar su entidad (esencia) y su acto por excelencia (el acto de ser-ahí). A decir de los que amamos el arte, la crítica, y los críticos parecen llevar una existencia parásita. Pero ¿de qué modo? Y, De qué modo se descubre parásita y parásito el crítico. De entrada, observamos frialdad, y distancia, ante aquel fondo de realidad, inaccesible (y que este reconoce inaccesible) a la inteligencia conceptual, y que se convierte en su objeto. El crítico /La crítica de la obra, muchas veces sustituye al propio arte de la obra, trascendiendo más a la sociedad, el crítico en su crítica, que el autor y obra (y esto es normal) ¡normal! Pero ¿cómo? Lo explicaré: por la crítica —igualmente— la obra ha trascendido, pero ahora es cuestión de saber ver, y entender, lo que vemos de este trascender. Pues en ocasiones, el objeto se ofrece a la mente del observador o lector, pero en otras no, o lo hará inversamente, pongamos el caso el del investigador, y crítico —que no disfruta la obra estética zambulléndose en ella, sino que observa desde la distancia: del crítico, del periodista—, cuando viene a criticar y no busca la entidad (identidad/esencia) y su acto por excelencia (el acto de ser-ahí), sino que este viene presentarse frente a la obra (a describirla, autopsiarla) y superarla en su profundidad.

Pongamos ahora, por ejemplo, la imagen y acto de ser (proyectado en una pintura) y que generalmente, como en el caso de Basquiat siguiere un abismo (lo desconocido): donde no se trata de goce estético, se trata de ira, de identidad, de crisis, de insistir en lo que atormenta, en lo que duele, en matar el ego, entiéndase: tener que ser (un no-ser), para poder llegar a ser. – y ejemplo para todos del mismo Basquiat. Sin embargo, cuando rechazamos este camino, la obra (imagen) se mostrará como un espejismo, o reflejo, de un camino de revelación que inconsciente se abre a los ojos y recorre el crítico, revelando (el acto de ser-ahí) pero, inversamente, y en voz alta, de una sombra otra: de la sombra velada por imagen reflejada-expresada en la obra, encontramos ahora reflejada la imagen que revela otra sombra detrás (la del crítico) y su acto por excelencia (el acto de ser-ahí) normalmente la vanidad: la presunción de entender lo que no entiende, de superar a la misma obra, como el alpinista quiere superar a la montaña estando por encima de ella. Así, el cuadro propicia una revelación de aquel, en la propia revelación inconsciente, de una imagen (ahora publica) de este (del crítico) y que es proyección, su sombra (oculta). Recibiendo, el crítico para así, su propia crítica inconsciente, entendiendo de este lo mismo que del cuadro: una imagen que oculta, otra: una realidad o sombra que se resiste — como en el cuadro —a ser revelada: que muestran pintura y críticos… ausencia de la verdad, e ignorancia de la verdad (su ignorancia), pudiendo nosotros interpretar por sus propias palabras: la imagen, la sombra de quien interpreta… por su misma interpretación. “Así Interpretar a Mallarmé es Decir con claridad aquello que él dice oscuramente: es mostrar la vanidad de su hablar oscuro”— (Lévinas)

Así, la crítica, en cuanto a función específica de la vida y la vida artística, que trasciende más allá, a partir de una sección de periódico, y que ciertamente parecía sospechosa y sin razón de ser; vemos que tiene su razón, y su fuente reveladora en el espíritu del auditor, del espectador, y del crítico. Existe entonces la crítica como comportamiento de revelación inconsciente del público que no penetra la esencia cuando esta (para otros, por aquellos mismos) se nos muestra, de ellos. Aquellos, que no pasan ni observan o trascienden más allá de lo explícito y observable exterior, Brotan como La prímula dando la bienvenida a la primavera, cuando no satisfechos, tampoco con entregarse al goce estético, y sabedores de una ausencia de su conocer, sienten una necesidad irresistible de hablar, mostrar la flor que oculte sus debilidades y vergüenzas.

De modo, que el hecho que exista en el público algo que decir cuando el artista rechaza decir otra cosa que la obra misma, que no se pueda contemplar en silencio, justifica del todo al crítico y a la crítica, al espectador y al público, cómo aquellos, o aquel que no reconoce que el asunto, ya estaba apuntalado de entrada; y que mirando a fondo de su génesis (o principio de causa), se descubrirá hasta qué punto ya todo estaba incluido. Por tanto, Podemos definir al sujeto que tiene algo que decir cuando todo ha sido dicho, como el que puede decir de la obra otra cosa que la obra misma, a través de la obra, reflejándose de ella a sí mismo, y para los demás.

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